sábado, 3 de diciembre de 2016

LA SOLEDAD DEL PODER. Por: Daniel Acevedo.

Antígona por Mary Stillmann
Antígo

CORO: 
La prudencia es con mucho la primera fuente de ventura. No se
debe ser impío con los dioses. Las palabras insolentes y altaneras
las pagan con grandes infortunios los espíritus orgullosos, que
no aprenden a tener juicio sino cuando llegan las tardías horas de
la vejez.
(Antigona- Sófocles)


Todavía intento capturar, sin ser capaz de abrir los ojos, el instante preciso, el momento en que lo perdí todo: mi familia, mis pasiones, mis sueños, mi voluntad de cambio, mi fuerza para dirigir y guiar al pueblo. Pero mi memoria, endeble, solo es capaz de recordar escenas de un lienzo fragmentado: Lanzas que se sacuden en la noche, un adivino que trae preguntas afiladas como cuchillas, un grito que aún rebota como un eco en el palacio, una novia que se cuelga en una catacumba y se acuesta en la noche en el lecho de Eubuleo. Cada día soy azotado por estas imágenes, látigos de las erinias, que se repiten, una y otra vez, en diferentes secuencias.

¿Que seguí reinando? Por supuesto, ¿quién más se atrevería a ocupar el trono maldito de Edipo? Sólo yo me  atrevo, todavía, a sentarme en este lugar, territorio profanado por el incesto, la sangre y la mentira. Antes lo hacía por el placer ilusorio que da el hecho de ejercer el poder y dominar voluntades. Hoy por hoy, lo hago como un acto de redención con mi Polis, entrego mi cuerpo y todo lo que me queda a Tebas. Pues es mi única deuda, y lo juré ante los dioses, el resto, a mi alrededor, sólo está ocupado por el abismo y la soledad absoluta. Ya hasta el demos se ha callado, me temen, huyen de mi presencia. Saben que me necesitan, pero al mismo tiempo me esquivan y hablan en susurros cuando paseo por las calles.

Es cierto que emití un desafío a los dioses, no quería un símbolo de resistencia. Temía que su cuerpo se convirtiera en una efigie que se acercará a Orión en el firmamento y sirviera de guía a los nuevos rebeldes contra el orden de la polis. Pero, luego de muchos años de reflexión, he comprendido en que he fallado. Y no lo vi, en aquel entonces. 

Las estaciones se repiten cada año, porque cada una se sucede a la otra y Deméter es víctima de la misma tragedia. Hay una relación de causa-efecto, una cadena de movimientos del cielo y la tierra que no puede ser interrumpida. Todo ciclo de odio está condenado, al igual que las estaciones, a perdurar por las múltiples generaciones que caminen sobre la tierra. Sólo el perdón puede cortarlo. Yo ya lo he entendido. Pero es demasiado tarde. Ese fue el instante en que fallé: me dejé llevar de la emoción cuando pude haber perdonado.

Ahora no soy más que la imagen de un tirano que se repetirá como comedia o como tragedia, siguiendo el ciclo, en los nuevos reyes y gobernantes; quienes caerán bajo la contradicción inherente al poder: entre la ley y el deseo, entre el orden y la necesidad humana. Jamás tuve el coraje de Hemon para presionar la espada contra mi vientre y por ello soy condenado a la compañía de este silencio tan atrevido. Pues no hay nadie en el recinto, solo thanatos, quizás, quien espera pacientemente, con su sonrisa macabra, a que caiga mi rostro entre mis piernas.

Si he de morir, que esta sea mi herencia: un espejo, mi espejo. Para que quien herede el poder de Tebas y Grecia, se mire allí y juzgue, al sentarse en este trono, si es Creonte o Edipo, o un emisario del perdón. Yo por lo pronto sé, y soy consciente, que pronto desapareceré y quedará solo este trono vacío, como mi cuerpo, como mi alma.







Daniel José Acevedo.(Medellín-1986) Historiador de la Universidad Nacional, magister en estudios literarios y tallerista de escritura creativa en el Retiro desde el 2014. Pertenece al comité editorial de la Revista Innombrable. Ha participado del I Encuentro Nacional de Poetas Jóvenes 2014. Hizo parte de una novela colectiva llamada “Ella, La puta” de actual circulación en la Argentina. Ha participado en la antologia del taller literario "Cruzagramas". Ha trabajado en la divulgación y organización de eventos de poesía joven en la ciudad. Aquí su blog: http://deveniresprosaicos.blogspot.com.co/

lunes, 21 de noviembre de 2016

NUEVE POEMAS DEL LIBRO: “CONJETURAS SOBRE LA FALSA CREACIÓN DEL HOMBRE”. Autor: Álvaro Marín


Pintura de Avery Palmer



En blanco y negro


La luz se endurece en la piedra. Una piedra, sí, un duro hueso de la tierra. 
Y si no fuera por la luz este verano sería de sangre. 
Y si no fuera por la luz 
el invierno que viene sería un invierno de algas muertas. 

El día: su iluminada concavidad electriza el paso de nuestros pies felinos. La luz desnuda nuestros cuerpos. La luz, 
el resplandor de sus lanzas punza nuestras cabezas.

Y sin la noche la luna sería el frío rostro de la venganza, sin la noche no existiría el sonido del piano ni la dulce melodía de las voces negras.    
Sin la noche la vida sería gris, sin la noche el hombre moriría en su primera noche. 





Escrito en piedra


En piedra escribo:  
en el principio fue la música, después 
vino la muerte. 
Lo digo en memoria de los días talados. 

En piedra escribo los nombres de la luz. 
Con la sombra de mis palabras 
dibujo sus manos y sus ojos de angustia. 
En las ramas de mi memoria abrazo su música
y sus frutos de electricidad. 

En los desfiladeros se suicidan los días,  
y los árboles desde hace ya mucho tiempo 
han dejado de dar sus frutos.

En piedra escribo la vida 
como escribe el relámpago el regreso del agua. 
Afirmo la vida, la antigua llama que ilumina mi propio abismo. 






Magdalena


Del río, ayer grande y generoso, salen ahora las canastillas 
de mimbre ya sin peces: el mimbre solo como las costillas 
de la res bajo las alas negras de los samuros. 

Oscuras alas cubren la ceiba que antes estaba cargada de luz, hoy es un ramo de muertos. 
Pájaros negros revuelan entre piedras negras, 
y cuando llega la noche, la obsidiana de los reflejos del río, corta el cuello del resplandor de la luna. 
Nacido del sol el caballo del día desciende y en su galope trae las manos rapaces de vengativos dioses.

Esta sangre reseca es nuestro verano, porque en el invierno 
la escorrentía mueve las grandes piedras y baja de las altas montañas los gruesos árboles que se sumergen de pie 
en el mar. 

Y en las orillas el hombre es la espuma 
de la creciente. 
Destechado vive bajo la carpa de la noche 
y tienen una niña que la luna no abraza, 
un perro más oscuro que su sombra 
y un destino arrojado a las brasas del sol.





Poema de las almas muertas


Cómo entender 
Los prolongados silencios del árbol 
Cómo discutir el monólogo del río
Cómo iluminar el resplandor de un incendio 
Cómo leer la sangre abierta.

Cómo curar las heridas del día  
Cómo leer las manchas del sol
Cómo cantar estas muertes.

Cómo entender al trastornado
Cómo curar los rostros del miedo
Cómo contarle al que pasa
Cómo hablarle al que pasa  
Y cómo, 
Si lo que pasa, lo que atraviesa esta noche
Son trescientas mil almas caídas en la guerra.  






A una herida dale alas


Y ya que es obra de tus sueños ama tu herida. 
A tu propia herida,
no la niegues, déjala ser. 
Desnuda su resplandor desde la cima más alta.
A tu herida enséñale a volar, dale alas. 
Deja que su dolor beba
entre los senos del vacío la leche de la nada.




Obús


En la mañana la artillería del sol lanza el obús que ilumina los cuerpos de los hombres talados al anochecer, y sobre 
la ceniza de los derrotados, los rifles levantan la iglesia del odio. 

Pero a la caída de un hombre 
por más naturalidad que se imposte, siempre le sigue 
un viento helado 
y el luto de los árboles a la blanca orilla de luz.  

La luz disuelta en un mar que arrastra las cañas, los días 
y los hombres tocados por los carboncillos de la muerte.   






Desiertos

Una caravana de desvencijadas carretas 
viaja con la noticia: hay guerra en el desierto. 
Los cuervos merodean en la arena enlutada,  
el hambre es la guerra más lenta. 
La muerte relumbra en las tinajas vacías 
en los áridos pezones de las madres
del pueblo del desierto.
   





Poema de amor


Oscuras alas nos rozan, anoche 
cayó un lamparón de sangre sobre la tierra 
y la luz de las bombas
iluminó nuestros cuerpos dormidos. 

Después de la guerra levantaremos la casa 
y la sangre derramada 
arrastrará los pájaros grises de la tormenta.

La historia es un país de estaciones, 
después del oscuro invierno 
pintaremos la casa; cuando en el cielo rojo 
se oculten las máquinas de la sombra 
enterraremos a nuestros muertos. 

Pintaremos la casa, 
y el olvido resanará las grietas. 
En la noche volverán los amigos 
a encender la hoguera de sus voces; 
tu voz será una lámpara sobre las ruinas 
y tus manos lavarán la sangre de la tierra.  





Conjeturas sobre la falsa creación del hombre


Después de la caída al hombre todavía le quedan alas. Algunas veces las mueve y todos lo rodeamos; es un rito, siempre que sus alas se mueven lo observamos atentos, esperamos el momento de su levitación, pero vuelve a caer... pesado sobre la dura tierra.

Recae luego insiste, rueda o se desliza hasta volver a empezar el ascenso. Bordea la cima y vuelve a caer. Intenta algunas veces desde la armazón de un pájaro mecánico, y vuelve y cae. No puede negar su vocación terrestre.  

Es falso que el hombre esté consumado, con la carcasa de sus huesos no logra levantar un refugio para un ser diferenciado. En todo caso el hombre aún no tiene siquiera la habilidad del escarabajo, sus alas rotas le estorban para caminar, su peso muerto es su pesada y persistente sombra.  










Álvaro Marín. Manzanares, Caldas, 1958.En poesía publicó Noche Líquida, mención en el Premio Latinoamericano de Poesía convocado por la revista Prometeo; su libro Jinete de sombras (1992) obtuvo un premio en la Casa de Poesía Fernando Mejía de Manizales. El libro de ensayo La brújula no quiere marcar más el norte, fue publicado en el año 1997 por la editorial Magisterio de Bogotá. En Caracas publicó Estrategia continental, en el año 2008, libro de ensayo sobre cultura latinoamericana y literatura. Otro de sus  libros de ensayo crítico es La biodiversidad es la cabalgadura de la muerte, libro que trata sobre el desplazamiento en Colombia. Con la crónica Humboldt y las manzanas podridas, el Instituto de las artes de Bogotá le concedió el premio en este género en el año 2011, en el mismo año el Centro de Poesía José Hierro de España le concedió mención en el Premio Internacional de Poesía Margarita Hierro.En el campo de la comunicación, las investigaciones desarrolladas sobre los procesos alternativos han sido herramientas de trabajo de organizaciones sociales y comunitarias.En su reflexión ensayística los principales aportes se han desarrollado en temas relacionados con la cultura latinoamericana y las recientes políticas culturales.Los poemas aquí publicados  hacen parte del libro Conjeturas sobre la falsa creación del hombre,  ganador , en 2016, del VII Concurso Nacional de libro de Poesía,Universidad Industrial de Santander.






viernes, 18 de septiembre de 2015

Algunos textos de : "La espera y otros poemas". Autor: Felipe Sánchez Hicapié.



1


Quiero mirar el sol por la ventana, pero tus palabras la cierran de un golpe. No me pidas que te mire a los ojos porque los míos están persiguiendo la ausencia. Quiero mirar el sol. No me detengas, deja que la soledad hable por nosotros. 



*



Temores


A Ingmar Bergman 




Mis pasos tiemblan cuando veo al barranco agonizar. Soy vulnerable como mis presagios. ¿Qué puedo hacer? Simplemente girar sin que te des cuenta


*



Máscaras

A Yukio Mishima


Me da miedo escucharlas. Son más reveladoras que mi sombra. Sus palabras distinguen el ruido del silencio. Cuando salgo al escenario quiero olvidarlas, pero no puedo hacerlo porque mi rostro se aferra al de ellas. 



*



Altamar


A Meira del Mar


Y el náufrago sueña con unos barcos de papel que atraviesan la línea de horizonte. 


*



13



El silencio lee nuestros pensamientos en voz alta.



*



14



Y algún día, cuando el dinosaurio se despierte, jugaremos al fin del mundo.




*



15




 Estoy deshaciendo mis pasos, pero no quiero irme todavía.





*



Silencio 


Silencio. Miras tu cuerpo con los ojos cerrados. Silencio. Tocas tus piernas sin pasar tus manos sobre ellas. Gritas sin abrir tu boca. Silencio. 




*



Agonía



Golpes en la pared, las lágrimas borran mi cuerpo, agonía. Estoy esperando un instante que será eterno, soñando con una despedida y con las horas que se deshacen como las palabras que no he dicho. El silencio delata mi agonía, sinfonía del olvido, mirada inconclusa, quiero salir de este lugar a dudas y encontrarme con la soledad del espíritu. Aquí estoy, ven por mí. 



*



Oración



No alzaré mis manos en ofrenda tuya. Tampoco repetiré las palabras que ya conoces. Simplemente cerraré mis ojos para que escuches mi silencio.



*



Tabú


No puedo tocarte porque mis manos te miran.



*




La espera 
(Basado en la fotografía Self performance de Jürgen Klauke)



Primer acto

Un velo cubre mi rostro. Unas flores te esperan. Llevo varios días así. Quién sabe si cuando llegues quiera verte. Tal vez si, tal vez no. No sé. Seguiré aquí y si no me encuentras espérame. La pared que estaba detrás de mi te mantendrá a la expectativa. No llegaré.





Segundo acto

Me olvido de ti mientras camino de aquí para allá. Tengo la mirada fija en alguien que no está. Una pausa. Vuelvo a caminar porque si dejo de hacerlo mi sombra se irá. Ahora una chaqueta de cuero dibuja mi torso. El velo que antes cubría mi rostro es sólo un recuerdo. No veo nada. Mi sombra quiere quedarse en un solo punto. 





Tercer acto

Mi cuerpo es una pared blanca y negra. Mis manos y mis piernas están inmóviles. No pasa nada. Alguien quiere derrumbar mi cuerpo con su mirada. No sé si está adelante o atrás. Me atemoriza. Mi sombra ya se ha ido. 




Cuarto acto

A la derecha solo estoy yo, a la izquierda un recuerdo. Mi pecho se alarga y mis manos tratan de contenerlo. Corazón afilado que me partirá en dos. La pared sigue mirándome. 




Quinto acto

Mis manos y mi pecho son un solo. El tiempo es una metamorfosis pero yo sigo siendo el mismo. Te vas y regresas pero no te veo. Adelante el mundo se hace pequeño, atrás es grande y vacío. Mi mirada sigue esperándote. 




Sexto acto

Ahora mi cuerpo es un vestido. Nadie lo admira porque todos están desnudos. Tu estás desnudo y por eso te vas. Soy otro y me gusta. Quisiera tener un espejo para contemplarme, para que mi vestido me vea. Soy otro pero para ti sigo siendo yo. Cuando estés vestido no te diré nada y me marcharé. 





Séptimo acto

No dejo de mirar mi vestido. Mi rostro es un vestido y mis recuerdos quieren vestirse con él, pero el olvido no se los permitirá. Las flores que antes te esperaban ahora dibujan las arrugas de mi vestido y señalan el camino por donde debo partir. No quiero irme.





Octavo acto

Cierro mis ojos y mis manos llevan las flores que dejaron tus pasos. Todavía te esperan. Abro mis ojos. Dentro de poco mi reflejo quebrará este espejo que quiere borrarme. 





Noveno acto

No hay espejo, no hay reflejo. Sin embargo, alguien me mira ¿Eres tú? Tus ojos guardan silencio, dime algo. Todavía llevo las flores que te esperan, siguen frescas. Las pondré en un jarrón y sus pétalos se caerán. La pared sabe su inevitable destino. Yo también pero ellas no.





Decimo acto

Mi vestido ha desaparecido. Ahora estoy como ellos, como tú, desnudo. No quiero mirarme. Tengo las manos detrás, estoy tranquilo. Sé que no vendrás pero ese lugar de mi cuerpo que no has tocado me dice todo lo contrario. 




Onceavo acto

Cuerpo entero, vida fragmentada. Mírame desde donde no estás porque me iré. Mi desnudez me acompañará y ese quien yo creía que eras me dejará a mitad de camino. Cuando llegues no te darás cuenta de que estuve aquí.





Doceavo acto

Antes de irme dibujaré sobre la pared ese lugar donde se pasea la ausencia, mi cuerpo. Cuando la sientas no me busques. Mi sombra volverá y seremos uno solo.




***



Felipe Sánchez Hincapié.Medellín, 1989. Artista plástico y estudiante de comunicación social. Ha participado en diferentes exposiciones realizadas en Medellín como Castilla pintoso, organizada por el colectivo venezolano Oficina # 1, en marco del Encuentro Internacional Medellín 07 (MDE07). También ha publicado sus textos en la revista Cronopio, Revista Prometeo (Medellín) y La Calle: domicilio conocido (México).



sábado, 20 de junio de 2015

ARDE EN LETRAS EL RAYO DE LA VOZ. Por Jairo Guzmán






Arde en letras el rayo de la voz


En el crepitar de antorcha del mito
Bramo resoplo me desboco

Muerdo la aurora  me desgarra tu grito
Arde en letras el rayo de la voz

Incuba la palabra su estertor primero
Sangra el nombre  su leyenda

Tu nacimiento 
Palabra 
Es una joya del milagro
Entrelazada a un rocío de eternidad



1.

Revivimos el antiguo gesto de la voz. La palabra que canta, la palabra que resucita en cada uno al mensajero de los signos, al trashumante por la estepa órfica.

De todos los despojos del día, de su lastre de palabras que son dictámenes, órdenes instauradas por frases que son guijarros en el desierto de la producción; de todo el infierno kafkiano de la palabra maniatada por los formalismos, de todo ese dédalo de contingencias, surge la palabra engendrante, la palabra que se hace memoria y nos une a  lo maravilloso.

Con el imaginario que se nutre de las potencias de la vida, la poesía avanza, manifiesta su fuerza fundacional.

Cuando las palabras vienen como olas cargadas de plenitud, el poema surge en el desierto de los eslogans y sus signos que no irradian sino que succionan los imanes de la significación, detienen su luz.

Los poemas de un autor son parte de un gran himno, transmitido de generación en generación. Lo que surja de ese devenir, lo que perviva de todo ese movimiento, es el poema que vendrá.

Existe el poeta del vértigo o el del sosiego, el que tiene un clavel en la solapa o el que se olvidó de los buenos modales en las calles "que no ahondan el poniente".

Existe el poeta en el palacio, el poeta del periódico o el poeta que resiste en la calle o encerrado en una covacha.

Nuestro tiempo está invadido de truculencias. Es un tiempo que ha querido hacer de la poesía una caricatura para uso decorativo del verbo en los salones. El poema no puede ser una pieza municipal de museo literario ni caballito de tiovivo en el circo de las tertulias.

Un poema es un tragacuchillos o un león alucinado en la fronda de las visiones.

Cuando el poeta interroga, a todos nos hace partícipes de la orfandad de luz o de un vacío por el que se ensancha nuestra mirada y nos vamos quedando sin palabras, sólo nos van quedando muchas preguntas y como expresara el poeta Gregory Corso: el gozo está en saber que no hay respuesta.



2.

Como especie avanzamos a tientas entre la tóxica nebulosa de nuestros engendros. El delirio por sobrevivir en esta jungla misteriosa, exageró el diapasón y ahora, después de confinar a la naturaleza en el rincón de los oprimidos, permanecemos expectantes ante el desierto, el glacial y la inundación, que avanzan como los nuevos titanes. También se ha vuelto nocivo el sol por los agujeros del ozono, ese dios malherido.

Tiempo difícil que invita a re-sacralizar lo viviente, ahora que se nos aleja. Tiempo para hacer del globo terráqueo una burbuja plena de vida en el que se haya desterrado el sufrimiento de milenios, reflejo de una práctica de la culpa que nos condenó a un circo de dolores.

Invocando a Hölderlin, lo que permanece ha sido fundado por la palabra de los poetas, por las acciones que la poesía hace brotar como llamas en la noche.

Que se escuche la palabra de aquellos que han guardado el suficiente silencio, sólo para entonar la voz que eleve nuestro sueño al plano de las realizaciones, como seres en la penumbra sideral que celebran el milagro de la luz.

Estamos ante un tiempo de dureza, en el que todos los paradigmas entraron en eclosión como los promontorios de la corteza terrestre, que se rompen por el empuje del fuego. Se trata de sincronizarnos a una gran ola de transformación, que todo lo remueve, camino a la otra orilla, tan anhelada, después de haber resistido las aguas turbias de la historia.

Son las trepidaciones, los cataclismos de la conciencia los verdaderos fundadores de un nuevo sentido del ser en la vida y para la vida.



3.

La escritura en el rol del control a escala planetaria es un engendro aterrador: el terrorismo semiótico y semántico de la ley y sus trampas, sus hermenéuticas enchufadas a un aparato de devastación mediante las implacables y absurdas leyes del hipercapital, con su aritmética infernal de usura a ultranza. En ese sentido la palabra se convierte en el más peligroso de los bienes (según el decir de Hölderlin).

Ante ese escenario ya no será preciso afirmar que la palabra del poeta y su experiencia personal obedezcan a la más inocente de todas las ocupaciones. En este contexto opresivo y alienante ya el poeta ha perdido su inocencia hölderleineana, el rol es distinto, es un hombre como cualquiera y por lo tanto su acción lleva el estigma de la rudeza de un mundo que perdió radicalmente la inocencia. Esto ya se observó de manera radical en la época de las vanguardias poéticas y artísticas, por allá a comienzos del siglo XX.

La poesía es la experiencia del espíritu ante los grandes estremecimientos existenciales, ante la orfandad del ser en la noche oscura del alma (San Juan de la Cruz); de ahí que la escritura sea el instrumento aliado del poeta ante su mutismo.

En silencio el poeta le devuelve la pureza a las palabras de la tribu y en voz alta esa palabra retorna a ella, enriquecida, decantada, plena de revelaciones y de luces. De estos trasvases está hecha la vida y la permanencia de la poesía. Sin la conjunción del poeta con quien le escucha, el poema permanece en potencia, espíritu coagulado en letras, encapsulado en signos, semillas milagrosas que sólo germinan en quien las pone a vibrar en voz alta.

Esas cápsulas de poesía siempre estarán allí a punto de explotar en sonido, sentido, música liberada, genio escapado de la cripta . Esa es su magia, su función sagrada: preservar el espíritu, el soplo divino que pervive en lo escrito.

Esa escritura frotada, a la que se le extrae la palabra hecha voz, como una joya del espíritu, adquiere su dimensión sonora, encantatoria, por su música, por la alquimia verbal modulada en palabra .

El milagro de la voz nos define, nos otorga esencia, nos trae el eco de nuestro propio misterio. Siempre habrá asombro ante la voz del otro y el encanto viene adherido a la poesía que despliegue.



4.

El lujo de la poesía viene de la explosión de una pre-palabra. Ese big-bang del habla está precedido de una poiesis de la errancia, una poética que activó la dínamo de la supervivencia y extendió la presencia del animal humano por todo el globo azul, ahora agujereado por  los venenos gaseosos que son los colosos o titanes de nuestro tiempo, la tóxica posmodernidad.

¿Para qué poetas en tiempos tóxicos, además de aciagos? Para cantar. Nuestra única y gran riqueza es el canto. Nuestro gran patrimonio es la capacidad encantatoria del verbo. El canto que nos une en una voz incandescente gracias al fuego de la poesía.

Es el momento de escucharnos como especie que se ha excedido en su narcisismo. Estamos en un tiempo narci-sísmico. Un exagerado antropocentrismo nos ha situado en un devenir errático, de fracaso en fracaso.

Tiembla el animal humano ante el espejo roto del desastre. Las aguas del abismo donde se enamoraba de si mismo, parafraseando a algún poeta español, le inundan tanto las geografías físicas como las del inconsciente.

Mientras haya aire para cantar, a pleno pulmón,  la grandeza de la vida; mientras haya un ánimo vivificante que se ocupe de mantener el más elevado sentido sagrado de la poesía, mucho más decantado estará el espíritu para dar los saltos que sean necesarios en la perspectiva de la vida y la permanencia de la naturaleza, sin los venenos que nos han separado de su seno sagrado.



5

En los tiempos tóxicamente aciagos o en los tiempos aciagos de tanto tóxico, aparecen los poetas para darle sentido espiritual a la vida con los dones de la palabra. Es misión del poeta resucitar el sentido sagrado del mito de la vida en la tierra.

Es misión del poeta mantener viva la memoria de los pueblos originarios. En estos tiempos de la globalización de la infamia, a la par que se globalizan los derechos humanos se globalizan la xenofobia, el racismo, la exclusión, la pobreza y la policía.

Ante toda esta arremetida globalizante de la muerte, las legiones de la poesía responderán de manera lúcida y consecuente con las acciones poéticas en beneficio de la existencia y la permanencia de la vida en el planeta.

Esto presupone estar en oposición a la delirante máquina de la destrucción a nivel planetaria como la industria militar de alto nivel de exterminio masivo de lo viviente.

Ahora mismo son dos las amenazas reales: el cambio climático y el animal humano, por su capacidad de destrucción general.

Es el tiempo propicio para el retorno de la palabra esencial, que genere un sentido más elevado y digno de la naturaleza humana. Ahí entran las voces como un coro que esparce sus dones  poéticos  para que la humanidad se reencuentre con sus orígenes.



6.

El legado de los poetas es el tesoro que heredamos para respirar, con los pulmones del canto, la aventura que somos: el habla de la intemperie ante lo imposible, esta sed de ser en la deriva, en la espesura del día a día, mediante un mundo de fuerzas concurrentes y chispazos del sueño, coronados por un misterioso rayo de luz para danzar en el abismo.

Ante la algarabía celeste nos unimos a la fiesta solar. Ante los animales, esos asustadizos seres de la vigilia, invocamos los cantos ancestrales de comunión con su inocencia y con la serenidad del bosque, frente a los desiertos que avanzan hacia la vida de las ciudades.

No sólo de versos o de prosas, está hecha la poesía. Los poemas son unas de las tantas huellas que deja el paso de la poesía por nuestras vidas y aquel que se dispone a que el lenguaje cante a través de él, es el poeta. Nos reúne nuestra sed de infinito ante lo efímero. Deseamos el encuentro. Somos la tribu que ríe, los animales que imaginan.



7.

Palabra sin tiempo, el mito respira con el oxígeno de la poesía. Danza, rito e iniciación en los misterios , la poesía es la sustancia que moviliza los símbolos en que el mito se manifiesta. El mito contiene todos los dioses, todas las narraciones que les dan vida y poderes; su esencia es permeada por todo lo viviente.

Lo ignoto, lo increado, lo incognoscible, los arquetipos, el misterio, el origen y la otredad tienen un gran peso específico en nuestra deriva por el océano de la historia. Somos mucho más que el relato de la historia. En nuestra esencia gravita la conciencia del huevo solar. En nuestras células están grabadas las grandes epopeyas, las grandes batallas que ha librado lo viviente para permanecer y continuar de cara al sol. Esa poética de lo viviente ha dado paso a nuestra presencia en el mundo. La poesía es la sangre del mito.

En su carta del Vidente, Rimbaud expresa: “El poeta es, pues, robador de fuego. Lleva el peso de la humanidad, incluso de los animales; tendrá que conseguir que sus invenciones se sientan, se palpen, se escuchen”. En esta perspectiva rimbaudiana, el poeta es un Prometeo desencadenante. Roba el fuego de la poesía y lo distribuye entre la humanidad. Vemos cómo un mito resucita en un poeta, justo para renovar el sentido de la experiencia poética: la poesía para “cambiar la vida”.

Así, el poeta contemporáneo, al igual que Prometeo, tiene una parte de sí enraizada en el mito y otra en la utopía, ya que descifra el código (mito) del fuego (conocimiento, poesía, técnica) y lo distribuye entre la humanidad, con la promesa de cambiar la vida (utopía actuante), de liberarnos de toda opresión y ejercer la libertad como una adquisición.

Seguimos en el laberinto y el hilo de la poesía nos va guiando, al transmitirse de generación en generación, para no perecer ante la realidad, esa contingencia, ese minotauro de la sobre-explotación y la devastación. Encontrar la salida es el sueño que alimenta la utopía. Sueño actuante, en el día a día. No se trata de ignorar la realidad. Más aún: hay que asumirla y transformarla, radicalmente. Ahora ya no nos conformamos con proclamar que "otro mundo es posible"; proclamamos que es factible y lo hacemos. Promesa por cumplir, con raiz en el mito y la historia, la utopía es una acción permanente, es el motor de nuestras acciones poéticas.

viernes, 20 de marzo de 2015

GINA EBRIA O EL AMOR. Autor: Jairo Guzmán


Pintura de Fernando Arroyave. Titulo: Mujer selva. Oleo sobre lienzo


GINA EBRIA O EL AMOR


Técnica: Frottage zigzagueante en zancos de trapo
  bajo una lluvia de ratas


I.

Ella se abanica, se mira en el espejo. Un olor como el del anís no es muy agradable cuando encontramos un muerto en la cama.

Aparentemente no me preocupé demasiado por semejante escena. Tal vez por lo espeluznante del asunto; quizás porque había un rictus de altivez en su rostro y sus manos eran lo suficientemente campesinas como para no desagradar a las mujeres.

¡Amigos míos! ¿Qué es esta mascarada?

Lentas y pesadas corrían por mis mejillas lágrimas que, en parte, se reunieron en el borde de mi mandíbula; luego se sumergieron en la noche.


II.

Después de seis meses de no vivir más que para ella, aparecieron sollozos como un  maremoto y el hermoso rostro se ocultó en un desorden de dedos y cabellos.

Las suaves músicas modulan romanzas. La chaqueta cae de su espalda, entonces Gina Ebria aparece ante todos como la MUJER.

Luego, cambiaba la escena.

He sacrificado lo mejor de mí mismo, allí donde yo era el más audaz, el más seguro para alcanzar la pureza.


III.

Pero, veamos: ¿En casa de quién he caído?

Me parte el alma escribir estas cosas tan desagradables.

Tururú…      No me abandones esta noche… Estoy arruinado.


IV.

¿Qué nos importa éste mundo que dejamos aquí?

Lo realmente maravilloso de nuestra vida, es que nada tiene la importancia que le otorgamos.

No puedo ver ningún suceso con terror.
La invención más bella de los hombres es el infierno; eso sí que tiene gracia.

¿Creen ustedes que el suicidio cambie en algo nuestra cruel indecisión?
¿El escaparate de un ortopedista tal vez?


V.

Gina Ebria tiene un nombre que hace cerrar los ojos. Se abanica, no porque haga calor si no por lo nerviosa. Se mira en el espejo oval, traído de Italia por la tía bizca esposa del rumano tartamudo.

Su rostro en el cristal clavó sus miradas sobre mí. Mis manos se agrietaban de deseo.

Se reiría de mi si le dirigiese alguna palabra que la homenajeara.

Un aletazo de cuervo le escindió el rostro. Cruzó la habitación como si atravesara el bosque de pinos donde nos conocimos: ella cogiendo moras silvestres; yo, solitario, con la “Carta al padre” arruinándose  en la axila.


VI.

Más tarde, las caricias se convierten en un deber. Sus gozos, se consumen en suspiros de resignación.

Sin duda experimentamos las fantasías que se unen a los cuerpos como racimos de mangos.

Entre el ruido de las risas se oyó mi voz. Hablé inusitadamente del hipnotismo de las serpientes basado en la velocidad de la luz.

Mi vida con ella no tenía como fin el amor: Ella era el amor mismo.

Lo que llega a nosotros es lo real ineludible como un embriagador reggae impregnando de dulcedumbre la cintura de una nigeriana.

Entonces uno abandona la cama y todo está por recomenzar.



sábado, 14 de marzo de 2015

TRES POEMAS DE HARRISON PALACIO




Déjame desearte un pasado feliz
ese que no olvida
cuán sagrada era la ceiba
ese que era fuego
seduciendo a los perfiles del cielo
invocando con brazas luciérnagas
los últimos indicios del paraíso
con sufrimiento cada paisaje
fue ritual y vuelo de pájaro
( la serpiente que fue ave
o sentencia de tormenta)

Se guardaban
en las fauces de la tierra
los secretos del horizonte

Antaño no había discordia
o dioses ebrios pretendiendo
enamorar a las doncellas
y a besos convertirlas en orquídeas
(ellas eran felinas garras
en cacería
de animales innombrables)

En los anales de éste recuerdo
eran todos el mismo círculo de vida
rehuyendo a los libros sagrados
que invocarán por siempre
diluviosas promesas del fin
ya que en círculos
la eternidad aquí florece

Las formidables formas infinitas
se derraman como leche
en los senos de la montaña
que abierta en libro de quietudes
ofrece al aire
los secretos de la creación
Y hambrientos
los incalculables seres
bebían de sus hojas
las partituras del aire
siendo cóndores arcaicos
surcando las profundidades
del continente

Antiguamente
no se inhalaban temores
que en los corazones resecaban
las primaverales exuberancias
por siempre indómitas
de la sangre limpia
material de sacrificio
con el que se abonaron
los primeros hombres
que merecieron acunarse
sobre un lecho tibio
de hojarasca viva
que arrulló los cantares
de la memoria

Te  deseo un pasado feliz
ese que en petroglifo
fondo de río
se atrinchera contra
lo que las historias narran

Ese que perdieron  los hombres
cuando no tenían en ahorcados pesos
lo que las conquistas hieren
(este pasado perdido
Y misteriosamente feliz)
Que sólo en estas horas
las extinciones y los ríos secos
convierten en fantasmas
fatigados de tiempo




***




Mientras
la geografía dicta oleajes
en pájaros volando al sur
y mariposas constelando
las rutas del magnético norte


En mis antiguos parajes
los salmones juegos no existen
porque no tengo  osos de luna
ni antílopes recuerdos fugaces

Mi geografía dicta
los anfibios colores
que relucen en
el zócalo del cielo
y marañas de ramajes
entretejiendo las faldas de la selva

Aquí no hubo civilización terca
escudriñando lo insondable
porque de lo insondable
está  hecha mi  geografía

Mi geografía dicta peces de colores
arremolinando danzas
sobre las turquesas aguas del cansacio
tibiándose lentos
en el sucumbir del arcoíris infinito

Y dicta las  misteriosas formas
viviendo en la llanura
pastando el frío que
arrulla a la sabana

De oro y lunas mi geografía brilla
Mientras las alquimias parlotean
En el azul del papagayo

Ningún atlas sostiene
La pesadez de su agrestura
que con  sensación de  cobre
se hace espejo en la playa

Aquí no se cimentaron
Los antiguos hombres
Que desaparecieron de sus ruinas
porque todavía nacen
en el verdor aborigen
Aquí quedan ecos de Dios
en cada esquina
en la blandura de la vida
en el esplendor del viento


Mi geografía me sostiene
con horizonte de arrebol violento
llenándome los pies
de incansables pasos




***



Resquicio
Cuando muerdo tu rodilla
abro a dientes
un desesperado rincón
abandonado

Sigo con mi lengua
patrocinando el delirio
si trapeo con mis besos
cada altar desolado
si invado en desenfreno
el resquicio
mientras  el éxtasis
muerde invisible

De placer tu piel se hace flecha
enterrándome en la boca
una muerte como grito

desangrando mi voz
me entierro en tu cuerpo




***


Harrison Palacio. Medellín, 1981. Fue uno de los ganadores del I Premio de poesía joven ciudad de Medellín, en 2011. Respecto a la poesía y el poeta, expresa:

"La poesía es fantasma que atormenta, casi siempre en las noches, para decir al oído lo que los espíritus oyen y que no queremos oír. La poesía posee fuerzas incomprensibles que recorren por los ríos del hombre desbordándose en seres que inundan de humanidad a la humanidad, que a veces bíblica no sabe de arcas o salvación.

El poeta es arca, es médium, es baúl... es adonde llegan las aguas de los dioses furiosos para que hablen con las leyes infinitas, es el canal por donde los ‘más allás’ se comunican y ponen en tránsito los desconocidos ecos."




martes, 3 de marzo de 2015

Poemas de Mauricio Alejandro Moreno. Del libro: "Vestigios de la llama"




HOLOGRAMA

He vuelto por obligación. Las palabras escritas son para mí cosecha y rito. No siempre el oficiante está a la altura de la ceremonia; sacerdote del flagelo, hoy mi señor es el letargo.
Escribo para justificarme, para alimentarme, para salvar de la rutina unas líneas que también a mí me salven del ladrillo o de la marcha de la máquina. Si, le doy vida a las letras y me la retornan potenciada. Esta es mi obligación. En algún momento elegí vivir. Pero vivir a medias es traicionarme, es un desacato a mi decisión, el peor de los suicidios.
Entonces el rito invoca mi presencia y mi carne es otra vez un puente, un holograma que atraviesa el concreto y el metal.



***


Intentaron sembrar en mí el odio. Aún persisten en ello. No necesito recordar para sentir la ausencia de mi padre. Lo asesinaron en la sala de su casa, donde la puerta abierta a la calle, al mediodía, se entregaba a la última trama que él protagonizaría.

Otros, acaso los mismos, me asaltan con requisas, no sé qué buscan en mis genitales. Han venido a mi casa con sus gritos y patadas a la puerta. Dentro dan órdenes y se creen señores donde saben que no hay reyes. No en vano se han visto siervos a caballo y príncipes que anden como siervos sobre la tierra, ¿pero toda la tierra?

Construyen murallas a la esquina de mi casa y con toda clase de vallas quieren delimitar mi deseo. Hasta música componen los canallas. Míralos, míralos cómo se ocultan entre las líneas. ¿Los has visto? Te dicen que no puedes, que lo más a lo que se puede aspirar es a disfrutar el momento y te dicen cómo y dónde comprarlo. Que no puedes soñar con encontrar un sentido, que no puedes hacer nada para sanar el hambre o el dolor, y que las muertes de cada día son necesarias o inevitables. Maestros de la impotencia, todo lo pueden. He creído verlos, pero están por todos lados y en ninguno. Obedecen a corrientes que también siguen las nubes y que hacen estación en cada casa, no siempre por asalto, sutiles corrientes.

Hemos de emanciparnos, espero. Yo mismo me sacudo y todo el humo negro, toda la rabia, la disuelvo en luz o en vacío. Entre tanto las grandes estructuras siguen creciendo, atropellando. Intentan sembrar en mí el odio, persisten en ello.

Invoco al granizo. Ya viene. Lo percibo en el aíre. 



***




LÁGRIMA


Por el rostro resbala
como si nada
y no menos que un río
arrastra una gota.




***




A PROPÓSITO DE NUESTROS MUERTOS

Ellos ni se toman la molestia de despedirse porque tienen la excusa de lo imprevisible que fue su partida. Nosotros, en cambio, no terminamos de despedirnos. Nos adentramos en callejones de ensueño con la esperanza del reencuentro, acaso el reencuentro con nuestras manos vacías y el corazón roto o, en el mejor de los casos, agrietado.
El tiempo lo cura todo, insisten. Pero cada nueva pérdida es una piedra más que carga el corazón. He llegado a sentir la inutilidad del grito: ¿cómo gritar algo que no cabe en la boca? Que de nada sirve el llanto porque al final el dolor no se marcha con las lagrimas… sin embargo, lloro. Y cada pérdida lleva a la pregunta ¿dónde he de buscar lo que he perdido?
Y antes uno se da cuenta, desde lo que le dictan los sentidos, incluido tal vez el sentido común, que este es el lugar y que todo, todo, está por perderse.
Alguien, alguna vez, quiso traer consigo la flor que vio en un sueño de cielo. ¿Habrá querido llevarse otra de aquí?
Sólo contamos con este instante de conciencia.



***




Juego al desnudo cuando tomo el lápiz.
Y como la piel
            que también es vestido
la vieja voz dicta sus palabras




***



03052011 10

Estos días que penetran la cáscara de la costumbre, en los que te encuentras de pronto habitando el mundo, desvanecen las palabras.
En uno de estos días, tal vez, poniendo mi mano sobre tu hombro, podré comunicarte lo que las palabras no. ¿Qué diría un habitante de la niebla si esta se disipa?
En estos días cada cosa resulta ser un espejo y el aíre es tan familiar que no hace falta surcarlo para sentir la libertad; simplemente  la respiras.
En estos días el destino no tiene asidero.



***



FIGURA DEL POETA MALDITO


La tranquilidad se sienta a tu lado
                                                       y la desechas
         porque te enseñaron a buscar
                                                     el acontecimiento de las luces y los excesos.
                 ¿De qué te sirve la penumbra si ostentas la soledad?
                                             ¿Para qué un nombre que nadie ha de pronunciar?

La felicidad, sí, la llamaste,
                   viene a sentarse sobre tus rodillas
                                                                y la ignoras
                                                      como otros injuriaron la belleza.
       Necesitas la identidad del tormento
                         Embriagarte caerte negarte y sobre todo
                                                                                         menoscabarte.

El aplauso vendrá por tu poema, valdrá la pena
                el hambre, la miseria, el hastío. Tal vez luego podrás
                                                              disfrutar de las ventajas de tu nombre.
                                               
Es otra mi poesía.
                                                         Anónima, se busca y me busca. Me cambia
                                               y la cambio
                       por unas centésimas          de tregua.



***




LA HORA DE LAS CAMPANAS

En otros mundos salen soles sin esfuerzo. En éste, su único sol se arrastra, cuando no se esconde, para iniciar la función que no tiene norte. Llegan temporadas de frío donde el mundo se ve a través de una ventana empañada. Es peligroso morir allí. Los buenos sueños acaso no vengan a recogerte sin un sol a su espalda. Pero qué tentador resulta abandonar un cuerpo congelado…
Sin embargo, es otra la hora de las campanas. Antes eran varias las horas, pero se redujeron a una sola para evitar el éxodo de los pájaros; los invade un frenesí extraño, luego del cual todo es un reguero de plumas. Hubo uno que se hizo imperturbable después de aquello. En el pequeño bosque, a orillas del lago, se ubica muy tranquilo, como si fuera un señor de esos que alimentan palomas, y no devuelve ni un saludo, ni un gesto siquiera, de tanto mirar sin mirar lo que parece el cielo a unos pasos del horizonte. Muchos, muchos de sus compañeros desaparecieron. 
A mí las campanas me recogen, me llevan con ellas en el mismo sitio donde reposo y por un momento todo se hace tan liviano que me nace la certeza de llevar este mundo en la palma de mi mano. Con ellas, hasta el sol se alegra. Una luz que no parece la suya se aposenta en las cosas y en los seres, y una risa que es volcán y no cascada, vibra en el suelo, en el aíre. 
En otros mundos, tal vez todas las horas son de campanas. No tengo idea si en otros mundos extrañaría mi hora de campanas. Pero sin el recuerdo de una ventana empañada, acaso todo resulte deslucido a mis ojos.




***




ARCO IRIS

“La explicación no anula
el milagro”
D.E.

Los dedos del sol
precipitan el éxtasis
y el derrame
de las nubes contempladas.

Las gotas son prismas
espectros los rayos de luz
en la retina
claro
un arco iris perdurable.



***



EL TRAJE DE ÍCARO

¿Quién dice que Ícaro sufrió la derrota? Yo lo vi ad portas de lanzarse rumbo al sol, lo vi tomar la decisión del salto. Él sabía la verdad de su traje y conocía la naturaleza del sol. Incluso su más sombrío ser lo sabía y lo antecedió en su final abrazo. Un portal a un universo de lunas conscientes era para él la llama celeste. No muere quien realiza su más intimo sueño.





***


Mauricio Alejandro Moreno. Poeta de Medellín. Edita el 
blog:http://pabellondepalabras.blogspot.com/

domingo, 22 de febrero de 2015

DESDE EL ÁRBOL DE LA CANELA. Jairo Guzmán



Niños del fuego ríen en torno a mis gestos de agua. Nubes cantan con frutas que maduran a su paso. Emanaciones del tapiz de hojas de balsos, cocoteros, guácimos que, entrelazados, esconden  una iguana. Gestos de saltarines por los maizales .

Borrachos de gozo, hacemos collares de peces a las muchachas de senos nacientes; pezones como corozos.

Corremos desnudos a través de la sabana recién humedecida por las lluvias. Nos mimetizamos con el herbaje para observar a la nutria.

Silbamos como el pájaro toche, para atraerlo hasta nuestro escondite.

Envueltos en la piel de un tigre, cazado en las cercanías de la laguna, entonamos el canto para atraer al venado de cachos racimos. Allí suelen ir montiadores a sacar hicoteas; a veces, acechan a las babillas.

Cópulas entre matorrales y bandadas de guacamayas atravesando el cielo.
Llamas izadas entre frondas de jade: flores de un rojo más intenso que una explosión.

Yacemos sobre una alfombra de mangos maduros, mientras el pájaro Sangre de Toro come sorgo en nuestras manos.

Todo fiesta, risas, algarabía de niños persiguiendo estrellas fugaces.
La compañía de las palomas y su currucuteo en las tardes de arroz.

La eclosión de invisibilidades en el atardecer, se manifiesta como un pedazo inconmensurable de oro, arrojado a un lago de luz blanca. A esa hora las aves se desplazan hipnotizadas por una oscuridad más envolvente que un cielo ardiendo.

Aromas de yerbas medicinales, zumbidos de la noche, insectos en un loco tránsito por el aire formando oleajes con olor a lluvia.

Presentir un huracán en el canto de los muertos, de juerga en el platanal.
Hojas secas, de mamoncillos o guayabos, se desplazan a ras de tierra y traen una canción.

El maleficio, los niños en cruz. Plañideras en procesión y un fémur en la ventana de la anciana insomne.

Tíos abuelos me ofrendan con la risa mientras hacemos la danza de los exorcismos: el secreto para curar la peste de los árboles.

Avispas duermen en mis manos.