miércoles 25 de noviembre de 2009

Prólogo a la Muerte. Autor: Clider Gutierrez Aparicio


Me he encerrado
en un cuarto con la muerte.

Como un animal acorralado
he ocupado mi lugar entre
un moribundo y un cadáver.

Me he sentado a akullikar coca
con ella
hablando hasta tarde de la lluvia,
de los muertos,
del frío,
de la noche,
y del amor que envenena las penas.



Me he despojado de mi rostro.


He desenterrado mi alma.


He hecho sangrar mi corazón.



Me he convertido en un muerto
que va a morir.


Me he quedado solo
entre los ladridos
de los perros y el viento.

He abrazado a los árboles.

Me he sentado
a contar las estrellas
en la hierba.

Han volado los pájaros.

Por las calles queda el rastro
de mi sombra
que azota su cabeza contra el piso.

La muerte está pegada
a mis huesos.


He visto al verdadero Dios.


He visto florecer al tiempo
creador de todo
sangrando entre los hombres...


He querido matar
en un arrebato de quicio.

He ido derramando
mi carne, mis huesos,
mi sangre, de tanta herida
abatido por la infamia.

He visto desfallecer
al miedo en la
anatomía de los muertos
destilando peste.

He ido acabándome
en el escarnio del odio
que no se acaba.

He plantado un muerto
en el lodo de la vida.

He sido el sepulturero
de mi muerte.


Nadie puede vivir
encima de un árbol.


Soy un muerto que arrastra
su cadáver.


La muerte sabe
que desearás levantarte
y no podrás.

En el fondo del abismo
hay un temor…

Hay una vida eterna de tristeza
y dolor…


Desde los latidos de la tumba
me has llamado.

Y aquí está mi cuerpo
liberado de escombros.


La muerte
se ha apoderado de mí
para siempre.

viernes 20 de noviembre de 2009

POEMAS DE VICTORIANO VICARIO.Del libro: ” Fábula de Prometeo”. Selección de Rodrigo Verdugo.



CANTO PROFUNDO PARA ANGELES ABIENZO



Yo pienso en ti, yo pienso en ti, ¿qué hora de soledad me cubre de mareas?
Qué soledad, qué hora, qué soledad, pregunto,
Me ha llenado de otoño los ojos y las venas.
Tú eres mi sombra, tú, mi sombra iluminada,
Presente aquí, presente y sin consuelo.
Canta en la lejanía tu voz, y una sonata
De sonoras marimbas me sube por el pelo.

Y es necesario ahora vivir de tu presencia,
De tu presencia azul de isla perdida.
De tesoro que nunca me llenará las manos
De corazón nevado, de oleaje y de mirra.
¡Oh! tiempo de la buena virtud, oh, tiempo tuyo
Donde el primer sollozo encontró un pecho abierto.
Y la casa inclinada donde el amor perdido
Camina con la muerte sobre los muebles viejos.

Yo tengo aquí tu especie, tu material caído,
Y es preciso el sonido de una campana pura.
Porque sé que en tu traje de ángel que no muere
Vive mi corazón lleno de extrañas músicas.
Yo he sentido crecer tu muerte, Madre mía,
Y he sentido caer tus párpados de seda.
Qué más da ahora el afán del corazón sin eco
Cuando en la casa giran los espejos sin huellas.

¡Ah! Querida y llorosa sumisión, sí, llorosa
Conjugación de mirto y oro pulido apenas.
Hacia tu muerte voy como ola vencida
Para besar tu sombra pura de madreselvas.
Hoy el día profundo gira en torno el vino,
Gira en torno del vino la soledad amarga.

Y no estás, y no estás tras de los claros vidrios
Llenando con tu voz la casa abandonada.
Yo no quiero creer en tu lluvioso viaje,
Ni en tu traje de niebla, ni en tu origen deshecho.
Como en un sueño vives sumergida y distante
Con un clavel de sombra amarrado en el pecho.





ODISEA

Aquí la luna es sólo una paloma,
Un lirio apenas de metal o piedra.
Crece la soledad y crece el vino,
Y la noche es un río de aguas lentas.
Para morir un dulce sol de abejas
Apenas conocido por el sueño,.
Apenas muerte azul, apenas lluvia,
Amor apenas vivo, apenas muerto.

Yo no podría en tu ciudad morirme
Entre tanta paloma cenicienta,
Entre tantos corceles moribundos
Y un solo ángel de arena.
Qué dorado orfeón arrastraría
La tarde antigua y las estatuas llenas
De tanto olvido y tanto mar de azufre?
¡Oh! dorado castigo de agua muerta.

Pero, violín perdido, dulce lirio
Quebrado en una euforia de ceniza.
Perdido afán del corazón sin eco
Entre violentos soles. La escondida
Tristeza asoma su linterna sorda.
Y es un ángel de nieve tu sonrisa.




LA SOLEDAD Y EL HUMO

Tú no has sabido nada, pero la luz tan vieja me persigue
Y apenas hay alguna puerta, apenas,
Si tú me has dicho: el sol ha muerto.
Hay que encender linternas.
Nadie ha tenido tanto oro hoy día
Y tanta muerte. Llenas
Las manos de jazmines, me has besado
Y te has dormido entre mi voz, apenas

Si supieras como el mar me llama
Con sus cóleras grises y sus negras
Historias de naufragios, estarías
Modificando el sol, por una hebra
De soledad te arrimas a mi sombra
Y es un sollozo de ámbar tu melena.

Había tantos días para amarse
Y tantos soles rotos en la arena
Que te perdiste bajo un rubio esmalte
De caracoles musicales. Era
Mi antiguo amor la soledad, y estabas
Con un ángel y un ancla en la diestra.

Porque si el regresar hubiera sido para morir,
¿Qué río de aguas lentas me llevaría ahora?
Si tus manos no han conocido el lino ni la rueca
Mi corazón insomne te diría
Que se muere en el mar. Y muere apenas.





Victoriano Vicario: (1911-1966). Poeta Chileno. Autor de: “El lamparero alucinado” (prólogo de Jacobo Danke e ilustraciones de Pedro Olmos), Imprenta Gutenberg, Santiago de Chile, 1937, y “Fabula de Prometeo”, Ed Nascimento, Santiago de Chile, 1942.

domingo 15 de noviembre de 2009

DOS POEMAS DE IDEA VILARIÑO.




La noche



Es un oro imposible de comprender, un acabado
silencio que renace y se incorpora.
Las manos de la noche buscan el aire, el aire
se olvida sobre el mar,
el mar cerrado,
el mar,
solo en la noche, envuelto
en su gran soledad,
el hondo mar agonizando en vano...
El mar oliendo a algas moribundas y al sol,
la arena a musgo, a cielo, el cielo
a estrellas. La alta noche sin voces
deviniendo en sí misma, inagotada y plena,
es la mujer total con los ojos serenos
y el hombre silencioso olvidado en la playa,
el alto, el poderoso, el triste,
el que contempla,
conoce su poder que crea, ordena el mundo,
se vuelve a su conciencia que da fe de las cosas,
y el haz de los sentidos le limita la noche.

Concédeme esos cielos, esos mundos dormidos,
el peso del silencio, ese arco, ese abandono,
enciéndeme las manos,
ahóndame la vida
con la dádiva dulce que te pido.
Dame la luz sombría, apasionada y firme
de esos cielos lejanos, la armonía
de esos mundos sellados,
dame el límite mudo, el detenido
contorno de esas lunas de sombra,
su contenido canto.
Tú, el negado, da todo,
tú, el poderoso, pide,
tú, el silencioso, dame la dádiva dulcísima
de esa miel inmediata y sin sentido.

Estás solo, lo mismo.
Yo no toco tu vida, tu soledad, tu frente,
yo no soy en tu noche más que un lago, una copa,
más que un profundo lago,
en que puedes beber aun cerrados los ojos,
olvidado.
soy para ti como otra oscuridad, otra noche,
anticipo de la muerte,
lo que llega en el día frío el hombre espera, aguarda,
y llega y él se entrega a la noche, a una boca,
y el olvido total lo ciega y lo anonada.
Sin límites la noche,
pura, despierta, sola,
solícita al amor, ángel de todo gesto...
Estás solo, lo mismo.
Ebrio, lúcido, azul, olvidado del alma,
concédete a la hora.


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Quiénes son quiénes son...

Alma, Azul, Poema, Numen

Quiénes son quiénes son
metidos en mi vida
imponiendo ternura
espectros como yo
momentáneos y vanos
iguales a las hojas que pudre cada otoño
y no dejan memoria.
Quiénes son quiénes son.
Son éstos y no otros
de antes de después
frutos de muerte son
sin remedio sin falta
irremisiblemente
antes o después
muertos
tan fugazmente cálidos alentando y erguidos
y amando
por qué no
amando sin pavor
sin conjugarse nunca
la otra alma el otro cuerpo
la otra efímera vida.
Quiénes son quiénes son.
Qué camada de muertos para el suelo que pisan
qué tierra entre la tierra mañana
y hoy en mí
qué fantasmas de tierra obligando mi amor.



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IDEA VILARIÑO
Poeta uruguaya nacida en Montevideo en 1920. Además de poeta, fue crítica literaria, traductora, compositora y educadora. En 1985, tras la dictadura, obtuvo la Cátedra de Literatura Uruguaya en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de la República. De sus traducciones sobresalen los trabajos realizados sobre Shakespeare, reconocidos ampliamente por la crítica. Su personalidad y sus convicciones la llevaron durante muchos años a rechazar cualquier tipo de promoción de su nombre y de su obra. A pesar de ello, obtuvo varios premios internacionales y ha sido traducida a otros idiomas. Sus poemas, dotados de gran musicalidad, se agruparon en títulos como «La suplicante», «Poemas de amor», «Nocturnos» y «Poesía». Falleció en Montevideo en abril de 2009


domingo 8 de noviembre de 2009

UN CUENTO DE NUBIA AMPARO MESA




Contra la corriente


Abrió los ojos. Sintió el olor de la agua de panela caliente. Escuchó correr el agua del grifo en la cocina. Imaginó a Rocío con su bata a rayas, inclinada contra el lavadero, con el pelo recogido, sus hombros redondos y sus largas piernas al descubierto. En pocos segundos la oiría diciendo la frase de todas las mañanas: “Conrado, levántese que lo coge el día. Recuerde que si llega tarde lo pueden despedir, y conseguir trabajo ahora es un milagro”.

Sí es el milagro que le permite comprar el mercado, pagar los servicios, cumplir con el arriendo y comprarse sus cigarrillos, aunque para hacerlo tenga que irse caminando hasta la fábrica. Pero ese milagro también se le parece al infierno. El calor reconcentrado por las tejas de zinc y aumentado por las máquinas de lavado de las telas. El dolor en su brazo derecho por el movimiento que repite sin tregua para cepillar el índigo y lograr el efecto de desgaste. Y la sensación de que es igual a uno de los utensilios de la fábrica al que solo miran cuando deja de funcionar.

Se levantó. Cumplió el ritual de cada día: bañarse, desayunar con agua de panela y arepa caliente, empacar el arroz con huevo para el almuerzo, darle un beso a Rocío y salir a la hora de siempre.
Bajó por la desolada calle. Apenas se descorría el fondo azul oscuro de la noche y al mirar hacia el horizonte pudo distinguir el cerro El Picacho. Se le pareció a un señor cómodamente acostado. Miró el reloj y por primera vez en muchos meses no apuró el paso. Era el mismo camino de siempre pero él no era el mismo hombre. “Así es la vida- pensó- uno no es el mismo siempre, aunque lo parezca y haga las mismas cosas”. Y como todos los días levantó la mano para saludar al dueño de la tienda quien, también como todos los días, estaba barriendo la acera.

Sentía el aire fresco en la cara y un primer rayo de sol se proyectó contra la montaña iluminando algunas casas. Imaginó las escenas que en ese mismo momento se estarían cumpliendo en cada una de ellas. Seguramente eran muy semejantes: asearse, buscar el atuendo para el día, desayunar, preparar lo necesario para el trabajo, despedirse de la familia y salir a enfrentar el otro mundo, el de afuera, donde cada uno deberá cumplir su rol. Seguramente en todos habría algo de prisa y las diferencias solo estarían determinadas por el escenario. “Pero no todos sentirán lo mismo”, pensó. Sí, para algunos, el nuevo día sería promesa de goce y libertad y para otros, como él, algo parecido a la muerte. “Cuando uno pierde los sueños, la vida pierde valor y uno se mueve como una marioneta”, reflexionó. Justo en ese momento pasaba por el Jardín Botánico. “Qué rico entrar aquí y quedarme sentado toda la mañana contemplando los árboles, escuchando a los pájaros y leyendo un rato. Pero ese lujo solo se lo pueden dar los ricos y los jubilados, o los poetas que han tenido el valor suficiente para vivir bajo sus propias leyes”.

Miró el reloj nuevamente. Las 6 y 30 de la mañana. Tendría que apurar el paso si no quería llegar tarde. El reloj de la fábrica era implacable. Un minuto de retraso no se podía disculpar con la excusa de que “ese reloj está adelantado”; porque ese era un reloj puesto al servicio del supervisor. “Es que el tiempo es una cosa muy ilógica”, caviló. “Quién me dice a mí que son las 6 y 30 y no las 6 y 25? ¡El reloj!” Claro que ya vendrían los físicos a explicar todo el fenómeno de la luz y de la rotación de la tierra. “Pero uno también puede crear su propio tiempo y sobre todo, andar a su propio ritmo” y zafó la manilla de su reloj. Lo puso en el bolsillo trasero del pantalón y después sacó un cigarrillo. Sus mejillas se hundieron y expandieron, mientras cerraba los ojos, en una acción que le permitió, junto con el humo, exhalar un suspiro hondo, un suspiro para descargar la ansiedad, tal vez la rabia, quizás la frustración de un hombre, que a sus 40 años quería descubrir la emoción de volar pero cada vez se sentía más atado a la tierra.

Tan ensimismado estaba que no se percató de la señora que venía de frente y reaccionó a tiempo para no chocarse con ella. En ese momento atravesaba el puente de El Mico. Se detuvo. Miró abajo el río. Vio sus aguas pardas, que al golpear las piedras sobresalientes de su lecho, producía blancos rizos espumosos, como si la fuerza de la corriente pudiera limpiar así de fácil las impurezas que arrastra el agua en su recorrido. “Un rio nunca se detiene”, se dijo, “sin embargo en su cauce quedan huellas del paso de los hombres” ¿Eso dónde lo había leído? O a lo mejor lo había escuchado en algún programa de televisión, o se lo había dicho algún amigo en una de esas largas conversaciones que tanto le gustan en las cuales se reflexiona sobre la vida. Es que a él le quedaban sonando retazos de frases que le servían para construir sus propias teorías. “Si uno pudiera recoger todo lo que viaja por este río podría reconstruir el paso del tiempo y conocer las acciones de los hombres. Hasta las más violentas” y recordó una noticia que salió en el periódico sobre un taxista y dos pasajeros que fueron abaleados por sicarios y luego fueron encontrados a la orilla del río. “Pero a veces, el río es capaz de ocultar el pasado, guardar los secretos. ¿Por qué no? El agua puede diluir o por lo menos convertir en partículas la vida de un hombre. Si uno quisiera desaparecer, el mejor cómplice podría ser el río”.

Puso el pie derecho sobre la barra inferior de la baranda del puente y apoyó el vientre en la parte superior. La mitad de su cuerpo quedó suspendida en ángulo recto con el agua. Sintió vértigo. ¿Cuántos metros habría hacia abajo? En ese momento recordó a Rocío, era tan miedosa que ni siquiera soportaba pasar por la acera del puente y prefería arriesgarse a transitar por la vía principal. Rocío, la había querido mucho, pero cada vez se sentía más lejos de ella. Sentía que lo asfixiaba con sus constantes requerimientos: que dejá esa fumadera, que no tendiste la cama, que en vez de ponerte a leer por qué no me ayudás a hacer el oficio, que cuándo será que dejamos de pagar arriendo y tenemos nuestra casa propia. Y en esa lucha constante que es la convivencia, el amor era una sombra del pasado, un recuerdo que les permitía soportarse pero no le daba nuevo aliento a la existencia.

Fue entonces, mientras veía a un grupo de gallinazos con sus alas extendidas recibir el sol a la orilla del río, cuando Conrado pensó que había llegado el momento. Ya lo había pensado muchas veces, pero era difícil olvidar las enseñanzas de su madre y tomar una decisión tajante: “mantén la paciencia y la mansedumbre” le decía ella. Esas palabras le sirvieron muchas veces para soportar los abusos y requerimientos absurdos, pero también eran como una invitación a ir en contra de la corriente. Dejar atrás las ataduras y emprender un viaje, ligero de equipaje (eso también lo había leído no recordaba dónde). Alguien sin pasado, sin etiquetas externas, alguien nuevo.

Miró al firmamento. Un amigo, de esos que solía encontrarse donde iba a tomarse una cerveza los viernes, le dijo un día que un hombre no debería pasar un solo día sin mirar por lo menos una vez al cielo. Hasta ese momento él solo podía hacerlo cuando iba para la fábrica, pero ahora sabía que tendría el firmamento sobre sí, acompañándolo en su recorrido, viajaría al ritmo de las nubes.
Se bajó de la baranda. Sacó de su bolsillo la billetera. Esa billetera de cuero negro, descolorida por el uso, era como su marca registrada. Tenía sus documentos de identificación, papelitos con los teléfonos de amigos y conocidos, registros de cuentas por pagar y las fotos de Rocío y de su madre. La abrió, sacó el único billete de 20 mil pesos que le quedaba de la quincena y lo puso en el bolsillo de la camisa. De nuevo esculcó sus bolsillos y sacó el reloj. Cuando lo compró le dijeron que era a prueba de agua, entonces pensó que después de todo, ese reloj anfibio seguiría dando vueltas, repitiendo su periplo de 12 horas invariables y monótonas. Lo miró por última vez. Eran las 7 en punto. Las puertas de la fábrica estarían ya cerradas. Rocío estaría extendiendo la ropa limpia en el pequeño patio de la casa. Su madre estaría saliendo de misa.

Con esas imágenes proyectadas en su cerebro, Conrado se dispuso a concretar su decisión. Ni siquiera necesitó fuerza para hacerlo. Alzó los dos brazos. Con la mirada puesta sobre el lecho del río vio caer casi al mismo tiempo esos dos objetos que marcaban su existencia. Los vio alejarse como dando pequeños saltos y confundirse con los demás desechos que bajaban por el río. ¿A dónde irían a parar? Seguramente se detendrían, ya maltrechos, en algún recodo y ahí se quedarían para dar testimonio, si es que alguien los encontraba, de que Conrado Rodríguez, vivo o muerto, estaría en algún lugar.

A paso lento dejó su habitual camino y tomó rumbo al sur, por la autopista, tratando de bordear el río. Aunque no fuese exactamente un explorador perdido en medio de la selva, sí quería sentirse como un aventurero que va sin rumbo fijo, guiado solamente por las rutas que marca la naturaleza, al compás del tic tac de su corazón.




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NUBIA AMPARO MESA. Vive en Medellín. Docente de Comunicación Social en la Universidd Pontificia Bolivariana.












sábado 31 de octubre de 2009

LA FUENTE GRIEGA. Temas clásicos en la obra de Raúl Henao.

obra de giorgio de chirico



LA FUENTE GRIEGA

(TEMAS CLÁSICOS EN LA OBRA DE RAÚL HENAO).




LO QUE LAS MUJERES DICEN DE LA COJERA DE DIONISOS



“¿Por qué las mujeres de la Elida llaman a Dionisos para que vaya entre ellas con su pata de toro?”
(Plutarco)



Que la cojera nos devuelva la gracia
de la planta del pié
al que calzamos el coturno
para realzar
lo que nos fue dado en aumento
como la misma blancura del día
le hace presa de rapiña de la noche

Huerto de árboles frutales
más apetecibles
si les cercan de vallas.
Peces a la medida de su pecera
cuyos cristales no son menos
milagrosos.

Que se nos haya herido en el talón
apenas es el pago de la inmortalidad.






HIMNO ÓRFICO



¿Qué mano me arrebata de la mansión de la muerte?

Mis miembros mezclados a los miembros
de un río que se hunde en el abismo.
Mis miembros despedazados
por las santas mujeres ebrias
del monte Cécrope.
Mis entrañas guarnecidas en piedras preciosas.
Mi hombro reemplazado por un hombro de foca.

Descendiendo de la cuerda atada al cielo
Arrastrando mis pies desnudos
por el polvo de las ciudades.
Llevado aquí y allá por el amor
o el odio de los dioses, el odio de los no-nacidos

¡Que el hilo del amor pueda guiar mis pasos
por el laberinto del sueño al que apenas despierto!







PALABRAS A TIRESIAS


¡Oh adivino! sólo al precio de la ceguera se te concedió la fortuna
de entrever el futuro
Tú que en tiempos más amables profesabas la herética doctrina
que atribuye el doble sexo a los astros (Todavía las malas lenguas
afirman que disfrutabas de ambos sexos)

Al hijo del lirio leías en su horóscopo que “viviría mucho si no se veía
así mismo”, porque nadie puede amarse a sí mismo sin ahogarse
en el espejo de su amor.
Y a aquel desdichado que insultaba al mar Llamándolo “viejo borracho”
le aseguraste envidiaría la ceguera que le hubiera impedido
asistir a los propios responsos celebrados por una familia de dementes:

A causa de haber otorgado sus mejores votos por la guerra,
llamaba afeminados a quienes rodaban por el suelo,
jamás heridos sino embriagados por la insensata vid
que hace estremecer la tierra con la deshonestidad de hombres y mujeres

Quien podría reconocerlo embriagado a su vez, en medio de las batallas,
sino el enemigo de esa embriaguez, el enemigo de su odio...
Porque la sobriedad parece embriagada y la santidad no tiene buena opinión
del milagro. Quienes caminan al mediodía parecen caminar en la oscuridad.





EL ARÚSPICE



Nuevo juglar délfico, Edipo redivivo, busco la señal en el bosque de símbolos
que me propone la esfinge de los propios pasos: enigma transparente o filigrana musical.

Bajo la habladuría de ese papagayo inmemorial en la llama, crisolita del pensamiento, despierto entre los músicos de una orquesta impronunciable: tesoro oculto o abecedario.

Tanto la oruga como la vigilia, tejen su propia alada mariposa, con el hilo de mis labios y mi ceguera de arúspice o vidente.




EL CAMINO A ELÉUSIS


Dormía recostado en la torre de mármol negro a cuyo alrededor revoloteaba
una garza blanca. Cerca de mi se deslizaba el río de brillantes que abandonaba a su paso una cabellera de mujer. Bajo la cabellera, la mujer se fugaba entre el bosque de hulla.

Yo la seguía al atardecer guiado por un muchacho albino de la vecina localidad,
el valle brumoso, refugio del murciélago y la chotacabra. Pagábamos el flete al barquero en la isla de la maga. Había que cuidarse de beber el jugo del granado o de dormir a la sombra del espino blanco. Pudimos vislumbrar la espiga dorada al término de la muerte.

Regresamos sin volver el rostro hacia la mujer que nos acompañaba en la galería
infernal.





LA FUENTE CLÁSICA


“Al infierno con las estrellas -dijo- y echó a andar en la oscuridad.”
Dylan Thomas




¡Embrujo de la noche sin estrellas! Persigue la oscuridad mis pasos en el corredor
del hotel. Al fondo, en el espejo avejentado de la habitación, veo enmarcarse mi propio rostro: remedo de la carne antes que del espíritu, máscara prestada a un reo o rey de burlas.

Pero ¿es que guarda el corazón secreto aparte de su ceguera o desdoro? -me pregunto horas más tarde al adentrarme en el sueño: frente a una fuente de mármol entreverada de lirios, dos mujeres de la antigüedad clásica -rubia y morena respectivamente- me conminan a contestar el acertijo anterior ¡a riesgo de despertar!





EL LABERINTO


“El laberinto evoca siempre los misterios iniciáticos, los desviados caminos que llevan a la iluminación”
Alain Daniélou


1- El tráfico diurno encadena tu mente
A la apariencia de los sentidos,
En un abrir y cerrar de ojos
Eres pájaro en tu propia jaula
Galeote de tu propia
Galera de condenado.
La luz no ofrece sino muros y pasadizos,
Ángulos y aristas en el laberinto;
Es el títere de la irrealidad.
Tras la escena ilusoria
Borra la oscuridad la trama
De la ficción iluminísta
La irrealidad de la marioneta
Y te muestra al titiritero
Al descorrer el telón de fondo.

2- Abre los ojos a la oscuridad
A la hondura de la medianoche.
Una araña de catedral, un ratón
De iglesia es el sol nocturno
Y la lámpara tu propia imaginación.
Jamás interpretes el futuro
A la luz del sueño
O el vuelo de las aves,
Sino al presagio del primer estornudo,
De los ruidos estomacales,
Entre la miel y la harina,
En la gruta de las tres hermanas
En la virginal oscuridad del presente
Que es fiesta perpetua y celebración
Centro y salida del tiempo: El laberinto.







EL JARDÍN DE MIDAS



Me paseaba al capricho del viento tardío de agosto
entre los mil pétalos púrpuras de un jardín
de Midas.
Buscaba encontrar cerca a la fuente de agua,
donde se desleían como hielo picado
en una cuba de vino o champaña
las primeras estrellas nocturnas,
al viejo de nariz roma y orejas aguzadas
durmiendo la última resaca veraniega.
Ah, vieja sabiduría irónica atrapada en el cepo
de la embriaguez,
conocimiento que se oculta para mostrarse
más soleado o transparente.
Concédenos a cambio de una ofrenda de rosas silvestres
(porque sólo tus adeptos conjuntamos
a la dulzura de la viña, la amargura de la hiedra)
el postrero sosiego de la soledad y la buena muerte.






LEYENDO A HERÁCLITO «EL OSCURO»



Tiempo adverso, irreparable de la vida
Que quita todo presente o presencia
Y me deja sólo el murmullo
Del agua en el surtidor
Un rayo de sol suspendido en la oscuridad
El toque quedo del alba en la ventana.

Infierno y paraíso se torna toda búsqueda
Extrema, indefectible de la belleza.
Para el santo y el artista
Uno solo es el camino de arriba y abajo.






LA FUENTE DEL PASADO


Me paseo por la solitaria plazoleta
De pálidas estatuas
De mármol
En una ciudad antigua
Y desconocida.

En la esquina hablo
Con el hombre de carbón
Que arrastra por la calzada
El espumoso mar de la costa.


Una monja de teja blanca
Pasa en bicicleta
Enfrente de la calle
Desharinándose al menor soplo
De la brisa matinal.

Bajo el agua quieta de la fuente
Me veo jugando a las cartas.
Al fondo en un bosque de espadaña
Encuentro dormidas
Mis enamoradas del pasado.






FUENTE ERÓTICA


Bajo la fuente
Mis manos
Entretejen
El mar oscuro
De su cabellera

Mis brazos
Anudan
La helada cascada
De su cintura

Mis labios
Embriagan
El mármol
De sus labios

Mi rostro
Asoma
A su rostro amado
En el agua
Dorada del espejo.









GRADIVA O EL DELIRIO


Al mediodía en tus labios
El viento enciende
Cigarrillos como pájaros

Un rayo de sol son tus pechos

Hay una alondra perdida
En tu cintura
Tu cintura tallada
En una gota de rocío

La lava de un volcán
Corre por tu vientre
La espuma de mar
Levanta en tu flanco
Monumento al amor

Abajo tus caderas
Se deshojan
En la fuente de agua
Donde surge
A la mañana siguiente
Retumbando una banda de música.







Raúl Henao: Poeta y ensayista colombiano, nacido en Cali, 1944. Ha vivido en EE.UU. Venezuela y México. Escribe, básicamente, en periódicos y revistas que a través del mundo moderno mantienen vigente el ideario poético y libertario del surrealismo. Entre sus libros figuran: La parte del león (Monte Avila Editores, Caracas, 1978) Sol negro (Medellín, 1985) El partido del diablo / Poesía & crítica. ( Medellín, 1989) El virrey de los espejos y otras prosas poéticas (Medellín, 1996 La doble estrella /el surrealismo en iberoamérica (Ensayos. Editorial Endymión. Medellín, 2008) Haikus selectos (Fundación Zen Montaña de Silencio. Medellín, 2009)

domingo 25 de octubre de 2009

POEMAS DE ANGELA GARCÍA.

pintura de óscar dominguez




Gala de soledad


Un sorbo de licor espeso ofrecido por la noche
me inunda las papilas.

Con la luz de las velas
algo se quema y me aroma.

En las llamas ascienden y evanescen
rostros de historia reciente.

Hilos de seda llevan mi cintura hacia lo callado:
seda negra sobre la albura del papel.

Ni en el humo reposa lo que vive,
añejo vino de la noche.


*


TOMO la palabra
pero los labios inmóviles reposan en el sueño.

Silencio
latido que ampara la callada expansión de la raíz
pasaje de la savia.

Silencio
onduloso movimiento de aguas en los vientres
en los lechos de sangre
carnoso entramado de cuencos secretos.

Silencio
quieta cigarra en la inminencia
del canto de la tarde.

Reposo del viento
previo a la polifonía del alba
espantando sombras.

*

Temblor en la fruta del silencio.
Adoración.
Voz esquiva a los oídos
que mi lengua gusta.

¡Enciende el rosa pálido de mi paladar
con ardorcillo de piñuela.

¡Rescata mi boca de la mudez!



*


PALABRA
sigilosa huella de sangre
en las calles del siglo.

Para sanar la acecha el corazón.

Que los ojos tengan luz para esa brizna
que la herida sea el indicio de la palabra.




Mercurial


Una burbuja henchida del instante
se descubre a sí misma en el espejo.
se reconoce cuerpo palpitante
sangre circulante
pensamientos que ruedan
ojos brillando delante de sí mismos.

Todo en el instante.

La burbuja quisiera perdurar,
tener a mano el tiempo,
más, desaparece.

Súbitamente sólo una humedad
se disipa en el espejo.




Vísperas

Retoños y yemas cuchichean en el envés
penumbroso de los tallos
incubando un aire nuevo.
Víspera de la floración contagiando las pupilas.

Haciendo transfusión se descascara la luz.
Haciendo transfusión refulge el perfume.


*


Verde desplegado:
Es la primavera de matices perfectos
esparciendo su dulzura en el aire.

Verde desplegado sinfonía de luz
mientras las noticias resuenan
esparciendo siniestra incertidumbre.

Airoso verde fugitivo
ahora en mi pupila
y en mis dedos.

Y a él voy, a la fuerza natural.
Seré musgo.




El puente

El cisne
no extrajo la cabeza del agua
durante el tiempo
que tomó el tren
en atravesar el lago.




Rocío

El cielo se descarga
en la madrugada.
La noche aterriza en el silencio
de las hojas y los pétalos.
El vaho de un animal fabuloso
posado en las estrellas.




Adivinanza


No es espuma a pesar de ser esponjosa.
Hace silencio como si no lograra salir del sueño, su raíz.
Aunque parece una manta es fría.
Aunque es fría cobija.
Aunque es de agua no moja.
Llega aún bajo los rayos de sol.
Cae aunque el viento del norte la mantenga en vilo.
Todo lo calla en blanco.
Sólo el ápice del tomillo le contrasta.
Y sólo cuando está vieja,
empieza a croar bajo las botas.



Mirada de gato


Latchia me mira a los ojos
pone sus ojos en mis ojos
me refrescan las dos pupilas
alargadas en ese lago de ámbar veteado.

No sé qué piensa si piensa.
No sé qué ve.

Luego cierra los párpados
y ronronea manteniendo el rostro tenso.




La mudez del polvo

La brisa deposita su bagaje de residuos
por doquier.
Limadura de roca, resumidero del vuelo
de legiones de golondrinas.
En callado descenso, los minutos pasan,
las horas se asientan tras las uñas.

No alcanzamos a oír la agonía
de los insectos en la telaraña
o la huída de los que se salvan.

No tiene sonido la arquitectura de las
juiciosas tejedoras en los pliegues
o en los vértices, entre la fronda.
El viento no tributa sonoridad
a esas viejas redes desiertas que cuelgan
con su inútil provisión de vellos, pestañas,
antenitas, alas de moscas, trozos de plumas,
pelusilla de flores, esporas secas.

Oficioso fantasma remedando el color de
las cosas,
invisible cautela de la muerte.




El más perfecto de los sonidos humanos es la palabra Han Yun


¡OH RECONDITO lugar del silencio
tu eternidad me llena de espanto
pones a prueba toda potencia
existes, pero eres lo absoluto
desconocido
eres y no cabes siquiera
en una partícula
de memoria humana!




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Angela García.Nace en Medellín colombia. Co-fundadora del Festival Internacional de Poesía de Medellín. Ha publicado las siguientes obras:
Entre leño y llama , Serie Hipnos, Medellin, 1993.
Rostro de Agua , serie Hipnos, Medellin, 1997.
Farallón Constelado/ Sternige Klippe (bilingual Spanish-German), traducido y editado por Jona y Tobías Burghardt, Delta, Stuttgart 2003.
De la fugacidad/Om flygtigheten, (bilingual Spanish-Swedish), traducido por Lasse Söderberg, Aura Latina, Malmö, 2005.
Veinte grados de latitud en tres horas, (bilingual Spanish-Serbian), traducido por Zlatko Krazni, Smederevo, Serbia, 2006.


sábado 24 de octubre de 2009

EZRA POUND. Poema: CON USURA

lunes 19 de octubre de 2009

A LA SOMBRA ANIMAL. Poemas de Javier Naranjo.




A LA SOMBRA ANIMAL
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La noche, como un animal
dejó su vaho en mi ventana…


José Manuel Arango.


El animal que yo pedía
No pudo entrar en el mundo…
Puedo oírlo aullar
Cuando me siento aquí, lejos de la vida.

Kenneth Patchen.


…que para el animal
no hay un dios que lo bendiga.


El Mochuelo de Adolfo Pacheco.




DESTIERRO DEL DÍA


Un mono

El pequeño mono me mira…
¡quisiera decirme
algo que se le olvida!


José Juan Tablada.


Entro a la nata espesa del día, levanto la cabeza y miro con otra atención. La luna desde temprano está puesta en el cielo, la cabeza se eleva desde todo eso y siento que de la grisalla se alza una vida más espléndida, que afuera hay una vida más alta.

Respiro el mismo día que los demás, voy como ellos, vivo vano triste. Pero hay algo más, casi lo puedo tocar…pero no… lo olvido y sigo caminando con el rostro del que ha sido expulsado.




REUNIÓN DE TRABAJO


Toda la tarde me acompañó un poema. Me recogí en él mientras hablábamos de enseñar a leer y a escribir…Qué patetico empeño.

Y en el grupo era unánime la sensación de no estar del todo mientras conversábamos de cosas ajenas a nosotros con una verdad que se revolcaba bajo la mesa. Un animal de discordia que nos lamió y enroscó la cola. Torció los argumentos y nos dejó arrimados a la intemperie.



¿CUERPO O PALABRA?


Untarnos para siempre de esa cosa que tienen las palabras.

Y los animales que lamieron de sí, ahora reposan y se olvidan, porque es menester abandonar lo sólido y entrar en aire.



IRSE DEL ANIMAL


Tu mano en despedida
tu boca

tu espalda
que se alza de tu grupa

tu largo dorso
yegua




HENDER EL AIRE


Es difícil hender el aire, tocar el día, cuando en la noche giramos esperando en zozobra el milagro de la luz.

Es tan difícil salir erguidos, compuestos, afeitados, si no hay sosiego y sólo islas y sólo náufragos y mar abisal.





PASAN SOMBRAS


Hay una nube que está en el cielo sola. Y ella me cuenta cómo se pierden las cosas en el azul oscuro que es la vida. Cómo se van en esta torpe frase.

Ahora se disuelve, no hay un jirón. Lo que fue se perdió en lo indistinto, el cielo es transparente y tranquilo, detrás de las ventanas iluminadas pasa gente,

pasan sombras, la gata se acomoda en ella misma y los dos contemplamos.





GATOS


Los gatos saben estar y eso es lo que nos cuentan: detenimiento, atención al mundo y al cuerpo que recorren con deleite.

Ellos no se bañan, se reconocen. Maestros en la enseñanza de lo sagrado del cuerpo se regodean, y se abandonan a lo conocido con un fervor que nos hace creer que todo es para siempre.

Los gatos nos muestran que todo gesto es verdadero,

y se van.





RENUNCIAR


El hombre es una planta que se puede transplantar
pero es necesario que eche raíces.

Gastón Bachelard.



Acabo de renunciar, de irme, de no saber a dónde. Como si irse fuera siempre por primera vez.

Y veo en esta casa, tocando en la maceta con el dedo, la tierra en la que se hunde la planta.

Algo debo aprender: la tierra en la que hace raíz.




NOCHE LLOVIDA


Ahora llueve y la lluvia trae otros olores y se desata plena sobre el mundo. La gata me acompaña. Los niños duermen, huele a humus, a tierra agradecida.

Todo dice estoy vivo
y luego encontraré reposo.

Y lo que se mueve y camina… lo que no quiere abandonar su lugar porque una raíz…lo sigiloso y el brillo rápido de los ojos, y el desespero del amor errante…

Todo
recibe como una bendición la lluvia.




SI EL AMOR


Si el amor entre los dos asiste a que se cansa y es también exaltación y banca tendida en el parque.

Si el amor se toma de la mano que a veces no extraña. Si se mira a tus ojos mientras desayunas y el día es igual a todos.

Si el amor halla un calor y no hay cuerpo que lo enardezca, y es bueno y es preciso.

Si el amor escribe cosas para el otro que nunca se dirán, y en el ánimo tranquilo que da la tarde, estás solo
y nadie
y nada falta.




EN TURBAMULTA


Cae agua en el techo de la cabeza donde en despoblado los elementos azotan, y en batahola las calles de lo caminado.

En turbamulta todo.
Lo ido, lo no más, lo hasta nunca.






TIEMPOS


Como si supiera que haber sido feliz
es estar siendo

que con sólo haber tenido
ya tenemos





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Javier Naranjo Moreno (Medellín, 1956), ha publicado :“Orvalho”, Ojo Editorial, tres autores, 1990; “Silabario”, Universidad de Antioquia, 1994,“Casa de las estrellas” (textos creados por niños en el contexto de los talleres de poesía que él dirige), Universidad de Antioquia, 1999, 2002; Alfaguara, 2005, “Lugar de cuerpo ciego” (Editorial Universidad del Valle, Colección de poesía “Escala de Jacob”, 2006).

lunes 12 de octubre de 2009

Dibujar (¿danzar?) con arena.

sábado 10 de octubre de 2009

POESÍA Y ANALOGÍA. Autor: Luis Eduardo Rendón.




POESÍA Y ANALOGÍA


Poesía es cuando dos palabras se encuentran por primera vez
Max Bense

No he experimentado nunca el placer intelectual sino en el plano analógico. Para mí la única evidencia del mundo es la regida por la relación espontánea, extralúcida, irreverente, que en determinadas condiciones, se establece entre tal cosa y tal otra, lo que el sentido común se abstendría de confrontar

André Breton

La poesía nunca será algo serio. Se halla más allá de lo serio, en aquel recinto, más antiguo, donde habitan el niño, el animal, el salvaje y el vidente, en el campo del sueño, del encanto, de la embriaguez y de la risa.

Johan Huizinga


Es poesía el lenguaje en su naturaleza original y libre, irreductible y joven, rebelde y transformadora, que late sin ningún condicionamiento, gestando nuevas realidades y relaciones inéditas entre el mundo y la utopía, lo posible y lo imposible, el ser y la totalidad. Cantera del infinito, la poesía vence el tiempo, el utilitarismo racional y la fragmentación, comprueba la unidad de lo viviente, donde el hombre es un pez inmortal en el río eterno de la voz: el gran poema colectivo de la humanidad sublima nuestra mortalidad.

Antes de nadar en el río de las palabras, flotábamos al interior de un útero onírico prehistórico; capullos de la intuición, actores mudos de una trama inconsciente e instintiva, la consciencia se hizo mariposa de la palabra y despertamos a la errancia, de edad en edad, de jardín en jardín, de canto en canto.

Antes de florecer en el lenguaje verbal, la poesía es experiencia directa de la revelación del misterio de las cosas. Mientras lee los ciclos celestes y se sincroniza a las estaciones, descubre la comunidad que la primavera no es sólo la fuerza que hace brotar las flores, sino también el heroísmo interior que resiste a la disolución del invierno. El verano trae con la maduración de los frutos y la abundancia de las cosechas, la generosidad de las presencias, al contrario del avaro invierno. El otoño enseña la renovación de un desprendimiento total: el árbol que somos renueva sus hojas en respiración sincronizada con un universo en constante mudanza, caballo de luz sobre el manto de sombra, caballo de sombra del jinete de luz.

Es poesía nuestra semejanza con la naturaleza y sus fenómenos, somos sus hijos; es poeta el espíritu creador semejante al origen, como el agua que sigue sucediendo. “El acto es virgen aunque se repita” confirma René Char. Estar desnudos, lo experimentaremos siempre por vez primera, sensación del nacimiento, porque la poesía es la lozanía de lo nuevo, imprevisibilidad de los hechos, resplandor de lo desconocido, como la energía del enamoramiento.

Todo nace a cada instante, la verdad perdura sólo por la energía de su propio nacimiento; si la razón se fragmenta en ideas contradictorias que se fosilizan en dogmas, la palabra poética revela la naturaleza imperecedera, que se renueva a sí misma, sujeta a sus propias leyes, acumulando sus frutos incorruptibles en el reino de la imaginación.

El poeta, al cristalizar en imágenes vocablos y realidades tan distantes que nunca se habían abrazado, devela sus secretas conexiones electrificantes sorprendentemente desconocidas, dando la sensación de que se trata de una lengua nueva dentro de la lengua mecánica, envejecida ya por el uso o el desuso, ofreciéndonos una lengua más fresca, lechuga sana y vigorosa, longeva y recién nacida, alegría del sembrado.

La belleza es seducción, completamiento en el otro; sin dejar de ser uno mismo, se es también el otro. Si los fundamentalismos imponen una muralla con su definición del mundo, la poesía disuelve sus ladrillos en arena primigenia, hace soñar los materiales constitutivos del andamiaje de la realidad, los libera de la opresión otorgándoles otras funciones y sentidos gracias a la imaginación, ojo de agua del porvenir, que posibilita todos los acoplamientos. Como nada está terminado sino que comienza con cada vida de una manera diferente, aportamos lo que somos incluso sin saberlo. En el reino de la creación el destino es la ruta misma de la historia. Todo lo sabemos genéticamente porque lo hemos sido, pero hasta el dolor y la alegría más hondos los olvidamos en el río Leteo, que bautiza con la mudez, el olvido, el sueño y la muerte. Antes de la consciencia del lenguaje verbal fuimos inconsciencia mítica, atemporal, atentos al parto del rayo y del volcán, del tsunami y el huracán, verificábamos la similitud de la confianza, asiendo la belleza como resistencia y resguardo ante la fiereza de lo desconocido.

Poesía o necesidad de nombrar el mundo, definirlo, poseerlo, proteger su memoria o complacernos en sus semejanzas, como los kenningars nórdicos: Los peces tienen casa, el mar es la casa de los peces; los pájaros también, el aire es la casa de los pájaros; todo tiene casa, la boca es la casa de los dientes; el bosque es la casa de los árboles; la tierra cabalga, caballo de la neblina; el cielo nos mira: sus ojos son estrellas; el sol corre, el oro es su sudor; el cuerpo es un árbol, el corazón es la manzana del pecho; la mano es una flor, los brazos, ramas del cuerpo. Y la guerra no es sólo en el campo de batalla: la lengua es la espada de la boca. Somos la tierra, la sangre es el río del cuerpo y el llanto la cascada de los ojos. La barba es el bosque de la quijada y las lágrimas el rocío de la tristeza. La cerveza es marea de la copa: La ebriedad es un mar portátil.

La imagen poética revela la relación familiar entre el hombre, el mundo y el universo, así como el fruto informa de la flor, la flor de la hoja, la hoja del tallo, el tallo del tronco, el tronco de la raíz y la raíz de la semilla. La semilla alguna vez será fruto y el fruto otra vez semilla y este recorrido eterno e intemporal es el del poema.

Comprobamos la conexión de todo gracias al prodigio que une consciente e inconsciente: nuestro cerebro y sus funciones complementarias: razón y sueño. La inconsciencia completa la otra media naranja, la realidad basada en la razón, es así la otra cara de la existencia, la que permanece oculta, tesoro de la noche. La realidad del sueño, posible sólo para quien sueña, se asemeja a la naturaleza poética, el amor y la muerte: no tiene fronteras definidas o diferenciables y cada quien los asume de forma diferente. Experiencia intransferible, sólo perceptible por experiencia propia, acto mágico. Oráculo, la poesía responde a través de una respuesta imprevisible que mantiene vivas las preguntas. Todo está unido y cada parte aprende de otra por ósmosis o influjo magnético.

La vitalidad es similar en los ramos de estrellas que en los ramos de rosas de una casa de campo. La semilla al morir en la tierra y florecer como árbol nuevo revela la muerte y renacimiento de nuevas galaxias. Las personas son galaxias con sistemas solares en los que giran las preocupaciones centrales de su universo particular. El átomo, los soles, las palabras, los seres, danzan alrededor de un núcleo que constituye su propia verdad. Danza interminable de números que sueñan, nuestra palabra es un número despierto de cien ojos.

Como Proteo siempre cambiante, poesía, poeta y poema son rostros múltiples en metamorfosis continua. Los infinitos rostros de lo vivo rebasan la voluntad del soñador exigiéndole serlo todo, pues el sueño es la disolución de los límites y de la identidad individual, como la muerte. Tantos poetas en el pozo de la locura o en el laberinto de la pesadilla, intentaron comunicar una revelación intransferible. El poema Hölderlin, de José Manuel Arango, lo confirma: Quizá la locura es el castigo para el que viola un recinto secreto y mira los ojos de un animal terrible.

Lo poético es la comprobación sensorial de la semejanza de todo lo viviente en cada gesto y forma de ser y de estar en el universo. La palabra poética fusiona realidades como fraseos musicales en un concierto del infinito, interroga el hueso del dinosaurio, la huella de mamut, evoca la sensación del diluvio, desencadena el augurio apocalíptico. Cristóbales Colones del espíritu, colonizamos islas desconocidas, trashumantes del pasado, el presente y el futuro en la barca de olas de la ensoñación.

Hacer un poema como la naturaleza hace un árbol, pide Vicente Huidobro. Somos la naturaleza, los árboles son una extensión de nuestros pulmones, las nervaduras de las hojas semejan nuestras ramificaciones pulmonares, los ríos fluyen, circulan como la sangre; el curso de venas y arterias es como el de los ríos; en sus orillas hay piedras, en las nuestras, huesos; nuestro inconsciente es el mar, cargado de la herencia psicológica universal, tesoro a descubrir en la creación. Acuérdate del pez reclama Gonzalo Rojas, nuestra memoria, aleteo de la consciencia, nada desde el origen.

El aire es una extensión de nuestro pensamiento y por él son posibles nuestras palabras, expresión de la conciencia de ser. El magnetismo de la tierra es el de los amantes. Las órbitas de los planetas deshojan nuestros cuadernos. El sol es metáfora del ojo, el ojo metáfora del sol, lo esférico móvil se repite como un sello indeleble.

En su cópula de palabras, frases, imágenes, visiones, ritmos, sonoridades, sentidos y plurales significados, la poesía afirma en el hombre su identidad como especie y su unidad indisoluble con la vida, devela la intrínseca semejanza de todos los reinos de la vida, el punto mágico que soluciona sus divergencias, derribando el elefante blanco del escepticismo, el edificio lógico que impide la comunión.
La razón clasifica las cosas, señala sus diferencias, reproduciendo el aislamiento. La parte racional del hombre lo aísla, lo especializa. La poesía, como el sueño y el amor, disuelve los límites y nos incorpora a la totalidad encarnada de repente en nosotros. Liberados de una función práctico-mecánica en tiempo y espacio, danzas de correspondencias nos transforman y criollos del universo, retornamos al hogar de la raíz, raíz del hogar.

Poesía es la fusión instantánea del sueño y el soñador, el pensamiento y el pensador, la acción y el actor, el sentimiento y el ser sensible, el cuerpo de la tierra y nuestro cuerpo. Similar al campo recién lavado por la lluvia y tocado por un sol recién nacido, la imagen poética se carga siempre de nuevos y múltiples significados, no sólo porque palabras y frases están liberadas de una función pragmática y con su carga de originalidad se fusionan libremente a otras, sino también porque el partícipe de esta comunión, de acuerdo a su innata selectividad, descubre nuevos significados o sentidos que espolean la transformación de su consciencia: la poesía es contagiosa, reúne al hombre recobrando el sentido de su existencia contra toda disgregación.

Los dogmas religiosos, políticos o científicos crean cauces, condicionan, programan, dividen. La imagen poética derrama para todos la caldera del origen, que late en la renovación celular como el denominador común de la vida y de pronto a través de un lápiz del destino, habla. La voluntad creadora volatiza lo quieto, derrite lo sólido, ablanda la piedra hasta su origen, extrae las espinas ocultas, unifica las más disímiles identidades en el magma de la imagen, finaliza la linealidad, inaugura un universo súbito donde todo se relaciona por vez primera en la inocencia.

La poesía contiene el reflejo de las transformaciones de la naturaleza, de la que somos parte indisoluble. Encarnamos esta trashumancia con el catalejo del pensamiento analógico, inherente a la infancia y a los sueños, donde no existen jerarquías preestablecidas y los seres y las cosas flotan y se relacionan equitativamente en una misma dimensión de sueño y realidad, fusionándose sin condiciones, de manera libre, inédita, limpia y sorpresiva. Cuando las jerarquías de lo conocido que obstaculizan las ramificaciones de lo nuevo ceden de momento, florece una piedra en el mundo, se abre un canal al infinito, brota un poema, inesperado nacimiento eterno.


La naturaleza vence los diques de la glaciación y la glaciación de los diques, enseñando al hombre la renovación en su ejercicio de resurrección: somos aprendices de los elementos que nos conforman: del agua del sentimiento, del fuego de la acción, del aire del pensamiento, y de la tierra de la sensación, nuestro cuerpo común.

¿Y cuál es la similitud del hombre con el agua? Como el agua somos líquidos, transparentes, fluidos, adaptables, pasivos, cambiantes, precipitados, libres, profundos, turbulentos, oscuros, sensibles, impresionables, serenos, antiguos, subterráneos, silenciosos… Nos transformamos en la relación con esa diosa sin forma definida, que cambia siempre de identidad, móvil, libre, en continua errancia en un río o quieta en un lago, fragmentada en granizo o en gotas de rocío, siempre moviéndose y adquiriendo la forma del espacio que la contiene, adaptable, memoriosa y sensible.

Agua con tantos nombres como semejanzas con lo femenino: lluvia, llovizna, rocío, géiser, arroyo, lago, ciénaga, cascada, manantial, río, acuífero, agua termal, mar, océano, granizo, nieve, hielo, glaciar, iceberg, neblina, niebla, nube. La poesía de agua es fusión con el amor en todas las dimensiones, el amor loco, el paraíso romántico. El poeta de agua nada en el sueño como en un útero, como en la muerte, como en el olvido, sumergido en el misterio del origen. El poema de agua es la sed de infinito a la espera de ser bebida en un solo instante: disolución de las fronteras por la revelación del secreto motriz de la existencia.

El agua simboliza lo subjetivo: las emociones, los estados de ánimo, los sentimientos, los recuerdos, los sueños, la vivencia uterina, la imaginación. Lo mismo que el agua, lo emocional es universal y nos envuelve en sus metamorfosis, disuelve nuestros cimientos, y debido a su desconocimiento o inconsciencia, nos lleva a la desintegración. El plano de los sueños, de lo que antecede, imagina y augura, como lo original que busca la poesía, tiene la imprevisible metamorfosis del agua. Para que haya equilibrio en el planeta, el agua tiene que estar moviéndose y cambiando de estado. Habrá que comprender cómo es la forma de ser del agua, de aquello que nos constituye instintivamente.


Lluvia de la bondad, bondad de la lluvia; llovizna del placer, placer de la llovizna; cascada del apasionamiento, apasionamiento de la cascada; rocío de la clarividencia, clarividencia del rocío; lago de la interioridad, interioridad del lago; río del deseo, deseo del río; mar de la profundidad psíquica, profundidad psíquica del mar; nube de la imaginación, imaginación de la nube; géiser de la inspiración, inspiración del géiser; arroyo del cariño, cariño del arroyo; neblina de la mediumnidad, mediumnidad de la neblina; manantial de la sensibilidad, sensibilidad del manantial; granizo de la emotividad, emotividad del granizo; nieve de la dulzura, dulzura de la nieve; hielo de la ilusión, ilusión del hielo; acuífero de la benignidad, benignidad del acuífero; ciénaga del instinto protector, instinto protector de la ciénaga; iceberg del onirismo, onirismo del iceberg; glaciar del erotismo, erotismo del glaciar.

¿Y cómo el aire se manifiesta en nosotros? Como el aire a veces somos invisibles, livianos, sutiles, veloces, imprevisibles, caprichosos, móviles, volubles, inconstantes, inconsistentes, dispersos, sorpresivos, silbantes, errabundos, expansivos, ilimitados, adaptables, violentos, volátiles, destructivos…

El aire marca el inicio de nuestro nacimiento: la respiración primera, la entrada al mundo. Y también el fin: Cuando deje de entrar y salir del cuerpo por la respiración, habremos expirado. Sin aire no hay diálogo ni comunicación, pensamiento ni comprensión. Por él se emiten y viajan las palabras y las ideas, el lenguaje articulado en frases, a través de las bocas, las antenas y los satélites, comunicando lo que somos.

Purificado por los árboles y los bosques que producen oxígeno sin descanso, a veces la poesía es este aire limpio. No existe en el vacío, cuando se torna huracán arranca casas como si nada, burlando las ingenierías que nunca podrían detenerlo. Brisa, remolino, bruma, viento, torbellino, huracán o tifón, tornado, tormenta, ciclón, borrasca, monzón: La poesía de aire es el pulmón que nos respira. El poeta de aire se lanza en el paracaídas de la lengua como Vicente Huidobro, desciende hasta el aullido de la primera pregunta. Su poema es gruta de palabras como muñecas rusas encajadas hasta la primera semilla o viaje interestelar por las órbitas excéntricas del pensamiento.


El intelecto, la razón, las ideas, las palabras, los conceptos, el nombrar, el diálogo, el conocimiento, los libros, la comunicación, la búsqueda de la verdad, la ciencia, la libertad. El aire es similar a nuestro pensamiento, es universal y nos cautiva en sus arquitecturas, nos apropiamos del mundo a través de la actividad mental, del nombrar, del conceptualizar y definir, del comprobar y verificar, compartiendo la información de lo que otros han vivido y descubierto, y debido a su falta de desarrollo, nos privamos del conocimiento.

Para que haya equilibrio en el planeta, el aire tiene que estar moviéndose, intercambiando la comunicación, el polen del conocimiento, la semilla de la paz. Habrá que comprender cómo es la forma de ser del aire, cómo es lo que nos constituye intelectualmente. El plano de la razón, de lo que concluye y sintetiza, tiene la imprevisible metamorfosis del aire y así comprobamos cómo las verdades son reemplazadas por otras con el tiempo.

Viento del pensamiento, pensamiento del viento; aire de la tolerancia, tolerancia del aire; brisa del refinamiento, refinamiento de la brisa; torbellino de la razón, razón del torbellino; bruma de la elegancia, elegancia de la bruma; remolino de la elocuencia, elocuencia del remolino; tormenta de la belleza, belleza de la tormenta; tornado de la imprevisibilidad, imprevisibilidad del tornado; huracán de la vivacidad, vivacidad del huracán; ciclón de la inteligencia, inteligencia del ciclón; tifón del anticonvencionalismo, anticonvencionalismo del tifón; huracán de la originalidad, originalidad del huracán; borrasca del modernismo, modernismo de la borrasca; monzón de la comunicabilidad, comunicabilidad del monzón.

¿Y en qué se parece el hombre al fuego? Como el fuego somos cálidos, generosos, brillantes, súbitos, explosivos, desenfrenados, impulsivos, móviles, expansivos, protectores, antiguos, transformadores, devoradores, arrasadores, violentos y peligrosos. Señor caprichoso, busca transformarlo todo en él mismo, el que borra las diferencias. Algún día nuestro sol nos devorará, la gran consumación. Líquido en el magma, solidificado en las rocas o domesticado en los fósforos, convoca carnavales y cocina alimentos, padre protector universal. Su conocimiento sentó el dominio sobre la oscuridad, el frío y las fieras. Simboliza la consciencia (en contraposición a la inconsciencia simbolizada por la oscuridad ignota) y la voluntad individual insuflando dirección a cada acto consciente.

En analogía con la conducta, recordemos a Faetón, el loco hijo de Apolo que no sabía conducir(se) y produjo apocalípticos incendios en el mundo, insolando por siempre a los africanos con el carro solar de su padre. Asociado a la fuerza, al crecimiento, a la generosidad solar, al impulso espiritual o personal. La forma del espíritu divino: "Brahma es idéntico al fuego".

La luz estrellada es un reflejo del pasado; las estrellas son los primeros escritos en las pizarras de la prehistoria, cuando el hombre elevaba su mirada a la lectura del cielo, sabiendo, por la fulguración de su consciencia, de su unidad con el universo, más allá de la matemática de las órbitas o de las órbita de las matemáticas.

Fuego de tantos nombres y formas: luz, chispa, llamarada, incendio, magma, lava, brasa, rayo, trueno, electricidad, relámpago, arco iris, aurora boreal, explosión, volcán, ceniza, humo. La poesía de fuego forja la identidad en la aventura absoluta, desde la propia voluntad que transgrede los límites, como Jean Arthur Rimbaud. El poeta de fuego cultiva la llama original, transgrede los límites, faquir atravesado por la Estrella Polar. Su poema es un meteoro que atraviesa los tiempos. También llamado ladrón de fuego, le cega el resplandor de la verdad y de la ética, medida de fuego de todas las cosas.

El fuego simboliza la fuerza vital que anima los seres, el espíritu motor de la voluntad, el fulgor del comienzo, la acción, la puesta en marcha, la consciencia de sí mismo. El actuar por elección consciente. La intuición o revelación instantánea del presente. Las relaciones humanas, la política. La divinidad (El cielo estrellado y eterno).

El fuego es nuestro yo (el propio personaje), el centro de la personalidad, la voluntad y la consciencia. De la misma manera que el fuego dentro de los mundos, voluntad y conciencia impulsan nuestros actos, y debido a su mala conducción, nos llevan a la destrucción. Por ello para que haya equilibrio en el planeta, el fuego tiene que estar oculto o sirviendo sólo a buenos propósitos.

Luz de la autoconfianza, autoconfianza de la luz; chispa de la iniciativa, iniciativa de la chispa; llamarada de la insubordinación, insubordinación de la llamarada; rayo de la osadía, osadía del rayo; lava de la independencia, independencia de la lava; arco iris del entusiasmo, entusiasmo del arco iris; trueno de la soberanía, soberanía del trueno; relámpago de la decisión, decisión del relámpago; magma de la dignidad, dignidad del magma, aurora boreal de la valentía, valentía de la aurora boreal; incendio del arrojo, arrojo del incendio; brasa de la honestidad, honestidad de la brasa; electricidad del dinamismo, dinamismo de la electricidad; explosión del coraje, coraje de la explosión; volcán del humor, humor del volcán; ceniza de la sinceridad, sinceridad de la ceniza; humo de la audacia, audacia del humo.
Habrá que comprender cómo es la forma de ser del fuego, cómo es aquello que nos constituye espiritualmente. La acción, lo espontáneo, lo que sucede, lo que nos reúne y celebra, como lo original que busca la poesía, tiene la imprevisible metamorfosis del fuego.
¿Y en que somos semejantes a la tierra? Como ella aprendemos a ser estables, concretos, sólidos, productivos, organizados, pacientes, perseverantes, fecundos, dadivosos, generosos, exuberantes, nutricios, húmedos, blandos, tangibles, laboriosos, profundos…

La madre tierra ¿quién lo duda? El suelo real donde nos erguimos, donde crecen y se multiplican los nutrientes. Por la ley de la gravedad y por su enorme magnetismo, el planeta mantiene todo cuerpo y toda cosa atraídos hacia él.

Manifestación del hedonismo, bailarina del sistema solar, lo más parecido a la tierra es nuestro cuerpo, maquinaria también de crecimiento, mudanza y reproducción. Comprender la naturaleza terrestre es adquirir el sentido práctico innato de la supervivencia, pues todos los cuerpos guardan de manera innata una memoria ancestral que los acerca a aquello que les permite sobrevivir y los aleja de aquello que los extingue.


La corteza terrestre, la montaña, la cordillera, el árbol, el manglar, el humus, la semilla, la hierba, la roca, el barro, la placa tectónica, el valle, la arena, el desierto, el cristal, entre otros maestros de la tierra, tienen mucho que enseñarnos. La poesía de tierra eclosiona en la lengua, florece en el paladar, su palabra es un fruto, alimenta. El poeta de tierra tiene paciencia de madera como César Vallejo y aprende de los árboles a convivir con los pájaros. Su poema de palabras-semillas, huele a barro recién pintado.

La tierra simboliza la realidad objetiva, exterior, perceptible por los sentidos. Lo material, substancial, tangible y comprobable. La economía. El cuerpo. La salud. El alimento. Las grandes estructuras y construcciones materiales. Lo práctico, el sentido común, la memoria de la tradición.

En directa relación con nuestro cuerpo, De la misma manera se compone de agua y continentes u órganos relacionados entre sí. Circundado por venas en vez de ríos, nuestro cuerpo tiene que estar alimentándose de los frutos de la tierra, madre nutricia, dadora del alimento, y como el volcán, expulsar parte de lo que lleva adentro.

Habrá que comprender cómo es la forma de ser de la tierra, cómo es aquello que nos constituye físicamente y pertenece a nuestro cuerpo. En analogía con lo sensorial y lo concreto, como lo original que busca la poesía, la tierra está hecha de una acumulación visible que se reproduce continuamente.

Corteza terrestre de la madurez, madurez de la corteza terrestre; montaña del sigilo, sigilo de la montaña; roca de la concentración, concentración de la roca; árbol de la paciencia, paciencia del árbol; manglar de la responsabilidad, responsabilidad del manglar; cordillera del reposo, reposo de la cordillera; humus de la humildad, humildad del humus; desierto de la disciplina, disciplina del desierto; semilla de la perseverancia, perseverancia de la semilla; hierba de la fecundidad, fecundidad de la hierba; barro de la voluptuosidad, voluptuosidad del barro; placa tectónica de la tenacidad, tenacidad de la placa tectónica, valle de la exuberancia, exuberancia del valle, arena del constructivismo, constructivismo de la arena; cristal del orden, orden del cristal.


La poesía es el ingreso a un estado niño donde participamos de la danza original de los elementos del mundo. Cada uno de los diez mil seres, tiene un nombre que al invocarse, activa la gran interconexión, la mutua encarnación: El niño puede ser rayo y el rayo niño; la nube puede ser cabellera y la cabellera nube, gracias a la alianza mágica entre los planos.

La poesía es la necesidad innata de unión con los otros, del completamiento renovador en libertad; demolición de jerarquías verbales y racionales para percibir el infinito, como en la infancia donde cada vocablo emite su tono vibratorio, sol de sensaciones, recuerdos y augurios: la poesía lo revive todo a través de nombrarlo en nupcias por vez primera. El poeta excava desde su propia chimenea hasta la primera ceniza o consciencia de la primera combustión. Sin la poesía el lenguaje se fosilizaría hasta representar sólo el pasado o un presente mecánico, carente de espiritualidad o singularidad. Con la poesía el lenguaje se torna oracular, porque todo habla, tiene un lenguaje permeable a la analogía poética que abre sendas al futuro, órbitas nuevas en el mundo, proveyéndonos de originalidad o cercanía con el origen, en términos más que filológicos.

La oracularidad de la poesía es directamente proporcional a la universalidad de los infinitos lenguajes de la vida. Su inherente pluralidad de significados hace que cada pregunta sea respondida con todas las respuestas y a su vez que cada respuesta esté contenida en todas las preguntas: La palabra es cetro de Hermes, materia prima del pensamiento y la realidad, centro de la civilización: los poetas fundan las épocas con su forma de poetizar. Les corresponde hoy más que nunca contribuir a la unidad desinteresada de la humanidad para salvar el mundo de la división explosiva, desactivando la dinamita de los dogmas.

Dicen los físicos que las partes del universo se distancian entre sí a gran velocidad -el odio según Empédocles-, de allí la tendencia a la independencia entre las partes, la intolerancia entre los planos, la violencia desatada. Pero la poesía ejemplifica la práctica de la paz, la belleza, la justicia, la verdad y la alegría (más que la injustamente subrayada apología de la guerra). Poesía o abrazo renovado y fraternal entre los seres y sus múltiples destinos, unidad en el amor que mueve al cosmos.

Luis Eduardo Rendón




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Luis eduardo Rendón. Nació en San Roque, Antioquia, en 1972. Co-organizador del Festival Internacional de Poesía de Medellín. Ha publicado las siguientes obras:Arpa a merced de las manos invisibles, Editorial Lealon, Medellín, 1996. La velocidad de las piedras es azul, Colección Prometeo, Medellín, 1997. Universal Gong Night, Edición personal, español-inglés, Medellín, 1997 .Tras la loba espectral, Ediciones La electricidad de la i, 1998. La Plaza Mercurio, Ediciones Fénix, 2000.



martes 6 de octubre de 2009

POEMAS DE HUGO GOLDSACK. Del libro:”Elegías de L-Tor”. Selección de Rodrigo Verdugo



ELEGIA DEL PRIMER ALUCINADO

Yo no podría negar los derechos de L- Tor
Nadie negará tus derechos, L- Tor.
Aunque por defenderlos me apedreen.
Y mis hermanos de clan me arranquen los ojos.
Y me quiten de las manos el lábaro de mi tótem.
Y me abandonen ciego en la selva enemiga.

Nadie negará tu existencia, L-Tor,
Mientras yo esté vivo,
Y tu voz de azufre ritual me ilumine el plexo,
El sexo y la boca
Como si empezara a arder.

Tú sabes hablar en la noche.

Inmóvil y desvelado al fondo de la caverna.

Tú sabes hablar y ladrar
Y aún cantar como los pájaros.

Y graznar con la vieja y sabia lengua de lechuza.

Y desbordar los ríos de la sangre
Como si me deshielara.

Tú sabes herir de vida, L- Tor.
Tú enseñas a golpe de relámpago
Y sobre la fuga de los lobos
Consigues que estalle la dentadura alegre
De una flor que me hace reír hasta la aurora.

He medido tus plantas en la arena del sueño,
Son iguales a las mías.

He acariciado el follaje con mi áspero tacto
Y lo he visto temblar lo mismo
Que cuando tú lo besas
Mientras el sol se pone.

Las aves del aire se devuelven
Cuando las silbo como tú
Y tú estas dormido.

L-Tor, L-Tor,
Sombra mía,
Hermano mío,
Llanto mío,
Tú y yo somos el mismo espectro,

A veces, tú el eco y yo la voz.
A veces, tú la flauta y yo la música.

La música que empuja hacia fuera a la tribu
Y la obliga a danzar sobre la escarcha.

Pero tú no pesas, L-Tor.

Tú no necesitas alimentos, L-Thor,
Ni agua con fuego adentro.

Tú no aúllas de dolor cuando nos hieren
En medio de la guerra.

Tú eres inmutable como el sol en el aire.
Tú eres de aire,
De aire tibio,
Y te pareces extrañamente al miedo
A veces…

Porque mi lengua te sigue, me persiguen.

Porque te llamo como a mi padre, que era bueno,
Me apedrean en la fiesta.

Porque converso contigo cuando ronda la hiena,
Los ancianos azuzan contra mí
Los poderes del hechicero.

Y mi suegra suele llorar diciendo:
-Ya no es el mismo, ya no es el mismo…-

Un muro de azufre me cerca.

Un río de odio morado me ahoga.
Una noche sin luna se me congela en los huesos
Y veo los ojos ardientes del lobo
Iluminando de sangre las huellas
Del que tiene que morir esta noche.
L- Tor, estoy perdido.
Hermano mío, estoy herido.
Padre celeste, la fiebre me hace crujir las sienes.
Pero, yo no te negaré nunca, L-Thor.
Antes de negarte, que me devoren, L-Thor.
Que nunca nadie niegue tus derechos, L-Thor.


***


ELEGÍA PARA EL QUE MURIÓ DE NUEVO


Esta noche, el pecho del mar se romperá bramando contra las rocas muertas.

Esta noche, un aullido llenará de lágrimas el ojo de los faros.

Esta noche gemirán solos todos los armonios del mundo,

Y el viento de los médanos oficiará una misa
Para la muerte de la anémona
Porque el hombre está triste.


Esta noche, un llamado despertará a la madre.
Que se erguirá en la huesa
Con las cuencas quemadas por espesas lágrimas de barro.

Con sus duros dedos cogerá del aire agua lunar.

Con sus negras uñas tejerá vendas de olvido,
Y como antes a la cuna, ahora correrá hacia la ciudad,
Por caminos que sólo los ladridos transitan,
Porque el hombre está herido,
Y ese hombre es su hijo.

Esta noche el hombre estará sentado sobre un lecho negro
Partiéndose el pecho contra los muros irremediables.

Llenando de lágrimas el ojo de su dios.

Ahogándose inútilmente en las sordas músicas del vino.

Nadie vera el flujo de su sangre, creciéndole en la conciencia,
Hasta quebrantar sus sillares inmemoriales.

Nadie sabrá del derrumbe
Ni escuchara el espantoso hervor de sus piedras, arrastradas por la resaca
Hacia el abismo de la muerte,
Al abismo final en que flota una anémona,
Perdida para todo alto destino sublunar.

Pero tal vez no sea enteramente cierto.
Yo sé que el hombre tendrá un consuelo esta noche.
Es posible escuchar pasos de seda sobrecogedora.

Y es posible una mano de celestes huesos y uñas negras.
Acariciando los cabellos negros,
Mientras el mundo llueve afuera.

Qué tristes son las citas del hombre con sus muertos…

Qué desconsuelo hay en sus vendas de olvido,
Y en el agua lunar que una mujer,
Vestida de líquenes y polvo,
Ejercita inútilmente contra la fiebre,
Que ciñe de rojas y atroces coronas
Las sienes de su hijo…

El hombre está herido y muere,
Y mira como arden, lejos,
Brumosos calendarios.

Una balada tenue suelta al aire sus signos
De cristales agudos,
Por encima de los vagos abanicos del humo.

(Anémona perdida…)

El silbido viene y va, mientras se ahogan,
En los últimos limos, las pausadas
Columnas del crepúsculo.

(Oh, dedos que insistieron
En entrar en la celda del que no tenia
Otra defensa que su obstinada soledad…)

Humo y trino pastoril han conseguido
Pulir peldaños de amatista,
Para que no resbalen las sandalias del lucero.

(Ah, los pies en que el vencido
Creyó besar la tibia cifra
De su regreso al mundo…)
En el cielo indeciso,
El abracadabra de los murciélagos
Enseña, siniestramente
Que también las campanadas tienen sombra.

Ay del hombre herido que está muriendo en la noche…

Ay del que solo tiene el salmo de sus fantasmas…

Ay del que perdió su anémona, y con ella, la vida.

Ay del que desertó de su soledad para besar el viento,

Y enceguecido por su relámpago rubio y verde y rojo,

No tuvo siquiera la cama de piedra de su celda para morir de nuevo!


***


HISTORIA PARA UNA NOCHE DE NEBLINA


Ya podéis gritar y correr, deudos de nadie,
Hombres de roja gorra, caballeros
De acompasado pantalón.

Ya podéis pisotearme, señoras
De poderoso fuelle sentimental, y en mis narices
Batir vuestros pañuelos.

Precipitaos hacia las puertas
Gesticulando, sonándoos, rodando,
Riendo.

Empujadme a la margen del rebaño,
Y dejadme solo como los guardafaros
O los náufragos.

Dejad que me convenza lentamente

Que el frío del andén bañe mis huesos
Hasta que me percate de mi muerte.

O de la paradoja de estar vivo
Cuando el alma va lejos.

Lejos, más lejos, mientras fluye el tiempo,
Y la niebla se cuela por las venas
Para volverse llanto…

Nadie me escuche, nadie me consuele.

Solo nací, solo me muero
Con su desdén que me trepana el alma,
Con sus manos cuyo recuerdo lamo,
Y sus ojos que retienen el embrujo
De la primera luna que alumbró en el mundo.

En invierno las ánimas van vestidas de niebla.

Como volutas giran en torno a los faroles
Y gimiendo cruzan la cara del desamparado.

¿De qué viejas culpas le hablaran cuando pasan?

Pero el triste sigue sin decir nada.

Un pitazo infinito ha rasgado su oído
Y una voz que fue suya parece que hablara cerca.

Marejada de anhelo, la sangre se le escapa
.y se va por nocturnos campos, hacia remotos galpones ferroviarios.

El vino torna monstruosa la risa en el burdel.
Alguien me mira, Es posible. Sólo sé
Que mis besos perdidos como jauría triste
Van rodando en la bruma tras un tren.


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Hugo Goldsack: (1915-1988). Poeta y Cronista Chileno. Miembro de la Generación de 1938. Se desempeñó como director de la Revista “Zig- Zag”, fue Fundador de la Revista “Siete Días” y colaboro en los diarios: “El Mercurio”, “La Opinión”, “La hora” y “La Tercera”. Sus obras principales son: “En Torno a cierto fuego”, Ed Diógenes,(prologo e ilustraciones de Andrés Sabella) Santiago, 1949, “Pedro Prado, un clásico de América”, en colaboración con Julio Arraigada, Separata Revista Atenea, Universidad de Concepción, 1952, “Elegías de L- Thor”, Ed Francois Villon, Santiago, 1955, “Encuentro con Bolivia: Color y sorpresa de un país inesperado”, (Prologo de Joaquín Edwards Bello), Ed Taller Grafica Periodística de Chile, Santiago 1956, “De España un pelo”, (Prologo de Joaquín Edwards Bello), Ed Nascimento, Santiago 1968, “El rostro de Dios”, Suplemento Literario Revista Extra, Santiago, 1976, “Los Archivos del diablo”, (Prologo de Luís Sánchez Latorre), Ed Diógenes, Valparaíso, 1990, “Antología Poética” Ed Diógenes, Valparaíso, 1995. En 1968 recibo el Premio Hispanoamericano de Periodismo “Carlos Saptien”, y en 1972 recibió el Premio Nacional de Periodismo, Mención Crónica.

domingo 4 de octubre de 2009

BELLEZA INTERIOR (POEMA ENTRAÑABLE) . Autores: Mauricio Naranjo y Oscar González

pintura de óscar dominguez


BELLEZA INTERIOR (POEMA ENTRAÑABLE)

MAURICIO NARANJO /OSCAR GONZÁLEZ


TU COXIS RESPLANDECIENTE BAJO EL CIELORRASO
ME HACE PENSAR EN TU SILLA TURCA Y EN TU QUINTA VÉRTEBRA
CUANDO ESTAMOS SOLOS FRENTE AL MAR ROJO
DE TUS GLÓBULOS BLANCOS Y EN MIS SUEÑOS TU FÉMUR INSISTE
COMO UNA FOTOGRAFÍA SUBACUÁTICA EN EL
TABIQUE DE NUESTRO AMOR.


LOS FLUIDOS EN ESPIRAL DE NUESTROS BESOS CLAVAN SUS AGUJAS EN EL SISTEMA NERVIOSO CENTRAL DE LA OSA MAYOR MIENTRAS OBSERVO TU VESÍCULA INFLAMADA POR EL AMOR INTENSO.
ES ILUSIÓN Ó ¿TIENES EL HÍGADO MÁS ROSÁCEO DEL ROSAL?
DE NOCHE, ANTES DE DORMIR, LA RADIOGRAFÍA DE TU CLAVÍCULA ENCIENDE LA PASIÓN DE MI EXISTIR. ENTONCES SUEÑO.

LA MASA ÓSEA ESTREMECE Y PERTURBA LO DESEABLE DEL DESEO
PUES CADA VEZ QUE SIENTO DESEO DE TÍ
EL HUESO ES LO QUE INCENDIA LA NOCHE LA CALCINA.
NO ES DE TÍ DE QUIÉN HABLO SINO DEL HÚMERO Y DEL CÚBITO DEL RADIO
QUE ESCUCHO CON TODOS SUS VOLTIOS SOBRE MÍ
DESNUDO EN LA OSAMENTAL FORMA DEL DELIRIO.
DELIRO POR TUS HUESOS POR LA ESPINA DORSAL
CADA UNA DE TUS VÉRTEBRAS
QUE SON PARA EL OCULTISTA LA MÉDULA DE SÁUCO
LA INICIADORA LETRA DE SU INVOCACIÓN.
DESCIENDO POR EL TEMBLOR DE TUS PARIETALES CON EL ÉXTASIS DEL EXTRAVIADO.
¡AY! QUE HERMOSO TU OCCIPITAL EN LA TUMBA DE OSIRIS.



EN LA PELVIS DE LA NOCHE NUCLEAR ADORAMOS EL PROFUNDO CARMESÍ DE
NUESTRAS GLÁNDULAS PITUITARIAS.
TU BELLEZA INTERIOR EXCITA MIS SENTIDOS EN MEDIO DE LA PLATAFORMA DONDE ADORAMOS LA LUNA LLENA.
TUS GLOBOS OCULARES OCULTAN MÁS QUE NERVIOS ÓPTICOS.
DESEO TUS INGLES Y TUS ALGAS MARINAS.
TU APARATO RESPIRATORIO LUCE MÁS HERMOSO EN
EL UNIVERSO VISCERAL: QUÁSARES Y DESTELLOS EN LA MUCOSA CELESTE DE TUS EMOCIONES
ES MARAVILLOSO TU RIÑÓN IZQUIERDO CUANDO
INTERCAMBIAMOS SILENCIOS

TRIDIMENSIONAL EL GLADIOLO INUNDA LA GRIS PANTALLA DE TUS NERVIOS.
ES LA CALÉNDULA DEL APARATO CIRCULATORIO LO QUE NOS CONFUNDE CON SUS RAYOS Y CON SUS AUGURIOS.
LA EPIDERMIS DEL SOL ANUNCIA TEMPESTADES Y METEOROS:
ES EL DESAMOR QUE NOS VISITA PUNTUAL
LA TRISTEZA QUE ENTREGA CARTAS SANGRIENTAS.

EN EL INSTANTE EN QUE LOS LABIOS SE FUNDEN ENTRE LAS HORTENSIAS SOLARES LOS DIOSES ABREVIAN EL SENTIDO DEL MUNDO
SE REVELA EL INCENDIO EN TUS MUSLOS DE PERFUMERÍA MEDIEVAL
SE ELEVAN Y FLAMEAN PIEDRAS DE TUS METACARPIOS COMO BANDERAS VICTORIOSAS DEL AMOR
EXPLOTA EN ESA LUCHA INTERMINABLE DE LA PASIÓN LA VENA FEMORAL
QUE NADIE PUEDE SUTURAR NI LA MANO DEL BUEN DIOS Y EL MAL DEMONIO
Y CAEMOS VENCIDOS EN UN MAR DE OSTRAS Y HELICONIAS.


VOLCÁN TU RESPIRACIÓN DE MANTIS ATEA
TORMENTA LA ARRITMIA DE TUS LABIOS
TERREMOTO TU SILENCIO
LLUVIA DE ESTRELLAS TU BELLEZA INTERIOR CUANDO ANOCHECE EN LOS ÓRGANOS CANSADOS DE DIOS.


RECOSTADAS EN SU CÚBITO DORSAL ESPERA LA HECHICERA QUE DESDE UN BARCO DE ARCO IRIS
LE LANCEN A LOS OÍDOS LAS SALES DE LA MEMORIA
PARA CONOCER EL NOMBRE DEL EXTRAÑO POR LA LEY MUSICAL DEL SAXOFÓN
Y CELEBRAR EL DESENCADENAMIENTO DE LOS MOVIMIENTOS INCADESCENTES DE LAS PÁPILAS
Y SU CORONACIÓN EN LAS SELVAS DE LAS ÁXILAS
BOSQUE ENCANTADO DE LOS AMANTES
QUE HUYEN HACIA LA MONTAÑA DEL PUBIS
PARA MIRARSE POR FIN DESNUDOS EN LA PASIÓN QUE TIENE ALAS DE SEMEN PUES HA OBTENIDO SUS TÍTULOS EN EL ESPASMO LIBRE Y PITUITARIO.


LAS PLANTAS DE TUS PIES CRECEN EN MI MEMORIA COMO UNA SERPIENTE EN LA GARGANTA DE UN ARCÁNGEL. ENAMORADO DE TUS SOMBRAS Y DE TU VIENTRE ME DESINTEGRO COMO UN CÁNCER EN LA LENGUA VEGETAL DEL CORAZÓN.
RÓTULAS Y TOBILLOS SE DESPRENDEN DE TUS SENTIDOS Y GOLPEAN LA ESTRUCTURA ÓSEA DE MI PENSAMIENTO.

MARIPOSAS BABILÓNICAS SE DESPRENDÍAN ESA NOCHE
DEL ESPACIO SIDERAL DE MILLARES DE NEURONAS ELÁSTICAS
Y SE PRECIPITABAN EL MONASTERIO DEL CARMÍN
HACIENDO VOLAR LAS LIBÉLUAS DEL PULMÓN AZUL REFRESCANDO
LA TARDE DE LA PALMA DE LAS MANOS
CON LAS QUE UN MÚSICO EXORCIZABA LAS TARÁNTULAS DE TUS SENOS
AMORDAZADOS POR EL MAL TIEMPO.






ENFERMOS DE ASOMBRO NOS RECOSTAMOS CON NUESTRO ESQUELETO INCOMPLETO A CONTEMPLAR LAS NAVES QUE RECORREN EL HORIZONTE, MIENTRAS LOS JUGOS GÁSTRICOS DEL PAVOR INCENDIAN LA BIBLIOTECA DE ALEJANDRÍA. PANCREAS MÁS BELLOS QUE EL CADÁVER DE UNA NIÑA EXPLOTAN EN LAS NUBES.


INVOCARON AL PASEANTE SOLITARIO DE LAS TURBULENCIA QUE SE PRODUCÍA
EN LOS SENTIMIENTOS DEL MOVIMIENTO DE SÍSTOLE Y DIÁSTOLE DEL CORAZÓN ENCANTADO
POR LA FURIA DE LOS VIENTOS POLARES
POR LA ESTRELLA ALCANZABLE SOLO POR LA ORACIÓN DE RODILLAS
FRENTE A LOS TÚMULOS DE LOS DESIERTOS ENTREVISTOS POR LA MIRADA
DEL NÓMADA Y EL SECRETO DEL CELEMÍN QUE ILUMINA LA TIENDA DE CAMPAÑA DEL DESEO
HEMOS PERDIDO EL NORTE LE DICE UN MARINO AL PEZ ESPADA
ENTRE LA DISTANCIA QUE MARCA EN EL TELESCOPIO LA TIROIDES Y SU PALANCA PARA IMPULSAR LA VASTEDAD.
HEMOS ENCONTRADO EL ORIENTE LE DICE AL MARINO EL MIRLO QUE CANTA EN LA ESCANFRANDA.
TIEMBLA EL VOLCÁN EN EL PUENTE DEL ESTERNOCLEIDOMASTOIDEO Y COMIENZA A PENETRAR LOS LABERINTOS DEL SUEÑO. PIEDRAS EN LA VESÍCULA RUEDAN PARA SIEMPRE.


LA BILIS NEGRA DE TU AMOR INVADE DE TUMORES Y TEMORES MIS TROMPAS DE EUSTAQUIO FLEMÁTICO.
OBSERVO LA CURVATURA DE TUS NEURONAS Y SUS SINAPSIS INVISIBLES
MIENTRAS EL LÍQUIDO AMNIÓTICO DE NUESTRA AGONÍA SE CALCIFICA COMO UNARRECIFE DE ANÉMONAS CARNÍVORAS
PARÁSITOS HONGOS VIRUS Y BACTERIAS INVADEN LOS ÓRGANOS REPRODUCTORES DE LA MELANCOLÍA
PERO UN EJÉRCITO BLANCO RECORRE LAS ARTERIAS RUMBO AL PANTANO
DONDE MORAN LOS COCODRILOS DEL HASTÍO
TU ANATOMÍA CORROE MIS PUPILAS ARRANCA LA EPIDERMIS
INYECTA VENENOS SIN
ANTÍDOTO CAUSA INFARTOS Y DERRAMES
PROVOCA MIGRAÑAS MÁS INTENSAS QUE EL
COLOR DE TODAS LAS FLORES.



"MI QUINTA VÉRTEBRA LUMBAR SE MOSTRABA MUY REBELDE Y DOLOROSA..."
Remedios Varo

DESDE EL PRECIPICIO DE LOS HUESOS LUMBARES
EL POLO NORTE HACE ARCOIRIS
EN LAS ALAS DE LA MARIPOSA ELÉCTRICA
MIENTRAS EL NERVIO RADIAL SE ABRE PARA DARLE PASO A LA SOMBRA
Y LANZAR LOS DADOS DE AZÚCAR A LA BAÑERA DE LOS OLVIDOS
CANTANTES OBESOS LLORAN DE MELANCOLÍA EN LAS RAMAS DE OLIVO DE
LOS BRAZOS EN LLAMAS
PERDIDAS PALOMAS EN LACRIMALES POROSOS DE UN CIELO ESTRELLADO
DONDE VEO MARES DE NENÚFARES
DONDE LEO QUE NADIE PODRÁ SER SALVADO DE SÍ MISMO
ATERIDOS DE FRÍO LOS CROMOSOMAS BLANCOS
SE LANZAN CONTRA LAS PAREDES ÓSEAS SABIENDO DE SU PERDICIÓN
YO VEO EN MI VIDRIO OCULAR MIRÍADAS DE BELLADONAS
QUE ENTRAN COMO EL SOL.



TUS MEJILLAS SEMEJAN UNA COLMENA DE NUBES EN EL ROSTRO DE DIOS
TUS GLOBOS OCULARES ME ELEVAN A TORRENTES SANGUÍNEOS SIN NOMBRE TODAVÍA
EL IRIS DE TU SONRISA IRRADIA SALES DE PLATA DONDE DIBUJO LAS CADERAS DEL SOL
EN TU CRÁNEO LEO TODO EL DOLOR DEL MUNDO: TRAUMA, LUMBAGO, CÁLCULO RENAL SIN RAÍZ CUADRADA POSIBLE
TU MÚSCULO COMPLEXO, QUE SE EXTIENDE DESDE LAS APÓFISIS TRANSVERSAS DE LAS
VÉRTEBRAS DE LA CERVIZ HASTA EL HUESO OCCIPITAL, EXCITA EL PRURITO DE MI
DESEO COMO UNA MOSCA DE BAR QUE DANZA EN LA ESPUMA CELESTE DE LA CERVEZA
ENTRETANTO LAS FIBRAS NERVIOSAS DE MI CORAZÓN ATRAVIESAN LA MÉDULA ESPINAL
DE TU SILENCIO EN LA INDIFERENCIA TARDÍA DEL DOMINGO
FLUIDOS ELÁSTICOS CUERPOS GASEOSOS ANIMALES MAGNÉTICOS SE ASOMAN SIN SOMBRA DE ASOMBRO
POR EL LABERINTO DE TUS OÍDOS INTERNOS Y AULLAN A LA LUNA
DE TU GLÁNDULA ENDOCRINA
COMO LOBOS DE MAR EN LA MITAD DEL DESIERTO.


TODA LA LLUVIA DE LA TARDE LA HE PASADO
MIRÁNDOTE SIN CESAR DESDE LA TORRE ABANDONADA DE TUS PAPILAS
MIENTRAS ESCUCHABA UNA MÚSICA DE SIRENAS DE RAYOS POR EL OIDO MEDIO
EXTENDÍA LA NOCHE SUS TENTÁCULOS DE ZODÍACO
INVADIENDO SOLES LUNARES
MIS CAVERNAS DEL NUS DE LOS RIÑONES EXPUESTOS POR MIS VENAS
A LA TORMENTA FURIOSA
A LA ROSA DE LOS VIENTOS QUE ARRASTRA POR MIS MUSLOS UNA LOCOMOTORA DE MIEL DE LOS LLANOS ORIENTALES
PERDIDO ESTOY SIN TU AMOR EN LAS MONTAÑAS DE DEDOS QUE TOCAN LO QUE NO PUEDO TOCAR EN LA PALMA DE LA MANO
EN LAS PLANTAS DE LOS PIES HAN CRECIDO HASTA LA CÚSPIDE DE MI
CARA LOS VIENTOS PULMONARES
ESCASA ES LA CERTEZA QUE NOS QUEDA.




"... PODEMOS AUGURAR DESDE HOY UN DESARROLLO DE PALETAS EN LA CARA ANTERIOR DEL ESTERNÓN, TAN ACUSADO, QUE EL HOMBRE FUTURO SERÁ EL MEJOR AVIADOR".
F. T. MARINETTI


NOS HAN DICHO QUE EL FÓSFORO HUYO RÁPIDAMENTE DEL INCENDIO Y LLAMÓ POR UN ALTAVOZ AL CARACOL ÓSEO, PARA DECIRLE QUE NO SE PREOCUPARA MÁS POR LA INCONTENIBLE FURIA DE LOS ALVEÓLOS ENTRE LOS TEMPORALES Y LOS DESIERTOS
NOS HAN DICHO QUE EL TRAPECISTA DE TU AMOR CAYÓ HECHO NIEVE EN TUS SENOS PARANASALES Y QUE SE MOSTRÓ MUY TÍMIDO ANTE LOS BAROMÉTROS DE LLANTO QUE TENÍAS EN LAS PIERNAS MÁS DULCES Y MÁS SENSUALES QUE EL HAYA VISTO DESDE SU VENTANA OVAL
NOS HAN DICHO QUE EN LAS CATEDRALES DE AZUFRE HAY MANDRILES QUE TOCAN TROMPETAS
CUANDO COMIENZA SU SESIÓN EL INQUISIDOR VENTRILOCUO EN LA CÁMARA DE AIRE DEL PLEXO SACRO-COXÍGEO
LA MUÑECA LEVANTA LA MANO Y DE ELLA SALEN VOLANDO LIBÉLULAS DE VIDRIO QUE CORTAN EL AIRE EN EL PLEISTOCENO
MELUSINA SALE DE UN MAR DE HELIOTROPOS QUE INUNDAN LA PLAYA.





DE ESPALDAS A TU CEREBELO LAS CUERDAS VOCALES DEL OTOÑO VIBRAN EN EL CRISTALINO DE NUESTRA ÚNICA VERDAD: EL TRAPECIO QUE SE EXTIENDE DESDE EL OCCIPUCIO HASTA LOS RESPECTIVOS OMÓPLATOS Y LAS VÉRTEBRAS DORSALES DE LA PASIÓN
ES IMPERDONABLE QUE EL HUESO CUNEIFORME DE LAS PROMESAS DE AMOR SE HAYA
ROTO EN MIL PEDAZOS Y ESTEMOS AQUÍ AHORA NAVEGANDO EN JUGOS GÁSTRICOS TAN PROFUNDOS COMO EL MAR MUERTO
CON SOBRESALTOS CONTRACCIONES MUSCULARES
ESPASMOS INVOLUNTARIOS Y MECANISMOS REFLEJO QUE PROVOCAN RISAS SARDÓNICAS
MÁS CRUDAS QUE LA CARNE VIVA.

"(…)Empiezo a prescindir de mi corazón. Por ello prefiero regirme por el plexo solar. Como ya lo he dicho, me parece la parte más noble de mi cuerpo. Mi corazón, por el contrario se ha envilecido y no quiero saber nada más de él. Tiene un carácter asquerosamente femenino".
Unica Zürn


LA MANDÍBULA DEL CRETINO INTENTA BURLAS PERO TU FENOTIPO AHUYENTA TODA
IDIOTEZ, TODO RASGO DE MISERIA TODA RISOTADA INÚTIL
FARINGE Y LARINGE ENTRE DIAFRAGMAS LUMINISCENTES EMITEN VOCES INEFABLES QUE DISUADEN TU SILENCIO
Y DISTORSIONAN TU SOMBRA, EN LA FLORA INTESTINAL DE LOS
SANTOS INOCENTES
MI LENGUA ENTRE TUS DIENTES INCISIVOS JUEGA CON COMETAS DE SANGRE Y SALIVA NADA EN EL PALADAR DE TUS DICOTOMÍAS
BUCEA EN LAS MEMBRANAS MUCOSAS DE TUS
DUDAS NAUFRAGA EN LA GARGANTA DE TU CONFUSIÓN
TODO LO QUE BRILLA EN TI ES ORO PURO: GLÓBULOS ROJOS EN LA MEDIANOCHE
MATERIA GRIS EN LOS ARREBOLES Y EN LOS ARRABALES
FLUIDO TRANSPARENTE EN LA
SOLIDEZ EVANESCENTE DE MI ADORACIÓN


ENTRARON AQUELLA MAÑANA DE ROCÍO POR UN CAMINO DE VELADORAS PORQUE HABÍAN
PERDIDO EL SENTIDO QUE LES TRAÍA EN COPAS DE CHAMPAÑA EL BULBO RAQUÍDEO
BUSCARON POR EL CAMINO DE LA SEDA LA CAVIDAD PERITONEAL
PORQUE LES AVISARON DESDE LAS ARTERIAS DE LA LUNA LLENA QUE VENÍAN POR
ELLOS TROPAS DE SALTIMBANQUIS QUE LES ABRIRÍAN LOS PÁRPADOS PARA
EXTRAERLES EL CRISTAL DE LA VENUS DEL NILO
DECIDIERON QUE NO SE MARCHARÍAN HICIERON EL SANTO Y SEÑA
DESAPARECIERON HACIENDO SONAR EL MARTILLO DE LOS NERVIOS MIENTRAS UNOS
NADADORES EN EL BAZO TOCABAN LA PUERTA DEL VOLCÁN.


LOS AGUJEROS DEL TORNASOL EXCLAMAN EN CORO: SOMOS EL APÉNDICE DEL VAIVEN
SOMOS EL COLON DE LA VICISITUD, SOMOS LA CORONARIA DE LA VACILACIÓN
SOMOS LA YUGULAR DEL MISTERIO
SOMOS LA COLUMNA VERTEBRAL DEL FUNÁMBULO QUE DANZA
EN TU MIRADA CUANDO LAS ARTICULACIONES DEL DERMATOESQUELETO SE CANSAN DE INSISTIR EN ESTE AMOR IMPOSIBLE
EN EL INSOMNIO LOS NEUROTRANSMISORES SINTONIZAN EL DIAL DE LA TRISTEZA Y EL RUIDO DE SUS EMISIONES AUMENTA LAS ENDORFINAS: IMPULSOS ELECTROQUÍMICOS
ENVÍAN SUS CARTAS A DESTINOS SENSUALES E INUSUALES


PARA QUE NO SE FUERAN EN LAS HÉLICES DE LOS AEROPLANOS DE MÚSCULOS PECTORALES
LOS ÚLTIMOS SUSPIROS DE LA REINA DE CORAZONES HICIERON UN TÚMULO EN EL DESIERTO QUE SE HALLA ENTRE LA PELVIS RENAL Y LAS COSTILLAS
PADECIERON TODO AQUELLO PORQUE HABÍAN SIDO ENVIADOS POR LA LECHUZA QUE
CUIDABA LOS ÁRBOLES ELÍPTICOS QUE APARECÍAN AL MEDIODÍA DE HIDROMIEL EN LOS BOSQUES
ESTANQUES VEÍAMOS MIENTRAS LLOVÍA EN LOS HELECHOS QUE CRECÍAN PROFUSAMENTE EN EL HIPOTÁLAMO
NUESTRAS ARTERIAS QUERÍAN REVENTAR EN TORRENTES QUE INUNDARÍAN LA CAVIDAD PERITONEAL
DUENDES SILBABAN EN LAS ESCALERAS DE CEDRO ANTE EL ATAQUE QUE SUFRÍA LA TRAQUEA
AL VER LA CALIDAD DEL SERRUCHO QUE LE ENSEÑABA EN POSE DE DAMA DE LAS BUENAS NOCHES EL MAXILAR SUPERIOR
TODAS LAS RETINAS SE DESPRENDIERON AL SENTIR EL CHOQUE DE LOS ZAPATOS EN POSICIÓN MILITAR
AURORAS BOREALES SE SUBÍAN UNA TRAS OTRA AL ESTRIBO DEL OÍDO Y ASÍ ERA LA CALMA
LE DECÍAN DESDE UN LABIO LEPORINO A MI MUSA
ESTA ES LA CALMA NO PIDA MÁS.



EN LA ISLA UN PIANISTA LEVANTA PESAS ENTRE BALLENAS DE ESPUMA: VESÍCULAS
SEMINALES ESTIMULAN LA GLÁNDULA POÉTICA Y PERPETRAN LÁGRIMAS DE OZONO EN LA TROMPA DE FALOPIO DE UNA GORGONA VERÍDICA
PULMONES DE ACERO INOXIDABLE FUMAN TU SONRISA TODAS LAS TARDES DE INVIERNO: METÁSTASIS DEL ANSIA
NECROSIS DEL AFÁN INFLAMACIÓN DEL ANHELO
LAS VÍSCERAS VÍRGENES DEL SOL SE DERRAMAN EN UN MANTEL ETÉREO Y EXPULSAN UN
HUMOR AMARILLENTO O VERDOSO: LOS ARCÁNGELES DE LA MEMORIA ANUNCIAN EL FIN
DEL FIN DEL MUNDO CON TROMPETAS DE MARTILLOS
YUNQUES Y ESTRIBOS QUE
RETUMBAN EN EL TÍMPANO Y EN EL VESTÍBULO DEL OÍDO INTERNO



DISPARABAN ARCOS Y NO FLECHAS DESDE LAS PUPILAS DEL TRANSATLÁNTICO EN EL
QUE LLEVABAN MÁSCARAS DE MÉDULA ESPINAL SOBRE TURBINAS DE NUTRIA QUE MOVÍAN EN OSCILACIONES CIRCULARES LOS TENDONES DE LOS SENTIMIENTOS
EXCAVABAN EN BUQUES PETROLEROS LA PENÍNSULA DE CARBÓN DE TU PUBIS
SALIAN DEL MOMIVIENTO RÍTMICO DE SUS RÓTULAS LÍQUIDOS FRENÉTICOS LÍQUIDOS FERVOROSOS LÍQUIDOS PERSEVERANTES
QUE IBAN APODERÁNDOSE DE LOS FAROLES QUE ILUMINABAN CON
OSAS MAYORES LA FRÍA TABERNA DEL REY DE LOS CUCHILLOS
LA AORTA HABLÓ POR FIN PARA DECIR QUE NO VEÍA CON MUY BUENA PIEL AQUELLO
PERO NUNCA SUPIMOS POR QUÉ SI ERA TAN SENCILLO
ÍBAMOS CAMINO A CASA CUANDO EL CIELO NOS CAYÓ ENCIMA Y NO HUBO ESTRÉPITO
PORQUE UNA OSTRA CERRÓ SUS VALVAS
PARA DARLE PASO AL ÁNGEL QUE TEMBLÓ EN FRENTE DE LA PUERTA DEL INFIERNO.

LABIOS INFERIORES BESAN MIS EXTREMIDADES SUPERIORES CON LA FUERZA DE UN
ASESINATO DONDE EL ARMA HOMICIDA SE CUBRE DE LIRIOS Y ANTRÓPODOS DE
RESPIRACIÓN TRAQUEAL ALETEAN EN TUS MENINGES COMO DOS CIGARROS EN LA CAVIDAD
BUCAL DE UN POETA MALDITO
MINERAL TU DENTADURA DE ÁRBOL TRISTE CARCOME MI TEJIDO NERVIOSO MIENTRAS
ESCUCHAMOS AL LITÓFAGO EN SU EBRIEDAD INSIGNIFICANTE
TU REINO ANIMAL SE PUEBLA DE ROSAS DEL DESIERTO Y YO SIN RESPIRACIÓN
EN TU MONTE DE VENUS SE ESTABLECE UNA COLONIA DE HEMÍPTEROS ANOPLUROS Y YO SIN ALAS PARA ATRAVESAR EL FIRMAMENTO DE TUS ENTRAÑAS
EL IMPERIO SINSENTIDO DE NUESTRO AMOR ESTÁ CONDENADO A UNA DECADENCIA LENTA Y DOLOROSA
Y YO AGONIZO EN EL PATÍBULO DE TUS OJOS.


HABIÉNDOSE EXTRAVIADO EN UNA BIBLIOTECA DE PIRÁMIDES MUSCULARES EXTENDIÓ
UN HILO QUE LO LLEVARÍA HASTA EL ACUARIO MÁS CERCANO
LLAMÓ AL REMERO SOLAR PERO ESTE SE HALLABA EN TRATOS OSCUROS CON LOSMÚSCULOS ORBICULARES DE LOS LABIOS
LLAMÓ AL PUERCO ESPÍN QUE HABITA EN LOS VALLES SARTORIOS PERO ESTE HABÍA
OLVIDADO QUE NO TENÍA OÍDO DE DRAGÓN EN LA CORRIENTE RADIAL Y HEMISFÉRICA CEREBRAL IZQUIERDA
AL AMANECER TODAVÍA ESTABA DE PIE EN LA SELVA DEL SUEÑO.


CUANDO AL CRUZAR EL PUENTE DEL ARCOIRIS LA MARIA PALITO DESPERTÓ AL BULBO OLFATIVO
YA NO HUBO MÁS REMEDIO QUE DAR EL SÍ A LOS CUARENTA LADRONES EN LA CUEVA DE ALÍ BABÁ
EN ESE MOMENTO LA CÓRNEA ENTRÓ A PEDIR LA LÁMPARA DE CABELLOS DE ORO
UN SÁTRAPA ADMINISTRABA UN BURDEL DE MALA MUERTE EN EL MUELLE DEL NERVIO TIBIAL
UN VENDEDOR DE PERFUMES ENFERMABA CUANDO TOSÍA LA NIÑA EN LA ALACENA DE LOS SIETE PECADOS CAPITALES
UNA MANICURISTA DE ASPECTO SOÑADOR ENCANTABA LOS DEDOS DE LOS PIES HACIÉNDOLOS BAILAR SOBRE CARBONES ENCENDIDOS
UN HERBOLARIO APLICABA SAHUMERIOS EN EL PECHO DE LA MAÑANA QUE ESTABA
INTOXICADA POR LOS CUIDADORES DE ANTICUARIOS
ESTO OCURRÍA MIENTRAS LA REINA DE ESPADAS TOMABA EL BAÑO EN EL LÍQUIDO LINFÁTICO:
EL AMOR COCINABA EN EL CALDO DE CULTIVO DE LAS BUENAS COSTUMBRES
LAS NUEVAS BARBARIES.


EN UN BOLETÍN EN LA AVENIDA DE LAS SOMBRAS SEÑALABAN CON TIZA LAS BOTELLAS
QUE SALÍAN DE PASEO POR LOS RÍOS DE LEUCOCITOS ARRASTRANDO TRAS DE SÍ LOS
ROSTROS EBRIOS EN LAS CIUDADES CEREBRALES
LABRABAN EN EL CAMPO LA ESFERA DEL OLVIDO CUANDO UNA FÁBRICA DE HIERRO FUNDIDO
HIZO EXPLOSIÓN EN LA CABEZA DEL FÉMUR
LA TIBIA SE MOSTRÓ MUY TIBIA SOBRE TODO CUANDO OYÓ ESTOS ESTERTORES




CASI SIEMPRE LA MANDABAN A RECOBRAR LOS PASOS PERDIDOS EN EL LABERINTO
EMPOLVADO DE LOS RECUERDOS
DE LOS CUALES SIEMPRE SE HABLA CUANDO ES PULSADA LA MANO PARA QUE DÉ LA BIENVENIDA
NUNCA EN TODO CASO AL CANTO DEL SINSONTE DE LOS PLEXOS
NUNCA EN TODO CASO CUANDO ELLA SE MIRA EN LA ESCAMA DE LA SIRENA
TRAEDNOS LOS VIENTOS DE LA MONTAÑA DE LAS FUENTES DE SAL DE LOS TORRENTES
QUE SALEN DE LAS CUEVAS DE LAS PÁPILAS INUNDÁNDONOS CON TENTÁCULOS PARA LA CÓLERA
DESTILA CORAZÓN LAS HIERBAS DEL ANÍS PARA EL CAMINANTE EN SU CAMINO DE LÍQUENES
EN LA OSCURIDAD UN SOL NEGRO ILUMINA EL TORRENTE DEL VÉRTIGO.


Noviembre 2002.

domingo 20 de septiembre de 2009

PRIMEROS POEMAS (1947-1952) DE ALVARO MUTIS.

Alvaro Mutis en Bruselas


LA CRECIENTE


Al amanecer crece el río, retumban en el alba los enormes troncos que vienen del páramo.
Sobre el lomo de las pardas aguas bajan naranjas maduras, terneros con la boca bestialmente abierta, techos pajizos, loros que chillan sacudidos bruscamente por los remolinos.
Me levanto y bajo hasta el puente. Recostado en la baranda de metal rojizo, miro pasar el desfile abigarrado. Espero un milagro que nunca viene.
Tras el agua de repente enriquecida con dones fecundísimos se va mi memoria.
Transito los lugares frecuentados por los adoradores del cedro balsámico, recorro perfumes, casas abandonadas, hoteles visitados en la infancia, sucias estaciones de ferrocarril, salas de espera.
Todo llega a la tierra caliente empujado por las aguas del río que sigue creciendo: la alegría de los carboneros, el humo de los alambiques, la canción de las tierras altas, la niebla que exorna los caminos, el vaho que despiden los bueyes, la plena, rosada y prometedora ubre de las vacas.
Voces angustiadas comentan el paso de cadáveres, monturas, animales con la angustia pegada en los ojos.
Los murciélagos que habitan la Cueva del Duende huyen lanzando agudos gritos y van a colgarse a las ramas de los guamos o a prenderse de los troncos de los cámbulos. Los espanta la presencia ineluctable y pasmosa del hediondo barro que inunda su morada. Sin dejar de gritar, solicitan la noche en actitud hierática.
El rumor del agua se apodera del corazón y lo tumba contra el viento. Torna la niñez...
¡Oh juventud pesada como un manto!
La espesa humareda de los años perdidos esconde un puñado de cenizas miserables.
La frescura del viento que anuncia la tarde, pasa velozmente por encima de nosotros y deja su huella opulenta en los árboles de la «cuchilla».
Llega la noche y el río sigue gimiendo al paso arrollador de su innúmera carga.
El olor a tierra maltratada se apodera de todos los rincones de la casa y las maderas crujen blandamente.
De cuando en cuando, un árbol gigantesco que viajara toda la noche, anuncia su paso al golpear sonoramente contra las piedras. Hace calor y las sábanas se pegan al cuerpo. Con el sueño a cuestas, tomo de nuevo el camino hacia lo inesperado en compañía de la creciente que remueve para mí los más escondidos frutos de la tierra.
(1945/7)




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TRES IMAGENES

Para Luis Cardoza y Aragón

I

La noche del cuartel fría y señera
vigila a sus hijos prodigiosos.
La arena de los patios se arremolina
y desaparece en el fondo del cielo.
En su pieza el Capitán reza las oraciones
y olvida sus antiguas culpas,
mientras su perro orina
contra la tensa piel de los tambores.
En la sala de armas una golondrina vigila
insomne las aceitadas bayonetas.
Los viejos húsares resucitan para combatir
a la dorada langosta del día.
Una lluvia bienhechora refresca el rostro
del aterido centinela que hace su ronda.
El caracol de la guerra prosigue su arrullo interminable.

II

Esta pieza de hotel donde ha dormido un asesino,
esta familia de acróbatas con una nube azul en las pupilas,
este delicado aparato que fabrica gardenias,
esta oscura mariposa de torpe vuelo,
este rebaño de alces,
han viajado juntos mucho tiempo
jamás han sido amigos.
Tal vez formen en el cortejo de un sueño inconfesable
o sirvan para conjurar sobre mí
la tersa paz que deslíe los muertos.

III

Una gran flauta de piedra
señala el lugar de los sacrificios.
Entre dos mares tranquilos
una vasta y tierna vegetación de dioses
protege tu voz imponderable
que rompe cristales,
invade los estadios abandonados
y siembra la playa de eucaliptos.
Del polvo que levantan tus ejércitos
nacerá un ebrio planeta coronado de ortigas.
(1947)


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ANGELA GAMBITZI


I

Sin temor a equivocaciones se puede afirmar de ciertos barcos a los que rodea un agua amarilla de alcoba sin ventilar que sirven para llevar a esta mujer un mensaje de alta sangre un signo de magna pasión como vendaval seco y sin origen y sin embargo, en ellos no habría cabida para tantos días de infancia sin vigilia ni sueño y en los cuales se sembró la memoria de esta hembra magnífica entre blancas baldosas y gorgoteo de aguas y precipitadas angustias. ¡Lepra de una soledad de lloroso centinela que destruye el camino de las hormigas y abandona a lo lejos la eficacia de su guardia para verificar el alcance de las luces que encienden en el bosque las mujeres de los comerciantes!

II

VANGELIO, VANGELIO, VANGELIO,
martes de amargura
cañoneo al puerto de Salónica,
apresuradas carreras en los pasillos del hospital,
asesinato de Archidiácono en las rosadas escaleras
del Altar de Nuestra Señora de las Lanzas.
Mujeres que alzan sus vestidos
para gemir con su sexo desnudo
y la luz de sus nalgas
la eficacia de la Conquista.
(1948)



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EL VIAJE

No sé si en otro lugar he hablado del tren del que fui conductor. De todas maneras, es tan interesante este aspecto de mi vida, que me propongo referir ahora cuáles eran algunas de mis obligaciones en ese oficio y de qué manera las cumplía.
El tren en cuestión salia del páramo el 20 de febrero de cada año y llegaba al lugar de su destino, una pequeña estación de veraneo situada en tierra caliente, entre el 8 y el 12 de noviembre. El recorrido total del tren era de 122 kilómetros, la mayor parte de los cuales los invertia descendiendo por entre brumosas montañas sembradas integramente de eucaliptos. (Siempre me ha extrañado que no se construyan violines con la madera de ese perfumado árbol de tan hermosa presencia. Quince años permanecí como conductor del tren y cada vez me sorprendía deliciosamente la riquísima gama de sonidos que despertaba la pequeña locomotora de color rosado, al cruzar los bosques de eucaliptos).
Cuando llegábamos a la tierra templada y comenzaban a aparecer las primeras matas de plátano y los primeros cafetales, el tren aceleraba su marcha y cruzábamos veloces los vastos potreros donde pacían hermosas reses de largos cuernos. El perfume del pasto «yaraguá» nos perseguía entonces hasta llegar al lugarejo donde terminaba la carrilera.
Constaba el tren de cuatro vagones y un furgón, pintados todos de color amarillo canario. No había diferencia alguna de clases entre un vagón y otro, pero cada uno era invariablemente ocupado por determinadas gentes. En el primero iban los ancianos y los ciegos; en el segundo los gitanos, los jóvenes de dudosas costumbres y, de vez en cuando, una viuda de furiosa y postrera adolescencia; en el tercero viajaban los matrimonios burgueses, los sacerdotes y los tratantes de caballos; el cuarto y último había sido escogido por las parejas de enamorados, ya fueran recién casados o se tratata de alocados muchachos que habían huído de sus hogares. Ya para terminar el viaje, comenzaban a oírse en este último coche los tiernos lloriqueos de más de una criatura y, por la noche, acompañadas por el traqueteo adormecedor de los rieles, las madres arrullaban a sus pequeños mientras los jóvenes padres salían a la plataforma para fumar un cigarrillo y comentar las excelencias de sus respectivas compañeras.
La música del cuarto vagón se confunde en mi recuerdo con el ardiente clima de una tierra sembrada de jugosas guanábanas, en donde hermosas mujeres de mirada fija y lento paso escanciaban el guarapo en las noches de fiesta. Con frecuencia actuaba el sepulturero. Ya fuera un anciano fallecido en forma repentina o se tratara de un celoso joven del segundo vagón envenenado por sus compañeros, una vez sepultado el cadáver permanecíamos allí tres días vigilando el túmulo y orando ante la imagen de Cristóbal Colón, Santo Patrono del tren.
Cuando estallaba un violento drama de celos entre los viajeros del segundo coche o entre los enamorados del cuarto, ordenaba detener el tren y dirimía la disputa. Los amantes reconciliados, o separados para siempre, sufrían los amargos y duros reproches de todos los demás viajeros. No es cualquier cosa permanecer en medio de un páramo helado o de una ardiente llanura donde el sol reverbera hasta agotar los ojos, oyendo las peores indecencias, enterándose de las más vulgares intimidades y descubriendo, como en un espejo de dos caras, tragedias que en nosotros transcurrieron soterradas y silenciosas, denunciando apenas su paso con un temblor en las rodillas o una febril ternura en el pecho.
Los viajes nunca fueron anunciados previamente. Quienes conocían la existencia del tren, se pasaban a vivir a los coches uno o dos meses antes de partir, de tal manera que, a finales de febrero, se completaba el pasaje con alguna ruborosa pareja que llegaba acesante o con un gitano de ojos de escupitajo y voz pastosa.
En ocasiones sufríamos, ya en camino, demoras hasta de varias semanas debido a la caída de un viaducto. Días y noches nos atontaba la voz del torrente, en donde se bañaban los viajeros más arriesgados. Una vez reconstruído el paso, continuaba el viaje. Todos dejábamos un ángel feliz de nuestra memoria rondando por la fecunda cascada, cuyo ruido permanecía intacto y, de repente, pasados los años, nos despertaba sobresaltados, en medio de la noche.
Cierto día me enamoré perdidamente de una hermosa muchacha que había quedado viuda durante el viaje. Llegado que hubo el tren a la estación terminal del trayecto, me fugué con ella. Después de un penoso viaje, nos establecimos a orillas del Gran Río, en donde ejercí por muchos años el oficio de colector de impuestos sobre la pesca del pez púrpura que abunda en esas aguas.
Respecto al tren, supe que había sido abandonado definitivamente y que servía a los ardientes propósitos de los veraneantes. Una tupida maraña de enredaderas y bejucos invade ahora completamente los vagones y los azulejos han fabricado su nido en la locomotora y el furgón. (1948)





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PROGRAMA PARA UNA POESIA

Terminada la charanga, los músicos recogen adormilados sus instrumentos y aprovechan la última luz de la tarde para ordenar sus papeles.
Antes de perderse en la oscuridad de las calles, algunos espectadores dicen su opinión sobre el concierto. Unos se expresan con deliberada y escrupulosa claridad. Los hay que se refieren al asunto con un fervor juvenil que guardaron cuidadosamente toda la tarde, para hacerlo brillar en ese momento con un fuego de artificio en el crepúsculo. Otros hay que opinan con una terrible certeza y convicción, dejando entrever, sinembargo, en su voz, fragmentos del gran telón de apatía sobre el cual proyectan todos sus gestos, todas sus palabras.
La plaza se queda vacía, inmensa en la oscuridad sin orillas. El agua de una fuente subraya la espera y la ansiedad que con paulatina tersura se van apoderando de todo el ambiente.
A lo lejos comienza a oírse la bárbara música que se acerca. Del fondo más profundo de la noche surge este sonido planetario y rugiente que arranca de lo más hondo del alma las palpitantes raíces de pasiones olvidadas.
Algo comienza.




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PROGRAMA

Todo está hecho ya. Han sonado todas las músicas posibles. Se han ensayado todos los instrumentos en su mezquino papel de solistas. A la gran noche desordenada y tibia que se nos viene encima hay que recibirla con un canto que tenga mucho de su esencia y que esté tejido con los hilos que se tienden hasta el más delgado filo del día que muere, con los más tensos y largos hilos, con los más antiguos, con los que traen aún consigo, como los alambre del telégrafo cuando llueve el fresco mensaje matinal ya olvidado hace tanto tiempo.
Busquemos las palabras más antiguas, las más frescas y pulidas formas del lenguaje, con ellas debe decirse el último acto. Con ellas diremos el adiós a un mundo que se hunde en el caos definitivo y extraño del futuro.
Pero tiñamos esas palabras cnn la sombra provechosa y magnífica del caos. No del pequeño caos de entrecasa usado hasta ahora para asustar a los poetas niños. No de esas pesadillas ad hoc producidas en serie para tratar ingenuamente de vacunarnos contra el gran desorden venidero.
No. Unjámonos con la desordenada especie en la que nos sumergiremos mañana.
Como los faraones, es preciso tener las más bellas palabras listas en la boca, para que nos acompañen en el viaje por el mundo de las tinieblas. ¿Qué habrían hecho ellos con sus untuosas fórmulas cotidianas en tan terrible y eterno trance? Les hubieran pesado inútilmente retardando la marcha y desvistiéndola de grandeza.
Para prevenir cualquier posibilidad de que esto nos suceda ahora, es bueno poner al desnudo la esencia verdadera de algunos elementos usados hasta hoy con abusiva confianza y encerrados para ello en ingenuas recetas que se repiten por los mercados.




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LA MUERTE

No inventemos sus aguas. Ni intentemos adivinar torpemente sus cauces deliciosos, sus escondidos remansos. De nada vale hacerse el familiar con ella. Volvámosla a su antigua y verdadera presencia. Venerémosla con las oraciones de antaño y volverán a conocerse sus rutas complicadas, tornará a encantarnos su espesa maraña de ciudades ciegas en donde el silencio desarrolla su líquida especia. Las grandes aves harán de nuevo presencia sobre nuestras cabezas y sus sombras fugaces apagarán suavemente nuestros ojos. Desnudo el rostro, ceñida la piel a los huesos elementales que sostuvieron las facciones, la confianza en la muerte volverá para alegrar nuestros días.



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EL ODIO


De todas las vendas con las cuales hemos tratado de curar sus heridas hagamos un sucio montón a nuestro lado. Que vibren los labios desnudos de la llaga al sol purificador del mediodía. Que los vientos desgarren la piel y se lleven pedazos de nuestro ser en su desordenado viaje por las extensiones. Sembremos la alta flor palpitante del odio. Arrojemos a los cuatro vientos su semilla. Con la cosecha en los brazos entraremos por las primeras puertas de blancos soportales.
No más falsificaciones del odio: el odio a la injusticia, el odio a los hombres, el odio a las formas, el odio a la libertad, no nos han dejado ver la gran máscara purificadora del odio verdadero, del odio que sella los dientes y deja los ojos fijos en la nada, a donde iremos a perdernos algún día. El dará las mejores voces para el canto, las palabras que servirán para sostener en lo más alto su arquitectura permanente.



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EL HOMBRE

De su torpeza esencial, de sus gestos vanos y gastados, de sus deseos equívocos y tenaces, de su «a ninguna parte», de su clausurado anhelo de comunicarse, de sus continuos y risibles viajes, de su levantar los hombros como un simio hambriento, de su risa convencional y temerosa, de su paupérrima letanía de pasiones, de sus saltos preparados y sin riesgo, de sus entrañas tibias y estériles, de toda esta pequeña armonía de entre casa, debe hacer el canto su motivo principal.
No temáis el esfuerzo. A través de los siglos hay quienes lo han logrado hermosamente. No importa perderse por ello, tornarse extraño, separarse del camino y sentarse a mirar pasar la tropa con un espeso alcohol en la mirada. No importa.



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LAS BESTIAS

¡Cread las bestias! Inventad su historia. Afilad sus grandes garras. Acerad sus picos curvados y tenaces. Dadles un itinerario calculado y seguro.
¡Ay de quienes no guardan un bestiario para enriquecer determinados momentos y para que nos sirva de compañía en el futuro!
Extendamos el dominio de las bestias. Que comiencen a entrar en las ciudades, que hagan su refugio en los edificios bombardeados, en las alcantarillas reventadas, en las torres inútiles que conmemoran fechas olvidadas. Entremos al reino de las bestias. De su prestigio depende nuestra vida. Ellas abrirán nuestras mejores heridas.



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LOS VIAJES

Es menester lanzarnos al descubrimiento de nuevas ciudades. Generosas razas nos esperan. Los pigmeos meticulosos. Los grasientos y lampiños indios de la selva, asexuados y blandos como las serpientes de los pantanos. Los habitantes de las más altas mesetas del mundo, asombrados ante el temblor de la nieve. Los débiles habitantes de las heladas extensiones. Los conductores de rebaños. Los que viven en mitad del mar desde hace siglos y que nadie conoce porque siempre viajan en dirección contraria a la nuestra. De ellos depende la última gota de esplendor.
Faltan aún por descubrir importantes sitios de la Tierra: los grandes tubos por donde respira el océano, las playas en donde mueren los ríos que van a ninguna parte, los bosques en donde nace la madera de que está hecha la garganta de los grillos, el sitio en donde van a morir las mariposas oscuras de grandes alas lanudas con el color acre de la hierba seca del pecado.
Buscar e inventar de nuevo. Aún queda tiempo. Bien poco, es cierto, pero es menester aprovecharlo.



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EL DESEO

Hay que inventar una nueva soledad para el deseo. Una vasta soledad de delgadas orillas en donde se extienda a sus anchas el ronco sonido del deseo. Abramos de nuevo todas las venas del placer. Que salten los altos surtidores no importa hacia dónde. Nada se ha hecho aún. Cuando teníamos algo andado, alguien se detuvo en el camino para ordenar sus vestiduras y todos se detuvieron tras él. Sigamos la marcha. Hay cauces secos en donde pueden viajar aún aguas magníficas.
Recordad las bestias de que hablábamos. Ellas pueden ayudarnos antes de que sea tarde y torne la charanga a enturbiar el cielo con su música estridente.



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FIN

El pito sordo de un tren que cruza por regiones nocturnas. El humo lento de las fábricas que sube hasta el cielo color manzana. Las primeras luces que enfrían extrañamente las calles. La hora cuando se desea caminar hasta caer rendido al borde de la noche. El viajero soñoliento en busca de un hotel barato. Los golpes de las ventanas que se cierran con un ruido de cristales retenidos por la pasta oleosa del verano. Un grito que se ahoga en la garganta dejando un sabor amargo en la boca muy semejante al de la ira o el intenso deseo. Los tableros de la clase con palabras obscenas que borrarán las sombras. Toda esta cáscara vaga del mundo ahoga la música que desde el fondo profundo de la noche parecía acercarse para sumergirnos en su poderosa materia.
Nada ocurre.
(1952)




***



ALVARO MUTIS.
Poeta y novelista colombiano nacido en Bogotá en 1923.
Parte de su infancia transcurrió en Bélgica donde su padre ejerció como embajador. A su regreso, sin terminar estudios secundarios, empezó a colaborar con algunas revistas literarias, trabajó en diversos oficios y publicó su primer libro de poemas "La balanza" en 1947. En 1953 apareció
por primera vez su personaje Maqroll el Gaviero en el poemario "Los elementos del desastre", personaje que se repite a lo largo de toda su obra.
En 1956 se radicó definitivamente en México, a raíz de una demanda en su contra por parte de la multinacional para la que trabajaba. Dedicado por completo al ejercicio literario desde 1986, ha publicado una importante obra de narrativa, poesía y novela de la que se destacan especialmente "La mansión de Araucaíma", "Un bel morir", "Iona llega con la lluvia", "La nieve del almirante" "Empresas y tribulaciones de Maqroll el Gaviero", "Summa de Maqroll el Gaviero", La nieve del almirante", ''Reseña de los hospitales de Ultramar'', ''Crónica regia'' y ''Cita en Bergen''.
Entre los galardones obtenidos se destacan el Premio Nacional de Letras de Colombia en 1974,
el Premio de la Crítica de Los Abriles de México en 1985, el Premio Médicis Étranger de Francia en 1989, la Orden de las Artes y de las Letras de Francia, el Águila Azteca de México, la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio de España, el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1997, el premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y el Premio Cervantes de Literatura en el año 2001.

miércoles 9 de septiembre de 2009

OLIVERIO GIRONDO

viernes 4 de septiembre de 2009

POEMAS DE JUAN NEGRO. Del libro: VASTO SER. Selección: Rodrigo Verdugo.





MANO CORTADA

Aquí la salamandra y la celeste almendra,
Las aves del zafiro cuyos ojos me pertenecen,
Los muslos del amor y el nácar de una sonrisa.

Allí la granada que incuba una serpiente de plomo
Y las cuchillas que vuelan cortando en dos la primavera,
La primavera que ha caído de las astas de un ciervo joven
Y que se sumerge en el estanque para ahogar sus visiones.

Aquí la tierra satisfecha de sustentar un país
Y el vuelo de ese trino que abre su surtidor
Y se desmaya sobre los hombres que nacen a la orilla del prado.

Pero del otro lado está la máscara maldita
Husmeando un animal terrible que se agazapa en el aire,
Alegre como alacrán que acecha mariposas
Y cabelleras de niña.

Y el nácar de la sonrisa se hunde en un aljibe de estiércol
Y el muslo del amor se destroza en un torbellino de mar sin espuma
Y de los ojos que me pertenecen cae la estrella que llora,
Cae con precisión
Y me corta la mano que guardaba una caliente rosa.





VIBORA DE ESPUMAS

Silencio que persigue a una víbora de espumas
Allí donde la mañana despierta prisionera de tus cabellos,
Allí donde la raíz hunde su pie en las entrañas de la sombra
Como otra víbora nacida de un ídolo de llanto.
Hilos de llanto atraviesan el sueño que nos enlaza
Y caen a la orilla de nuestros párpados y se alejan
Como buscando un océano de vida estacionada y dulce.
Oh, la enredadera del corazón ya no puede subir más alto
Unida estrechamente a los amplios ramajes del sol,
Unida estrechamente a las bocas de besos heridos
Y a las rodillas donde la muerte apoya su ágil cabeza.
En cada una de mis manos alguien ha clavado un sollozo
Y tienes el pecho perforado por una pequeña ventana de amor azul.
Ay, si pudiéramos decir qué cosas nos persiguen.
Comprendo que una queja nos puede degollar
Y que un anillo de simple y débil aire nos puede entrelazar con el misterio





MANO MARINA

Comprendo que este mar suele dar brincos en mis sueños,
Comprendo que me rodea como si yo fuera un ahogado
Que retiene su lecho definitivo entre las ondas.

Comprendo que se pasea en mí por una calla propia
En la que estallan vislumbres de ágil fosforescencia
Y en la que asoman unas pupilas ramificadas
Como las estalactitas de ese invierno tan antiguo,
De ese invierno que no recordamos sino desde el fondo del océano

Comprendo que soy el que baja hasta los subterráneos
Donde se juntan los cabellos de una familia que es mía,
Allí donde se conserva una mano que tiene un papel entre los dedos,
Que todavía mantiene su prestigio de mano marina
Y que estaría bien muerta de no estar entre merluzas y gusanos de mar.

Comprendo que este mar me hace lívido el rostro
Lo mismo que si regresara del cementerio donde viven mis novias,
Como si subiera algunos peldaños y me cayera en un cielo
Del que estuvieran ausentes las mejillas de mis novias
Y los fantasmas que ellas alimentaron con besos del corazón

Y comprendo que un caracol podría representar mi sueño
Y que mi sueño suele ser voraz como un pez herido,
Lo mismo que esos delgados y firmes peces que perforan
El paisaje de las luces profundas, la tibia intimidad de as almejas
Y los labios donde la vida ha puesto un bosque de raíces salobres.


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Juan Negro: (1906-1979), Poeta, cuentista y novelista chileno. Pseudónimo de Luis Aguirre Hinojosa. Fue miembro de la Alianza de intelectuales de Chile para la defensa de la cultura. Autor de: “Mester de Juglaria, briznas, algunos poemas viejos”, Imprenta La unión, Santiago de Chile, 1934, “Mensaje de Poesía”, Imprenta Artes y Letras, Santiago de Chile, 1936, Goces y Muertes, Ed Crucero, Buenos Aires, Argentina, 1940, “Vasto Ser” Imprenta Artes y Letras, Santiago de Chile, 1945, “Botella en el mar”, novela, Ediciones de la Sociedad de Escritores de Chile, 1947, “El paso de la noche”, Imprenta Artes y Letras, Santiago de Chile, 1952, “Niño de la costa”, novela, Editorial Nascimento, Santiago de Chile, 1956.

domingo 30 de agosto de 2009

Del LIBRO DE ANDRÓMEDA Y OTROS POEMAS. Autor: John Sosa D.



Ella le da como insignias un yelmo
y unas sandalias alados, los que
simbolizan la rapidez del pensamiento
poético, y un saco para que mantenga
las letras bien ocultas.
ROBERT GRAVES, La Diosa Blanca



I.

Inconstancia tiene la brújula en tus extremidades
Voltea el surco de mi cuarto
Voladora su cabeza pernocta como barrio lejano
Flota la cáscara de cielo
Se esfuma el pájaro de nube
Persigue al viento
Raya el lomo de animal prehistórico
Velado por el cristal
La lluvia deletrea murales
Tritura piedras
Insomnio


II.

Descifro a boca de jarro la luz que ingresa
Tragándome
Quién cremó cañabravas y sauces?
Lata de estaño y circo silenciado
Oficia miedos
Abren con lengua apocalíptica
Inauguran celada


III.

Amada
El brazo demolió el frío en los huesos largos
Da acuamarinos al poema comestible
Otorga fuego aéreo
Por la pendiente de tus ojos
La cuerda
Desciende antes del almuerzo


IV.

Sobre escombros salamandras
El vino de rueda loca abre
El agua sangra
La fe del ciego ilusiona con sus espectros
Las claves anidan
Camina la canción por la lluvia
Satélites de invierno
Donde los trompetistas apacientan
Nada se excluye de la erosión de soles
Los libretos del braile imaginan desmoronarse
Noche de aciagos
Da órdenes de tempestad
Pecado tu cuello en la soga de la desilusión
Diles del anhelo del pastor de órbitas
Entrégate tras la hija de Lucifer
Lujuria del santo y pozo de ladrón
Cirineo de los tiempos modernos
Apártate al desierto a contar estrellas
Bríllalas en el lomo de animal
Los encantados tatuaron
Caminos de piedra


V.

La sala callada
Aventurera humedad de la caricia
Estatura retorcida de grama fugaz
Por mi boca
Sangre de astillas en tu muelle
La ballena devolvió
La armadura de la resistencia
Navegación que hormiguea
Se traza



VI.

No impedir la sed
Imaginaria
Su valija y su oído
Repasan el color verde
Colgado de la planta acuática
Inicia la letra endeble y poseída
Avanza el milenario
Desbautiza encantos



VII.

La lengua azora
Mano nudosa cierra la flor
Quisiera la redondez de un mediodía
Entre brumas perder
El reducto del cuarto del Marqués



VIII.

La ansiedad acrece
Tu garganta
Luna de cárcel derruida
Bosque de coyote
Reyerta en la ponchera de tu sangre
Fogón de tus manos
Una promesa


IX.

Inquilino adeudo el tiempo de la fiebre
que domina mis amores
Este sol declina por mi dedo
Acaricia lo abisal
Ampolla del receso


X.

Caían los tendones del muerto
Cuando temblaron los orificios
La barca del ángel azotó las cerraduras
Un viento de cuervos abrió portezuelas
Aullidos abordaron palabras
Los cuencos ofrendan siemprevivas
A las aguas cortadas del cielo


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John Sosa, poeta de la ciudad de Medellín, quien edita, con Luis Fernando Cuartas, desde hace treinta años, la revista PUNTO SEGUIDO. Publicación que ha mantenido una labor persistente y luminosa de divulgación de obras de difícil circulación y cuyo espíritu se asocia a las prácticas imaginativas del surrealismo. En cierta ocasión la poeta Eugenia Sánchez Nieto les preguntó:

ESN ¿Qué podemos esperar de Punto Seguido en los próximos años?

a lo que ellos responden:

JS/LFC Seguir por la senda de la hormiga. Es un buen sello: la hormiga es un animal pequeño pero es de los más fuertes del planeta. Alza varias veces su propio peso, ni un levantador de pesas haría tal esfuerzo, parece débil y efímero, pero continua cargando sus hojas por el camino que le depara su destino. Destino que se hace así mismo, día a día, convocando a la poesía. La hormiga es un punto que camina, es un punto seguido. Esperamos poder continuar esta aventura, ganar más aliados, hacer que esta publicación sea más de todos ustedes, no sólo los lectores conocidos, sino de los que puedan llegar y asumirla como algo íntimo, como una propuesta visceral, rica para la locura, para el apasionamiento, para la creación.

Los poemas aquí publicados son parte de su libro recientemente publicado:LIBRO DE ANDRÓMEDA Y OTROS POEMAS.

sábado 15 de agosto de 2009

JUAN GIL BLAS . Una narración.







UN BESO DE AMOR ETERNO


Esa noche negra y lluviosa como hacía mucho tiempo no se veía, la militarización de la ciudad de *** abarcó tanto las entradas como las salidas, los soldados controlaron las cercanías de los cuarteles atrincherados en sacos de arena y muros de hormigón, y las patrullas, unas a pie y las otras motorizadas, recorrieron las calles silenciosas con la tensión propia de los tiempos de guerra. Ningún vivo desarmado fue tan atrevido como para salir a caminar en una situación tal, y sólo las gatas negras en celo, una que otra, se vieron saltar por los tejados de las casas en busca de una luna amarilla que esa noche no encontró aliciente para salir a iluminar. La lluvia, parsimoniosa en su derrame de nunca acabar, obligaba a las patrullas a pie a buscar refugio bajo los salientes de los balcones o debajo de las ramas de los árboles centenarios de los parques, pero, a pesar del clima hostil y de las altas horas de la madrugada —las 2 y 15—, escampar no les significaba, ni más faltaba, distraerse de la vigilia. Se habían distribuido, siguiendo una estratagema acorde con los imprevistos de la zozobra reinante, preferiblemente cerca de los cerros que rodean la ciudad de ***, tanto en el sur como en el norte, donde, según rumores escuchados los últimos días, se realizaría la manifestación no autorizada de los muertos; que la debían disolver, a como diera lugar, a cualquier hora, en todo sitio, sin importar el número de muertos que la conformara, basadas las patrullas en los claros y contundentes argumentos de que los muertos no tenían motivo alguno para despertar de su merecido sueño a los vivos, y de que los muertos no eran más que eso: muertos.

La patrulla Equis, una patrulla como cualquiera otra, sólo que no era la Zeta ni la Che, sino la Equis, por culpa de una de esas situaciones tan comunes que suelen suceder a los hombres en la lotería en que termina convirtiéndose la guerra, había tenido la mala suerte de relevar a la patrulla Efe en el control del sosegado parque de *****, en el sur de la ciudad. Había iniciado el turno a la medianoche, tres minutos después de anunciar el reloj de la iglesia las doce. A partir de entonces, los ojos de los nuevos soldados apenas espabilaron un par de veces para dejar de ver por dos segundos las menudas gotas de la lluvia deslizándose frente a ellos al alcance de la mano, sin mojarlos, porque se hallaban escampados bajo un techo del atrio del templo, y entre lo poco que puede señalarse que hicieron los soldados antes de enfrentar la marcha de los muertos dos horas después, debe destacarse que permanecieron todo el rato con los índices derechos justo a un centímetro de los gatillos de sus fusiles; poco más hicieron, excepto el oficial de mando, quien a cada instante bajaba las escalinatas y se paraba en el andén a pasar revista a la soledad del parque.

Pocos kilómetros arriba, acaso no tantos porque la verdad es que nadie conoce el sitio exacto, la tierra de los pinares de las lomas no podía haberse humedecido más. En algunos parajes, la lluvia formaba pantanos parecidos a las arenas movedizas de la selva, y el aguacero, igual que en el parque, completaba la tercera noche sin descanso. Allí se improvisaban arroyuelos que se venían por la ladera trayendo a su paso latas de cerveza vacías, algún zapato viejo e impar, vidrios de botellas quebradas y cuanta basura menuda se les cruzaba; y en el plano sur de la ciudad, los pequeños ríos se canalizaban recostados a los andenes, seguían la dirección del parque y desaguaban en las alcantarillas, y uno de ellos vertía las aguas justo en el lugar donde se paraba con frecuencia el oficial de mando. Arroyos insignificantes, sin lugar a dudas, pero evidentemente mugrosos.

La patrulla Equis la componían cinco soldados además del oficial; éste se cubría de la lluvia con un albornoz verde cada vez que descendía las escalinatas. En la acera, miraba a un lado, se quedaba un instante con los ojos clavados en el fondo de la calle, y luego miraba al otro lado, también al fondo, inquieto y con el fusil cruzado en el pecho bajo el abrigo, y después se regresaba al atrio, con el fin de contagiar con su seguridad de nervios a los soldados, diciéndoles que los muertos no aparecerían por allí esa noche y que muy posiblemente a las patrullas Jota o Erre les correspondería la joda de disolverlos; ya lo sabrían de regreso al cuartel, al final del turno. Sin embargo, bastó poco tiempo para que en una de sus idas, el oficial, mejor dicho sus botas, porque fueron ellas y no otra parte de su traje de fatiga o de su anatomía las que descubrieron los primeros rastros, se detuvieran de pronto a la entrada de la alcantarilla, interrumpiendo el paso del canalete, un pie en la calle y el otro en la acera, la corriente chocando en pleno contra el derecho. Había creído escuchar el presagiador cloqueo de hueso lejanos que se acercaban y, en efecto, al bajar la cabeza, alertado por el duro objeto que chocó contra su bota, comprobó, sobresaltado y a la vez resignado, que los primeros huesos habían salido ya de las entrañas de los cerros y por lo tanto la manifestación podía aparecer pronto por una de las bocacalles que apuntaban al oriente. Hizo un ademán de mando a los soldados, subió las escalas de dos en dos, se recostó algo agitado a la puerta de la nave central de la iglesia, y desaseguró el fusil con un movimiento mecánico del dedo.

—Allá vienen esos esqueletos de mierda —pronunció entre labios.

Una fetidez del otro mundo se tomó el aire igual a como la lluvia lo había hecho desde el cielo: sin remedio. Era un olor insoportable, de mortecina y pólvora a la vez, tanto de la una como de la otra, pero de mortecina podrida cien veces y de pólvora vieja quemada a punta de metralla caliente, como el olor mismo de los infiernos modernos que ni los aguaceros juntos de todo el mundo podían suavizar. Eran los muertos, el aromático y ruidoso mitin de los muertos. Y desde un comienzo fue eso lo que fastidió al oficial de mando y lo decidió a actuar: no tanto que se tratara de simples muertos, sino que olieran tan feo y horrible y a la vez perturbaran la tranquilidad fugaz de *** con el bullicio atroz de 53 cortinas de bambú chocando al unísono contra el asfalto húmedo. Las razones para impedir la manifestación, comprobadas ahora por él mismo en persona, no podían ser ya menos que doblemente justificadas: no resistió el impulso de taparse la nariz con la mano libre.

Lo primero que vieron llegar los soldados al parque, arrastrados por la corriente, fueron huesos y pedazos de huesos, pues no todos se encontraban en perfecto estado, como la punta del fémur que había golpeado en la boca del oficial, y otros no tan largos como el pedazo de fémur, pero por suerte completos, como varios carpos y metacarpos de cuatro manos distintas pero unidas, dos o tres mandíbulas rotas y amarillentas, y algunas vértebras nones. También, parecido a una pelota blanca de carey, rodaba canal abajo un cráneo descascarado, en cuyo interior una rata luchaba por no ahogarse. Detrás, siguiendo las aguas, marchaba, mejor dicho se balanceaba, salpicando anárquicamente los charcos con su andar descoordinado, la sombría y sin causa manifestación de los muertos.

La marcha se había iniciado en la fosa común de *****, y si algún motivo debe señalarse para que aquellos corrompidos seres hubieran decidido salir a la calle aprovechando los estragos de la lluvia en la tierra, tendría que hablarse de su eterno aburrimiento de vivir por siempre sepultados sin la menor migaja de privacidad y bienestar edénico, lo mínimo a lo que debían aspirar como muertos habían presupuestado alguna vez en vida. La fosa tenía seis o siete metros cuadrados de superficie y otros tantos de profundidad. En ella se apiñaban, desde hacía tiempos —más o menos desde el inicio de la primera mitad de la guerra—, numerosos restos humanos en las más variadas posiciones, unos en proceso de descomposición, y los más, de lo viejo de muertos, no pasaban de ser puros flacuchentos esqueletos sin vestigio de carne, pero todos, los podridos y los puros huesos, guardaban la característica, ordinaria por cierto, de mostrar los dedos pulgares de las dos manos unidos por detrás con lazo por una sabiduría que no pasaba de ser paciencia y método. La fetidez no sólo se concentraba en aquella piscina inmunda. También, como un topo, se extendía subterránea hasta los prados de orquídeas y veraneras de las mansiones de los alrededores, cuyos moradores, de un tiempo para acá, habían huido de vacaciones a Cartagena de Indias para olvidar por unos días el inquietante aroma.

Por el tamaño de los cuerpos se adivinaba que varios pertenecían a niños. Otros, luciendo casquivanas minifaldas de cuero, pringadas de masas de gusanitos rojos del tamaño de los de las guayabas, sólo que rojos en lugar de marfiles, pertenecían a mujeres jóvenes y acaso hermosas, las modelos de Ruth quizás, pero la mayoría correspondía a varones de la misma edad. Unos estaban sentados, las piernas dobladas y el cráneo erguido. Otros, acaso católicos, apostólicos y romanos en el momento último de la vida, se sostenían misteriosamente arrodillados, como si el acto de clemencia pedida de ñapa a los enterradores un segundo antes de la primera palada de tierra jamás hubiera cesado; y los que permanecían más abajo, en el fondo, nunca tuvieron oportunidad distinta que extenderse a lo largo para poder recibir encima el peso de los demás. Un esqueleto de mujer, vestido de saya de flores carmesí, cubría con pudor las costillas con un brasier manchado y corroído, que las arañas de tierra habían escogido como el lugar más caliente de la fosa para anidar sus huevos; y otro, apretujado a su lado entre otros enredos de huesos, cargaba en brazos a un pequeño esqueletico de cincuenta centímetros, que entre las escasas mandíbulas perforadas por la descomposición del calcio, chupaba un biberón, y en él, en el biberón, en lugar de la leche hervida que la madre le había preparado la última vez la tarde del sábado de hacía siete meses, se revolvían feroces las lombrices. De uno de los cuerpos en descomposición de los que se encontraban arrodillados, pendía del omóplato un medallón de plata de la Virgen de la Candelaria y apenas vestía unos pantaloncillos rucios y sus carnes no eran más que tiras de mortadela vinagre a punto de desprenderse. En una mano momificada con ácido sulfúrico y levantada al aire como pidiendo limosna a los hombres o perdón a Dios por la ignominia, un crucifijo sin Cristo y una camándula consagrada a quién sabe qué santo, hacían sospechar que se trataba del estudiante del seminario mayor de *** desaparecido meses atrás sin dejar rastro.

Había cadáveres abrazados no por culpa de la montonera, sino del amor, como los de unos recién casados, que las raíces de un enorme pino que atravesaban de lado a lado la fosa, no traspasaron ni el tocado español de la novia ni el smoking de seda del novio, y que en los metacarpos anulares brillaban de ternura las argollas de oro del matrimonio; ella era más baja de estatura que el novio, y su calavera, adornada por un precioso velo blanco de Andalucía, reposaba en un solemne sueño sobre el cráneo de su amado. De los senos hinchados y a punto de reventar de una mujer muerta hacía unos veinte días, colgaba un rústico letrero de cartón, pintado en letras rojas de crayón, que decía: «P de Puta». De otro, también muerto recién, que aún llevaba encendida la grabadora en la música eterna del tango Sangre maleva y que empuñaba un cuchillo oxidado por ambos lados con el filo hacia arriba, pendía el letrero de «R de Rata»; y de otro, recostado a una de las barrancas de la fosa, cerca al sitio por donde había comenzado a desmoronarse la tierra y a formarse el riachuelo, el letrero colgado al cuello, perforado por un orificio redondo a la altura de una nuez de Adán imaginaria, decía «T de Travesti», y el cadáver depravado olía entre la tierra a pintalabios barato y a pestañina de Hong Kong. Así también, «V de Vagabundo», «L de Loco», «C de Cagón» y «Z» de Zángano, y otros tantos que completaban el abecedario español poco menos de dos veces, habitaban la fosa común de ***** aquella noche negra y lluviosa en la que la ciudad de *** durmió bien pertrechada después de las nueve. En total sumaban cincuenta y tres cuerpos, todos muertos a balazos en distintos días.

El derrumbe fue inevitable. Primero se presentaron los pequeños aludes que arrastraban los terrones de la superficie; después, bajo el rigor de un terremoto apocalíptico que abrió la fosa de par en par, la tierra cedió deshaciéndose en sosos y turbios arroyuelos. Se levantó el primero, o sea el último de los enterrados, una loca preñada, con los tendones del feto entre las piernas, y a ella la siguieron otros, ya casi descarnados del todo, y por último, los que eran más, los esqueletos, uno a uno levantándose para al final afuera continuar siendo tumulto sin quererlo.

Había quienes avanzaban de rodillas, y los que caminaban debían aguardar a cada cuadra para no dejarlos rezagados. No se gritaba nada, no se protestaba y ni siquiera tenía rumbo la manifestación. Se limitaba a avanzar tras el curso del riachuelo (quizás por efecto propio de la inercia al ser parte componente del derrumbe de la fosa, o quizá también porque lo primero visto era el agua, su dios, y debían seguirlo), abonado a medida de su paso con nuevos desprendimientos de huesos y pieles, tal como les sucedió a los recién casados en el momento de evacuar la fosa agarrando los bordes, que de las manos unidas en matrimonio cayeron varios dedos al agua y fueron de los primeros rastros en llegar hasta las botas del oficial en el parque. Uno de los muertos, un descolorido esqueleto anunciado como «P de Poeta» por el aviso colgado del esternón, y que se balanceaba desordenadamente al compás de la marcha imperfecta de todos, sostenía entre los huesos de las manos amarradas por detrás, un tarro de pintura en aerosol. Con grande esfuerzo, colocado de espaldas a la primera pared limpia de la guerra que encontró, apenas a tres cuadras de la iglesia, y con la letra torpe del niño que aprende a escribir, plasmó en ella los preciosos versos de Nicanor Parra que lo sensibilizaban en el momento, pero por falta de costumbre a la incómoda posición los terminó escribiendo de derecha a izquierda a los ojos de los vivos:

¡is etreum¡
!on selarenuf¡

¡is etreum¡
!on selarenuf¡

Los muertos marchaban felices, levantaban los brazos por encima de sus cabezas, aplaudían produciendo un escándalo mayor al de sus pies chapoteando en el agua, y ninguno parecía triste como en la fosa, ni siquiera el esqueletico con el biberón convertido en lombriguera, que había escalado la clavícula cortada a hachazos de su madre para poder ver mejor los avisos luminosos de los almacenes. Se encontraban dichosos de pisar de nuevo la calle, aunque fuese en una noche de invierno, tal como se hallaba «E de Ebrio», un viejo bonachón, vago y borracho que se lo llevaron un miércoles de ceniza mientras amanecía durmiendo en una banca de la plaza de **, que con la botella de aguardiente en el saco y con esa cara de trasnochado con que se levantó, parecía no caer en la cuenta de que estaba muerto, a pesar del tiro en la sien derecha y del sabor a frío de la tierra en su boca; de todas formas, también levantaba los brazos. Los 53 avanzaban apiñados, formaban un mitin compacto al que sólo le faltaba corear las consignas, pero les sobraba tierra, por montones, para lanzar al aire, quizás el único acto de rebeldía manifiesta que alcanzaron a propiciar esa noche.

Pero lo que no sabían (¿cómo iban a saberlo si no más trataban de ser felices siguiendo el arroyuelo que les había dado la vida?) era que en los días de guerra ocurrían más los sucesos trágicos que los dichosos, y por eso a los vecinos del parque, acostumbrados a no salir de sus casas pasadas las nueve de la noche, les correspondió ver desde las ventanas la ingrata recordación de sus muertos, las luces apagadas y las narices cubiertas, y a la vez fueron los únicos testigos del encuentro de la manifestación con la patrulla Equis, viviendo otra noche más de incertidumbre.
Ninguno de los muertos pensaba en la muerte cuando doblaron la esquina y desembocaron al parque.

La alegría del primer esqueleto cruzado por el fuego se desbarató como un edificio de cerillas: una bala certera le atravesó el espacio de las costillas y se perdió en la calle hacia el fondo. A los recién casados les acribillaron los huecos donde antes se alojaran sus flechados corazones. Al esqueletico los disparos le atravesaron el biberón, y al poeta el aerosol. Las balas tronaban antes de traspasar los órganos etéreos de los esqueletos, se incrustaban en la carne descompuesta de los otros y el plomo no podía más que pudrirse él mismo al primer contacto. Los seis hombres del atrio dispararon de pie sin necesidad de apuntar en las miras. Siempre con los fusiles en la cintura descargaron dos y tres proveedores cada uno de ellos, y aún después de ver correr en desbandada la marcha, durante un rato más tiraron al aire hasta que el olor nauseabundo desapareció del todo.

—Ojalá aprendan esos desgraciados que cuando se dice no —dijo para sí el oficial de mando al terminar la balacera—, es no.

La manifestación había dado vuelta atrás, riachuelo arriba. El orden amontonado lo disolvió el primer disparo, pues si algún recuerdo inconfundible de la vida conservaban los muertos, era precisamente el de las armas de fuego y cada uno de ellos no pudo más que sentir pavor al escucharlas bramar de nuevo. Nuevos ríos de sangre vieja surcaron las calles y se perdieron por las primeras alcantarillas que encontraron. También se despedazaron huesos y costillas, y varios de los esqueletos cayeron tendidos al piso por el impacto tenaz de las balas en sus líneas blancas, pero igual se levantaban y corrían detrás de los demás.

Ya en la montaña de ***** no podían estar más tristes, cabizbajos y cariacontecidos, pensándose cada uno como muerto de segunda mano, reflejando su pesadumbre en el vacío cada vez más oscuro de las órbitas de los ojos por donde penetraban las gotas de la lluvia. Regresaron los mismos 53. En el parque retumbaban distantes las detonaciones, y ellos, sentados en círculo, sostenían los cráneos con las manos y permanecían en silencio, asombrados de que la muerte todavía los persiguiera después de muertos. Fue el que escuchaba tango quien decidió regresar de nuevo a la fosa. Se arrimó a la cima, dejó la grabadora a un lado, se deslizó adentro, produjo un pequeño alud, se tapó el cuerpo, y antes de enterrarse del todo tomó la grabadora y se la colocó encima. Los demás lo imitaron. Uno a uno ingresaban y se echaban la tierra ellos mismos o los unos a los otros. Los últimos trabajaron más, pues de más tierra debieron cubrirse para que jamás la lluvia volviera a desmoronar su tranquilidad mal que bien ganada. La fosa se colmó con los recién casados, quienes juntaron los sobresalientes maxilares en un beso de amor eterno antes de que la tierra los cubriera del todo y por siempre.

FIN

(1989)

(Un beso de amor eterno fue publicado por primera vez en la revista “Dactylus” de los estudiantes de Doctorado en Español y Portugués de la Universidad de Texas, en Austin, U.S.A., en abril de 1999, con el nombre de La manifestación de los muertos.)


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JUAN GIL BLAS

Sin brecha que la fragmente

Nació en Medellín, en 1959, en el seno de una familia católica y conservadora. Desde los diecisiete años se dedicó a su formación autodidacta, y a pesar de haber ingresado a la Universidad, prefirió retirarse y participar activamente de la educación de las comunidades marginadas de muchas regiones del país. Vivió en Sajonia, Caucasia y Zaragoza (Antioquia), y luego en la Costa Atlántica. Asentado en 1984 en Sincelejo y después en Cartagena, viajó por todas las capitales de la costa y varios municipios, participando en la organización popular, al lado de comunidades cristianas inspiradas en la Teología de la Liberación. En Cartagena escribió sus primeros relatos. Rozado ya entonces muy de cerca por la muerte, en 1989 regresó a Medellín y comenzó a ejercer la literatura como compromiso de vida, haciendo el empate entre política y literatura, esa génesis de la más sólida literatura latinoamericana. Ya retirado de la égida colectiva, asume una vida
totalmente individual. En 1990 se va a vivir a Apartadó, en la región de Urabá, de donde datan sus primeros libros. Desde 1996 reside en Medellín. Acompañado de los amigos, se permite una dialogada libertad para crear, con un vigilante sentido común a favor de la literatura entendida como una manera de ser útil en sociedad mientras pasa el tiempo. Creyente en una necesaria justa balanza entre la circunstancia y la voluntad, dialéctico, soñador y solidario con un mundo mejor, se ha visto obligado a desempeñarse en otros oficios derivados de su literatura. Todo esto conforma su vocación, como acto de creación y vida, sin brecha que la fragmente.

Sus libros acarician, desde la más cara invención, una Medellín no contada: la del oprobio, la del odio, la de los gamines, la de los perseguidos, la de los ocultados, la de los silenciados, la de los miserables, la de hombres que hacen de la literatura un juego serio, un oficio no sólo para ganar amigos, sino para estimularlos a sobrevivir en la tormenta conociéndola mejor. Con humor, con estupor, con amor, animado por un sentido de lo social, lo político, lo ético y lo estético, navegando por mares de imaginación y creación. “Uno de los nuestros”. Quiere mucho a Joseph Conrad y poca gracia le hace el imperio inglés. El Hombre es lo que le interesa. Es la ignominia de su raza su cuento, como un espejito…, la necesidad de una racionalidad y una belleza mejor: el esfuerzo propio, como única arma contra la desesperanza.


Libros publicados:

-Diálogos de la Eterna Primavera (1992): Editorial El Propio Bolsillo. Impresión: Lealon. 37 diálogos, que muestran a una Medellín sometida a un poder bárbaro.

-Diccionario triste (1998): Autoedición. Impresión: Publicromía. 100 relatos (bastante poéticos), donde se profundiza el primer libro.
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-El Valle de los Perros Mudos (2000): Editorial Universidad de Antioquia. Impresión: Imprenta de la Universidad de Antioquia. Es un relato corto, una descripción y una ficción sobre el Valle de Aburrá poco antes de la llegada de los españoles en 1541.

-Dos Cuentos (2002): Ediciones Noche Verde. Impresión: Grafoprint. “Un beso de amor eterno”, que narra el absurdo de una manifestación de muertos; y “Un beso de amor eterno”, que trata del ser y la nada (del amor). Dos cuentos metafísicos, que pululan pura física.

-Colección Memoria (2007): Ediciones La luna me mira. Impresión: Nuevo Milenio. 10 cuadernos, 14 relatos, donde se afianza la preocupación por ficcionar (o muchas veces, rescatar directamente de la realidad) el ambiente y los acontecimientos trágicos de la generosa generación del 59.

-El Difícil Cuento de la Educación de Mateo Falcone (2009): En imprenta, Ediciones La luna me mira. Impresión: Editorial Endymion. 18 relatos. En toda medida, la continuación de Colección Memoria.

viernes 7 de agosto de 2009

POEMAS DE MAHFUD MASSIS. Del libro LOS ASTROS APAGADOS. Selección: Jairo Guzmán.Nota de Daniel Jiménez Bejarano



MAHFUD MASSIS


Expedición al tiempo


Lo despistado, lo roto, me sigue detrás como un caballo muerto. Lo que cayó en el paño de las indecisiones,
el agua terca, y quedó tirado en el camino.
En este vaso con un perro adentro, y que bebo solitario en esta noche, frente a resoluciones quemadas, a un ángel como si fuese de hueso, penetro otra vez en mí, desciendo en un largo viaje,
oliendo el camino, fumándome el tabaco del alma,
o interrogando al enano que vive a espaldas de mi rostro.

Pero hay una piel negra, un tiempo de labio leporino,
algo rasgado y esencial entre esta muerte de ahora y el candado seco de otras floraciones. Partieron los días, como golondrinas de arena, o la amante de tristes ojos,
y cuanto intenté rescatar está como cuero tendido. Yo te recuerdo atravesada por la jabalina del tiempo.
¡Qué largo andar ! ¡Qué largo viaje para este día !
Abarcabas el espacio negro, acariciabas el hocico de las horas, y yo, tenaz, ardiente, miserable, retrotrayendo un azar temible, un velo despedazado en el estupor pretérito,
pero lejano, irremediable, como una nube entre la pierna abierta.




Nocturno del piano


El piano, con su quijada negra, con sus dientes blancos cruzados de gusanos, canta como un papa melancólico. Sus notas
caen como los huevos del esturión muerto sobre mi corazón en esta noche.
Mata al demonio del piano, amiga mía, ahoga en su vientre la furia escarlata. Rompe su levita de caballero velado ;
pero déjame solo, ahorcado en la cama.
El virrey baila el tango mientras lloramos, agita sus orejas como toneles,
evocando a Francisca, a Leonor, a otras luces devoradoras,
(doblando un pliego de su carne, realizando hechizos sobre el fuego),
pero el piano, mi niña, resuena imperial, desierto, triunfando siempre de la fatiga, en tanto el virrey ríe, quimérico y hostil, mostrando su halcón de oro.
Mata al demonio del piano, amiga mía ;
escucha cómo resbala sobre los gladiolos, rompiendo los sacos de la memoria, antiguas sombras, y vacila como hembra preñada
encendiendo un candil, una muerte nueva en el ciervo blanco del pecho, una segundo vida que desconozco, y que rechazo
como la horma negra a la nube.



Retorno


Como el salmón que torna a la grava de la muerte, remonto el río, calvo, seco, desdentado,
roto ya el oro de las ensoñaciones, desdichado, veloz, cabezabajo.
Atrás : la tierra, su macho de furores, la tierra como una esponja negra,
y un collar de sombras y pedradas en los ojos. Tú que bajaste conmigo y eras un castaño claro,
que descendías como la mano blanca sobre la tecla negra, dime, ¿qué fue ? ¿Qué bestia
me apretó la cintura hasta derramarme,
vagabundo, ensimismado, con un hueso en el aire de la cabeza ? Adorabas al sol, evocabas otro lenguaje,
pero yo estaba muerto, mutilado, vivía en Asia, en Oceanía, ostentaba la filosofía redonda de los perros,
pero el mundo era cuadrado, amor mío, ¡era cuadrado !
y tenía un florete de pestaña roja.
Nunca pude explicar. ¡Todo es inexplicable !
Todo tangible, húmedo alrededor, y se escapa como la hembra del camello. Sólo tú tienes forma. ¡Arrójame tu vestido,
ahora que los sueños buscan una extraviada deidad, un presagio encima de la muerte. Esta noche remonto el río, como el salmón maldito que descendió al mar y vuelve díscolo, envuelto en pálidas alucinaciones,
saltando sobre los rápidos, entre duelos y ráfagas verdes, pero con el embrión muerto, el ojo muerto,
buscando para caer la piedra definitiva.



El rostro caído sobre la tecla


Impasible, como una reina de los ratones,
su diminuta cabeza que el sueño ha despojado, se quiebra como un pez en la trama invisible, mostrando la nuca blanca
sobre el algodón y sus dioses egipcios.
De su ojo cuelga el barmellón de las sombras atadas, y la fina
guarida de su sexo es imperceptible temblor de algo fija y tenaz en la tormenta.
Nadie la reconoce en sueño. Nadie llora.
*
Duerme sobre una quijada con el cuello esfumado,
y el negro toro del taller, el toro de las fuertes traslaciones, empuja hacia un cielo de vapor el rostro cándido.
Los que estamos cubiertos de viruelas y mordemos la cruda oreja de Dios, homicidas serenos,
besamos la dulce, navegante cabeza en los nocturnos mares ; apenas una ola hincha su angosto pecho, y en el aire encendido nace un toro nuevo en el ojo
de los toreros.



Poema de las manos muertas


Toma mi mano, este hueso que estará un día podrido. Apriétala, ponla sobre tu corazón mientras dura la noche.
Con ella escribo esta estrofa muerta, reviento una mariposa cada mañana. Con ella te digo adiós, pájaro viejo.
Mira mis manos. Sólo así comprenderás mi tristeza.
Si te rompieran el corazón, si te comieran el cerebro, tendrías estas mismas manos coronadas de aire invisible, de pámpanos muertos. Con ellas beberías
la sopa enlutada del invierno, rodeado de escarabajos y de hijos. Perro nuestro que estás en los cielos, ¡defiéndeme estas manos ! Que no se cubran de gusanos sino en la hora
en que los hurones levantan sus patas al tardecer, otras manos escriban : “fue un extraño salvaje en la tierra”. Encontrarás mi mano sobre el velador alguna noche, rodeada de carbón, incapaz de abrazar tu cintura, agarrando la sombra, el tabaco
del cigarro funeral en el viento.
En mi rostro -despiadado y distante- hallarás sólo una pagoda de hueso, el resto de una verdad enterrada.



Océano abierto


Abrid la tierra. ¡Sacadle ! Mirad el oro de sus dientes, y ese aire huacho, como de caballo de otro mundo,
las grandes aletas con que se agitaba el pensamiento, invocando a los augures ;
pero aunque fuese la mitad de su espectro, una flor, una mosca de su esqueleto, todo basta
para el velamen de este barco de piedra hacia lo desconocido. Es posible llorar un madrigal, quemarse la cabellera,
caer hacia el oriente como un ramo hechizado ; pero ¡ay ! necesitamos de esa brisa enterrada, como la ola el viento para morir en la orilla.
* Habitante de este lagar, acaso
te quede un pulmón vivo, y tu mano fluya como la lágrima sobre mi rostro en esta hora ;
desciende, cava conmigo, arrastra estos huesos hacia afuera ; después, después el mar, la oscura potestad, las tempestades, el océano abierto de los antepasados,
eternos, sordos en el fondo del Valle,
y junto al fuego que llora al amanecer, el paso de los ratones.



Padre mono


Hierático, trascendental, antiguo padre terrestre,
yo te saludo con este fragmento de cola que el tiempo ha respetado, con esta carcajada sideral debajo del agua negra,
ululante y feroz, en la Bahía de los Hombres.

Yo te pido perdón por tus ojos humanos. (Perdona mis ojos de mono, mi mirada infinita),
y te ofrezco este nenúfar rojo, este hueso raspado, para que tu vieja cara de monje
asirio,
salte desde las edades, por sobre la caña pálida, y estreche la serpiente oscura de mi mano.
*
Raquítico, mordaz, derribando del cráneo de los dioses, haces sonar el arpa sobre la niebla de los terribles días,
y tu frente de mago terrenal es la epopeya de un lirio seco, arrancando del sepulcro de las horas. Padre
Nuestro que estás sobre los árboles,
sobre los promontorios de la razón y los ventisqueros, acércate, bebamos este vermut a solas ;
baja de tu árbol, y hablemos largamente de nuestra hedionda fortuna.



Panorama del ídolo


Gallo muerto en la sacristía, caí en la tinaja del barbero, alucinado, perseguido por hombres de larga cabellera.
¡Cómo veo caer la noche sobre el oprobio y las aguas !
(Infancia de murciélagos, de lúgubres sonatas, de papiros asados). Como un ídolo chino, o un pequeño dios de porcelana,
me arrojaron sobre las coles del cementerio, extraviado, solo,
arrodillado como un delirante en el ágora. ¡Oh !, arrástrame contigo, ave de negro moño,
cuesta abajo hacia los imperios adyacentes, cerca del jadeo de tus tetas, tocando a degüello, mientras me bordas la camisa de anagrama amarillo, y en el lecho rueda mi cabeza asediada por las moscas.



Mercado persa


Entre pordioseros vestidos de mariposas, y piojos traídos del Himalaya,
contemplo el vuelo del vendedor de ensueños y huevos mágicos. Hay una parca rodeada de flores,
un asesino, una piedra escarlata,
y yo, pobre, cubierto de manchas de resina, compro un pájaro en medio de la tormenta, un ave de pecho seco, como el mío.
Quiero escuchar su trémula voz de difunto,
su quimera en mi habitación, su madrigal de hueso ;
sentir cómo se quema su plumaje, mientras me agito en los escombros del sueño, y levantarme a gritos, como si me hubieran desenterrado,
los ojos puestos al revés, bajo la sepultura.



Sesos y orquídeas


Angel invasor, en esta y en la otra vida,
dime ¿de qué astro descendí, como un carnero barbado, alado y miserable sobre estas piedras ?
Bajo un ramaje glacial, en una luna que apenas reconozco, al pie de una higuera en que grabé tu terrible nombre,
viví en el fósforo de unos ojos, que amaron la luz de este pobre cielo. Pasé. Ardí como una yesca. Me echaron en una fosa.
La tristeza me siguió como una yegua. Amé una flor,
el esqueleto de una mujer. Escribí en el muro unas palabras negras.
¿Qué más ? La vida se secó como la alfalfa, se quebró como un hongo seco.
¿Qué sueño de fúnebre enano me arrojó sobre estas piedras ?
Se me acabó la cara, como la ropa al mendigo, como la paleta al oso viejo.
¿A dónde vas, joven idiota ? ¿Por qué fumas
tu pipa, y avanzas sobre los fosos, aullando como un demente en la primavera ? Muere el hombre ¡ay ! y su pierna sigue caminando,
buscando un rostro en la lividez del sueño, un hacha en la tormenta,
pero yo te busco más allá, máscara soñada, saltando sobre los huevos y las cruces, y cavo, cavo sin cesar, para encontrar tu cabeza furiosa.



Sonata al padre eterno


Si te orinaras encima de los naranjos,
no podrías hacer un mundo más irreal, más negro, enredado en los huevos de un arte sepulcral,
dulce monstruo de omóplatos de herrero.
Bergante de los cielos, roedor de los astros profundos de la medianoche, aquí está mi pecho, rómpelo,
échalo en tu horno, gallo de viejas invulnerables utopías, húndelo en el ajenjo de tus ojos,
de tus ojos de loco, ¡y la magnolia
de los siglos reventando en tu párpado muerto !
*
Entre arañas eternas y sombras rodeadas de pelos, oh triunfador, ¡sólo tú y el tiempo !
tú devorando al tiempo como un toro la alfalfa, erguido sobre la roca con tu quepís de piedra, echando tribus, huesos al mundo, y dominas extático, fatal, como un escultor ante la muerte ;
y yo debajo de ti, inconexo, agarrado a las muelas del alma, rodando en los acantilados, escurriéndome
con la cabeza abierta, el pecho abierto, la boca abierta, y gritándote desde abajo :
¡BARRABÁS !



Elegía a Ernest Hemingway


Los que arrastramos un pescado, o una vaca negra, como el Viejo Amargo del Mar de las Antillas,
los que apacentamos una gran culebra por el llano arrojamos tu ataúd como un sauce de pelos.
¡Qué golondrina, que sueño sobrevolaba tu corazón cuando mostrabas el pecho en armas,
como el dios-padre de los mitos desaparecidos !
porque, ciertamente, en la niebla coloquial, en el designio raro, eras la almendra sobre el tizón negro,
cayendo en la eternidad, riente, inmemorial, con la bala llorando en la piedra del ojo.
*
Puro de alcohol, profundo como el aroma del tabaco, augur estupefacto sobre la tierra,
montaste a la vida como a un perro,
mordiendo su oreja verde, sonriendo en la tormenta como un búfalo, y rendido
entre el vino y la mujer, tu barba
de macho perdurable, tu barba de poderoso velamen, era la barca fenicia y roja en el rescoldo de los días. Desde mi cojera invernal, yo, americano inerme,
hijo de extraviadas religiones, pusilánime y fatal, estrecho tu brazo peludo de triunfador.



Epitafio a la memoria


Como un hacha plegada, o un aire rendido a un viejo territorio, pasáis como ancianos roncos
ante el caballero caído bajo las piedras,
amarillo, sin dedos ya, como zapallo de ultratumba.
La noche y su hembra ciega echaron estos huesos en el bulevar, despojos que pesan en el corazón
como gladíolos, o los ojos del padre muerto.
Dejad que caiga esta pierna en el mar, el mar profundo.
¡Oh, alma !, pingajo quemado, tigre sin rayas en la gran gema difusa, lingote seco en el furor pálido,
espera un descendimiento, una voz cayendo desde arriba,
porque, ciertamente, el cuervo de las alucinaciones, el cuervo, reo de tristezas,
creará un día su propia fábula, su corazón por encima de la memoria, y su pecho de oro, su viento rasgado,
muerde el oído del tiempo, apenas, y de rodillas.



*****
*****
*****


MAHFUD MASSIS.

por Daniel Jiménez Bejarano


De Mahfud Massis sólo sé que estuvo casado con Lukhó de Rokha, y que estuvo en Irak durante una de las incontables agresiones del Imperio, cualquiera que sea el nombre de este. Pero con esos dos datos me basta para saber que era un hombre temerario: no en vano se enamora uno de una tejedora de imágenes, hija de una figura cimera de las letras hispanoamericanas, y no en vano planta uno su voz contra las dictaduras. Bendecido por la oscuridad del Amor Loco, no tuvo otro camino que dejar en libertad sus palabras incitándonos a leerlo en libertad, sin los corsés torpes del prejuicio, de la “buena poesía”, de la “gran poesía”, y patrañas semejantes Porque la más alta poesía es siempre secreta, clandestina, marginada incluso del muy institucional rótulo de “marginal”.

Esta ausencia de datos biográficos fue el complemento necesario a la revelación: donde el poema calla comienza el ejercicio libertario de la visión, único destino de la verdad poética. Porque no son ni lo bello ni lo bueno las ambiciones del poeta, sino la ruptura definitiva, irreversible con el lenguaje ordinario y sus manidas metáforas, el acceder a la Imagen como Arquetipo y puridad, no corrompida por la “corrección” en los dos sentidos de lo políticamente correcto en términos estéticos, y en el de autocensura convocada por la facilidad de lo mercantilmente legible.

Y es que el poema transgrede todo margen de legibilidad para hacerse conocimiento arcano, no contaminado por el inconsciente colectivo de Jung, sino atravesado por el Superconsciente colectivo de Serrano, donde la oscuridad suprema, el amor sin muerte, la luz fría de la santidad guerrera encuentran su nicho, su destino y su manifestación perfecta. No la individuación desde el reconocimiento del mundo instintivo, sino la separación definitiva de los vaivenes del alma sensible, y el reconocimiento pleno del espíritu como Yo definitivamente aparte de todo, un Yo hecho de conocimiento y lucha.

Esto encontré en los poemas de Mahfud Massis: una realidad más real que lo real, fuego negro, silencio visionario. Gozo pleno al saber que a pesar de tanta poesía políticamente correcta, de tanta ignorancia ocultada en alusiones librescas y guiños fáciles a los poetas de canónicos; de tanto libertarismo barato y sensiblero, el Poema es posible todavía, con su carga de sabiduría y oscuridad supremas.



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Mahfúd Massís (Iquique, 1916-1990) fue un poeta y escritor chileno, de origen palestino. Su poesía tiene rasgos de la cultura latinoamericana al igual que de la árabe, por lo cual es considerado uno de los más innovadores de la poesía chilena del siglo XX. La crítica nacional lo considera de la Generación de 1938, aunque con esto sólo se relaciona su poética con un sentido social. Su poesía levanta un espíritu revolucionario con caracteres bíblicos, encontrándose como tópico fundamental la maldición y la pesadumbre.Su producción literaria tomó como eje fundamental la poesía y el ensayo crítico. Aunque su constante labor por la cultura de Chile lo llevó a ser director de la revista "Polémica", también Presidente de la Sociedad de Escritores de Chile, presidente del Instituto Árabe en Chile y agregado cultural de Chile en Venezuela (1970).Desarrollando este último cargo en Venezuela, en 1973 fue informado de que había sido exonerado de su ocupación y tenía prohibición de ingresar al país. En Venezuela siguió trabajando por la cultura, donde finalmente falleció cuando se preparaba para volver del exilio.Obras: Las Bestias del Duelo (Poesía, 1942)
Ojo de Tormenta (Poesía, 1942)
Los sueños de Caín (Cuentos, 1953)
Walt Whitman, el visionario de Long Island (Ensayo, 1953)
Elegía bajo tierra (Poesía, 1955)
Sonatas del gallo negro (Poesía, 1958)
El libro de los astros apagados (Poesía, 1965)
Las leyendas del Cristo Negro (Poesía, 1967)
Testamento sobre la piedra (Poesía, 1971)
Llanto del Exiliado (Poesía, 1986)
Antología: poemas (1942-1988) (Poesía, 1990)
Papeles Quemados (Poesía, 2001) Póstumo

miércoles 29 de julio de 2009

POEMAS DE ANGYE GAONA. Del libro: NACIMIENTO VOLÁTIL






Cuando la guerra

Vas a mañana o a morir
Eunice Odio


No provoques al león
que reposa en su campo.

¿Qué podría implicarte
su gesto lento,
su verdad calma?

Si no puedes resistir esa,
tu inclinación de más,
y buscas un león que sirva
su propia cabeza en tu mesa
y sólo un par de garras,
las tuyas,
admites en tierra,
nada podrá guarecerte de esa,
tu intención de más,
y alguna trampa,
algún águila mecánica traerás
para cazar al león.

Reina el león
aunque lo enjaules
y lo lleves lejos de sí
a rugir a tus circos,
a esconder sus garras en tus fábricas,
a desatar la ira de las bestias del Sol
que atesoras en las bóvedas.

Reina el león y reina la espada,
único arbusto que crece silvestre
en las tierras del león,
que no te será dado exterminar
aun si ordenases manar fuego
a tu garganta.





Hermano Mayor

A las naciones indígenas de América



A danzar viene el Sol a la piel,
dorada por Dios.
A danzar,
tañen los dientes de oro,
brincan los suelos
en las uñas del toro.

Corre por los caminos,
por las arterias.
Sangre viva,
sangre del cuerpo pasado.

Acoge mi sangre;
entra a circular por tu nombre.

Soy una mezcla,
soy un pan,
soy mestizo.

Tus antepasados y tus hijos
lanzan piedras contra mí.
Al alcanzarme las piedras
se unen a mi cuerpo,
se convierten en panes.

Toma este pan,
toma esta vida,
toma la Tierra
que es tuya.
Tierra donde parieron todas nuestras madres,
donde vivos bebemos leche de la estrella.

A danzar, viene el Sol
con tus dientes de oro.
Brinca en la piel que llevas
dorada por los dioses.

Toma esta sangre;
es lo que sé sagrado
para un pacto.

Sangre antigua es.
Viene de dos ríos,
dos corrientes,
quizá tres o cuatro afluentes.
Es un río silencioso,
espera su hora para bramar.
La hora cuando se junten los ríos,
a cielo abierto bajo el Sol,
en secreto ánimo de danzar
y ser uno con los dioses,
en un pacto alto
que se llame Tierra,
que se llama Madre,
que nos llame hermanos.


***
*


Barca viva


Suelta las amarras, alma mía
leva las velas que es forzoso partir.

No subiremos carga alguna.
Sólo el nombre y no debe pesar.

No repares en lo que se queda,
será sólo estrago en la corriente.

Zarparemos ahora
pues, si no es así, ¿entonces cuándo?
ésta es la aurora única.

Y, si el cielo quiere,
que el viento nos sea esquivo.

Será sólo, entonces,
el soplo del corazón
para alcanzar la herida a traspasar,
la que llamea adelante.

No temas,
no quema.

Somos una barca viva
que nace de la propia propulsión
como las aguas.



***
*


Pequeño ardid


Acuérdate de tu guardián
René Daumal



Guárdame de mí,
gran silencio leve que habitas
más allá de la sombra,
entre los tumultos del cerebro
y las mentiras sabias.

Guárdame de mi viento en contra
pues la brisa ha dejado de ser
mensajera tuya de pureza.

Qué traerás, qué ofrecerás,
más acá de las sombras,
en un tiempo de desapariciones,
cuando vuelven las cabezas separadas
a preguntarse descreídas
si no dejaron
algún secreto bajo la lengua.


Te escucho, oh Guardián,
pero no alcanzo tu clara diadema de sortilegios acechantes,
pues no perteneces a este lado de la sombra,
donde acaso te tome por un borracho en mitad de la calle.


***
*

Angye Gaona.Bucaramanga,Colombia,1980. Perteneció al comité organizador del Festival Internacional de Poesía de Medellín.En el año 2001, coordinó la Exposición Internacional de Poesía Experimental, realizada en el marco del XI Festival Internacional de Poesía de Medellín. Los poemas aquí publicados pertenecen al libro, recientemente publicado, NACIMIENTO VOLÁTIL

viernes 24 de julio de 2009

POEMAS DE OMAR CÁCERES. Del libro “Defensa del ídolo”. Selección de Rodrigo Verdugo






AZUL DESHABITADO


Y, ahora, recordando mi antiguo ser, los lugares que yo
He habitado,
Y que aún ostentan mis sagrados pensamientos,
Comprendo que el sentido, el ruego con que toda soledad extraña
Nos sorprende
No es más que la evidencia que de la tristeza humana queda.

O, también la luz de aquel que rompe su seguridad, su consecutiva
Atmósfera
Para sentir cómo al retornar, todo su ser estalla dentro de un gran
Número,
Y saber que “aún” existe que “aún” alienta y empobrece pasos en la tierra
Pero que está ahí absorto, igual sin dirección,
Solitario como una montaña diciendo la palabra entonces:
De modo que ningún hombre puede consolar al que así sufre:
Lo que él busca, aquellos por quienes él llora ahora,
Lo que ama, se ha ido también lejos, alcanzándose!



INSOMNIO JUNTO AL ALBA


En vano imploro al sueño el frescor de sus aguas.
Auriga de la noche!…. (¿Quién llora a los perdidos?)
Vuelca la luna sobre su piel el viento, mientras
Que de la sombra emerge la claridad de un trino.

Tambalean las sombras como un carro mortuorio
Que desgaja a la ruta el collar de sus piedras;
E inexplicablemente crujen todas las cosas
Flexibles, como un arco palpitante de flechas.

Amor de cien mujeres no bastará a la angustia
Que destila en mi sangre su ardoroso zumbido;
Y si de hallar hubiera sostén a esa esperanza,
Piadosa me sería la voz de un precipicio.

Volcó la luna sobre su piel el viento.
Suave fulguración de nieve resbala en los balcones:
Y al suplicarle al sueño me aniquile, los pájaros,
Dispersan un manojo de luz en sus acordes.




ANCLAS OPUESTAS


Ahora que el camino ha muerto,
Y que nuestro automóvil reflejo lame su fantasma,
Con su lengua atónita,
Arrancando bruscamente la venda de sueño
De las súbitas, esdrújulas moradas,
Hollando el helado camino de las ánimas,
Enderezando el tiempo y las colinas, igualándolo todo
Con su paso acostado;
Como si girásemos vertiginosamente en la espiral de
Nosotros mismos,
Cada uno de nosotros se siente solo, estrechamente solo
Oh amigos infinitos.

(100, 200, 300,
Miles de kilómetros, tal vez, )

El motor se aísla
La vida pasa.
La eternidad se agacha, se prepara,
Recoge el abanico, que del nuevo aire le regala nuestra marcha:
En tanto que enterrando su osamenta de kilómetros y kilómetros,
Los cilindros de nuestro auto depáranse a la zona de nuestros propios muertos:
He ahí a los antiguos héroes dirigiéndonos sus sonrisas de altivos y próximos
Espejos;
Mas, junto a ellos, también resiéntense,
Los rostros de nuestros amigos,
Los de nuestros enemigos,
Y los de todos los hombres desaparecidos;
Nuestro automóvil les limpia el olvido con el roce delirante de sus hálitos.
Como esas manos de mármol que se saludan a la entrada de las tumbas,
Nuestro automóvil seráfico ratifica el gran pacto,
Que a ambos lados de la ruta, conjuradas,
Atestiguan las súbitas, esdrújulas, viviendas golpeándose entre si…

Ahora que el camino ha muerto,
Y que nuestro automóvil reflejo lame su fantasma
Con su lengua atónita,
Como si girásemos vertiginosamente en la espiral de nosotros mismos,
Cada uno de nosotros se siente solo,
Oh amigos infinitos.





Omar Cáceres: Poeta Chileno (1904-1943), autor de un único libro “Defensa del Ídolo” Imprenta Norma, Santiago de Chile 1934, (prólogo de Vicente Huidobro). Su obra se encuentra publicada en distintas revistas y antologías chilenas y extranjeras.

sábado 18 de julio de 2009

FERNANDO ARRABAL HABLA DEL MILENARISMO

jueves 16 de julio de 2009

EL DESVANECIMIENTO DEL ALMA EN CAMINO AL LIMBO. Autor: Mario Ángel Quintero





El desvanecimiento

del alma

en camino

al limbo

Mario Angel Quintero




...alza le veleomai la navicella del mio ingegno...
D. Alighieri

Purgatorio I, i-ii





I.


Se fue la luz

Dentro de una jaula

Suspendida

De un cable

Encima de un patio

Desde donde

Un pitbull

Me mira.

El crepúsculo

Esboza la luna

Y una estrella.



Un trazo torpe

Siempre se deja

A propósito

En una pintura

Musulmana.

Un reggaetton

Empieza a llegar

Desde una ventana abierta,

Para que nadie crea

Que aquí se compite con Dios.





II.


Darwin será padre,

Y está muy optimista

Que la próxima generación

Sea más inteligente.

Sin embargo, no se resiste

Una olidita

Bajo la cola

De su amada

Para ver

Si aguanta

Otra montadita.



III.

Los taxis no siguen

Hasta los semáforos.

Se quedan en la sombra

Bajo los árboles.

Virgilio no llegó

A tiempo,

Y tengo que

Hacer la vuelta

Solo.

Temo que me haya

Perdido en el camino

Y casi me gano

Un abrigo de plomo.

Lo otro ocurrió tan rápido

Que no me di cuenta

Cuál me quitó la plata,

Si fue Cianfa o Agnello.

¿Por qué no he puesto la denuncia?

Es que hoy en día no se distingue

Los ladrones de las culebras.



IV.

Los calzoncillos del sargento,

Más elocuentes que de Bergerac,

Le insinúan algo sutil,

A través de los guantes de gala,

A la tanga fucsia, fosforescente

Y efímera de la dama de la farmacia,

Una Yuleidy sin dote,

Pero con Príncipe por hora.

Quizás un viento inesperado

Fomente algún contacto,

Algún roce de telas...

Pero la lluvia de anoche

Ya pasó, y el sol

Calienta las tejas de la pensión.

Todo subirá de temperatura

Sin la necesidad de pasión.

Con que éstos son los buenos tiempos.



V.

Lear busca a quien llamar.

Lo han ignorado otra vez.

Marca cada número de teléfono

Con una ira majestuosa.

Sus gafas tiemblan

En la punta de su nariz,

Los lentes opacados por caspa y por grasa.

Sus canas tempestuosas

Hacen el papel de corona.

La levantadora abierta,

Las uñas amarillas

Asomadas por las chanclas.

La corte parece

Estar ocupada

Con otros asuntos.

La furia de Lear

Se embotella

En dos buzones

Y en el oído

De una hermana de alguien.

Hoy tiene tanta rabia

Que quizás

No se tomará

Sus pastillas.


VI.

Cancerbero es

Tres bellezas que se agarran

Después de haber

Obstaculizado la vía.

Recién duchado

Y sin embargo vulnerable,

Bajo el vidrio del taxi.

Caronte me mira

Por el retrovisor.

Se ríe.

Seguramente es que se veía

Muy bonito sin el casco.

Pienso en lo que fue Aquiles.

Pienso en el espiral que trazó Ícaro.

El talón del motociclista,

Elevado e intocable,

Resultó ser su única presa

No destripada.

Pago la mínima y me bajo

A la corriente purificadora

E hirviente de la calle.

Todavía falta bastante

Para llegar al limbo.


VII.


Mis alucinaciones

Florecen y se riegan.

En un dedal escupe

Dédalo en ayunas.

Amanece a solas.

Laberinto, su cuerpo.

Algo crece, come.

Metástasis en lirios.

La nostalgia rebana.

Me he vuelto gusano

Que busca en lo muerto

La radiante membrana.

La pulpa de un muslo

Como un huerto donde

Fruta tumba a rama.

Estar perdido también

Es asunto de volar.

Por lo menos, en los

Primeros momentos.



III.


A la ménade al frente

Se le ve el pipí,

Asomado como su ambición

Por debajo de la túnica.

Sparagmos y vino rojo de cajita

Que quedó de la despedida,

Anima a la barrita, pintoreteadas de furias,

Después de la función.

Orfeo tiene los cachetes rojos,

Tiene ganas de bailar.

Pero su cuerpo lo ablandan con rumores,

Con saliva, entre dientes blancos.

Su cabeza, una piña dorada,

Flota sola sobre corrientes tiernas.

Sus bocas todavía ensangrentadas,

Ellas se suben en puntillas,

Estiran lo que vende,

buscan su reflejo,

Ecos, contra el parabrisas, aplastados.

Un descuido, al retrovisor una mirada.

Todas terminan solas.



IX.


Gretel se comió las miguitas de pan.

Nunca había estado tan frío

Ni tan denso el bosque.

Pollitos dando vueltas sobre el carbón.

Ser el deshecho de una rosca.


La pareja se comió el carro.

Se comió la casa, se tragó al prójimo.

Acabó con los días.

No dejó para el año entrante.

Se chupó el tuétano.

Se bogó el caldito.


Ahora Hansel extiende la mano.

Estrechamos un huesito fraternal.

Mala suerte, estupideces,

Que las hay, las hay.

Alguien les calentó el oído.

Ahora andan perdidos,

De balde entre puentes

Y los días de fiesta,


Pidiendo que los lleve

Él que los trajo.

Pero si quiere pasar

Al otro lado,

Deleitarse un rato

Del pastel de gloria,

Pegajoso y dulce,

Hay que pagar el pato, amorcito,

Hay que pagar el pato.


X.

Acompañado sudorosamente

Por tres músicos vestidos de Piel Roja,

Raspo la oscuridad visible con una uña,

Que lo en mi oscuro ilumine al fondo.

Desde mi naturaleza sobre ella misma,

Dos muecos, muertos de la risa,

Lanzan los huesos frescos

De un animal grande a la densidad

Entre las dos puertas abiertas de una jaula,

Alas de acero estorbando taxis.

En llamas cerebrales, de cabezas

Arrojado a un hueco sin fondo,

Para amontonar mis esfuerzos.

En el desequilibrio, justicia justifica,

Se desliza sobre la grasa y la sangre,

Tumbándome a carcajadas,

Yo, que colgaba de sólo un cartílago.



XI.


Burro viejo, dice mi mujer.

Las flores levantan sus cabezas,

Se ríen y se despegan de sus tallos.

Se arriman por el aire como hadas,

Coloridas y efímeras.


No te quedes ahí, burro viejo.

En la noche, violencia.

Al sol, sólo tres vejigas

Tirándoselas de charritas.


¿Dónde? rebuzno.

Donde los ladrones

Se enamoran,

Hacen el oso,

Y los matan.


Lo que me lucía ayer,

Hoy no.

Los niños

Nos torturan.

Sus madres

Los felicitan.


Mastico pétalos de rosas.

Me asomo, y cae una cascada,

De esclavos y martirios,

Para remodelar a un encanto.


Tras esta enredadera

Humana, densa en hojas,

Mis ojos húmedos

Parpadean.

Las flores se aquietan.


Una mano tierna,

Quizás ciega,

Bajo el sol picante,

Se extiende.

Ven, burro viejo, ven.

Salimos del jardín a pié.



XII.

Gris se choca contra gris,

Golpes en la monotonía.

El cielo da vueltas.

No – Soy yo él que

Las da, boca arriba.

Sigo a la deriva

En la navecilla

De mi pequeño ingenio.

Crestas de sal

Y de diarrea.

Alucinaciones chapucean

En los hoyos de las olas inmensas.


Somnolencia a brincos,

A caídas. Quién

Suelta a algo alado

Sobre semejante mar,

De semejanzas,

De espejismos.


Apenas hemos empezado.

El diluido viento

Dulce de un lirismo

Antes entristece más

El poco de azul

Que, detrás del gris,

Suena trompetas.


El cielo es una montaña.

El mar es una montaña.

Antes que se me venga encima

Me esparzo sobre las astillas

De él que alcanzó a ver

Pero no llegó.

Su arco en pedazos

Terraza tras terraza,

Gris se choca contra gris.



XIII.



Los ríos encuentran

A su hijo.

De hecho, él,

En una ribera espera

La respuesta curva.

La espera.

Abraza el aire.

Como un pájaro

Apunto de descansar.

La espera.

La respuesta

De eco

Llega desde

Lejos.

Cruza el agua

Cubierto con

Pétalos.

Lo que se pierde

Eco

Entre montañas.

Sin una ley

Que nos bendiga.

Quién descansa

Mientras hay peligro.

El hijo del mar

Es una montaña.

Un segundo ojo

Le sobraría.

A solas en su cueva

En la montaña,

Abusa de su mujer,

De sus hijos.

Deja que se pudran

Los frutos de su tierra.


La respuesta

Se enreda.

Una jaula dorada

Cae desde el morro

De un trasteo,

Se va por un barranco

Da vueltas

Por el risco

De la respuesta

Se rueda

Lo derecho es mentira

Se redondea

Sin temor, como una piedra,

Devora lo que se encuentra.


Pero las aguas

No hablan, caen.

Llenan.

Empapan e hinchan.

Poco a poco tapan.

Crean un espejo inmóvil

Que refleja el cielo.

Silencio imperturbable.

Superficie imperturbable,

Iluminada a través

De toda su extensión

Por los pétalos blancos

De las nubes.


¿Y la respuesta?

¿Alguna vez?

Lo que se pierde

Entre montañas

Bajo

Un derrumbe

Cualquiera.
***
Mario Angel Quintero. Nacido en San Francisco en 1964. Ha publicado los libros Globo (1995), The Fifth Season (1996), Mapa de lo Claro (1996) y Muestra (1998). Fue coeditor de la antología Párpados (1995). Escritor, poeta, hombre de teatro, pintor. Vive y trabaja en Medellín.Estudió literatura en la Universidad de California. Ha publicado obras narrativas en inglés y español en numerosas revistas colombianas estadounidenses y canadienses. Cofundador de el grupo Párpado Teatro. Exposición de pinturas bajo el título Cirugía en la Galería Exfanfarria Teatro. 2008

miércoles 8 de julio de 2009

FIERAS. Autor: Juan Diego Soto. Exposición a partir del 10 de julio de 2009. Escuela del Maestro.Av la Playa con Córdoba. Cl 51 40-115

























MANCHAS DE FIERAS

La serie FIERAS parte de las imágenes configuradas por las manchas de pintura arrojadas a carteles publicitarios, como una manera de intervención anónima y espontánea por parte de un espectador. Los paredones que sirven como cerramiento del club comfenalco ubicado en la avenida guayabal, se utilizan como superficies de publicidad. Hace algunos años, en estos espacios se pinto la publicidad de dos reconocidas marcas de cerveza, estas imágenes tenían como color predominante el rojo y las manchas que se formaron por la pintura negra arrojada, crearon un fuerte contraste. El choque violento de la pintura negra contra la pintura roja de los spot, crearon manchas que configuraron seres irreales, haciendo un proceso mental de imaginación.
Basado en las fotografías tomadas a estos paredones, vislumbre seres fantásticos que interactuaban entre ellos. La interacción es un tanto tensa e intrigante, a medida que estos seres se corporizaban en mi retina, realizaba rayones, bocetos y comenzaron a aparecer las fieras que seguían teniendo la tensión violenta de su génesis.
Las imágenes que aparecían me fueron prefigurando el concepto de la violencia que los seres expresan en la cotidianidad del trato mutuo, y la publicidad como telón de fondo de estas relaciones tensas, impasible ante los acontecimientos que las personas realizan ya que como decía alguien, para la publicidad, las personas ya no son ciudadanos con todas las connotaciones que esta palabra contiene, sino que son tomados como simples consumidores.
La idea de basarme en manchas para buscar imágenes ya la realizaba Leonardo Davinci en el renacimiento, cuando el observaba las manchas que producía en el techo y las paredes la humedad, y estas manchas le evocaban imágenes. De la misma manera me considero un cazador de manchas por la posibilidad que estas me ofrecen para crear imágenes. En la presente serie FIERAS procedí de la siguiente manera:
Fotografié los paredones con la publicidad pintada en ellos y con las manchas producidas por la pintura, realice bocetos y dibujos, cuando ya tuve una idea mas o menos clara, me lance a desarrollar los dibujos en el soporte final, trabajando en técnica mixta , como es el acrílico para pintar el fondo del cuadro, basado en los fragmentos de imagen publicitaria que las manchas dejaban ver y el primer plano fue realizado con grafito, que es donde ocurre la escena principal, que son las fieras en interacción, a medida que desarrollaba los dibujos de las fieras, este devenir enriquecía aun mas la corporalidad de estos seres. El dibujo a lápiz tiene la particularidad que es el medio más cercano del creador con su creación, trasmite ese impulso, la energía que emerge del cerebro a la mano, para que sea un amanuense del deseo.
El titulo de la serie se me ocurrió porque a veces pienso que las personas que habitan las ciudades, son como animales confinados a espacios pequeños, en donde aflora esa parte salvaje que forma parte de la condición de estar vivo.
Los animales en su estado natural y con todo el territorio, encuentran el equilibrio para desarrollar una existencia armónica con el entorno y los demás, pero si se sienten constreñidos a espacios pequeños y gran densidad poblacional, surgen los instintos de supervivencia, de marcar su territorio, emerge la violencia.
Lo mismo que los animales, los seres humanos que habitan las ciudades sienten el apretujamiento entre la muchedumbre, el espacio vital cada vez es mas reducido, las oportunidades de existencia cada vez son más precarias, los recursos naturales cada vez son mas escasos, de mala calidad y de mayor inexequibilidad; todo lo anterior hace que en el individuo afloren estos instintos de supervivencia, que muchas veces hacen que se conviertan en fieras, agrediendo al otro, mientras los medios de comunicación y la publicidad como adalid, nos venden
la idea de un mundo mas feliz, armónico, dado por los productos que el mercado produce, que muchas veces son innecesarios, tan solo son necesidades que la publicidad crea para hacernos más esclavos.



JUAN DIEGO SOTO/ 2007


***



JUAN DIEGO SOTO BEDOYA 1964
Maestro en Artes Plásticas, Universidad de Antioquia, 1995.
Licenciado en Artes Plásticas, Universidad de Antioquia, 2007.
CURSOS Y SEMINARIOS
Cerámica, Universidad Nacional, 1987.
Seminario “La Cultura Posmoderna”, Biblioteca Pública Piloto, Universidad Nacional, 1993.
Primer Encuentro Red Departamental de Artes Plásticas, Palacio de la Cultura Rafael Uribe Uribe, 1998.
Seminario “Investigación para la Curaduría de Exposiciones”, Ministerio de Cultura, Museo de Arte Moderno de Medellín, 2000.
Tercer Encuentro Departamental Red de Artes Plásticas, Gobernación de Antioquia, Secretaria de Educación y Cultura, 2000.
Congreso de Formación Artística y Cultural para la Región de America Latina y El Caribe, agosto 2007.
Seminario Taller Redes artísticas de Medellín. Un Espacio para Construir Ciudad, octubre 2007.
EXPERIENCIA ARTISTICA
EXPOSICIONES COLECTIVAS
-HEARTIST IN THE MARKETPLACE; Centro Colombo Americano, Medellin, 2005.
-5º ENCUENTRO NACIONAL DE ARTES ANDE 2004; Centro Educativo y Cultural de Santa Elena, 2004.
-XII SALON NACIONAL DE ARTES VISUALES 2001; Premios Nacionales de Cultura Universidad de Antioquia; Museo Universitario, Medellín, 2001.
-2º ENCUENTRO NACIONAL DE ARTES ANDE 2001; Centro Educativo y Cultural de Santa Elena, 27 de mayo a 2 de junio de 2001.
-1a BIENAL DE ARTE PIJAO RENACE FOREC; Cámara de Comercio de Manizales, 2001.
-1º SALÓN DE DIBUJO UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA; Museo Universitario, Medellín, 2000.
-Curador de la Exposición “FURIGRAFIAS” del Poeta y Artista Plástico MAHMOUDAN HAWAD de Sahara Central, África; Palacio de la Cultura Rafael Uribe Uribe, 1999, Medellín.
-HEARTIST IN THE MARKETPLACE; Centro Colombo Americano, Medellin, 1999.
-HEARTIST IN THE MARKETPLACE; Centro Colombo Americano, Medellin, 1998.
-OCTAVO ENCUENTRO DE ARTES PLASTICAS CIUDAD DE MEDELLIN, Alcaldía de Medellín y Secretaria de educación y cultura, Museo de Antioquia, 1998.
-1º SALÓN DE ARTES PLASTICAS DE SANTA ELENA; Alcaldía de Medellín y Secretaria de educación y cultura, 1998.
-EXPOSICIÓN POESIA VISUAL; IV Festival Internacional de Poesía, Galería Banco de la República; Medellín, 1994
-EXPOSICIÓN POESIA VISUAL; III Festival Internacional de Poesía, Teatro Ensayo, 1993.
-TALLERES DE LA UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA; Universidad de Antioquia, Sala de Arte Biblioteca Publica Piloto, Medellín, 1993.
-2º ENCUENTRO DE ARTISTAS; Secretaria de Educación y Cultura, Cerro Nutibara Medellín, 1992.
-2º SALÓN DEL PEQUEÑO FORMATO ESPACIO 108; Universidad de Antioquia, Sala de Arte Biblioteca Pública Piloto, Medellín, 1990.
-1° SALÓN DEL PEQUEÑO FORMATO ESPACIO 108; Universidad de Antioquia; Sala Espacio 108; Medellín, 1989.
- EXPOSICIÓN TALLER BIDIMENSIONAL II; Museo Universidad de Antioquia; Medellín, 1989.
EXPOSICIÓNES INDIVIDUALES
-FIERAS; ESCUELA DEL MAESTRO, Medellín 2009.



jueves 25 de junio de 2009

POEMA DE JORGE EDUARDO EIELSON






tomado de :
habitación en roma (1952)

jorge eduardo eielson



et quae tanta fuit roman tibi causa videndi

virgilio



elegía blasfema para los que viven en el barrio de san pedro y no tienen qué comer


señores míos
por favor
traten de comprender
detrás de esa pared tan blanca
no hay nada
pero nada
lo cual no quiere decir
que no haya cielo
o no haya infierno
sería como confundir el sol
con un silbido
o con el propio cigarrillo
(no haber visto nunca el cielo
significa solamente
no tener dinero
ni para los anteojos)
pero que detrás de esa pared tan blanca
circule un animal tan fabuloso
arrastrando según dicen
siempre radiante
siempre enjoyado
un manto de cristal siempre encendido
y que su vivir sea tan brillante
que ni la vejez
ni la soledad
ni la muerte
amenacen su plumaje
no lo creo
ni puedo concebir tampoco
que además sea invisible
o demasiado parecido
al cielo azul
al árbol verde
al fruto rojo
al pan dorado
un animal tan milagroso
carecería de vientre
no tendría tantos hijos
negros blancos amarillos
que amanecen diariamente
con la cara ensangrentada
y los brazos amarrados
con la lengua acuchillada
y el estómago vacío
un animal así
no tendría el hocico sedoso de los vendedores de gracias
y ataúdes y estampas y souvenirs de instantes perfectamente
olvidados bajo un cenicero o una postal de san pedro
una bestia semejante
tendría alas además
pero no alas de plumas encendidas
qué tontería
sino membranas divididas netamente
por la naturaleza
a izquierda y derecha
simétricamente dispuestas para volar un día
por sobre la pared tan blanca
por sobre el hambre y la guerra
o más humildemente
por sobre el resfriado y el cáncer
no señores míos
créanme realmente
detrás de esa pared tan blanca
no hay nada
pero nada
una criatura tan perfecta además
no podría vivir encerrada
toda una eternidad
en un lugar tan hediondo
no podría vivir
alimentándose tan sólo
de su propio cuerpo luminoso
cómodamente tendido
en la gran pompa celeste
como si se tratara
de una espléndida ramera ya cansada
llena de mil hijos de mil padres olvidados bajo un cenicero
o una postal de san pedro valle giulia



***


Jorge Eduardo Eielson (Lima, 13 de abril de 1924 - Milán, 8 de marzo de 2006) es considerado uno de los mayores poetas y artistas latinoamericanos del siglo XX.El conjunto de su obra poética se ha editado tres veces con el título Poesía escrita, primero en Lima en 1977, luego México, en el año 1989 y posteriormente en Colombia, en 1998. Además, en 2005 la Pontificia Universidad Católica del Perú elaboró una edición especial con toda su obra poética, sumada a selecciones de sus trabajos en prosa y reproducciones de su creación plástica.
ObrasPoesía:
Reinos (1944) Antígona (1945) Primera muerte de María (1949) Tema y variaciones (1950) Habitación en Roma (1958) Noche oscura del cuerpo (1959) Ceremonia solitaria (1967) Pytx (1980) Sin título (2000) Celebración (2001) Narrativa:
El cuerpo de Giulia-no (1971) Primera muerte de María (1988) Teatro:
Maquillage(1946) Acto final

domingo 21 de junio de 2009

DANZA. Autor: Luis Fernando Cuartas

pintura de pollock

******


Es de noche, los pies han caminado interminablemente, hay cansancio y un ligero agotamiento se nota en todo el cuerpo. Un ritmo sanguíneo se siente fluir por las arterias, bombea el corazòn con màs rapidez y una palabra queda colgada del aliento que jadea. No estoy trastocado, salvo que siento que la danza apenas ha iniciado. Las calles se angostan, el ruido de los carros fabrican sinfonias, un grito lejano da cuenta del hechizo de una conversaciòn que apenas ha iniciado. La danza es vértigo y acciòn, comulgan los pies con las avenidas, con las idas y venidas de dos transeùntes que apenas se conocen sólo andando. La danza está en los sueños, en una algarabìa de notas desparramadas sobre una partitura de cemento. Hay risa, la escondida risa de una amistad que se reconoce en cada paso dado.Es el arte de danzar con las presencias, la atroz ternura que espanta y que redime, la caricia ligera de una nota safada de la corchea negra de un pensamiento que se dice entre silencios. ¿Cómo saber cuál es la danza secreta, si apenas comprendo la música secreta de los pies? Apenas sé bailar, sólo hago piruetas y me encojo de hombros cuando me doy cuenta que siempre hago el oso. Una rìdicula escuela de desparpajos me acompaña, aprendo porciones de un ritmo milenario, ese nihilsta gesto de una danza entre las sombras. Gurdieff, Isadora Duncan , Anna Pavlova, Rudolf Nureyev, todos los sufis del mundo, los que escriben con los pies y sueñan, los que bailan en un cero, los que agitan el cuerpo mientras caminan descubriendo infiernos, los que manchan la pared con sus tacones, los que descalzos trazan geografías en la esfera de los desplazamientos, los que simplemente danzan mietras yo camino absorto entre las calles que me hablan a gritos de hambre y de balazos. Yo camino, alguien danza entre los despojos de mi rítmica noción de vagabundo. La calle habla sola, mis pies caminan hacia mi propia lejanía, yo espero la danza que acompañe esta extraña y bella travesía.








***





Luis Fernando Cuartas (Colombia, 1959). Fundador de Taller de Luna, grupo de escritores de la Universidad Nacional. Cofundador de la Revista Punto Seguido, de la ciudad de Medellín, Colombia. Coordina un espacio en la Radio Universitaria sobre poesía y música. Dirige la Fonoteca de la Universidad Nacional, sede de Medellín. Contacto: lfcuarta@gmail.com.

lunes 15 de junio de 2009

EL ALFABETO ELEMENTAL( 2004). Autor: Víctor Raúl Jaramillo.


A

Iván Darío Toro Jaramillo

y María Elsy Quintero





A

Los días crecían poco a poco. Ella erigía su cuerpo diminuto y el volcán era un espejismo. No la volví a ver. Pero, qué más da. En otras tierras estará sembrando lo que mi agua no pudo. Después de ella otra, y otra... otra muerte que vuelve y que nace en mi costado como serpiente que inflama la noche.
El dios dijo su palabra, y estalló en infinitos sentidos. Los hombres creen comprenderlo. Creen tener la voz en su voz. Olvidan su propio pie, la huella que no podrá ser igualada.

B

Juntos vamos, libres somos. Sentencia del poeta. Ya la hice notar en otra escritura. Vamos por la vida, la única posible para nuestra comprensión de hombres. Pero libres de manera tal que podemos unir los hilos de la red que nos da el sentido.

C

La que vigila me mira, la mirona, él ya lo dijo. Todos lo han dicho. Pero qué otra cosa sino repetir para aprender. Olvidamos fácilmente. Guerra tras guerra. Amortajados ya y gritando lo mismo otra vez. Muerte.

D

Ave guerrera que viaja por el infinito. Algo que no podremos. Reptar o volar. Sólo eso. No podremos. Observar, guiar nuestra barca por los ríos de la sangre. Sí. Y observar nuevamente, y callar.
Luego escribir la sinfonía del origen, de nuestro cosmos agigantado que deambula por el mundo. Transitando cojos si no abrimos nuestros ojos a la moneda completa. Al cubo perfecto, a la pirámide de los siglos, al cilindro que abarca los círculos sucesivos.
La esfera, señores, la esfera. La dimensión de los hombres hermanados en una sola alma que se pluraliza y difiere y antagoniza. La esfera de las partes que conforman un todo que es. La vida señores, y sus muertes como bastones para el camino tortuoso.

E

Otra voz. Otro canto. La suma de los ritos que dejaron en nosotros los que ya son polvo. Este instante va ya a la espalda del mundo. Otra pupila entra en las dimensiones de lo vivo.
Después de la vida el gran silencio de nuestro yo. Después de la guerra el vino que embriaga lo perpetuo.

F

De nuevo la casa ha quedado sola. Esta casa que inunda de rencor y de ira. Esta casa donde los soles detienen la luz del dios. Y la prolongan en miles de rayos que los niños juegan.
Es otra vez la conciencia de un vacío que ya nos dejó mudos un tiempo. Un instante de varios años. La conciencia de la conciencia y no sólo la conciencia de estar ahí sembrados en una tierra que describe el amor que nadie conquista. Conciencia de la conciencia o lucidez o imperio terrible de lo humano.
El dios habita como un extranjero. Unos lo injurian, otros lo abrazan. Quiénes cantaran con él.

G

El dios es los dioses. Cada uno en su unidad como fragmento que estalla y devuelve la cifra a su origen. Partes que se unen para el todo que canta. En su silencio primordial. En su bosque de almendros.
Los hemos matado y es un suicidio. Hemos caído y así dejamos atrás sus miradas constantes.
Los dioses o el dios que todos exhalan. Hálito de entraña que pudre la luz de un retorno a la piedra. Corto y rápido como la vida misma, este mágico despertar nos olvidará.

H

Humo en el agua, la espada del dios brota como una flor viva.
Ante ti el regreso. Una y otra vez el volver de los que se han ido ya y se anclan en nuestra memoria. Quizá espíritu. Tal vez voz, eco de batallas que padecimos en otro tiempo.

I

Qué es lo que traen sus manos cansadas. Qué es lo que dicen sus ojos de otra tierra. No sé. Terminamos por olvidar. Finalizamos la vida para entrar en un agua mansa. Como en la vida, un gran sueño nos acoge.

J

Su risa vuelve de vez en cuando. Se agita en mi memoria. Es entonces una luz que me conduce. Es el dios del tiempo que vuelca el dolor en alegría.
Él retorna desde su silencio profundo. Para reír y verme agónico ante un mundo que sombrea amor, que latencia vida.
Pero qué ofrecerle de mi enquistada permanencia. Qué de mi nutrido vacío que lo habita.
El dios regresa y yo hablo con él largo rato en la noche, viajamos a la ausencia pura, tomamos vino en la taberna. El dios baila con las chicas y me invita a un cigarrillo. Estamos un tiempo juntos y luego de una gran carcajada, desaparece.

K

Igual que en otras ocasiones una mujer me atrapa. Su jarra de vida se vuelca sobre mí. Caminamos por los senderos del dios. Y éste ni se inmuta. No se lamenta si comemos de todos los frutos. No se irrita si la serpiente nos cobija.
Este dios es una diosa, y sus collares son cometas que van cruzando el cielo en silencio. Este dios es un tigre, y su vaho calienta la noche que le da de comer. Delfín, águila, este dios nos encuentra haciendo el amor y no envidia nuestro fuego. Agua o tierra, viento que cruza mientras la mujer y yo vamos por el camino.

L

Antes que antes qué podrías ser. No sé. Algunos nombran al dios. Otros el silencio primordial. El vacío o el caos, la ausencia absoluta. Nada. Y qué de nosotros ahora, al filo de la caída. Como el tiempo en la mano de un primate.
Qué de nosotros que vamos trastabillando por el mundo sin reconocernos. Ahora en el vértice de una piedra que otros niegan. Ahora, aquí, en este tiempo, en este espacio que es el instante de un universo que cae.
Dame tu abrazo, ven y limpia esta lágrima de otro tiempo, este pez que fui, esta cerbatana que nada por el tiempo desde que nací para el tatuaje de la muerte.
Ven y acaricia mis párpados con tus labios. Que tu lengua roce mi sexo. Que tu sexo sea un bucle de estrellas. Que las estrellas aniden en mi cabeza. Que tu cabeza descienda hasta mi corazón. Que tu corazón imante la voz de los siglos. Que haya un siglo donde paz y vendimia sean el baile de los hombres. Que hayan hombres que canten el dolor ineludible. Que el dolor no nos deje atrás y asista a nosotros la transformación.
Ven, descansa en mi pecho antes de ser el silencio profundo que habitará mi sueño. Sube en mi hombro y otea el mundo. Llora si quieres. Pero ven y palpa esta noche en que el dios me visita.

M

Poco a poco. Lentamente. Sin prisa, el mundo se borra para que lo escribamos de nuevo. Venimos, llegamos, vamos también. Pacientemente, como la parábola y el cometa que por ella transita.
Cuántos millones de años nosotros aquí, y el instante de una hoja que cae la muerte definitiva. Muerte que a cada uno pertenece. Muerte que otros asisten para recordar su vaho infinito.

N

Escritura de las cosas. Escritura del mundo. Escritura del yo. Dónde hallar tu mano que franquea la noche. Estás aquí, en este instante, y me doblo como una vara mojada. Aquí, ante ti. En la noche en la que el tiempo retorna y busca mi escritura. Donde me creo. Donde desaparezco.

Ñ

Me repito. Aunque sepa que la repetición cansa. Pero, para qué evitar la repetición. Para crear. Cosa que no hace el suicida. Que no evita la repetición ni la pérdida de algunos males. Evita todos los males de una vez. El dios lo acompaña. Y no lo sabe. Pero puede ser una solución. Allá va, en su viaje al vacío. Cerrando unos ojos que no volverán a ver.

O

Orgía de dioses la casa del dios. Mito que deviene principio de lo viviente. Altura y abismo. Asombro que estalla en nuestra memoria y acude en colisión con nuestra vida detenida.
Metáfora como mentira que de uno u otro modo crece en la verdad. Dinamismo que conjuga las voces de una comunidad que habita las redes del tiempo.
El dios y su amor en las manos de quien escribe. El dios y su ira en una tierra que tiende a desaparecer.

P

Gutural camino de coros que imantan a la juventud. Música que se anuncia como el despertar de una tierra compleja e inaudita. Guitarras, tambores, trompetas que crecen en la mirada del dios. Detonante palabra que gira en torno a tu cuerpo. Inmediatez de una vida que conjugada en tiempos vivos cae. Tiempo que fluye en espirales. Salvación y conquista.
Éxtasis.

Q

Me sueño y en el sueño soy. En el sueño de un dios que transparenta mi vida. Aquí, ahora, en el único origen posible. En este instante de sol morado que inaugura mi sal.
Me sueño y en el sueño vivo. Qué es lo que a fin de cuentas construye mi mano. Qué es lo que después de mi ausencia pura la vida tomará de mi canto. Quiénes bailarán al ritmo de mis palabras.
Ahora soy yo. En este instante de origen que inaugura el tiempo. Cada momento un nuevo momento, otro origen, el verdadero.

R

El árbol que está ahí. Ese árbol que ves. Ese árbol no es el árbol.
Esa savia escasa. Esa savia demente. Savia abierta, desmesurada. Esa savia está en ti.
Unidad mutua. Imperceptible temblor que deja tu cuerpo cuando es fuente de deseo. Cuando el deseo por otro cuerpo lo arroja. Corroborar en el ser. Nombrar el cuerpo deseo de tu deseo en el momento en que te desean.
Abre las manos y siente el mundo que llega con el viento. Cierra tu mano y siente tu centro. Siéntete como árbol. Como savia, como deseo.

S

Voluntad pura. Cara a cara. Cuerpo a cuerpo con el dios que nos imanta. Soledad, apertura al ser del dios que llega y nos ha buscado hasta darnos la mano.
Camino que se hace en el momento mismo en que caminamos. Camino que no ha sido heredado. Que no podrá ser heredado.
Nos contenemos y por eso somos inocentes. Otros se arrojan, crimen perfecto. La mirada como tacto, el acorde como función. Acércate, utilízame. Ven y corre sobre la playa de mi cuerpo. Hallarás tu propia mirada. Encontrarás tu temblor y tu fiebre.

T

Fragmentos. Diásporas y despedidas. Encuentros. Tragedia del vivir que no cesa. Felicidad que llega como llaga y bordea el horizonte y nos devuelve a las máscaras del dios.
Felicidad que apunta en nuestra mente y en nuestra alma y en nuestro dejar siendo lo que somos.
Felicidad y aprendizaje de una vida abierta y fracturada y atomizada en bucles de arrojo y contención.
Fragmentos del dios que caminando nutren su aliento. Brillo de piedra. Nombre que recoge. Ausencia que somos cuando nombramos su oración. Todo que es nada y nace en el momento mismo en que muere.

U

Libro abierto aunque no leamos, la vida.

V

Llaga que llega. Dolor que nos encierra en nosotros. Sufrimiento que nos despierta a lo que acaece. Padecimiento que es función de dolor y sufrimiento. Conquista. Asombro.
Muerte nacimiento del pensar. Muerte estrella que nos lleva. Muerte geiser de ataduras que desandan los caminos y crujen en el vientre de la tierra.
Memoria viviente. Memoria creciente de deseo y de ruptura. Memoria que acogemos para unirnos con lo vivido, para desorbitar lo habitable, para conjugar los tiempos.
Otra vez tú. Y tu risa que invoca la travesía por el mar.

W

Sombra de mí mismo. Ausencia que petrifica mi yo. Luz de la poesía. El poema me habita y luego habita el mundo.
Espera de la noche, herida del día, tiempo que se pierde y canto unión de las orillas. Oración que asciende, abismo del caer a la cima. El nombrar es el constante aparecer.

X

Finitud que nos abarca. Ya estela de luz que silba. Disuadir el tiempo. Congraciarse con el dios. No ahora. Matrimonio sagrado que comienza en el silencio y termina en su espejo.
Desnúdate dios, frágil dios pequeño.

Y

Y los demás en su vivir la vida a dentelladas. Destrucción que ya ha sido mía. Nuevamente renacimiento. Canto amoroso, comienzo, y otra vez, el alba.

Z

Me atrevo a creer en las ruinas. Dice la que no se ausenta de sí. Y quizá sea mi mismo canto. Al igual que el de cada alma. Todas las aguas, todas las almas una sola alma. También al otro sin lo otro de sí.
Despierto en la oración silenciosa al dios que llevo en mí. Al otro lado de mí, en lo oscuro que me da la palabra, la luz del poema. No buscaré de mí, errar sin error. Descreer. Por utilidad, por necesidad. Descreer en esa casa que otros han dado de sí en nombre del dios.
Fuera de mí. Antes que en mí. Después otra vez la noche. La nada. Y comenzar a creer. En nuestra propia existencia. Construir. Crear.
Mis actos no son de escisión; mis actos son de unión;y sólo permitiré el acceso y la participación a quienes séque consolidarán con ello el respeto y el apreciopor quien conmigo está.
Chantal Maillard


***


Víctor Raúl Jaramillo Sonsón, 14 de junio de 1966. Filósofo de la Universidad de Antioquia, Licenciado en Educación de la Universidad Cooperativa de Colombia, Doctor canónico y Doctor civil en Filosofía de la Universidad Pontificia Bolivariana. Ha hecho estudios de pintura y música. Creador de un Consultorio Filosófico. Fundador del grupo de metal Reencarnación con el que ha prensado tres demo-tapes: Dioses muertos (1987), Alucinógeno (1989), Planeta azul (1994). El L.P.: Reencarnación (1988). El E.P.: Acompáñame a la tumba (1988), ambos editados en vinilo poligrabado en U.S.A. por Nuclear War Now Productions (2006). Los CD’S: Egipto (Lorito Records 1996), Visiones terrenales (Ediciones Fábula 2000), Reencarnación (Vasco Producciones 2001- Dark Desire 2005), Más hombres, menos estatuas (Ediciones Fábula 2005) en conmemoración de los 20 años de la banda y Demos 1987 – 1994 (La familia del mundo records 2007) Ha publicado los libros de poemas: Tatuajes de viento (Revista Poesía Editada por El Propio Bolsillo 1992), Jornada de silencio (Ediciones Fábula 1994), Lucifer el hermoso (Ediciones Susurros 1997 dos ediciones), Bajo el signo de Hermes (Ediciones Fábula 1998), Alas para el escorpión (Ediciones Fábula 1999), Poemas vivos 1992-2001 (Ediciones Fábula 2001), Prepara la guerra: poesía completa 1992-1999, seguido de Turmalina negra (Ediciones Fábula 2005) y Balada para Paula (Ediciones Fábula 2005). El libro de filosofía y estética: El vuelo del ancla (Editorial U.P.B. 1998 y 2002). La tesis doctoral: Terapia dialógica: introducción al consultorio filosófico (Ediciones Fábula 2000) de la que estuvo ofreciendo una conferencia en Salamanca (España). La antología impropia: La reunión del solitario (Editorial U.P.B. 1999 y 2002). Sufrimiento y vida feliz (Ediciones Fábula 2004), Sobre la lectura (Ediciones Fábula 2004), Filosofía como medicina: una mirada hermenéutica (Editorial U.P.B. 2005 y segunda edición aumentada y corregida 2006), el módulo de Introducción a la filosofía (FUNLAM 2005), Carta a un joven filósofo (Ediciones HEFIM 2006) y En camino (Ediciones La Familia del Mundo 2007) y la novela Sonata de una muerte (Transeúnte Editor 2008). Con su Círculo Hermenéutico de Estudios sobre Filosofía como Medicina publicó La palabra detonante (Cuadernos de Formación Avanzada Editorial U.P.B. 2001). Coautor de los libros: Fundamentación teórica, metodológica y operativa de la línea de investigación en antropología filosófica (FUNLAM 2006), Aproximaciones al arte y a la religión desde la antropología filosófica en el contexto de la postmodernidad y la globalización (FUNLAM 2008). Editó una antología musicalizada de sus poemas en cassette (Ediciones Fábula 1998). Co-productor del CD Alheña y azúmbar y otros poemas del poeta Jaime Jaramillo Escobar. Es miembro titulado de ASEPRAF (Asociación Española para la Práctica y el Asesoramiento Filosóficos). Coordinador académico del I Congreso Internacional de Filosofía: Filosofía como Medicina organizado en la FUNLAM. Actualmente se desempeña como profesor titular en la Facultad de Filosofía y Teología de la Fundación Universitaria Luis Amigó y como terapeuta en la ciudad de Medellín.

lunes 8 de junio de 2009

ANTOLOGÍA MÍNIMA DEL HAIKÚ LATINOAMERICANO. Por Raúl Henao.



“El haikú de floral desnudez, no necesita búcaros, y es por esencia el justo vehículo del pensamiento moderno, tema lírico puro, adánico como la sorpresa y sabio como la ironía”(José Juan Tablada)



“El haiku es un poema distribuido en tres líneas. En tan estrecho espacio parece empeño imposible encerrar los grandes movimientos del universo. Mas, por una especie de trabajo mágico, el poeta consigue hacer entrar el infinito en esa pequeña prisión, donde caben todas las sorpresas”(Jorge Carrera Andrade)



“El haikú es la anotación rápida –verdadera recreación- de un momento privilegiado: Exclamación poética, caligrafía, pintura y meditación, todo junto”(Octavio Paz)



"El haikú es el estado paradisíaco, porque es vivencia -y no pensamiento- del instante irrepetible. No existen lugares o momentos privilegiados para escribir un haikú… todos ellos igualmente milagrosos…aún el instante de la muerte, si se muere más allá de las pasiones, con la entrega y beatitud de un niño al nacer” (Raúl Henao)






***




Hoy no me alegran


los almendros del huerto,


son tu recuerdo.


Jorge Luís Borges (Argentina)




***






No hay silencio mayor.


dormido en el azogue


el gato blanco.




Eduardo González Lanuza (Argentina)



***






Sobre la losa fría


dice adiós a la primavera


la rosa marchita.




Fany Luisa Dupré (Brasil)



***






Después de la tempestad


entre los crisantemos


un pajarito muerto.




Roberto Saito (Brasil)




***





Sueño entre el sueño


la garza


en el algodonal




Javier Tafur (Colombia)



***






Una teja rota en el techo


Y aparecen


Cien estrellas.




Humberto Senegal (Colombia)



***






En el autobús a mi lado,


tarde en la noche,


ya sólo viaja la lluvia.




Raúl Henao (Colombia)



***






Jardín abandonado.


Sólo una rana


de paso.




Wilson Frank (Colombia)






***




Con el advenimiento del canto


en silencio


nos envuelve el viento.




Jairo Guzmán (Colombia)



***






Inventó el camino


La costurera del campo


Con su hebra de hilo




Julián Malatesta (Colombia)




***






Sola en la tarde


la gaviota vuela


con su cansancio.




Eugenio Florit (Cuba)




***






Las primeras luciérnagas:


un niño corre a buscarlas


para su amigo enfermo.




Jorge Teilleir (Chile)




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GOLONDRINA




Ancla de plumas


por los mares del cielo


la tierra busca.




Jorge Carrera Andrade (Ecuador)





***






Por soñar con el sol


amanece húmeda


el alba.




Héctor Rodas Andrade (Guatemala)




***



El pequeño mono me mira


Quiere decirme algo


Que se le olvida.




José Juan Tablada (México)






***






PARES Y NONES


Mientras los periódicos


se deshojan


tú te cubres de pájaros




Octavio Paz (México)



***






Somos fantasmas.


Aquí nadie es real.


¡Nadie ni nada!




Juan Cervera (México)






***






Cerrado cielo.


En una callejuela,


se rasca un perro.




Javier Sologuren (Perú)




***






Si me mareo


puede que esté borracho


de tu mirada




Mario Benedetti (Uruguay)






***

Las hojas de otoño


despiden mariposas:


Amarillas nostalgias



Jean Aristigûieta (Venezuela)

lunes 1 de junio de 2009

POEMAS DE ALBERTO VÉLEZ






El guamo


Amanece. Sobre el guamo bañado
de rocío, un mirlo canta.
Sabor del tiempo en esa voz
y en esas plumas que arden
sin comunicarse nunca. El mundo
se despierta a la tristeza, a sus
habituales tareas, insistiendo en
su afán de no caer en el olvido.
Pobre empeño. La voraz Boca no
dejará sucio ningún hueso.
Y sin embargo, nadie negaría
la belleza del día que se abre entre
la niebla. La humedad y la luz
besándose se apartan. Los niños
se levantan con sus juegos. Los
mugidos de las vacas llenan de
lechosa alegría los establos. Terminan
los hombres y mujeres sus batallas
de amor. Y el mirlo canta
sobre el guamo bañado de rocío.
Mi corazón lo ve todo desde un
sueño. Sé que no soy el mirlo
ni la mañana que se abre, sino el
tiempo que es todas las cosas. Él
nos une, separándonos. Mi gozo
es el gozo de sorprender un
nacimiento, la florescencia de la vida.
Mientras ese secreto nos sea revelado
no importa la certeza de ser carne
abatida, carne si tiempo duradero.


****

Una palabra lo es todo: encuéntrala, y
cuando la encuentres no la digas: llévala
en n ti, guárdala, porque ella será tu
defensa contra toda desolación y toda
muerte. No la digas. Que tu lengua no sepa
lo que al corazón ocupa.

***

Oración

Poco te pido hoy, señor:
Que haya paz entre mi corazón y el día

Otros eligen la víctima


***

De los anales

Nadie sabe cómo empezó esta guerra.De entre nosotros alguien salió y creció.
Baguí es hoy una luna que arde, una garganta de sangre. De nada sirve recordar
los ritos, celebrar la vida. La muerte se extiende como las lianas. Que el tiempo
nos borre o nos redima.

ALBERTO VÉLEZ
Nació en Medellín (Antioquia) en 1957. Es autor de: Para olvidar de memoria (Premio Nacional de Poesía Universidad de Antioquia, 1982)
Habida palabra (Premio Plural de Poesía, México,1987) y Voces de Baguí (2004).

martes 26 de mayo de 2009

KENOSIS. Autor: Gustavo Ibarra Merlano






Comforter, where, where is your comforting,

Mary, mother of us, where is your relief?

Gerard Manley Hopkins


Doy gracias a Dios

Por haber permitido

Que yo

Pertenezca a sus rebaños

Por haber tolerado mis orejas de cerdo

Y el sufrimiento de mis riñones

Por haberme consentido erigir hasta el exceso

El lado opuesto de la santidad

Y ejercer el oficio imprevisto y tenebroso de vivir


Porque en la colección de mis días

No hay uno solo que no haya sido instaurado por Ti

Para limpiarlo de su inmundicia

Y porque en la elección de mis actos

De hombre cabal y revolcado

Tú has sabido transmutar

El lodo en una veta de luz

Que subsana los instantes de la nada


Ah biografía aglomeración hipócrita

De japi berdi tu yu

Muchas veces al soplar las velas

Creí que se iba la mía

Aquí estoy, sí


Satisfecho y podrido

Con alegrías dentales

Mejoradas por las fúlgidas materias de la ortodoncia


Creo que pertenezco de algún modo

A tus santorales

Al número abscóndito de tus elegidos

Y resplandezco con mucha luz

Por haber sido sacado de la basura

Y porque has comprado mi progenitura

Con los vellos de los borregos

La prueba de tu bondad

Es que me amas y me dejas a mi antojo

Como el niño que se extasía

Jugando con sus propias deyecciones

Tú me redimes

De mis perdurables miserias

De mis rencores

De mis ganas de matar

Y de mi cópula

Con el oscuro Behemot de la nada

Tú me haces una estrella

Sacando mis reflejos de las letrinas

Para instaurarme en el temblor del firmamento

No tengo nada que ofrecerte

Y aún en estas palabras

Escuece el agua lacerante de la hipocresía

Pero cómo callar cómo no expresar

La esperanza que tu Ser consuma mi tiniebla

Y decir con voz absolutamente despojada

De toda blandura humana

No se preocupen todos aquellos

A quienes mi vida ha lastimado

Voy a desaparecer

Declaro solemnemente

Que estoy de acuerdo

Con todos los que me maldicen

Quiero amarlos y despojarme

Hasta el fondo de la humildad

Y dar gracias por haber contribuido a mi conocimiento

Y mi ausencia promovida por los tácitos

plebiscitos de la anulación

Por mi aceptado ostracismo

Subsanará el fraude de mi presencia

Y la masticación elaborada de mi sonrisa

No hay sino una tristeza

No ser santo

Doy gracias a Dios por conocer

La intimidad de mi sustancia vulnerada

La negra luz de mi cuerpo

Proyectando la sombra

Como el estilo de un reloj de sol

Y el alma dispuesta

Para entregarle su tiempo a la muerte

Yo quiero descender al fondo de mi alma

Y como los obreros de las letrinas

Calibrar con toda exactitud

El espesor y la consistencia de los excrementos

Creo que donde abunda el pecado

Sobreabunda la gracia

Y del expolio de la conciencia

Y de la servidumbre original

Saldrán galaxias de albura

Odio seguir jugando con el idioma

Y con el estigma de su riqueza

Quiero una palabra simple y desalada

Donde se sienta el flujo y la interrupción de mi ser

Y el gas carbónico de mi respiración

Una palabra de conciencia

Que exprese el sentimiento inenarrable

De mi culpa disfrazada

Con oropeles adheridos irremisiblemente

Justamente por todo esto

Publico la gloria de tu grandeza



***

GUSTAVO IBARRA MERLANO

Cartagena,1910; Bogotá 2001. Inició sus labores literarias en el círculo del periódico "El fígaro", en Cartagena, del cual era director el historiador Eduardo Lemaitre y cuya figura principal era el poeta Jorge Artel, con quien tuvo estrecha amistad, hasta su reciente y lamentable fallecimiento.
Igualmente hizo parte del círculo que animaba en el periódico "El Universal" Manuel Clemente Zabala, en compañía de Gabriel García Márquez y Héctor Rojas Herazo, durante los años 1948 y 1949, grupo con el cual tuvo oportunidad de compartir las extraordinarias cualidades de ambos creadores y participar en estudios múltiples y experiencias literarias comunes.En la Escuela Normal Superior tuvo ocasión de conocer al egregio rector Francisco Socarrás, al gran latinista español Don Pedro Urbano González de la Calle y al fino escritor de la misma nacionalidad José Francisco Cirre.Fue amigo personal del extraordinario personaje y escritor Lanza del Vasto, cuya venida a Colombia promovió muchas veces en compañía de otros amigos.Ha cultivado especialmente la literatura griega y el cine, ha sido catedrático de griego y de estética cinematográfica, hizo un viaje de estudios a Grecia en 1983.Ha escrito varios ensayos sobre Losey, Bergman, Fellini, Visconti, Antonioni, Hitchcock, Buñuel. Sobre el encuadre cinematrográfico en relación con la persona y el contorno. La metamorfosis de la persona en el cine, Cine y comportamiento. Conferencista de la Cinemateca Distrital y Nacional. Autor de críticas de cine de la revista "Criterios de cine". Ensayo sobre la Hermosura de la Eucaristía. Jurado en varias oportunidades del Festival de Cine de Cartagena.Ha publicado las siguiente obras : HOJAS DE TARJA --Poemas, LOS DIAS NAVEGADOS --Poemas, LÁPIDA --Relatos. Promocionó en edición privada la traducción del "Himno Akathistos", vertido del griego por María Cecilia Posada. Tradujo del griego poemas de la autora griega Klety Sotiriadou Barajas, traductora de toda la obra de Gabriel García Márquez al griego moderno.

martes 19 de mayo de 2009

PALABRA ESPEJO. Poemas inéditos de Juan Diego Tamayo.


Subes
Por la escalera
Del silencio
En llamas
Miras el camino
De humo
Tu corazón
Y el mío
Flotan
Entre astromelias
Tras el cristal
Cuidan de mí
Tus ojos
Una pregunta
Ante la muerte


***

El rocío
Descifra mi ventura
De las entrañas
De la nube
Hilos de luz
Por los que camino
Y te celebro

***


La espuma de los días
Golpea los riscos
De mi cuerpo
Sacudo las estrellas
Del olvido
Soy otro tras la brisa
De las palabras
Exploro el ser
Que las espanta
Las aprisiona
En el fondo del agua
Y noche
Y día
Las nombra
Llenándolas
De luz
De aire
De tiempo

***


tarde
tus ojos
sollozan
en la colinacielo
de palomas
tu boca
renuncia
entregada
al silencio


***

Son los párpados
La nieve
Detrás de los ojos
Otro cuerpo
Aflora sus espinas
Conmigo
Sin mí
Hambriento
De saberme
Hastiado
De verme
Solo
Y una hoja retorcida
Idéntica
A mis palabras
Retorcidas
Semejantes
A una hoja
Llevada
Por el viento
Detenida
En la consumación
De la sombra


***


Como un abanico
De plumas
Cae la mirla
En el prado
La razón
El sentir
- lo que aún queda -
Intentan decir
Algo más
De lo que precisa
El ojo
Cuando
Cae la mirla
En el prado
Como un abanico
De plumas


***


Todo
Estrellas
Polvo
De otro
Tiempo
En otro
Tiempo
Hecho
Polvo
Estrellas
Todo


***


De tanto mirarte
Mis ojos
Brasas
Carbón
Tus pupilas
De tanto mirarme
Como el sol
Haciendo
De los huesos
Palabras

***

Sin verte
Me veo
Risa efímera
Como todo
Sin nada
Y con todo
Por empezar
Por concluir
Viéndote
Me veo
Palabra efímera
Sin rostro
Para empezar
O concluir


***

Decía
Del sol ciego
En el fondo
Del bosque
Decía
Del mar
De efímera escritura
Decía decía decía
Acaso
De un mundo
Inventado
En el papiro
Del desvelo
Sin lámparas
Solo
Decía
Sólo
Silencio

***

No escribo
La bruma
Enredada
En los bosques
Ni los tules
De la bailarina
De turquesa
Ni sus ojos
Que ven el vino
No escribo
Con ríos de tinta
Celeste
Y las estrellas
No son tinteros
No escribo
Lo que pueda decir
El alma
El latido
El alba
No escribo

***


Deja el silencio
Tendido
En la claridad
Fogosa
Del sol
Que abriga
Otros ámbitos
Otras palabras
Que descienden
A la raíz
Del cuerpo
Que te sostiene
En otra palabra
Desconocida


***


El cielo
Las manos
La arena
El cielo
Un silencio
La arena
Una pregunta
Las manos
Una respuesta
Las manos
La arena
Una pregunta
El cielo
Un silencio
Un silencio
Una respuesta
Una pregunta
La arena
Las manos
El cielo

***


Oscuro
Lo dicho
Los ojos
El fuego
Que toca
Oscuras
Palabras
Digo
El mar
Que eres
Olas
Oscuras
Palabras


***


Borra el viento
Esta escritura
De turbia sangre
De indefinible
Silencio

Escritura
Que dicta su muerte en vida
Que en vida escucha su muerte


***


Juan Diego Tamayo Ochoa. Medellín, 1968. Licenciado en Lingüística y Literatura (U. P. B). Magíster en Filología Hispánica. (Instituto de la Lengua Española de Madrid)Ha publicado el libro de poemas: “Los Elementos Perdidos” ( Poemas. 1986- 1998). Cofundador del Festival Internacional de Poesía de Medellín. Ha sido invitado a diferentes Festivales Internacionales de Poesía. Ha realizado diversos talleres de Poesía y apreciación Poética. Poemas suyos han aparecido en las revistas especializadas de poesía: Prometeo, Misterio Eleusino, Imago, Punto Seguido, Isla de Barataria…Tiene inéditos los libros de poesía: Palabra Espejo. Trazas del Bosque. A una Ciudad.


martes 12 de mayo de 2009

NEO-PENSAMIENTOS y PENSAMIENTOS DEL ECLÉCTICO. Autor: Oscar Jairo González Hernández



NEO-PENSAMIENTOS
Tras conversación con la Reina de Corazones Eclécticos.



- Todo quien se llama a sí mismo artista, queda condenado a vivir en el éxodo, el exilio o la muerte. Vida en el arte, vida de artista se problematizan, en el momento en que ceden su fascinación por la transparencia esencial, absoluta.


- La sensibilidad estética no se forma, puesto que ella no está conectada con la realidad. Lo estético no existe como arte. La sensibilidad es narcisista, por ello mismo incomunicable.


- La verdadera formalidad del trato con los demás, se consuma en provocarlos a disentir de lo que uno dice. Tender a ser disidente de todo.


- La libertad solo es libertad cuando ella se libera de uno mismo. Tiende a condenarse ella a sí misma si sabe de su libertad. No es una conciencia. Es un furor.


- Toda vez que se insulta a sí mismo, es porque sabe que no es eso, pero diciéndolo a otro, cree serlo. Nadie que se insulta a sí mismo lo hace porque quiere, sino porque lo provocan a hacerlo. Uno no querría decirse: Tú eres un excremento.


- La victoria sobre uno mismo es a la vez deliciosamente perversa como estremecedoramente real. La ve el otro. Y se frota la manos, diciéndose: Es mi oportunidad. Nada más falso.


- Quien no se mira en perspectiva renacentista no puede hacerse visible del todo, -De cuerpo entero- porque no quiere verse desnudo a sí mismo. Quiere que lo desnuden: Es un acto de piedad no de pasión, lo que reclama.


- Tener una manera de sentir, es tenerse uno así mismo. Por eso el sentir no puede expresarse. Tiene nada más que una exclamación. Y sé es por ello mismo un Exclamante.


- Quien hace de la observación de los incidentes un hecho más de la vida cotidiana, destruye la dimensión inabarcable del sentido que les da. El incidente no tiene sentido, lo busca en uno. Es un cienpiés.


- De la impresión de la vida dramática, cuando uno se despide. La despedida no existe porque uno no puede responderse a sí mismo. Responderse a sí mismo es imposible porque uno nunca se halla. Es un extraño, es un extraviado.


- La estética de la seducción, es más que la Momia peruana en el Museo.


- Querer provocar la incomodidad, la inconformidad de los otros para con ellos mismos, es su intención. Vida provocada (G. Benn).
***


PENSAMIENTOS DEL ECLÉCTICO



- No sabe muy bien cómo explicarse cuando se vive intensamente en lo inexplicable. Manera del asombro.

- Meditar en aquello que se pueda medir, pero no con la medida de sí mismo, sino con la medida del cosmos. Esencia del extrañamiento del mundo, del ser.


- Conservar lo que se tiene, es importante, pero también es importante saber cómo perderlo. Método de la pérdida, del desnudamiento.


- Desear pintar flores y pintarlas. No tener necesidad de hallar la esencia inmutable de la Flor Mística, porque ello aparta del camino. Hacer un boceto, experimentar lo inalcanzable llorando en sí mismo. No en otro.


- Odiar aquel o aquella que nos hace advertencia, es necesario pero no resuelve nada. Odio sin forma, sin intencionalidad.


- Extremar la intencionalidad, a un momento de máxima eclosión para saber el por qué de las cosas.


- Intentar más buscarse a sí mismo en la inquietud de la vida que en la preocupación de la muerte. Lo thanático, solo aparece cuando otros lo hacen aparecer. No se muere sino en sí mismo.


- Cuidar la casa de la destrucción. ¿Cuál casa? No lo sabemos nunca, porque en ella se vive en construcción de lo insondable.


- Decir: Maestro, es por lo menos más que una palabra sin sentirla, y sintiéndola es cuando halla el sentido. ¿Cuál es la palabra Maestro en ti?


- Posee lo que no puedes poseer. Es una posesión al revés pero real.


- Un pintor le dice a una adolescente estudiante de pintura: Tienes que salir de aquí, de estas montañas nuestras, porque si no… Y ella le dice: Yo he creado las montañas mías ¿Por qué he de salir de ellas, si son mías?


- Creer es una forma de crear. Quién no cree, crea también. No es por oposición que se dice esto, sino por intención de la coincidencia esencial.


- ¿No quiere arroz con coco, Señor? No, no quiero ni probarlo, contesta el Señor. Probar es elemento de conocimiento. Probarse en todo hasta la aniquilación o el aislamiento.


- Dice Sri Yukteswar, que el alcanzará el Palacio del Cosmos, tras su muerte. Anatomía del éxtasis real del vacío.


- Lo masculino no son los hombres. Este es el ser o no ser de Hamlet barroco.


- Tener es tener. Quién no tiene nada, no tiene nada. Y quién tiene y desea más, lo tendrá. Es la vida y la muerte. Insaciables somos.


- Al que le fascina lo esencial, lo inmutable, también debe atraerle lo inesencial y lo mutable. Si ama la certeza es porque también conoce o conocerá la incertidumbre.


- Nada en la vida es resoluble. Todo es insoluble. Hay que saber vivir, pero ello no lo dice nadie. Cada quién lo hará a su manera.


- No hay vida, que no sea importante y que no quede de ella una impronta o huella. La huella, así mañana sea borrada por los vientos frenéticos y las lluvias hermosas. Spuren (Huellas), de E. Bloch.


- Los atletas corren hacia una meta. Final cuando cruzas la raya. ¿Y qué más hay después de ella, qué músculo quiere saber más?


- ¿Qué sirve más de punto de apoyo en la vida: La estatua de sal o la estela en el camino?


- Nadie puede ser representado por sí mismo. Fatalidad de no estar en el Paraíso.


- Enloquecido o enloquecida de amor, murió. ¿Qué era Amor para él o ella?


- Escucha decir: Yo nunca he tirado la toalla.¿ Qué dirán de él, que las ha tirado todas?


- Los sueños son los incidentes reveladores.


- Tiene doble vida, ni la una ni la otra le sirven para nada, porque son lo mismo (Recuerda a Gottfried Benn).


- Del Intelecto, lo que le trastorna, es que no posea sexo. Pero no se duele más allá de las concomitancias nervalianas.
****

Oscar González nació en Medellín, el 20 de abril de 1957. Poeta, ensayista, crítico de arte y literatura, conferenciante. Coordinador de la Ruta en Estudios Estéticos (EAFIT, Medellín). Realizó Estudios de Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad de Medellín y de Filosofía y Letras, en la Universidad Santo Tomás. Maestro en Historia del Arte, Facultad de Artes, Universidad de Antioquia; y miembro de los grupos de investigación Sociedad, Política e Historias Conectadas (SPHC), en la línea de Historia y Arte, del Departamento de Humanidades de EAFIT y de Filosofía y Literatura del Instituto de Filosofía de la Universidad de Antioquia. Miembro de la Redacción de la Revista Punto Seguido. Ha publicado: La Ciudad Soñada -antología de textos sobre ciudad- , 1999; Pincel de Hierba -a la manera del haikú-, 2000; La Trompeta de Mercurio -sobre el libro y la lectura, 2001 y En causa propia, Ernesto Volkening –compilación-, 2004. Asesor literario de los grupos teatrales Matacandelas, Hora 25 y La Oficina Central de los Sueños, Medellín. Colaborador de las Revistas Universidad de Antioquia, Con-textos -Universidad de Medellín, Prometeo, Otras palabras, Co-herencia, Rampa, Mascaluna, etc. Colaborador del periódico El Colombiano y El Mundo. Creó y coordinó los programas de radio La Mecánica Celeste y La Trompeta de Mercurio, en la Emisora Cultural Universidad de Antioquia. Actualmente codirige la revista virtual de poesía, arte y literatura Rinoceronte 14. Nos dice al autor: “La poesía, es una forma de conocimiento y ascesis de lo real. Destrucción del yo personal, para que entre y aparezca una comunidad viviendo, experimentando y comprendiendo la piedra solar de la poesía, la voz del poeta, para que el poeta sea el conductor de la comunidad. Que su palabra no sea vana, ya que contiene, si es un poeta auténtico, la esencia de la palabra del hombre, el habla de una historia… La poesía, contiene las maneras de sentir y pensar, de escuchar y cantar del hombre que en todos los tiempos ha contemplado con asombro lo que hay en la Naturaleza y lo que hay en él mismo todavía sin resolverse, todavía oculto: el misterio. El hombre canta y danza, piensa y construye, porque en él hay un poeta que le impulsa a soñar, a reinventar el mundo. El poeta es el hombre que no ha perdido el asombro, esa ley de la gravedad de la poesía: El asombro… El poeta y la poesía no se hallan en un sitio inalcanzable, sino que la poesía y el asombro están ahí, cercanos, próximos, es decir en uno mismo; en la lucha y la paz de lo cotidiano. El hombre lucha y se sacrifica, para encontrar el reposo en la casa de la poesía. Canta como el poeta, para descubrir lo bello y para denunciar, protestar y reclamar. O para soñar, imaginar y pertenecer al movimiento indecible e inefable de un instante, de la temperatura de una experiencia y no de una vocación.”

martes 5 de mayo de 2009

DAGUERROTIPOS. Homenaje a dos pintores y un poeta surrealistas. Por Raúl Henao.

Raúl Henao y Philip West. Caracas, 1981
La creación de los mitos de Philip West
Tony Pusey


Dibujo de Tony Pusey



Jorge Cáceres, collage


NOLI ME TANGERE

“No te acerques a mí, no me toques; llevo en mí toda la belleza que el mundo ignora o que desprecia. No te acerques a mí, no hables; soy silencioso, viejo e impotente; todos mis esfuerzos han sido dirigidos hacia la Verdad y hacia la Belleza; esencialmente por eso me he visto forzado a vivir lejos de los hombres, y me ha sido preciso meditar y sufrir para realizar lo que debía hacer aquí abajo. No te acerques a mí , soy el leproso que huye de los hombres y del que los hombres huyen; lejos de ellos he conocido la alegría de un esfuerzo total hacia lo absoluto de mi alma (…) He vivido con los muertos, con los grandes muertos, los que han hecho que se transparentase una pequeña llama de eternidad en su obra. He comulgado con ellos y con la naturaleza; y esa ha sido mi verdadera alegría (…) No te acerques a mí, no puedo enseñarte nada: mi vida fue escondida pero luminosa y pura, modesta y grave y recogida: mi arte ha sido su expresión más absoluta, más discreta. Busca en mi obra imperfecta lo que inútilmente pides al hombre viejo, enfermo y doliente”

GEORGES ROUAULT -1871-1958- Pintor Francés.

***


ENCUENTRO ONÍRICO CON PHILIP WEST


En una ciudad del norte que no visito
sino en sueños,
en la calzada de la estación de trenes,
encontré por última vez al viajero.
Volaba una garza blanca
entre álamos y cipreses
a lo largo de canales de aguas quietas.

El viajero de bastón y sombrero de copa
al uso decimonónico,
lucía engastado en el ópalo de su sortija
un escarabajo egipcio
y hablaba de lo grato de la velada
en el jardín de los Noailles
donde Buñuel y Giacometti
posaron para el fotógrafo
al lado de una jirafa de madera,
en lugar de la jirafa en llamas
como telón de fondo
en el filme tragicómico de la realidad

Antes de la llegada del tren hojeamos a prisa
un ejemplar facsimilar
de “El Surrealismo al servicio de la Revolución”
porque nosotros aún no renunciábamos
acambiar el arte por la vida
o al menos la vida por el arte,
y siempre ambicionamos “llegar lejos”
pero “tan lejos como fuera posible llegar”
(anotación en la libreta de viajes
del Capitán Cook)
Así fuera a lomo de mula o vuelo de pájaro,
de las palabras o los pinceles.

Una locomotora que parecía atravesar la pared
de la chimenea
se detuvo frente al viajero,
nos despedimos hasta la próxima cita.
En el país del espejo ví dibujarse su sonrisa
en lugar de la sonrisa del gato de Cheshire
-Saludos a Alicia- alcancé a gritarle de lejos.

EL VISIONARIO PRIVADO: TONY PUSEY

En la fabrica en huelga de los sueños veo a Tony Pusey
Su corazón amoroso como un jamón ahumado.
Su risa un glacial en demolición
En las aguas heladas del cálculo egoísta.
Su pintura: runas imposibles, alfabeto en ruinas, códice azteca.
Maurice henry, si... y tal vez Gyokujo o Kumiyoshi
-Nuevo arte de amar, Shunga, aflorando en la paleta descolorida
del mundo moderno-

El viento de septiembre a octubre, como un predicador de Hide Park,
Me trae el mensaje de su risa, el dibujo de su risa,
Lo endiablado y humano de su risa.
Pero también, al amor de la tinta, esa gran carcajada del sexo:
Opereta de los pobres, banda de guiñoles,
Batalla de Waterloo, noche de Paris
Debatiéndose siempre entre lo ridículo y sublime,
Entre lo humano y divino.

Tras una vidriera de la estrella polar entreveo a Tony Pusey
Pintando (como Leonardo o Moreau) el negro cisne de Leda
En las páginas en blanco que faltan cada día a la vida.


JORGE CÁCERES EN EL ARCO IRIS QUE SE ELEVA

La marea de medio siglo entre tu tiempo y el mío
- siempre al final o comienzo de una guerra-
me arrastra mar adentro de tu poesía
tras esa larga cola de números telefónicos,
tempestades de champán ,gritos de nieve
perfumes que prometen al hombre un mechón de cabellos
de la mujer amada.
Chile a la distancia, acodado a sus costas, canales
ensenadas, bahías, malecones, golfos azules...
como un celacanto o estrella de mar gigantesca
a lo largo del continente suramericano
(“Chile de los vigías, tierra de mis amores”)*
En cuyos cielos esmaltados o adoselados
siempre es posible tocar el arco iris o una estrella fugaz
O presenciar como la alondra baja a la ventana
a cambiar su cheque por una ración de amor loco
de futuro libre de miserias y servidumbres.

Es por eso que tu poesía, metáfora absoluta, río de Heráclito
donde sin salir de viaje se llega de puerta en puerta
de lucero en lucero
huye como de la peste de la letra muerta o comercial
legado exteriorista, deleznable, del mundo moderno
frente al cual, en lo grave de la hora
nada vale invocar el águila de Whitman o Darío
-heráldica y continental-
que el paso del tiempo ha tornado engañosa, opresora
de la América española -india, negra, blanca y amarilla-
cuyos pueblos veo marchar unidos al llamado universal
de la paz y la fraternidad
Llamado que tú –el primero- escuchaste de vuelta a la Osa Mayor
con la flor de un balazo abierta en la camisa de tu traje de calle.


Para Ludwig Zeller..

*André Breton, El menor rescate

Raúl Henao

Raúl Henao es poeta de estirpe surreal y ensayista colombiano nacido en Cali, 1944. Ha vivido en Venezuela, México y los Estados Unidos, pero ha residido fundamentalmente en Medellín donde, además, ha participado en las diversas convocatorias del Festival Internacional de Poesía de esta ciudad y realizado su labor crítica y poética a veces polémica por su oposición constante al oficialismo literario.

Obras publicadas: Combate del Carnaval y la Cuaresma (Editorial Gamma, Medellín, 1973) La Parte del León (Editorial Monte Ávila, Venezuela, 1978) El Bebedor Nocturno (Editorial Instituto de Cultura y Bellas Artes, Cúcuta, Colombia, 1978) El Dado Virgen (Editorial Fundarte, Caracas, Venezuela, 1980) Sol Negro (Editorial Unicornio, Medellín, 1989) El Partido del Diablo (Poesía y crítica (Ediciones Lealón, Medellín, 1989) El Virrey de los Espejos (El Oso Hormiguero, Editor, Medellín, 1996) La Vida a la Carta (Ediciones Festival Internacional de Poesía, Medellín, 1998) La Belleza del Diablo (Madrid, España, 1999) La Doble Estrella (El Surrealismo en Iberoamérica) Editorial Endymion, Medellín, 2008

Antologías :Entre su obra cabe destacar sus colaboraciones en Poetas Parasurrealistas latinoamericanos(Honolulu, Hawai, 1982); The Beloit Poetry Journal - New Latin American Poets (Wisconsin, E.U., 1982); Poetas Surrealistas Nórdicos y Latinoamericanos (Dunganon Again, Suecia, 1984); Poesía de España y las Américas (Puerto Rico, 1992); Poetas Hispanoamericanos para el Tercer Milenio (México, 1993); Antología del Haikú latinoamericano (Sao Paulo, Brasil, 1993); The Dedalus Book of Surrealism. The Myth Of the World (Londres, 1994); Surrealismo e Novo Mundo (Porto Alegre, Brasil, 2002); O Comeco da Busca (Sao Paulo, Brasil, 2001); Das Surreealistische Gedisht (Frankfurt, Alemania, 2001); Poesys de Dragoste (Bucarest, 2001); Haikú-International Anthology-The leaves are back to the Tree (Atenas, 2002).

martes 28 de abril de 2009

DOS POEMAS DE LEONOR DINAMARCA


pintura de leonor dinamarca



Metáforas Negras

Yo no seré poesía
ni viento tempestuoso.
No seré poeta porque esa
es la máxima mentira del idioma.
Mis vestidos serán los mismos de siempre.
Mi cama será mi sepultura.
Las flores crecerán tras mi desidia.
El amor se irá,
como tantas otras veces
de mi vida...No pretendo ser poeta.
Qué mierda haría tratando de ser otros.
Enfrascada en círculos herméticos.
Gritando por estandartes
que nunca fueron míos.
Sentada en un trono
que no me interesa.
Preocupándome por tener un sitio
en la mente ajena...
Cuando ni yo misma recuerdo,
claramente, mis promesas.
No pretendo ser alguien
cuando he bebido Sidra con la Muerte.
Yo vengo desde el fondo del pecado…
No podría vivir en los libros de Historia,
ni en las antologías poéticas,
ni en las clases de Castellano.
Nadie creería en mí.
Sería un espectro hecho mal por otras manos.
Una voz que nunca fue, realmente, mía.
Sería lo que todos quisieron ver:
Una leyenda comprensible
en falsedad de los humanos.
No podría vivir en un doctorado ridículo
de algún famoso literato.
Me daría risa tener que alimentar
la pobre mente de los idiotas.
Me revolcaría en mi tumba
al ver cómo pierden el tiempo
descifrando mis palabras...
Yo no seré poesía.
Ni poeta.
Prefiero vivir en la mente de los locos.
En el delirio de los insomnes.
En el corazón de los bipolares.
En cada persona del esquizofrénico.
En la mirada sincera del autista.
Convertida en viento.
Convertida en árbol.
Pero
¡No!
Señores…
No seré poeta.
No me alcanza el tiempo ni las ganas
para vivir rodeada de mi misma lengua.
Para levantarme, temprano, en las mañanas
y ver este reflejo cruel
en los rincones de mi casa.
No tengo tiempo...
No me quedan ganas...
Me basta conmigo misma
como para escucharme en otras voces,
mal recitada en otras camas.
No tengo tiempo…
Y no tengo ganas.
Bastante he vivido con mis huesos
como para ser tema de tertulias
en salones de esmeralda.
No señores.
Yo no tengo ganas.
Dejen a esta ilusa contar hormigas
por las tardes.
Los duendes recogerán todo despojo,
ellos se encargarán de mi cadáver.
No quiero ser la carga de los vivos.
No quiero ser molestia para nadie.
Déjenme contar hormigas.
Seré feliz intoxicándome de cifras…
Y no traten de decir que soy poeta,
el viento siempre trae mis verdades.
Prefiero ser maldita
o cualquier apelativo conveniente;
pero no me entreguen galas que no quiero.
Maldición.
Confusión.
Crucifixión.
Maldición seré
para todo aquel que me recuerde,
se llenarán de mariposas blancas
sus mañanas.
Sonreirán como idiotas
creyendo en la fidelidad de mis palabras.
Soñarán conmigo...
me verán con alas,
con el encanto de un vampiro,
con la profundidad de mi voz
susurrando conjuros malhadados.
Seré la brisa de suspiros y de encantos.
Seré cualquier cosa que deseen.
Menos poesía en otros labios.
***


Caminar
He pintado
Escribo hasta hacer sangrar mis manos
He amado
Cocino como si hoy fuese el último alimento
He bailado
Actuado
recitado
e incluso blasfemado
He ensayado con músicos
Mis letras están brotando
he fotografiado mi rostro sin una gota de maquillaje
y con máscaras perfectas
en todos los retratos me he desconocido
He cantado cuando nadie me escucha
he grabado mi voz en tardes azules
he coleccionado mariposas y vestidos
anillos, llaveros, piedras y cuchillos
he hablado con gitanos
he pasado hambre
he sentido frío
he viajado lejos
he vuelto a mi nido
tuve amigos borrachos
enemigos honestos
tuve dinero a montones
y los bolsillos vacíos
algunas veces me engañaron
otras morí en una esquina
aturdida por el frío
algunas veces engañé
para encontrar el olvido
he bebido absintha
también natre, llantén,
sangre de drago y mate
He mordido unos labios
he rezado en silencio
me he ocultado en iglesias
he querido ser canción
y me han llevado al infierno

Leonor Dinamarca Carrasco nació en Santiago de Chile, el 26 de septiembre de 1975.Licenciada en Educación (UMCE), Profesora de Castellano (UMCE), poeta, pintora y tarotista, comulga con las letras enfermas desde remotos tiempos; amante del Black Metal y del Death Metal se deja influenciar por el ritmo duro y oscuro del rock pesado; quienes le conocen saben que es posible invocarle a través de Bach y los Órganos de Tubo y que gusta de la Viola da Gamba. En el año 2002 publica Metáforas Negras (Ril Editores), en diciembre del 2004 publica Maeror Demens (Ediciones Brazo de Cervantes) y en el año 2007 Diabolus in Musica (independiente). Recientemente ha publicado en una edición bilingue y con fotografías de René Hormazabal el poemario Demonios de otro reino/ Demons from another kingdom (2008).

sábado 25 de abril de 2009

UN POEMA DE EMILIO ADOLFO WESTPHALEN.




MUNDO MÁGICO



Tengo que darles una noticia negra y definitiva


Todos ustedes se están muriendo


Los muertos la muerte de ojos blancos las muchachas de ojos rojos


Volviéndose jóvenes las muchachas las madres todos mis amorcitos


Yo escribía


Dije amorcitos


Digo que escribía una carta


Una carta una carta infame


Pero dije amorcitos


Estoy escribiendo una carta


Otra será escrita mañana


Mañana estarán ustedes muertos


La carta intacta la carta infame también está muerta


Escribo siempre y no olvidaré tus ojos rojos


Es todo lo que puedo prometer


Tus ojos inmóviles tus ojos rojos


Es todo lo que puedo prometer


Cuando fui a verte tenía un lápiz y escribí sobre tu puerta


Esta es la casa de las mujeres que se están muriendo


Las mujeres de ojos inmóviles las muchachas de ojos rojos


Mi lápiz era enano y escribía lo que yo quería


Mi lápiz enano mi querido lápiz de ojos blancos


Pero una vez lo llamé el peor lápiz que nunca tuve


No oyó lo que dije no se enteró


Sólo tenía ojos blancos


Luego besé sus ojos blancos y él se convirtió en ella


Y la desposé por sus ojos blancos y tuvimos muchos hijos


Mis hijos o sus hijos


Cada uno tiene un periódico para leer


Los periódicos de la muerte que están muertos


Sólo que ellos no saben leer


No tienen ojos ni rojos ni inmóviles ni blancos


Siempre estoy escribiendo y digo que todos ustedes se están muriendo


Pero ella es el desasosiego y no tiene ojos rojos


Ojos rojos ojos inmóviles


Bah no la quiero








***






En 1933 a los 22 años de edad publica su primer libro Las ínsulas extrañas, el mismo que, junto con Abolición de la muerte le valen su prestigio como poeta.Editó El uso de la palabra (1939) y fue director de Las Moradas (1947-1949) y Amaru (1967-1971). Después de pasar varios años en Nueva York, como traductor de las Naciones Unidas y posteriormente en Italia, dirigió la Revista Amaru de la Universidad Nacional de Ingeniería, una revista de apertura mulltidisciplinaria. Enseñó Historia del Arte Prehispánico en la Universidad Nacional Mayor de
San Marcos. En 1971 fue nombrado Agregado Cultural de Perú en Italia. Posteriormente ejerció este cargo en México y Portugal. En estos países es donde vuelve a presentar a sus lectores nuevos poemas.Fue, asimismo, un tenaz buscador de la excelencia artística que le valió el unánime reconocimiento de quienes trabajaron con él y de toda la comunidad literaria peruana. Tal es el caso de escritores y artistas como Mario Vargas Llosa, Fernando de Szyszlo, Jorge Eduardo Eielson y Julio Ramón Ribeyro, entre otros.Estuvo casado con la pintora Judith Westphalen (1922-1976) con la que tuvo dos hijas.Su obra poética es breve, pero fundamental en la literatura en lengua española. Obtuvo el Premio Nacional de Literatura en el Perú en 1977, el premio Southern Perú en 1997 y el premio Miguel Hernández de poesía en España el año 1998. El Estado Peruano le otorga las Palmas Magisteriales así como la Orden del Sol en 1995. Con afinidades con el movimiento surrealista, en colaboración con su amigo, el poeta y pintor peruano César Moro contribuyó en la Primera exposición surrealista realizada en Lima en 1935, bajo el lema de Francis Picabia: "El arte es un producto farmacéutico para imbéciles".Muy cercano igualmente al renombrado escritor indigenista José María Arguedas impulsó su obra a través de sus revistas. Además de escribir un par de ensayos sobre su trayectoria, le dedicó uno de sus poemarios.Murió en el invierno del 2001 en Lima, en la Maison de Santé donde permaneció varios años




jueves 23 de abril de 2009

VISIÓN DE PIANOS APOLILLADOS CAYENDO EN RUINAS. Autor: César Moro.


VISIÓN DE PIANOS APOLILLADOS CAYENDO EN RUINAS




El incesto representado por un señor de levita


Recibe las felicitaciones del viento caliente del incesto


Una rosa fatigada soporta un cadáver de pájaro


Pájaro de plomo dónde tienes el cesto del canto


Y las provisiones para tu cría de serpientes de reloj


Cuando acabes de estar muerto serás una brújula borracha


Un cabestro sobre el lecho esperando un caballero moribundo


de las islas del Pacífico que navega en una tortuga musical


divina y cretina


Serás un mausoleo a las víctimas de la peste o un equilibrio


pasajero entre dos trenes que chocan


Mientras la plaza se llena de humo y de paja y llueve algodón


arroz agua cebollas y vestigios de alta arqueología


Una sartén dorada con un retrato de mi madre


Un banco de césped con tres estatuas de carbón


Ocho cuartillas de papel manuscritas en alemán


Algunos días de la semana en cartón con la nariz azul


Pelos de barba de diferentes presidentes de la república del Perú


clavándose como flechas de piedra en la calzada y


produciendo un patriotismo violento en los enfermos de la vejiga


Serás un volcán minúsculo más bello que tres perros sedientos


haciéndose reverencias y recomendaciones sobre la manera


de hacer crecer el trigo en pianos fuera de uso














****



CÉSAR MORO. Seudónimo de Alfredo Quíspez Asín, poeta y pintor peruano nacido en Lima en 1903.En 1925 viajó a París donde se adhirió al movimiento de André Breton, participando activamente en la publicación Surréalisme au Service de la Révolution. Su actitud vanguardista, tanto en el arte como en la literatura, lo convirtió en uno de los voceros más relevantes del surrealismo hispanoamericano. Regresó a Lima en 1933 y cuatro años más tarde se radicó en México donde vivió la etapa más productiva de su carrera.Con Emilio A. Westphalen editó la revista literaria El uso de la palabra. En 1944, se apartó públicamente del surrealismo ortodoxo y volvió a Lima en 1948, haciendo amistad con el francés André Coyné, quien se convirtió en su albacea, publicando sus obras después de la muerte del poeta ocurrida en 1956.Entre sus libros se destacan «Le château de grisou» 1943, «Lettre d'amour» 1944, «Trafalgar Square» 1954, «Amour á mort» 1957, «La tortuga ecuestre» y «Los anteojos de azufre»





lunes 13 de abril de 2009

LA ACCIÓN SUBVERSIVA DE LA POESÍA. Autor: Aldo Pellegrini.(Texto enviado por Raúl Henao)


Hay una fuerza en el hombre, proveniente del simple hecho de vivir, que condiciona su destino de modo fatal. Esta fuerza se vuelve visible a cada momento a través de las manifestaciones del amor, que tiende a trascender del individuo en una comunión con el todo, tiene sus propias leyes irreductibles a los esquemas racionales. La poesía aparece como expresión de ese impulso hacia el cumplimiento de undestino vital, y la fatalidad de ese destino se revela en la poesía como un hecho indiscutible. La poesía no es, por consiguiente, un lujo o un divertimiento, sino una necesidad, del mismo modo que lo es el amor. Todas las otras necesidades, aun las más perentorias, están subordinadas a esos dos, que en definitiva son los dos aspectos de una misma energía primordial que le confiere su verdadero sentido a la vida. Si penetramos profundamente en el significado del viejo refrán"No sólo de pan vive el hombre" comprobaremos que la lúcida sabiduría popular llega a una convicción análoga. Prescindir de la poesía equivaldría a renunciar a la vida. Considerado así, lo poético no reside sólo en la palabra; es una manera de actuar, una manera de estar en el mundo y convivir con los seres y las cosas. El lenguaje poético en sus distintas formas (forma plástica, forma verbal, forma musical) no hace más que objetar de un modo comunicable, mediante los signos propios de cada lenguaje particular, esa fuerza expansiva de lo vital. Como consecuencia, el mundo poético está en todos, en la medida en que cada hombre es un ser integral. La clara consigna de Lautréamont, "La poesía debe ser hecha por todos", no tiene otro sentido. Aquel que ignora la poesía es un mutilado, tal como lo es aquel que ignora el amor.La última afirmación podría sugerirnos la idea de que vivimos en un mundo de mutilados, pero no es así: lo que habitualmente encontramos no es la falta de impulso poético sino su represión. Y está reprimido porque vivir hacia lo ilimitado, como exige la poesía, es decir, vivir en la dimensión total, no resulta conveniente para las fuerzas opresoras que dominan el mundo. Aceptar ese modo de vivir significaría prestarle al hombre un carácter casi divino, lo que no interesa a los detentadores del poder, que prefieren considerar al hombre como un objeto, como algo inmóvil y sin dimensión. Para anular a la poesía se ha creado toda una organización de falso pudor, parecida a la que existe para limitar la extensión del amor. Por el crimen de pornografía se condena al amor sin trabas. Parecida condena de pornografía amenaza a la poesía auténtica, sin trabas. Los dos procesos que abren el camino de la libertad, de la aventura, de lo imprevisto y de la exaltación, se ven constreñidos a la categoría de parias sociales.
Abierto el camino de la libertad por la poesía, se establece automáticamente su acción subversiva. La poesía se convierte entonces en instrumento de lucha en pro de una condición humana en consonancia con las aspiraciones totales del hombre. Ceder a la exigencia de la poesía significa romper las ataduras creadas por el mundo cerrado de lo convencional. Esta función de ruptura no pasa inadvertida para quienes aspiran a una conviviencia basada en la sumisión. Tampoco pasa inadvertida la importancia, la verdadera necesidad de la poesía como factor de expresión vital. La solución contemporánea de estos dos problemas la logran los detentadores del poder domesticando a los poetas, volviéndolos inofensivos, para que ofrezcan un producto falsificado o desnaturalizado que con el título de poesía reciba los honores oficiales, las prebendas. Así se logra un alimento sustitutivo de la pasión poética, que puede designarse con el nombre de poesía "oficial"y que es la negación total de la poesía. Así se alcanza el ideal de los carceleros: lanzar a los poetas contra la poesía.
Por este mecanismo de sustitución, el verdadero poeta queda fuera de la ley, y para darle a su engañifa características de consenso, los carceleros someten a los poetas a la repulsa de la opinión pública. Los detentadores del poder fabrican la llamada opinión pública, y ésta actúa dócilmente en defensa de los intereses que propician la sumisión. La opinión pública es la opinión de los hombres sin opinión, y éstos condenan la poesía. En el momento en que la poesía es colocada fuera de la ley aparece como consecuencia ineludible la figura del poeta repudiado: la poesía se vuelve maldita.
No todos los poetas ceden a la presión del poder y de la opinión pública. Dante, Villon, Blake, Rimbaud, Lautréamont, Artaud, agitaron en una u otra forma el látigo liberador. Pero hay poetas que se rinden, que claudican, y esta claudicación se obtiene a veces por losmedios más indirectos. Uno de los medios indirectos de sumisión, en el que caen a menudo verdaderos poetas es el esteticismo. El arte por el arte significa siempre un arte sometido, que rehuye el peligro y busca el calor de los aplausos.
Pero esto no quiere decir que la acción subversiva de la poesía se realice mediante el tratamiento directo de los temas de subversión. No necesita por ejemplo, cantar a la libertad (palabra degradada por los falsarios de todos los colores) pues cantar a la libertad ha demostrado ser uno de los recursos de los propiciadores de la esclavitud. La libertad vive en la poesía misma, en su manera de expandirse sin trabas, en su poder explosivo. Está implícita en el acto de la creación, en ese modo de surgir de las zonas del espíritu donde reina la insumisión, donde es libre en todas las dimensiones.Libre de los esquemas de la razón, libre de las normas sociales, libre de las prohibiciones, libre de los prejuicios, libre de los cánones, libre del miedo, libre de las rigideces morales, libre de los dogmas, libre de sí misma. En esa zona del espíritu vive la experiencia milenaria de la especie, vive el sentido del hombre, se forman los deseos y las formas impulsoras de la dinámica vital. Allí se establece el vínculo real con el mundo a través de la única vía libre que lleva al universo todo. En esa zona se gesta el milagro, nace la excepción. La poesía tiene allí su imperio, y allí están las fuentes de la imaginación creadora que participa con las potencias del amor en la construcción del ser auténtico, que cuando se lo percibe dentro de sí determina la aparición de un orgullo silencioso y secreto, un orgullo que toma frecuentemente la apariencia de la humildad, y que es patrimonio casi exclusivo, en su monstruosa magnitud, de los santos y de los poetas.
La acción subversiva se manifiesta al ofrecernos la poesía la imagen de un universo en metamorfosis en oposición al universo rígido que nos imponen las conversaciones. La imagen poética en todas sus formas actúa como desintegradora de ese mundo convencional, nos muestra su fragilidad y su artificio, lo sustituye por otro palpitante y viviente que responde al deseo del hombre. Por eso la poesía auténtica degrada a quienes aspiran a existir en un medio dominado por la quietud, un medio pasivo, sin riesgos y sin imprevistos. Ese medio es un esquema irreal, abstracto, desvitalizado; es el falso mundo de la seguridad,que se parece más a un mundo de fantasmas que las más desaforadas creaciones de la imaginación poética. Para completar la paradoja, los defensores de ese mundo irreal se llaman a sí mismos, realistas.
Una actitud disconformista señala el paso inicial que dirige al hombre hacia el centro de acción de la poesía. El poeta se coloca frente a la sociedad aceptada y manejada por los conformistas. La maquinaria social al servicio de una organización deshumanizada reduce a los hombres a números, y cierra todos los caminos. Los que sueñan con el poder, cualquiera que fuere el mecanismo de éste (el dinero, la fuerza, el soborno, el chantaje, la política, el terror) tienden a reducir la conciencia de los hombres a cero. El mundo se convierte así en un reducto sin puertas ni ventanas, domine el patrón oro, o domine la burocracia. La poesía abre puertas y ventanas tanto hacia afuera, hacia el mundo, como hacia adentro, hacia el hombre.
Pero indudablemente la poesía, al introducirnos en el misterio de lo real, nos descubre una vasta zona de peligro, una región inquietante yturbadora. Muchas veces lo poético toma la forma de un acto de violenta provocación y aparece como antipoético, como negador de la creación. Cuando Marcel Duchamp expuso una rueda de bicicleta o un portabotellas con la pretensión de que constituyesen obras de arte, realizó un acto poético del más alto valor subversivo. Lo mismo Rimbaud, al renunciar a la poesía, lleva a su extremo límite la actitud subversiva del poeta. La insumisión alcanza ese límite extremo en el momento en que proclama la negación de la poesía, y ese momento aparece cuando la poesía está seriamente amenazada de domesticidad. Así, lo antipoético se convierte en el valor supremo de subversión y en el mecanismo utilizado por los verdaderos poetas en defensa de la poesía en peligro, para reconquistar su fuerza liberadora. Mediante lo antipoético, se retorna al punto cero, en contacto con la fuente originaria, con el fuego central.
En el proceso utilizado para domesticar a los poetas, el aplauso, el consenso elogioso, la popularidad, son los factores más peligrosos. El poeta que sucumbe a la tormenta de los aplausos debe pensar que los imbéciles, que forman la gran masa de los llamados entendidos, no se equivocan nunca: sólo aclaman lo inofensivo. El poeta debe desconfiar de ese aplauso, de ese elogio unánime, con el que fabrican las rejas de su prisión. Por eso Bretón lanzó un alerta lúcido a los poetas al decir: "La aprobación del público debe rehuirse por encima de todo". Pues un poeta domesticado por el elogio tiene más valor para los predicadores de la sumisión que los inocentes versificadores que ellos presentan como sustituto. El poeta domesticado se convierte en ejemplo de la inutilidad de ser libre. Como el león domesticado, es una caricatura grotesca de un gran señor de la libertad, y sus rugidos adquieren entonces acentos de canto de ruiseñor. No es la confortable y estéril placidez de los parques artificiales la que conviene al poeta; su poder combativo y creador se exalta en la sorda lucha de la selva, y para el poeta de hoy la selva ha encontrado residencia en las grandes metrópolis, donde brotan del suelo gigantescos rascacielos, donde la vida se ve vuelta en la mañana inextricable y despiadada de un mundo mecanizado, y hombres-serpientes y hombres-chacales pululan por las calles.
El humor es el elemento que provee a la poesía de su mayor virulencia. Acerado como la luz, el humor se constituye en la vanguardia combativa en pro de la autenticidad del ser. Con su filo luminoso corta la oscuridad, y aporta el fuego que consume lo muerto y reanima lo vivo. Contiene el feroz deseo del hombre en su virtualidad renovadora, que corroe el mundo de lo inmóvil y lo opaco.
Latente o concreta, la subversión contenida en la poesía auténtica no ofrece dudas; pero la poesía no se reduce a un acto negativo puro:contemporáneamente a su acción provocadora afirma su fe en un mundo mejor que responda a la íntima realidad del hombre. Por eso sostiene una posición de recuperación de todos los antiguos mitos que ofrecen salida al desamparo: el mito del paraíso terrenal, el mito de la edad de oro. La poesía cree en esos mitos así como cree en la fuerza to dopoderosa del amor. En esa común pasión coinciden los poetas con los fundadores de religiones. Esa es la causa por la que El sermón de la montaña se reúne con Así hablaba Zaratustra en la misma defensa del hombre. También los poetas hacen suya la memoria de los mártires que buscaron cambiar la condición humana, pues las torturas infligidas a os santos, a los revolucionarios y a los poetas, tienen todas el mismo significado de persecución del espíritu poético, de aniquilación del hombre que no se resigna a un destino sórdido. En una misma veneración se engloba a Jesucristo, Giordano Bruno, el obrero-poeta Bartolomeo Vanzetti y Antonin Artaud.
En una época como la actual, en la que la poesía tiende a la domesticación por los más variados mecanismos en los más variados regímenes sociales, los poetas auténticos se encuentran siempre alertas, aunque estén reducidos a la soledad o compelidos por la fuerza y el terror. De pronto aparecen los Vosnesensky, los Evtuchenko para recordar los derechos inalienables del hombre. Estamos próximos al momento en que la revolución en defensa del hombre se desarrollará en el plano de lo poético.


del libro Para contribuir a la confusión general.
***
ALDO PELLEGRINI
Poeta, ensayista y crítico de arte argentino nacido en Rosario en 1903. Después de cursar sus primeros estudios se trasladó a Buenos Aires en 1922 para graduarse como médico.Es uno de los iniciadores del vanguardismo de su país junto a Enrique Pichon-Rivere, Francisco Madariaga y Enrique Molina, entre otros.Fundador de la revista Qué, nunca ahorró esfuerzos para fomentar todas las actividades relacionadas con el arte y la literatura. Es autor de la «Antología de la poesía surrealista de lengua francesa» 1961, «Antología de la poesía viva latinoamericana» 1966 y de «Panorama de la pintura argentina» en 1965.Entre sus libros de poesía se cuentan: «El muro secreto» en 1949, «La valija de fuego» en 1953, «Construcción de la destrucción» en 1957, «Distribución del silencio» en 1966, y «Escrito para nadie» en 1973. El conjunto de su obra fue editado en 2002 con el título de «La valija de fuego».Falleció en 1973

miércoles 8 de abril de 2009

POEMAS DE FERNANDO RENDÓN. Del libro inédito:CANTO DE LA RAMA ROJA



1

Me pides que te hable desde mí. Que escriba: yo sufro, yo canto, yo me estoy yendo. Que exprese con una voz propia, delirante, qué ha sido mi vida después de comprender que la promesa de la primavera en un tiempo escamoteado por la muerte valdría menos que la fantasía de un niño emboscado por un falso cielo, en el lugar y en el tiempo de un infierno casi inmutable.


Prisioneros de un planetario farsante o de una sumatoria de siglos en un universo sin soles, como un dios voluntariamente apagado ante quien fuimos conducidos, con la mirada atada y la lengua sujeta, por padres ciegos y falaces maestros, fuimos testigos de la agónica existencia de un señor caído coronado de púas, entre súplicas y velitas, como el símbolo de una ley de la viga que se vence.


Entre tanto, el otro señor, investido de una helada máscara de desdén, cuyo poder feudal no ha sido todavía derribado, empleó a fondola fusta de hierro para conducir su manada de bueyes de oro a rumiar a las arcas de los bancos.


Filo contra filo contra la muerte imperiosa, padecemos el fin de una falsa otredad, el despotismo secular en una fosa colectiva de la que no escapamos todavía. Cautivos de la incomprensión del vacío, somos un ojo que no acaba de volverse sobre sí mismo, para conjurar la derrota y refundar la memoria de un tiempo en vano perdido.


Dices que no has escuchado brotar ninguna palabra nueva de mis labios, que no he dicho, que no he cantado, que no he apuntalado a solas y con muchos una voz que se oponga al poder del inframundo, que obstinado he enmudecido para sumarme al orfeón de los escépticos perversos (pues no hay nada qué hacer ante el triunfo escandaloso de la muerte).


Me exiges que exprese una verdad rotunda como un mazo, como si pudiese alguien esgrimir una verdad propia, al modo de un argumento rentable o de un puño que se cierra sobre sí, en el supuesto que la lengua forma ya parte de un reducto estéril.


Pero quién soy yo para pronunciar algo nunca antes dicho, sin sopesar antes sosegado las duras verdades de ustedes y la mía, sobrellevada bajo un sol que alumbró una era interminable de antropófagos.



2


Hablaré con una voz de greda de un sueño antiguo casi olvidado. Pero no hablaré para renegar del plural de una prehistoria de espesas frondas, cuando no existía nada tuyo o mío sino nuestro. No callará por mi boca la tierra negra su memoria. La piedra evocará siempre la angustiante pesadilla humana, que no ha conseguido aún extirpar la dulce evocación del origen.


Mas no sobredimensiones mis palabras, ellas solo te pondrán en guardia frente a lo que has visto ya y vivido, pues las palabras solas no pueden cambiar a un hombre o a un país que rige el espanto, y solo los hombres y los países aterrados pueden transformarse a sí mismos.


Entre todas las palabras que pronuncié durante los años de la incertidumbre, éstas serán las otras voces, los vocablos siempre explícitos y casi nunca comprendidos, que tal vez tampoco escucharás, aunque no es la primera vez que dialogamos.


Palabras contra este entramado de plomo que al final será vencido por un sueño, que asciende irreductible entre puñales.


De este sueño antiguo y nuestro escribiré, de los límites entre los territorios visibles e invisibles, de las delirantes márgenes y abismos de la realidad donde desaparecemos incautos, antes de morir. Del mundo que todavía tememos habitar pues nos ha sido arrebatado, sin haberlo percibido todavía, en el esplendor de su dimensión asombrosa.


De una misma respiración participan las piedras, las plantas, los animales, los individuos y los pueblos. Una misma energía nos circula atravesando la tierra.


¿Por qué se ha socavado la unidad del mundo y el sufrimiento lo ha desbordado todo?


La casa es la tierra de la que fuimos expulsados con argumentos de hierro, bajo un cielo plomizo.


El espíritu de una edad de plomo nos avasalla hace incalculables siglos, entre las cuatro paredes de ciudades fantasmales, en las que fuimos confinados por soldados sin rostro, bajo una tormenta de polvo primitivo, para ser separados definitivamente de la tierra.




3



“Toda sangre llega al lugar de su quietud”

(Canto Náhuatl)


Te hablaré con una voz rocosa, pues nuestro es el canto de la piedra que se sumerge en la atmósfera con un sonido lacustre. Y la vida proviene de una piedra viva.


Piedra del destino o piedra solar, sueño inusitado de una existencia en llamas es el sueño de la piedra que escucha y la piedra que ve.


Somos semejantes y uno nosotros y la tierra, los sólidos que se desvanecen en el aire y el vacío entre los planetas.


¿Cómo las rocas llegaron a existir? Una sola mirada de la medusa petrificaba a los humanos. Deucalión transformó las piedras en hombres. Las piedras que arrojó Pirra se trocaron en mujeres. El inca Viracocha creó de la piedra una raza de gigantes. Llovió sobre la gran piedra durante siglos y surgieron los océanos.


Nuestra es también la leyenda impresa en las rocosas montañas, nuestros fueron los pedregosos laberintos del dolor que no nos condujeron a ninguna parte.


Contra nosotros se alzan todavía los helados castillos de la autocracia, donde los humanos se torturaron mutuamente, los calabozos de piedra del desaliento, que rezuma la agonía de los condenados, como espejos de la fortaleza de una bestia que creyó poner en jaque al universo.


También son nuestros el deseo de la piedra de ser de nuevo luz, el enigma de su inmovilidad, y la quimera del sílex emergida del sustrato de su chispa.


Observa este círculo de piedras, visibles tras la batalla en la llanura. Esta piedra enorme, hecha de luz coagulada, es mi padre que reposa, y aquella no tan grande a su derecha, es mi tatarabuelo campesino. Estos cantos, guijarros y pedruscos, las piedras chinas, fueron las vidas malgastadas de los antepasados.


Huellas de un tiempo remoto que perviven en la arena interminable, los fragmentos que se negaron a unirse. El recuerdo de las pestes medievales que nos disgregaron. Todo deseo estrellado contra una muralla de piedra. El amor lapidado por una moral deletérea. Y un nadador exhausto aferrado a una peña como un piojo formidable a la cabeza de un dios en el océano, tras el naufragio de estos siglos.



4


En un instante quedó petrificado el espejismo. Como cuatro hombres juntos, pesaba en su ataúd el hombre fulminado por el último rayo de la tarde. Pesó en nosotros como la tierra el sueño de una especie sometida por sí misma, hendida por sus tinieblas.


La ley de gravedad que nos aplasta bajo el sol de mediodía es el anverso de la proscrita leyenda que jamás creyó nadie poder recobrar. Pero otras piedras flotaron bajo este mismo cielo a las voces de un ermitaño milesio.


Te hablaré con una provisoria voz de agua cuando un mar antiguo en su reflujo se hace playa, entonces un volátil elemento se seca sobre la arena, se hace carne y sueño líquido de una fibrosa vida en mutación.


Diré: este universo de arcilla perpetua que muere y renace, desencarna en líquido o entra en su horno porque no sabe o no puede resistir siempre el embate de un tiempo inexpugnable. Ya que no es fácil sufrir cien años cuando el mal perdura.


Mis palabras están hechas de aire y de un amasijo de tierra negra y fuego, ellas son granos de arena imantada por el viento o terrones de una arcilla inenarrable, que no irrumpe aún en el horno de la muerte. Mis palabras son recias como peñascos que se congregan o como el polvo que se compacta en la tierra memoriosa.


Pero debo hablarte también con una voz de piedra que un día será de nuevo luz. El porvenir está escrito sobre la piedra antigua. Pues renacer es retornar desde la piedra a nuestra naturaleza radiada.



5



El fresno fue también eje del mundo como la piedra del rayo. Tribus asiáticas saben que sus ancestros fueron árboles.


Adonis nació de un árbol de mirra. Otro árbol amamantó al faraón Tutmés. Un árbol advirtió en la India a Alejandro que no regresaría vivo a Grecia.


Cada hombre pertenece a un árbol con brazos y sistema circulatorio. De las cambiantes formas de los árboles nacieron las formas de las letras y los alfabetos que susurran el secreto inasible de su longevidad. Los movimientos de las raíces y de las ramas de la floresta son voluntarios. Muescas persistentes sobre la rama roja narran la leyenda humana y sus frutos inimaginados. El bosque legislará algún día.


El roble es el árbol que recuerda:


A la mordedura del rayo los mares se levantarán
Y regresará el polvo de los tiempos antiguos


Un árbol de pájaros nos mira, guardián de visiones asombrosas. En un jardín hindú las flores del granado son pájaros multicolores. Árboles africanos se transformaron en míticos animales. Al caer las hojas de los árboles sobre la tierra negra brotaron monos, antílopes, tortugas. Las hojas que cayeron sobre el agua se metamorfosearon en peces, mújoles, cangrejos.


Extraños animales oceánicos que desembarcaron en playas transmutaron en humanos. Humanos y animales intercambiaron formas y hablaron un mismo lenguaje prehistórico.


Un campesino melanesio flechó una mañana a un ánsar, que continuó herido su vuelo. Mientras el cazador lo perseguía, observó a un hombre arrancándose una espina del pie y supo que el ánsar y el hombre eran el mismo.




6



Un poema no es un juego de azar donde un corazón tahúr se juega una apuesta sin sentido. Tampoco se juega su existencia el poema en una carrera de lebreles. La poesía es la cifra del espíritu, el vestigio de una metamorfosis sobrehumana.


En un poema siniestro fue encadenado el amor hace siglos. En un poema realista el pueblo lucha todavía, mientras los pueblos indios se movilizan desde el sur.


Hombres y bosques son abatidos por una misma sierra eléctrica, en tanto la juventud del mundo espera en vano la primavera, que germinará como el oro rojo desde adentro.


El fuego destinado a desencadenarnos se oculta en la imaginación de la libertad que pugna, en el corazón resplandecido de la piedra, en las sibilinas plantas y en los libros que la inquisición prohibió bajo pena de confinamiento, en los cantos y mitos que nutrieron la infancia de los pueblos que escalan la substancia de la tierra, afincados en una incandescente cognición.


El poema resuelve el acertijo. ¿Cuál es el río presuroso, la risueña verdad siempre cambiante que nos niega, expresada a lo largo de una mutación inenarrable, cuyo cauce sólo puede ser alterado por el sueño?


En la poesía, en la crucial escritura del poema, todos nos jugamos sin ambages esta historia mortal, en una hora axiomática.




***



FERNANDO RENDÓN.

Nació en Medellín, Colombia, en 1951. Es poeta, editor y periodista. Trabajó como periodista en los diarios El Correo, El Diario y en el semanario de oposición Voz. Cofundador de la revista de poesía Clave de Sol en 1972. Fundador de la revista de poesía Imago (1988). Fundador y director de la revista latinoamericana de poesía Prometeo desde 1982, que ha editado 83 números a la fecha.
Es fundador y director del Festival Internacional de Poesía de Medellín, que ha realizado 18ediciones desde 1991, evento que ha sido celebrado en artículos de prensa publicados en 30 lenguas, en periódicos y revistas especializadas de 55 países de todos los continentes, por lo cual se le otorgó el Premio Nobel Alternativo en 2006, en Suecia. Ha publicado los libros de poemas Contrahistoria (1986), Bajo otros soles (1989), Canción en los campos de Marte (1992), Los motivos del salmón (1998) y La Cuestión Radiante (2005). Libros antológicos de sus poemas han sido publicados en Venezuela, Costa Rica, Francia y Egipto. Sus poemas han sido antologados en las selecciones internacionales de poesía Une anthologie immédiate (Francia, 1995), Dialogue des Littératures (Luxemburgo, 1997), Catalogue de Internacionales Literaturfestival de Berlín (2001) y en la antología latinoamericana de poesía A poesia se encontra na Floresta (Brasil, 2001). Se han publicado poemas suyos en las selecciones de poesía Disidencia del Limbo (Colombia, 1981), Poetas en Abril (Colombia, 1981 y 1983), Ocho voces contra los malos tiempos (Colombia, 1990), Poesía Colombiana Contemporánea (Argentina, 1992), Para conocernos mejor (Brasil-Colombia, 1995), Antología de la Poesía Colombiana (Colombia, 1996), Tambores en la Sombra (México, 1998), Quién es Quién en la Poesía Colombiana (1998) y Venticuatro poetas colombianos (2003). Poemas suyos han sido publicados también en publicaciones de poesía de diversos países: Suplemento del Jornal de Angola (Angola, 1995), El Jabalí (Argentina, 1997), Nagy Vilag (Hungría, 1996), Das Gedicht (Alemania, 1997), Missisipi Review (Estados Unidos, 2000), Park (Alemania, 2001), Europski Glasnik (Serbia, 2001), Dactylus (Estados Unidos, 2001), Alforja (México, 2001), Lyrikvännen (Suecia, 2002), Barataria (Argentina, 2002), Boutures (Haití, 2002), Poesía (Venezuela, 2004).
En 2002 fue designado editor de la página de poesía colombiana en la Web de Poetry Internacional de Rotterdam, la que desarrolla actualmente. En 2004 asesoró la creación del Festival Mundial de Poesía Venezuela.
Ha dirigido y realizado varios documentales en formato DV Cam, que configura un seriado para TV, nombrado Tiempo de Poesía, y a la vez representa la materialización de la primera antología audiovisual de los poetas que han tomado parte en la historia del Festival Internacional de Poesía de Medellín desde sus inicios: La piedra florece, El cuerpo es el pueblo, Contra la muerte, Como una llama asida entre las manos, Canción del siglo XXI, Voces del desierto, Poemas africanos, Como si despuntara el día, Poetas de Oceanía, Como antiguos recién llegados, Cartas de navegación, Poética del retorno, Canto de lo negado, La muerte no tendrá señorío, que fueron difundidos en primera instancia en el Canal 5 de la televisión venezolana. En 2005-2006 dirigió el documental Partir al alba, fundado en la presencia del Nobel de Literatura africano Wole Soyinka en Medellín.

viernes 3 de abril de 2009

DEL LIBRO "ANUNCIO", OTROS POEMAS DE RODRIGO VERDUGO




TRECEAVO ANUNCIO

En memoria de Manuel Jiménez Correa


La fosforescencia nunca negará que fuiste su monstruo
Tanta búsqueda envolviendo los ojos,
Tanta desnudez empañando la noche
Hay hormigas que impiden que el fuego peine a la muerte
Nuestro resplandor no es nada si algunos espejos no germinan
Quiero que el mediodía sea mi hora, dijiste, pero primero
Tienes que hacer una boca de madera para esas noches sin salida
A cambio de que los cementerios masturben a dios.
Levantar algunos muros, engendrar hijos,
Empezar una correspondencia entre las vasijas,
Pásame una, llenémosla de vino
Que reinen las celosas quemaduras,
Esas que al mediodía están en las ventanas
Esa será mi hora, dijiste, cuando estén los misterios lineales
Cuando el pecado este lleno de hormigas, o los tomas o los dejas
Y siempre tanta sangre y tanta luz sin importar el hilo o el castigo
Pero no sólo te golpeaban los látigos herméticos y dabas el mismo salto
Que dio nuestro resplandor cuando llego hasta la cáscara del infierno.
Termina de jugar ese solitario,
Queda tiempo para que piensen que los abandonaste
Queda tiempo para que vengan
Y te pasen una tela empapada por el brazo
Y te pongan el radar-vampiro
Para que de ahí en adelante sepamos donde andas,
No te perdamos el rastro,
Saber cuando estás llevando el ruido de la tierra a los puertos ciegos,
Saber cuando le estás legando una máscara a la lividez del otoño.
No volverás a darle a la vieja serpiente,
Esa música que rasura a los cadáveres para el resplandor de la luna,
No hoy es tiempo de hablar dentro de la propia lengua
Y es igual levantar un muro, engendrar un hijo
Si lo que sigue es una ceremonia de azufre.
¿Quién decidió terminar esa correspondencia entre las vasijas?
¿Qué reflejo nuestro nos anda buscando, nos hace entrar con una niñez
De cuchillo antes que los demás invitados?
Es lo mismo hablar dentro de la propia lengua,
Si el resplandor no encuentra una salida
Y uno de tus hijos esta haciendo algo oscuro
Con la respiración de los peces
Va rodeando con parches al mediodía carnicero.
Para que los espejos germinen hay que morir frente a ellos
y así lo hiciste
Así dispusiste las tablas
Para que leyéramos en ellas sólo tres días después:
“A ella que sólo sepa que después de cada delirio, hay una tribulación de arena extraterrestre”.
“A los hijos, que sólo sepan que si el hombre huye, los pájaros constelan
La sentencia, que sólo sepan que de un muro a un hijo, hay un limpio Acertijo”.
A estas alturas una jirafa china cubierta de jeringas
Te está conduciendo por distintas nomenclaturas,
Y te ríes, descuidas las ventanas,
Y te ríes de la otredad que encumbran los cuerpos.





CATORCEAVO ANUNCIO

A Dámaso Ogaz


Te has cortado los brazos para sentirlos como escaleras
Te has cortado la cabeza para sentirla como un libro de agua
Te has cortado los pies para sentirlos como fuego
Recién entonces conoces nuestro peligro
El parto que atraviesa miles de cuerpos a la vez
O el voltaje clarividente.
Todo empieza con el libro de agua,
Aun no abierto por quienes llevan un saco en la espalda
Y hacen hoyos en la tierra para pasar de una edad a la otra.
Hay veces en que las cabezas cortadas leen en el libro de agua
Todo es entonces tan claro
Podemos saber que esta lloviendo sangre sobre objetos desconocidos
Y seguir haciendo un hoyo en la tierra.
Podemos saber que llueven mandíbulas de animales en los aeropuertos
Y seguir llevando un saco en la espalda.
No se da un paso de fuego, sin haber sabido
Que el fuego es el cómplice de los muertos.
Hay que leer el libro de agua, interpretar en la niebla
Es riesgoso haber encendido todas las lámparas de una vez
Para saber si el fulgor se guarda algo para si
Tal vez se guarda para si el mal de una familia de vapor.
Todo empieza con el libro de agua, pero hay quienes no lo abrirán nunca
Nunca leerán en él.
Llueve sangre dentro de esa casa, están todas las lámparas encendidas
Han cortado los árboles para poder sentir los ojos
Sienten que tienen la cabeza dentro de un hoyo negro
Desde que despiertan hasta que se duermen, sin poder sacarla de ahí
Ni aun durante el sueño, ni en verano, ni en invierno
Mas esperan que esos que andan con un saco en la espalda
Vuelvan a terminar algo.
Se dan abrazos de escaleras,
Saben que el pulpo es cómplice de los taladros
Les dan abrazos de escaleras a los muertos, para ayudarlos
Si es que realmente se van hacia arriba.
Están todas las lámparas encendidas, anochece
En el living de la casa están asegurando con mandíbulas de animales
Las fotos familiares, por si hay una inundación en la morgue
Por si todo vuelve a ser tan claro al punto que una familia de vapor
Deje sus números protectores y se lance a los resultados comunes
En los que alguien se corta la cabeza para sentirla
Como un libro de agua
Mas en ese libro faltan algunas paginas, se ha descontinuado,
Para ser exactos falta la última página, más, todavía más escaleras
Para ver si los muertos pueden subir al cielo
Un paso de fuego para ver si la prolongación entra en nosotros
O si nosotros entramos en ella
Una cortina que se abre para saber si en el más allá nos sienten
Como un atado de libros de agua, de escaleras, y de fuegos
O simplemente como un objeto desconocido.




DIECINUEVEAVO ANUNCIO

Pido permiso a los relámpagos para hacer el tajo
Para que algo venga desde las profundidades saciadas
Solo a cerrarme los ojos
Llagado sea el descubrimiento desde la sombra al cuerpo.
Pido permiso a la costura esencial
Para ver como el cielo es acariciado por la muerte
Después voy a electrizar a esas arañas que andan con trajes de monjas
Para que los sistemas espectrales las ostenten.
Pido permiso a la raíz inalcanzable para ver como se equivoca la noche
Después voy a glorificar ojos de lobos dentro de las alcancías
Total el verano puede calcarlos cuando se repliega
Ante los volcanes amputados, ante este territorio de las victimas
Que todos van cruzando por las noches
Llevando en las espaldas una puerta cubierta de espinas
No sabemos que clase de castigo es
Que ardores saqueados los hacen hacer esto
Pero nos consta que se hacen acompañar
Por hermanos que no ven nunca
Toman el camino más polvoriento
Van con el conducto más escabroso
Pasan por piscinas pintadas de negro, cubiertas de búhos y caracoles
Allí pernoctan por si llega el día
O arrojan a quien no quiera o deba seguir
Pero para cruzar aquel territorio de las victimas
Debían saber de ciertas advertencias
Debían saber que en cualquier momento se les diría:
“Ni un paso más, ni la menor tentativa,
Antes que los sistemas espectrales partan desde esas arañas
Que andan con trajes de monjas
Después medid el empuje, medid el tajo
Si queréis con ramos o con astrologías quemadas”
Total un gran hueco quedara en este territorio de las victimas
Hueco suficientemente grande como para
Que descanse el descubrimiento llagado
Poned encima esa puerta cubierta de espinas, entrad, entrad
Y que el ultimo en cerrar la puerta sea el que pueda ver
Como es común todo rayo, toda orilla
Y que el primero en abrir la puerta
Sea el que pida permiso a esos ojos de lobos
Para que la tierra gire alrededor del descubrimiento llagado.




VEINTITRESAVO ANUNCIO

A Waldo Rojas



La superficie es dolor y ahí empieza la condición inevitable
Porque debajo de la superficie algo ha dejado de ser dolor
Porque debajo del dolor algo ha dejado de ser superficie
Algo ha dejado de ser dios y ancla dentro de las campanas
Y bebe del seno de las campanas que empiezan a moverse
Dejando caer lagrimas y espinas
Sobre aquellos que copulan sobre las ruinas
Sobre aquellos que ponen un lanzallamas en la cara de los chacales
Mas, tu último deseo habría sido construir un eclipse con esas lagrimas y espinas
Pero el último deseo es el verano mismo
Y ahí las aguas arrastran flores, luces y restos de santidad
El dolor hace beber del seno de las campanas
Y hace entrar al eclipse como a un álbum de familia
Ni con lanzallamas, ni con mordeduras de chacales
Ni con el último deseo del agua puedes detener esas superficies ilusorias
Ni con esa penetración vidriosa que viaja y no necesita puentes,
Así lo único que sobresale del día y la noche es un espejo
Que alargas y alargas, como un tren para reflejar interminablemente
Esa cabeza de santo que ha crecido en la espalda de los chacales
Crece y crece un poco más todas las noches, por ello hay quienes
Se reúnen en piezas con luces de bajo voltaje a analizar la cacería,
Llegara la noche y se pondrán troncos en los rostros
Saldrán entre los árboles a buscar, revisaran las campanas
Apuntaran el lanzallamas a cualquiera de las dos caras
Yo temo que uno de esos chacales me muerda
Cuando paso cerca de las sectas tornasoles porque doble seria la mordedura
Suenan otra vez las campanas, nada hay que esperar
Si ya desolamos esas superficies ilusorias
El agua arrastra flores deshechas, luces de bajo voltaje, siluetas de cazadores
Hasta las puertas de esas sectas tornasoles
Ves como están clavando pedazos de madera en la espalda de los chacales
Lo hacen como una forma de ocultarlos, al toque de las campanas
Mientras eso que ha dejado de ser dios avanza, interminablemente
En medio de hojas que vuelven impredecible el verano
El dolor hace que enredes tu cabello con el cabello de una muerta,
Te hace hacer muchas trenzas, bellas trenzas para asegurar el amanecer,
Unas bellas trenzas en ambas cabezas, como las costillas de las hojas,
Te hace hacer muchas trenzas al ritmo de las fábricas que funcionan de noche
Hasta que vienen jirafas con cabezas de toros y te ponen un paño con cloro
Y te adormecen, y despiertas luego en medio de la depredación tornasol.
Clavándote pedazos de madera encima, corriendo velozmente entre árboles oscuros
Y de pronto te encuentras con grandes campanas, y ves a dios estrangulando el fuego
Antes de dejar de serlo, como un último deseo.





***

Rodrigo Verdugo Pizarro: Santiago de Chile, 9 de enero de 1977. Se inicio en el taller de poesía "Isla Negra", dirigido por el poeta Edmundo Herrera, desde 1992 a 1996 en la SECH. Coeditor y articulista de la revista Derrame. Coeditor de la Revista Labios Menores. Subdirector de la Revista Rayentru. Miembro de la Sociedad Internacional de escritores (SIE).y Miembro de la World Poets Society (WPS).Su obra ha sido publicada en revistas como: Revista Aurora 55, Boletín de la fundación Pablo Neruda, Revista Piedrazo, Gaceta literaria El Bote, Revista virtual As de Copas, Revista virtual Burdel Abierto, Revista virtual Pluma blanca y negra, Revista Espantapajar@, Revista Oximoron, Revista Voces (España), Revista Cognosco (España), Revista digital de Literatura y cine Deriva (España) Revista virtual Luke (España), Revista Papers del LLavi (España), Revista virtual Wakan (España), Revista Alex Lootz (España),Revista virtual poesía x letras (España), Revista Convivia Literaria (España), Revista Perito (España), Revista Letras Jóvenes (México), Revista Electrónica Letralia (Venezuela), Revista virtual Los poetas del cinco (Venezuela), Revista virtual La maquina de escribir (Argentina), Revista virtual Archivos del sur (Argentina), Revista virtual Remolinos (Argentina), Revista La Iguana (Argentina), Revista virtual La puerta azul (Argentina), Revista virtual de psicoanálisis Fuegos del sur (Argentina), Revista La avispa (Argentina) ,Revista virtual Officina do pensamento (Brasil), Revista virtual Verbo 21 (Brasil), Revista virtual Diez Dedos (Colombia), Revista virtual La peregrina magazine (Cuba),Revista Santiago Habana (Cuba), Revista LSD (Uruguay), Revista Paradoja (EEUU). Como a si mismo ha sido incluido en las sgtes antologías: Escritores del mundo II de Alejandra Zarhi, Ed Rumbos 1995, Primer Concurso de poesía y narrativa “Andrés Bello” DAE, universidad Andrés Bello, 2002. Sitio público, Mago Editores, 2005, Desde mi ventana: soledad y vértigo, Ed Ábaco, 2006 (España), Antología internacional de poesía amorosa, compilación de Santiago Risso, Ed Alejo, 2006 (Perú), Antología de poesía digital “Una voz en el abismo” , compilación de Paolo Astorga (Perú), 3 antología de poesia Rayentru, Ed Leutun, 2008. En 2002 publica su primer libro “Nudos Velados” Ed Derrame, (prologo De Roberto Yánez e ilustraciones de Aldo Alcota). Así mismo su trabajo aparece en las Pág. Web: Sonámbula, Surrealismo latinoamericano” (México) a cargo del artista Enrique Lechuga y “Viu La Poesía” a cargo del grupo “Pocio, poesía y educación, de la Universidad de Barcelona a cargo de la catedrática Gloria Bordons. Ha sido traducido parcialmente al francés, italiano y polaco. En 2004 fue moderador del “Primer encuentro de poesía regional” llevado a cabo en la ciudad de Lebu. En 2005 participa en la exposición colectiva "Derrame cono sur o el viaje de los argonautas", en la Fundación Eugenio Granell (Santiago de Compostela, España), y obtiene el primer lugar en el concurso “Alas de la Poesía” organizado por la Asociación “Amigos de la Poesía” (Monterrey, México). En 2008 participa en la Exposición Internacional de surrealismo “O Reverso do Olhar” en la Casa de la cultura de Coimbra (Coimbra; Portugal). Actualmente trabaja en dos libros inéditos "Anuncio" y "Transmisión debajo de las piedras", y en un ensayo sobre la obra del poeta Gustavo Ossorio.

sábado 28 de marzo de 2009

CANTOR DE UN SOLO SEÑOR. Autor: Daniel Jiménez Bejarano








CANTOR DE UN SOLO SEÑOR



1
Un Dios diverso,
Uno que habite en cada poema,
Las palabras, ángeles de su Arca,
Siervas resplandecientes de su pacto.

2

Un Dios que sea dócil al tacto
Mientras desteje supernovas,
Que sea un sí inagotable,
Perpetuo manantial de roca
Y pétalo,
Que brille en el sigilo de la especie,
Y sea afirmación su silencio,
Y abrazo su retiro del mundo,
Un Dios para llamarle padre,
Mientras la luz visible se hace angosta,
Y frágil, como el alma de un hombre.

3

Único, forma permanente del viento,
Añorado trueno, ansiada trompeta,
Latente en la llovizna tranquila,
Señor de los mundos,
Que posa sus ojos en el polvillo
Que deajan las mariposas en los dedos de los niños.


4

Seductor, maestro de toda atracción limpia,
Dejado de sí mismo, vaciado siempre
Y siempre dado todo,
Ese es el Señor a quien sirvo en cada página.

5

Sabe lo que cuesta mirarse sin pasado,
Porque es eterno,
Y siento que me necesita,
Porque por mi nombre me ha llamado,
No una vez, ni dos,
Sino cada día, para decirme que no tema,
Que su soplo de vida me preserva,
Que aunque todo me duela,
Sólo Él puede romperme,
Su vasija soy,
Su barro bendecido,
Habitada greda.


6

Pide amor, santidad y luz,
Sólo puedo darle rabia y odio,
Mentira y lujuria,
Soledad y ocultamiento:
Sólo puedo darle lo que Él es,
Lo que de Él permito que me desgarre,
Que me quiebre, lo que no soy,
Sino por su toque dulce,
Su toque del que huyo sin lograr evadirlo,
Porque está en mí y conmigo,
Sonrisa siempre, consuelo siempre,
Vecino invisible, caballero
Que se oculta cuando se lo pido,
Y deja siempre su espada,
Por si acaso.

7

Aprender a leer los signos del espíritu,
En la obra del hombre,
Si fue mago, proxeneta,
Ramera, mendiga o reina,
No existe vida en la que no haya
Brillado alguna vez,
Su pleno destello,
A nadie le ha negado mi Señor
Un instante de visión,
Una espiga de su campo para ahuyentar la muerte.


8

Como ese momento de la infancia
en que se sabe si se es pobre o rico,
si se es espontáneo, triste quizá,
si seremos fieles a una mujer, o a una idea,
o si inconstantes, buscaremos en todo lugar
saciar el hambre con mayúsculas,
el Hambre de un corazón por devorar otro corazón,
así mi vida antes y después
de la unción del agua,
Nada hay anterior a mi bautizo,
Inmersión en el espíritu,
Ningún libro, ninguna mujer,
Ni el ascetismo, ni el exceso,
Ni soledad ni compañía,
En mi Señor encuentro todo nuevo,
Sin nombre siquiera,
Sin tacto previo, sin olor conocido,
Visitante del reflejo del Reino,
Quien estrena sus oídos,
Al usar cualquiera de sus sentidos,
Pues Él habla para ojos y piel,
Para la lengua, con leve aleteo,
Tan semejante al silencio que es canto perfecto,
Melodía que siempre transcurre en el presente.

9

Guarda tus ojos y tu corazón
De todo lo que no sea Yo, me dice.
Preserva tu fuente y evita que la sal
Deje de ser sal:
Dócil, callada y oculta en todas las alacenas,
Sin ella no hay hogar, familia,
Ni el fuego se disfruta.
Sé como la sal, me dice,
Majestuosa en su equilibrio humilde,
Pero mantenla lejos de tu fuente,,
Para que el gozo de la vida
No te prive de la simpleza
Que pido de ti.

10

Recuerdo cuando la obscenidad y la maledicencia
Eran mi santo y seña,
Signo de sombra parturienta, Lilith era mi boca,
Pero con agua has cauterizado mis labios,
Recobrada niñez en la que digo, “Héme aquí.”


11

Cuántas veces abocado al sexo
Pensé que en el orgasmo estaba dios,
Repetía en mi mente palabras de otras lenguas,
Buscando la energía y la fuerza,
Centraba mi atención en puntos distintos de mi cuerpo,
Y en símbolos que no deberían ser conocidos,
Hice del exceso mi religión,
Supuse que la ebriedad era un modo de la santidad.
Ahora, espero en oración a quien será mi amada,
Sobrio, releo palabras simples y sabias como el tiempo,
Y la vida de los hombres.
Y no espero poder, ni fuerza,
Pues en mi Señor reposo,
Como reposa el polen
En el ala del pájaro que lo bendice.
Atento estoy a su elemental
Hacerse día y tierra.


12

Confundí los caminos con las convicciones,
Creí en la poesía, tomé su senda con todo furor,
Y sólo hallé un altar de acero;
Viré por la senda de la anarquía,
Pensé en un mundo sin autoridad, ni propiedad,
Y sólo encontré el espejo infinito del egoísmo,
Multiplicando su lado sin reflejo,
Asistí a las posadas del abandono,
Intenté acumular en mis alforjas todos los libros y los idiomas,
Sólo para encontrar vestigios de fuego frío;
Me hinqué en los altares de la amistad,
Para encontrar visos de acero
Imposibilitado para ser espada,
En cada abrazo creí encontrar la fe
Que me rescatara de mí mismo,
Confusión Inagotable: Todos los dioses que adoré
Metales vacíos fueron, hermosos a veces,
Vacíos siempre;
Todo camino sin convicción conduce a la muerte,
Todo lo que he dicho, lo dije desde la tumba.

13

Atavíate señor con tus harapos.
Sólo así podré reconocer a tu ángel,
En el bosque de los mendigos.


14

En nombre de los amigos que no te conocen te bendigo,
En nombre de las personas que quise y aún no me han perdonado,
Que se reservan para sí el bendecir,
En su nombre te bendigo.
Mas también en el de mis enemigos,
De quienes tejieron con negra sombra,
Lazo y trampa, la hermana, las amantes,
Los hipócritas guardianes de mi nombre,
También en su nombre me hinco ante ti,
Porque tuyo es el Reino que percibo cada día.
No te pido el fin de los tiempos,
Sino llegar a la noche,
Vestido con la palabra de tu boca.

15

Ya no tengo la misma voz de mis 19,
Cuando seducía con ella auditorios medio ebrios,
y niñas menos cuerdas que yo,
atreviéndome a veces a cantar
algún rock de moda en los 80.
He obtenido el ronco aliento de los despojados,
Y sólo hallo como mía mi voz
Cuando te alabo,
Cuando en tu nombre canto,
Amor de todo Amor.

16

Amé a una mujer tibia y delgada
Como música para niños solos.
Despojado fui de ella por los designios de la bruja.
Pero lo que perdí con la magia adversa,
A mí mismo me lo restituyo,
Amando al Dueño de nuestros nombres.

17

Silencio. El silencio miente porque ya te revelaste.
En cada pausa de la voz,
Es Tu sangre la que transita el mundo.

18

Líbrame de toda soberbia, Señor.
De todo juicio, de toda crítica,
Y de toda palabra ociosa.
Concédeme la humildad de ser tu amante
Sin palabras.

19

Ya no pienso yo,
Ni busco lo que buscaba
Entre espejismos de sílabas majestuosas.
Descreo de lo que no evoca Tu rostro.
Porque no me has hablado nunca,
Pero entre el infinito de los objetos,
Sólo tomo aquel que se asemeje
Al silencio de Tu mirada.

20

Todo lo di por la sombra y la tristeza.
Si algo queda, es tuyo mi Señor,
Nombre, poesía, rigor, amor, misericordia.
Abandonada la túnica del mago,
Desnudo me ofrendo en sacrificio.
Amarte no requiere de mayúsculas,
De otras lenguas distintas:
Supremo editor, coloca tildes y comas,
Cambias de nombre a los capítulos
De esta vida, que sólo por ti,
Se ha convertido en existencia plena.

21

Cuántas veces dije “Cristo”, como quien dice Joyce o Rilke,
Un nuevo pensador- poeta, para la vieja vanidad del mundo,
Y su circo siempre nonato.
Pensar que gracias a esas dos sílabas,
He regresado de la envidia y del odio,
Armado de su sangre he retornado de la primera muerte,
Muerte del Mundo.
22

Se refracta y se amplía,
Desteje para tejer.
El tiempo de vida de un hombre,
Sólo se mide conforme a Su mirada.
Elevo a ti esta plegaria:
Que sólo tu soplo altere
La armonía del viento.


23
Por nada estéis afanosos,
mucho menos por palabra de mentira,
fluyendo del odio de una mujer.
Preservo mi corazón del afán de la ternura,
De Él es la amada que espero,
De Él el tiempo y el sepulcro, compartido y mutuo,
Con que viajaré con ella a la eternidad.

24

Mi Señor siempre ha tenido piedad
con la larga miseria de los hombres.
Uno es el camino, Amor lo nombran,
Lo demás, interpretación y poesía,
Dos cosas nulas si el mismo Espíritu
Que planeaba sobre las aguas,
No las llena e interroga.

25

El demonio como buena criatura de Dios
Odia ser interrumpido.
Es la pausa donde encuentro el Espíritu.
Es en la discontinuidad donde me enfrento con el Otro.
Sí el Otro, con mayúsculas, no el otro mi vecino,
Mi prójimo, sino con aquel que renunció a servir
Por amar más la esclavitud hacia sí mismo,
Que el dejar de ser
Para que Todo sea.




26
Transformé en admiración la vieja idolatría,
El ya de por sí repulsivo culto a la personalidad.
Troqué a Bakunin por Lutero,
A Nosferatu por el Arcángel,
He renunciado a llorar por una visión,
A la salmodia de los sentados en círculo,
A mis poetas amadas, los por sí mismos maldecidos,
A los profetas sin profecías:
Brisa fresca y sigilosa, eso quiero entre mis párpados,
Agua dulce para mi vientre,
Mi Señor es apacible sombra,
Tan distinta a la oscuridad del Otro,
Hecha de contienda y guerra,
De la nada crezco para servirte,
Alzarme de la tierra y bendecirlo todo.

27

Debo pedir perdón diariamente,
A mí, a Ti, a los otros.
Hasta al mismo Lucifer por conocerlo y no amarlo,
Él que fue bello ante mis ojos, pues era como yo,
Solo, triste, ingenioso,
Amante lujurioso y compasivo.
Encuentro ahora el Amor, al Feo e Inculto Jesucristo,
A Él que es la belleza y la cultura, lo que nombramos occidente.
Sólo es sabio quien bebe de Él,
Y gustoso cambiaría 25 años
En el estético desorden de la belleza,
La del Otro, la del enemigo,
La de la luz que miente y el ángel que llora solo,
Por un instante de rodillas ante Su trono de bronce y fuego.

28

Recuerdo cuando mendigaba en las calles una moneda,
Obedeciendo la orden del espíritu inmundo,
Para ofrendársela al Otro, al No infinito,
Desde el exceso.
Nada pido ahora, ni al mundo ni a lo invisible,
Sólo por una cosa clamo:
La dignidad de ser su Amigo,
Como Él lo es de mí.

29

Cuando la saliva es una forma del llanto,
Dios encriptado. Lo que pidas se te dará.
Sus ángeles te harán invisible a druidesas y rameras.
Y aunque en su nombre recupero a mis amigos,
Falta a mi lado la maga, la hechicera,
Y tu señor jamás me preparaste para esa ausencia.


30

Género y especie, macho y hembra,
No es bueno que el hombre esté solo.
A veces blasfemo,
sumergido en la solitud y en la melancolía
:
todos mis errores acuden a mí, pues tu palabra es fiel y verdadera.
Y pido siempre más, porque la bendición,
Sino es sabiamente recibida,
Malcría, corta y extermina.
Soy el bendito cortado de su savia, el ingrato.
Sé tu mi gratitud Señor,
Pues no puedo dar las gracias sin llorar
Recordando a mi abuelo.

31

Si es verdadera la visión, profecía es,
permanente y cristalina, exigente, humilde, continua,
nada sobrenatural la asiste,
ni tentación alguna acude a ella.
Cántico nuevo, palabra de consuelo,
Es la visión.
Lecturas antiguas, sucumben al soplo del espíritu,
Como se extinguen los gritos de la carne
En la fugacidad del gozo.
En vano enrojecen los nudillos ante la puerta
Del camino estrecho. Se abre sólo para quienes
Renuncian a imaginar con sus ojos el paraíso,
Y miran la herida del leproso como a un dibujo perfecto.



***


DANIEL JIMÉNEZ BEJARANO: Puerto Berrio (Antioquia, Colombia), 1970.Ha publicado los siguientes libros de poemas: Permanencia en la melancolia 1992, Retrato con omisiones 1995, El goce concedido 1998, Intima señora de la Espina 1998, La senda inexorable 2003, y en la pagina www.homohabitus.org, Un manojo de albahaca 2005 y Salmos de la tierra oscura 2007. Ha publicado en revistas y periodicos de diversos paises del mundo, algunos poemas han sido traducidos al ingles, francés y sueco.Ha obtenido varios premios en concursos de poesia.

martes 24 de marzo de 2009

ENTRE GATOS, PÉNDULOS Y LICORES: Homenaje a Edgar Allan Poe. Autor: Luis Fernando Cuartas.



Poe era el Poeta. Una rara y compulsiva relación con la literatura lo unía a la realidad. Él mismo creyó que en Estados Unidos del siglo XIX, era posible creer en la literatura como una señal de vida, como una profesión de fe y como una garantía de existencia en medio de un industrialismo en ascenso. Mas en el caso de Poe, podríamos aplicar esta bella frase de Rilke: “porque lo bello no es más que el comienzo de lo terrible…” ; este hombre huérfano buscó esa condición estética por excelencia, la aspiración a la poesía, la formulación de un código racional para entender el descenso a los infiernos, las claves del “ Nunca más” de un cuervo. Poe desheredado por su padrastro, apenas pasó una breve temporada en la universidad, dedicado a escribir para pequeños periódicos y a deambular por garitos y descubrir las soledades en los licores del alma más que en las botellas. Buscó indagar en la oscuridad mientras bebía sorbos de luz en una extraña relación entre la ciencia y el misticismo, entre la matemática y los ciclos melancólicos. En un texto donde manifiesta ese profundo respeto por la ciencia, en EUREKA, habla de Kepler y las conjeturas de las leyes y sus movimientos, entonces él a sí mismo se abroga el derecho de hacer postulados para su propia creación, como si fuera un demiurgo inventándose su magia personal. “ La convicción que surge de esas inducciones o deducciones cuyos procesos son tan oscuros que escapan a nuestra ciencia, eluden nuestra razón o desafían nuestra capacidad de expresión” , no es más que un preludio hechizante de otra realidad, un surrealismo en ciernes o de una búsqueda de imantada condición de lo deslumbrante en medio del fatigoso material de lo cotidiano, para hacer aparecer otros mundos, que siempre estarán en este, como lo diría Pauwels en sus búsquedas con el retorno de los brujos. Esto no es más que un llamado a la imaginación, a la exaltada capacidad creativa que busca hacer del pozo oscuro, del gato negro y de la casa desvencijada, un laboratorio de sensaciones, una conversación con la alteridad del mundo.
La realidad que transita Poe no es la ciencia en el sentido exacto, es una fuerza intuitiva, una mirada penetrante sobre el submundo del mundo. Poe es esencialmente un Poeta….Una capacidad de viajar en las pasadillas, como lo haría el pintor Henry Fuseli ( 1757-1827) donde yeguas , gnomos o pequeños diablos se posan sobre una bella mujer que languidece sobre la atmósfera enrarecida del sopor del sueño.
Poe restablece en la narrativa un encuentro con el mundo de los excesos, algo no buscado originalmente, la relación de los deseos de lo truculento, de la avidez por lo prohibido, una pulsión que atrae y repulsa entre el sexo y la muerte, entre los licores perfumados de la noche y la búsqueda de racionalizar lo desconocido. El encuentro con la narrativa, su mejor peso literario, se da por una urgente necesidad de establecerse como escritor, por ganar unos dólares, por encontrar un lugar donde escribir sus enormes dimensiones imaginarias.
Es como encontrar un gato en una biblioteca, el maullido de una antigua selva mental, algo que nos previene de… en una página nueva. Con Poe el mundo cotidiano, la prosaica y brutal existencia de oficios diarios, la higienizada materia de nuestras tareas, entra en una corrupción revolucionaria de los sentidos, se altera el orden, se mueve el piso. Literalmente movernos la baldosa o sacarnos de quicio, la teja corrida ( el pensamiento) y el piso deslizante ( el sentido de realidad) es una manera de crear, de proponer nuevas maneras de comprender nuestro entorno: una estética de una rara belleza, una sensación pendular, la oscilación de lo que va y lo que viene, la huida y el regreso, pero un péndulo que en la narrativa de Poe, siempre está pendiendo de un hilo que poco a poco se va rompiendo, se desgasta y se tensa, haciendo que todo parezca tan frágil y a la vez tan eternamente débil.
El lago de la casa Usher siempre quiso devorarlo, en enigmático Augusto Dupin estuvo siempre tras su pista, Legrand adivinaba que el escarabajo estaba en su mente, la momia habla en su dialogo infinito con las momias de nuestras angustias, por eso Allamistakeo, desde un Egipto remoto establece contacto con el presente en un macabro recordarnos lo efímero de nuestras arrogancias.
Poe se hermana y se hace cercano a esa literatura que establece un diálogo entre fuerzas contrarias, ciencia y magia, la religiosidad con los ojos abiertos y la duda con la angustia oscura. Desde William Blake, casi antecesor de su noche vigilante, pasando por el Frankenstein de Mary Shelley (1818), y las novelas de Matthew Lewis (El monje), William Beckford y Ann Radcliffe. Los novelistas góticos modernos, como Angela Carter, Patrick McGrath y Toni Morrison son muy apreciados y el gótico continúa influenciando el cine y la televisión -desde obras clásicas como Nosferatu (1922) hasta Buffy Cazavampiros (1997-2002)- y a artistas visuales como Glenn Brown y los hermanos Chapman. En literatura su huella está en su gran mentor y traductor Baudelaire, quién lo dio a conocer en Francia y que lo propuso como un código estético de donde bebieron de sus alcoholes posteriormente muchos grandes escritores. Mallarmé escribe un poema sobre la Tumba de Poe , Valery hace su Señor Teste como una geometría donde todos los elementos son postulados de una serie de axiomas, resultados de una imaginación ordenadora y fascinante; un señor cerebro que obtura todas las operaciones del espíritu. Pues bien, Poe, en su ensayo sobre el cómo escribió el poema del cuervo, habla de esa estructura que une lo espiritual con una matemática de la composición, una idea que integra el yo creador en el componente de su propia creación, algo que llevado al extremo es la punta de un nihilismo aterrador. La idea de ordenar la gelatinosa existencia, de formular el concepto rector, la insignia gestante de la invención artística, hasta encontrar una forma de nadar en el cacumen de la entelequia, para abandonar el ruin ruido exterior, la anécdota de la novela miserable de la vida, esos lloriqueos y esas fabulaciones sobre pasiones estranguladas en destellos miserables de humanos estupidizados por la rutina y las simplificaciones aplanadoras de la existencia. Pues bien, Valery hace suya esa estética que Poe insinuaba y trataba de balbucear.
Mas qué decir de la herencia otorgada desde Los crímenes de la calle Morgue, con la trasformación de la novela negra y la novela policial. Nuestro detective Sherlock Holmes y su elemental Watson, de Arthur Conan Doyle, el padre Brown de Chesterton, para luego pasar al folletín de Ágata Christie y las novelas de Graham Greene, todos ellos heredaros de Dupin, de la noches de lluvia y de las conjeturas sobre el más mínimo detalle.
Julio Verne toca la única novela de Poe, una demencial historia de canibalismos, de sueños y de trampas, donde un aventurero sale a la mar en un buque donde pululan ratas, historias de náufragos, pesadillas y silencios. Estamos hablando de la novela Las aventuras de Gordon Pym y de la continuación que hace Verne con su La esfinge de los Hielos, ambos escritores de un autodidactismo científico bastante sorprendente. Mas esta rara novela se convierte en tema para los surrealistas, para los viajeros de lo onírico, para los capacitados para fantasear, recordando raros relatos como los de Jeremías N. Reynolds en el Pacífico y en el Polo Sur, o el tema de Coleridge, La canción del viejo marinero. Robert Louis Stevenson retoma estos enigmáticos viajes, H.P. Lovecraft admira este extraño relato que es como un disparo en el ritmo sanguíneo del relato, un torrente que no para, que deja sin aliento y que no deja al lector abandonar fácilmente el texto.
Julio Cortázar hace de Poe una traducción muy bella y lo pone ante nuestros ojos con su indiscutible talento. Poe deja sus uñas de gato en la piel y en la memoria, Borges tiene bellas páginas sobre este autor, Rubén Darío no deja de llamarlo a su casa mental y lo realza como el láudano perfumado de la literatura, mas critica la forma cruenta como fue vejado y apabullado por la crítica de su propio país, por periodistas envidiosos y por la saña que se tira cuando se trata de vilipendiar a un genio.
Honrar su memoria es hacer un encuentro con sus libros, no sólo sobre su literatura y sus obras, es a la vez hacer una invitación para reconocer en otros autores sus influencias y sus marcas. En buena hora saludar a este gato del libro, a este péndulo del tiempo de lo imaginario y tomar del dulce alcohol de sus hechizantes letras. Poe no deja de ser de nuestra estirpe sedienta, un ser que estuvo bajo las señales de la dificultad, un perdedor en vida, un hálito de mala suerte condenando su sombra entre la taberna y las envidias feraces que crecen como semillas sobre sus huesos, después de ser arrojado a la cuneta del olvido. Mas él suele despertar de esas empalizadas, sale de los muros, se muestra entre el polvoriento paso de una calle oscura a una habitación de palpitantes lámparas. Saca su mano, su intensa mano de escribiente, la mano de un ser que creyó profundamente en su tarea, que no se dejó domesticar por nadie, la que se abstuvo de intervenir en politiquerías y en camorras literarias, la que le costó la muerte en una contienda electoral donde a él nunca le importo intervenir y de la cual sus opositores quisieron ridiculizarlo haciéndolo aparecer como un borrachito vulgar.
Poe no dejará de maullar en nuestro oído, de hacer sonidos desde una esquina del alma, de saltarnos las quimeras, de azuzar las pesadillas, de hacernos sentir el peso humanamente humano de su palabra contra el tedio viciado de las rutinas diarias.


Luis Fernando Cuartas (Colombia, 1959). Escritor y ensayista. Fundador de Taller de Luna, grupo de escritores de la Universidad Nacional. Cofundador de la Revista Punto Seguido, de la ciudad de Medellín, Colombia. Coordina un espacio en la Radio Universitaria sobre poesía y música. Dirige la Fonoteca de la Universidad Nacional, sede de Medellín. Contacto: lfcuarta@gmail.com.




jueves 19 de marzo de 2009

POEMAS DE DÁMASO OGAZ. Del libro: "Los métodos y las deserciones imaginarias". Selección de Rodrigo Verdugo.


LAS RATAS

Es preciso que alguien, venga y diga: hay un húmedo olor a baúl.
Nada más.
Como en esos invernaderos desolados, las ratas abrirán entonces un agujero,
Leve,
Melancólico,
Que les impida flotar a la deriva.
Junto a las ratas sobrevivimos, cada vez más tenaces y más adentro.
Expiamos,
No había nadie con apariencias humanas, con vínculos, con ropajes, con ferocidad.
Se ocultaron unos de otros.
¿Por qué tanta prisa?
Éramos los que se quedaron tempranamente solos a la hora de la siesta
Tensos y casi inmóviles.
Con una falta de preparación para la voraz visión del día.
Un rechinar de dientes
Con una posición desacertada ante los objetos en apariencia familiares..
Huesos y piedras
Y cenizas. Cada partícula caía pesada y lenta.
Hablar era para nosotros una operación difícil, como una especie de vértigo.
Ellos, los antecesores, ya habían perdido la clave de esas palabras.
Hay cosas que son definitivas.
“Inmortales”, vivisteis abrumados por el arrepentimiento y el asco insalvable.
Vivisteis para observar y exclamar: “Cuando la aguja marque ese número…”
Alfileres, Trajes usados.
Como las bestias que se reúnen para emigrar, otrora resollasteis.
Y al abrir la puerta, los vimos cambiar de nivel y ser una mancha negra.
Una mancha negra visible a nuestros ojos.
Una herida abierta, repulsiva.
Una mirada culpable y amarga publicaron los periódicos.
Hoy sabemos que sus recuerdos insospechadamente se arrastraban por los intersticios.
Sus recuerdos son instrumentos sutilmente afilados.
SED VOSOTROS… les gritamos.
Empero todos esos ojos de ayer vuelan y chocan como ratas enloquecidas dentro del baúl,
En señal de contrariedad. Esos ojos azotados por el ramaje y la maleza
Encierran, no obstante posibilidades misteriosas y amenazantes.
Yo, en particular, recuerdo unos ojos, unos guijarros tibios y lisos,
Y una voz que me dijo:
“Sale a este infierno”.



LOS PRÓXIMOS

El presente es una puerta.
Una estructura opaca, aquí
Aquí donde es necesario buscarse más hondo que en otros lugares.
Dejar que las manos vacías vayan en pos una de la otra a tientas, defendiéndose.
Hacer que las palabras se vayan quebrando muy alto; huecas e ilimitadas.
Las palabras que se apoyen ligeramente en un sistema de procedimientos y tentativas,
Colgaban de nuestro cuello como una rueda de molino.
Lograr que los pies remuevan el polvo frotándolos contra el piso,
Porque el polvo, como los objetos, se disgrega bajo la presión de la iniquidad.
Traer pálidas mujeres que cuiden de nuestros sueños y no establezcan ningún diálogo.
He aquí los hechos.
Extraños, pero verídicos.
El café amargo en la orilla de la mesa y la mesa en un cuarto
Donde los recuerdos me despiertan.
Por sus huecos, los zapatos abren el contacto entre la piel y el polvo
Y la sangre vacila.
El traje diario pende resignado, deformado en sus límites, en sus razones,
Como esos seres desfigurados por el apremio y sin voluntad
Capaces de disimular.
Llegan las voces, los próximos y el aleteo de un pájaro en lo profundo de los muebles.
Beben luego de sus jarras y sus gruesas venas transparentes dan lentos latidos.
Un agua turbia que después empujarán fuera de sus cuerpos clasificados
E irá en pos del pozo y en el pozo será transmutada.
Visten viejos uniformes que rozan de un modo inesperado las paredes.
Un sonido breve que fija las cosas dentro de un molde como un certificado de genealogía.
Luego responden o dicen o preguntan o interfieren las entradas.
Ellos encuentran placer en atormentarse, en descolorarse mutuamente, en borrarse y desaparecer.
Pellizcan a las pálidas mujeres como una pieza de caza.
Se sorprenden cuando un hombre se va de cabeza al fango como si quisiera espantar una mosca.
Un salto, ¿Cuándo exactamente?
El café vertido sobre el hule.
Los mimetismos tras la puerta.
Nos buscamos en ellos, desnudos, irremediables, con palabras a medias.
Queremos ser divisados para recogernos en sus miradas como un objeto de goma que rebota.
Conocemos sus moldes y cierta ceniza insospechada detrás de sus párpados.
Suponemos que nos perciben porque gesticulamos: un subterfugio inútil.
No hay parecido que les preocupe encontrar,.
Sus ojos están hechos para las expresiones indispensables
Sus manos se mueven sin dejar de permanecer en la indeterminación, tratando de disimular su presencia.
Son capaces de albergar todos los errores, como conservar caracoles entre elefantes por ejemplo.
Los próximos están así solamente reflejados y los viejos uniformes les devuelven la imagen.
Cuando se creen perdidos, desclavados, humedecen sus lenguas y se tornan indiferentes.
Se convierten de súbito en arrogantes y se asoman, sin interés, al borde de las interrogaciones que incitan.
- ¿Acá, nunca hay moscas en los platos?, preguntan.
Las palabras les recorren la columna vertebral y las cabezas les caen sobre las espaldas.
El miedo les enseñó el acento, les mostró la medida y su niebla les cubría.
Era como si alguien hubiera empañado un vidrio con el aliento.
Cada uno en su centro.
Aquí.
Cada uno en sentido inverso.
Entre lenguas y dientes conservaban el sabor amargo del café
Y algunos débiles clamores de ira y desesperanza.
Conservaban también el nombre, esa máscara que emplea el equilibrio.
Retenían junto a ellos, el alcance de sus manos, un montón de huesos mohosos en el borde.
Unos sacos ocultos en las mangas y unos sentidos vacíos que ya habitan.
¿A quien pertenecen esos moldes huecos? Tienen un número apretado entre los puños.
Una vieja madera pudriéndose por efecto del miedo y abriéndose al azar.
Petas, como en los finales de fiesta,
No parecían estar en su sitio adecuado y se mezclaban con los relojes de la policía que daban la hora.
Ellos ya no estaban. Ellos se habían topado con la punta e un puñal.
He aquí los hechos.
El análisis iba lejos.



LOS ASESINOS ENGENDRAN LA IGUALDAD

¿Qué palabras dirás? ¿Qué frases...? preguntaban desde el canapé Récamier.
Cubrían su palidez con una bruma fosforescente. Un hábito inconciente. Una oscuridad determinada, dije.
Inútil como un agujero más grisáceo en el fondo negruzco del barro.
Una intención que no puede ser apartada y permanece pegada al paladar. Asfixiada, como una paloma en un sombrero de copa demasiado brillante.
Atribulada mientras la soledad hiede y se expande. - ¿Qué gestos..?
El rostro crece en medio de los residuos, cuando nadie mira. Ojos. Orejas. Nariz. Boca. Lo necesario.
Pegajosos aún de la placenta, y las huellas de manos inmutables y grasientas.
Una forma que busca la espontaneidad inocente, dobla el cuello y se acaricia. Un gesto fuera de contexto.
Un ritual más en medio de una petrificada soledad. Arrojado y olvidado.
-El escepticismo es una indecencia, dijeron, y asumieron una expresión elegante, seguida de un sopor como de sueño. A tientas y con dulces engaños, desconectaron la voz del teléfono a cambio de lo real. Gatos y hongos. Y monsieur Dior con cuello alto. Algo como ceniza los cubría y alteraba sutilmente sus facciones.
-No te llamarás Dámaso, dijeron. Era una hipótesis. Andaban ahora dentro de una botella de vidrio negro. Descompuestos. Con las imágenes borrosas al pecho y su oscuridad progresando en círculo. No era posible apaciguarlos. Se habían apegado unos a los otros como animales fieles, como mundos contiguos y ordenados.
Unos después de otro. Se hacían inciertos, ciegos a la luz que alteraba sus rostros.
Creían tener un hilo conductor. Una mínima luz en cuyo centro numerosas siluetas gesticulaban y discutían sobre perros. Alguien, entre ellos, tomaba pastillas para el sueño.
Arrastraban a los demás tras las imágenes arbitrariamente elegidas.
Ya habían disipado las huellas que los testimonios de furor y desdén acumularon. Un arsenal de venenos y drogas.
Los trajes grises cuidadosamente aseados, como una vestimenta que ha de llevarse a un bautizo.
Y entre los pasos precipitados, la luz de los anuncios, el fluctuar del amor en los cinematógrafos. El dedo crispado en el gatillo.
Los amarillos documentos disimulados en la mano izquierda. Desde ese momento me perdí y me vieron flotar.
Me hice incoherente como un cadáver al que se han olvidado de enterrar. Otros paseantes un poco ausentes, finalmente, ataron esos fragmentos con alambres.
Lodo y niebla.
Un personaje interestelar.
Una serie de piezas fabricadas introvertidamente y unidas por un alambre de cuyo extremo después tiraban.
Tiraban.
Tiraban como a un animal disecado.
-La semejanza se adquiere, dijeron.
Había que acomodarse al paso de los demás, avanzar bordeando el foso, en sucios vagones de ferrocarril.
Ocultarse en los armarios rodeados de espejismos, confundirse con las ropas íntimas y los trajes usados. Inerte y culpable.
Vaivén de la balanza, apretaban con cálculo los dientes y deslizaban la cabeza entre las manos.
Si les preguntáis: ¿por qué?
Responderán: para vivir.
Se han estancado y se evaporan con los grises ropajes del sacrificio, y la piel manchada con los ojos gastados por dentro.
Uno después de otro.


***


Dámaso Ogaz: (1920-1980). Poeta y artista plástico chileno, uno de los mayores exponentes del “Arte Correo”. Miembro del grupo “El techo de la ballena”. Autor de: Tercera Elegía, Ed Evadro, Santiago de Chile, 1953, Los Métodos y las deserciones imaginarias, Ed L inconnu, Francia, 1963, Que fue de la soga del pobre Gerard, Ediciones Pata de palo, Venezuela, 1977, Los Poderes, Ediciones Pata de palo, Venezuela, 1972, Anverso y reverso del número ocho, Ediciones del rectorado, Universidad de los Andes, Venezuela, 1981, Canción para un asesino, Ediciones Bárbara, Venezuela, 1983. Su obra ha sido incluida en diversas revistas y antologías chilenas y extranjeras, como así mismo participo en múltiples exposiciones internacionales.






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lunes 16 de marzo de 2009

A LA MEMORIA DE BLANCA VARELA. Algunos de sus poemas.


ESCENA FINAL


he dejado la puerta entreabierta
soy un animal que no se resigna a morir

la eternidad es la oscura bisagra que cede
un pequeño ruido en la noche de la carne

soy la isla que avanza sostenida por la muerte
o una ciudad ferozmente cercada por la vida

o tal vez no soy nada
sólo el insomnio y la brillante indiferencia de los astros

desierto destino
inexorable el sol de los vivos se levanta
reconozco esa puerta
no hay otra

hielo primaveral
y una espina de sangre
en el ojo de la rosa.



DAMA DE BLANCO

el poema es mi cuerpo
esto la poesía
la carne fatigada
el sueño el sol
atravesando desiertos
los extremos del alma se tocan
y te recuerdo Dickinson
precioso suave fantasma
errando tiempo y distancia
en la boca del otro habitas
caes al aire eres el aire
que golpea con invisible sal
mi frente
los extremos del alma se tocan
se cierran se oye girar la tierra
ese ruido sin luz
arena ciega golpeándonos
así será ojos que fueron boca
que decía manos que se abren
y se cierran vacías
distante en tu ventana
ves al viento pasar
te ves pasar el rostro en llamas
póstuma estrella de verano
y caes hecha pájaro
hecha nieve en la fuente
en la tierra en el olvido
y vuelves con falso nombre de mujer
con tu ropa de invierno
con tu blanca ropa de
invierno
enlutado




CURRICULUM VITAE

digamos que ganaste la carrera
y que el premio
era otra carrera
que no bebiste el vino de la victoria
sino tu propia sal
que jamás escuchaste vítores
sino ladridos de perros
y que tu sombra
tu propia sombra
fue tu única
y desleal competidora.





CANTO VILLANO

y de pronto la vida
en mi plato de pobre
un magro trozo de celeste cerdo
aquí en mi plato

observarme
observarte
o matar una mosca sin malicia
aniquilar la luz
o hacerla

hacerla
como quien abre los ojos y elige
un cielo rebosante
en el plato vacío

rubens cebollas lágrimas
más rubens más cebollas
más lágrimas

tantas historias
negros indigeribles milagros
y la estrella de oriente

emparedada
y el hueso del amor
tan roído y tan duro
brillando en otro plato

este hambre propio
existe
es la gana del alma
que es el cuerpo

es la rosa de grasa
que envejece
en su cielo de carne

mea culpa ojo turbio
mea culpa negro bocado
mea culpa divina náusea

no hay otro aquí
en este plato vacío
sino yo
devorando mis ojos
y los tuyos



***


Blanca Leonor Varela Gonzáles (Lima, Perú, 10 de agosto de 1926 - 12 de marzo de 2009[1] ) estaba considerada como una de las voces poéticas más importantes de la actualidad en América Latina. Se inició en la poesía en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de la
capital peruana, donde ingresó en 1943 para estudiar Letras y Educación.En esta universidad conoce a Sebastián Salazar Bondy, Javier Sologuren, Jorge Eduardo Eielson, y a quien sería su futuro esposo, el pintor Fernando de Szyszlo con quien tuvo dos hijos.A partir de 1947 empezó a colaborar en la revista "Las Moradas" que dirigía Westphalen; En 1949 llegó a París, donde entraría en contacto con la vida artística y literaria del momento de la mano de Octavio Paz, una figura determinante en su carrera literaria, que la conectaría con el círculo de intelectuales latinoamericanos y españoles radicados en Francia.De esta etapa data su amistad con Sartre, Simone de Beauvoir, Henri Michaux, Alberto Giacometti, Léger, Tamayo y Carlos Martínez Rivas, entre otros.Después de su larga temporada en París, Varela vivió en Florencia y luego en Washington, ciudades donde se dedicó a hacer traducciones y eventuales trabajos periodísticos.
En 1962 regresa a Lima para establecerse definitivamente y cuando viaja suele hacerlo principalmente a los Estados Unidos, España y Francia.El hecho que algunas de sus obras hayan sido traducidas al alemán, francés, inglés, italiano, portugués y ruso implica un reconocimiento a su obra fuera de las fronteras de su país natal. A diferencia de otros escritores, Blanca Varela no acostumbraba a dar entrevistas y sus apariciones en público son más bien escasas y discretas.Ha sido condecorada con la Medalla de Honor por el Instituto Nacional de Cultura del Perú.

Murió el 12 de marzo de 2009, a la edad de 82 años. Sin duda los peruanos pierden a una gran poeta y a la mujer más representativa del siglo XXI.


viernes 13 de marzo de 2009

Un poema de Raúl Gustavo Aguirre (Enviado por Luis Fernando Cuartas) para despedir al poeta Iván Enrique Mazo Guzmán



NOSOTROS


Y por último, un día nos decidimos a partir.

Tenemos equipajes y algún papel en el bolsillo con
anotaciones minúsculas;
un número de teléfono al que no llamaremos jamás,
el nombre de unas píldoras para dormir o no dormir,
el relámpago muerto de algún poema.

Tenemos equipajes con ropa y máquina de afeitar y algunos de nosotros
botellas de coñac o perfume o aceite para el sol
y libros sagrados y de álgebra y de ciencia ficción,
tenemos treinta años y padecemos todos, cada uno según su necesidad,
humo y amor y redes y violencias, sed de verdad, insomnio
[y desesperación,
y hemos sacado algunas conclusiones.

(En la ciudad inmensa cada uno cavó su guarida,
acumuló sus propiedades, sus olvidos, su oposición a la muerte.
Cada uno disfrutó de derrumbes y papeles en blanco,
lloró de rabia ante las cajas fuertes del tiempo,
firmó con mil imágenes de Dios pactos después desconocidos,
creyó en todo,
abrió sus brazos, tomó vino, contó dinero, acarició, supuso
librarse bien, salvarse, haber hallado cómplices para la gran reunión
[en la sala principal de la cueva
para el acuerdo universal del que saldría limpio e inocente.
Pero no hubo al fin más que carozos y cenizas y botellas vacías.

Queda la noche, sin embargo,
la noche abierta a los pequeños ensayos de fuga ya los
[pequeños abismos,
el fondo de la noche donde tampoco habrá solución
porque igualmente se lo habrán montado, se lo habrán repartido
[sin concederle siquiera que tuvo algo que ver,
que él puso algo de su parte también;
algo de buena voluntad, de asombro, de inocencia
y no tan sólo su cara de extraño.

En la comisaría lo apalean por gritar en la calle
que el suyo es un horrible país, y en el casino
le prohíben la entrada porque ven en sus ojos
el fuego inconfundible de los videntes.

La mañana está lejos, de cualquier manera:
puede durar un poco más esta frágil tregua nocturna
antes del sol y el ruido de las máquinas y la pobreza mental.

Entra en el bar y mira aquella mesa:
ella por fin ha vuelto.
Afuera ha comenzado la lluvia,
y melancólicamente
los dos conversan de su amor de diez años atrás.

Después se encuentra solo en el filo despiadado del amanecer.

En la puerta de un sótano la música de Charlie Parker
lo atropella en su fuga hacia las estrellas afiebradas
y siente que ya sabe hasta su última mentira.

En su cabeza brilla una bella ecuación
pero a los camaradas no les sirve
para cambiar el mundo.
Los bares del olvido están cerrados para siempre,
no tiene donde estar y la lucidez se paga sabiéndolo.)

Todos perdidos en la noche y roídos por innumerables agravios,
todos equivocados y autores de desastres irreparables,
todos dementes y llagados y llenos de bichos y de confusión,
ustedes, yo, nosotros, mis amigos difíciles, cazadores de lejanos poemas
sobre la gran llanura marcada por el rayo.


***


RAÚL GUSTAVO AGUIRRE.Poeta, antólogo y crítico nacido en Buenos Aires en 1927. Ligado a la corriente poética llamada "invencionismo", desarrolló una intensa actividad en el esclarecimiento de los movimientos de vanguardia, como teorizador y sistematizador de las más importantes expresiones de esa escuela. Gran parte de la labor realizada en ese sentido fue llevada a cabo durante la dirección de la revista "Poesía Buenos Aires". Allí tradujo y presentó a un sinnúmero de nuevos poetas. En 1952 presentó su Antología de una poesía nueva; en 1954, en los números 13 y 14 de la revista antes citada, publicó Poetas de hoy: Buenos Aires, 1953. "La poesía óha escrito Aguirreó es una de las pocas posibilidades de comunicación humana cierta, tal vez la única. Ella hace posible que nos encontremos en una verdad de fondo. Que existamos: enteros, reales, libres. La poesía es verdad y belleza. Está allí, no es comprensible, no se deja apropiar, no se deja utilizar". Obra poética: El tiempo de la rosa, 1945; Cuerpo del horizonte, 1951; La danza nupcial, 1954; Cuaderno de notas, 1957; Redes y violencias, 1958; Alguna memoria, 1960; Señales de vida, 1962, entre otras. Pocos como él han logrado conjugar la labor crítica con la creación poética. Murió en enero de 1983.


lunes 2 de marzo de 2009

UN POEMA DE J.ARTURO SÁNCHEZ




MELODÍA DE LA CIUDAD ROTA


Girando en la eterna primavera de sus flores enfermas
villa oxidada en tacita de plata;
lúcida,
lasciva,
turbulenta,
agnóstica.

En el fondo frío de tu alma escondes una máscara
guarida de hierba mala desde siempre.
Ciudad rota.

Con el índice diestro y torcido disparas
blasfemias al cielo carbonizado de tus leyendas y mitos,
brindas alabanzas a las medusas del odio
que delinquen y estercolan en las calzadas de todas estas ferias;
y con tus manos de mágicos metales
también repartes fango rojo o negro.

Solo tu disfrutas los días sin nombre
viendo pasar el cadáver descalzo de los marginados
bajo la lluvia ácida,
reciclando el aliento arrugado de las mujeres
que consumieron su último amante
y escuchando inmutable los ayes y vivas
de camaradas marcados
que llegan o parten a todas las guerras.

Entonces retozas en suburbios y pedestales
mientras amamantas con propinas de judas
a perros y sapos rabiosos
que han comido carne humana y molida debajo de los puentes
o en las ratoneras estiradas de tus obeliscos.

Y vas poniendo a prueba de cadalso
a quienes se atreven y te arrancan en cada cambalache
pequeños mundos irradiantes de poesía,
de pólvora mística
y de estrellas.

Eres la ciudad rota
la mentirosa meretriz con su canción de bandoneones prestados .

La que no teme a los relámpagos,
la cazadora desnuda despedazando y devorando
almas malditas de cuerpos sin cerebro,
que divagan fingiendo penitencias.

Súbditos y esclavas
embalsamados en la morgue de las iglesias
arrinconadas en el anfiteatro de la ley .

Esta ciudad
rota como sus hermanas de todos los espacios y tiempos
se divierte porque sabe
que hace miles de años destilamos odios
en templos interiores de bárbaros
para extraer en la guerra
el elixir embriagante y primitivo que cocina nuestra podredumbre.

Esta ciudad rota
se ha erguido sepultando escoria encima de los siglos
sedas, charreteras, fetiches, sombreros sin fondo.

Riendo o leyendo aventuras en la biblioteca del desvelo a interés
y levantando banderas cubiertas con nuestra sangre.

Su mirada escarlata
salida de un rayo de luz nocturna
es un basilisco vigilante
insomne
que va petrificando en la estación del metro
a forasteros y transeúntes del diario por igual.

Y sus calles escurren en cada milímetro y segundo
a multitud de parias que no lo saben.

Seguramente esta ciudad no escupiría a quien se encuentre en llamas
no extendería su mano con pulseras de costoso azogue
a quien sin tener una sola moneda,
implore ingenuamente de rodillas
otra copa de pasión.

Tus callejuelas ciudad rota;
hordas perpetuas del más incestuoso y estéril desorden
hordas cosidas con agujas infestadas sobre cuero caliente y tierno:

Son el falso talismán
donde mis ojos se inundaron de piedras preciosas
y mi corazón de cenizas.


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samsastru@yahoo.es
j. Arturo Sánchez t.
Feb 25 de 09.

miércoles 25 de febrero de 2009

POEMAS DE HERIBERTO ROCUANT. Del libro: "Las sienes". Selección de Rodrigo Verdugo.






I


Hemos escogido la tarde,
para ir entregando sus actitudes soñolientas,
su condescendencia con la montaña
y más que todo
lo que posee para la eternidad de las nubes.
Ciertamente;
que no vamos a desamparar el color,
la defensa del olvido,
o el rastro de tus mejillas,
porque seria, evocando al corazón,
un pañuelo quimérico
dependiente de la preocupación
de aquel derroche.



II


Ninguna condición para tus besos,
sólo por lo incompleto
de un espanto marinero,
al contrario de lo inédito
resulta espacio, abandono,
recomendación a la ternura,
esquema del asueto.

Cuando el afán de lo irreparable
es como una fragancia incierta,
cuando la tiniebla hechicera
se hospeda en tu límite,
ni una luz palpa mi actitud;
tu ocurrencia es magnifica,
y lo que logra ubicar sus maneras
es una estrella que participa del cansancio.


X

Al final de tu infancia, de tu carne fabulosa,
gérmen contenido,
en la florescencia del enigma,
miembro que vive periódicamente
en un aliento mortuorio,
sobre la incitación de la angustia,
nuestros sueños,
son relexiones que se inician
en la ausencia.



Heriberto Rocuant: (1920-1943). Poeta Chileno, autor de "Las sienes", Santiago de Chile, Ediciones Campoamor, 1942. Editor junto al poeta Victor Castro de la Revista "Poesia", cuyo único número data del mes de enero del año 1942, y en donde colaboraron poetas como: Antonio de Undurraga, Carlos de Rokha, Luis Oyarzun, Andres Sabella, Aliro Zumelzu etc. Su obra se encuentra publicada en diversas revistas y antologias chilenas.

domingo 15 de febrero de 2009

LOS POETAS Y LAS FÉMINAS, UNIVERSOS DEL INSTANTE. Autor: Edgar Trejos





LOS POETAS Y LAS FÉMINAS, UNIVERSOS DEL INSTANTE



Era así… Nos conocimos. Cuando jóvenes nos conocimos, y ahora brota la vida de nuestros recuerdos; esos definitivos universos que enarbolan su íntima canción en un instante de irrecuperable eternidad, si pasa su encanto como invisible polvo de hada y nada hacemos por retener ese profundo sonido de levedad poética, de vida verdadera que nos marca, llegado a nuestra barca de incierto devenir en la piel llameante de una fémina inesperada que nos mira y convoca inminente, ¿Me amarás Poeta? La vida es un don preciado, sagrado, nadie lo dudará. Siempre está afuera su rumor, su balbuceo, su grito, su farfullar a veces, palpitante, palpitando, esperando. Para muchas emociones únicas, definitivas, está también acá, adentro, bien adentro de uno, casi un secreto. En ocasiones extraordinarias hay que salir a tomarla, como sea, hallarla, sin esperar porque de lo contrario llegarán momentos irremediables, de dolor, terribles, de tristeza profunda, momentos en que se la verá pasar, pasar, irrecuperable, como una inmensa voz condenatoria que sepulta otras voces apremiantes, el lenguaje del alma. Te descuidas, un descuido apenas, y así será. Tener entre las manos del ser una llamada del destino y no estar para responder es una condena. ¿Quién o qué aliviará un día, otro día, ese grito de derrota que acompañará la existencia por no haber comprendido a tiempo la acción que te