domingo, 12 de marzo de 2017

TRES POEMAS DEL LIBRO "ANUNCIO" DE RODRIGO VERDUGO.



 Hartazgo en el despeñadero solar. Collage de Sing Wan Chong Li



SESENTAYSEISAVO ANUNCIO  

A Fernando Palenzuela



Mucho antes de que tuviéramos el insomnio de la luz
Tuvimos el despojo de nuestra propia sangre
Que al alba no alcanzo a saltar
Quedándose como una imploración sobre las abejas
Quedándose más tarde sobre el soplo del sol
Que nos hizo tener cinco cuerpos,
Cinco cuerpos que rebanaban la luna sobre las raíces,
Cinco cuerpos que carbonizaban lo felino de la noche.  
Nadie se preparo para esta vastedad
Nunca he visto el día
Caos y padres aplastan mi elemento
El latido de mi sombra ocultó los torbellinos
No se lavo el espejo donde termina el mar
La nieve siguió violando lámparas hasta el desvanecimiento 
No se lavaba el espejo después de esas horridas jornadas
Las anclas pincharon la noche
Cayó naftalina sobre las estaciones de trenes
Donde mis tías descubrieron que la noche estaba sobrepuesta
Eso probó tanta amargura bajo la tierra
Ese vértigo de madera que hay en lo recién nacido
Sobrepuesto esta también en nosotros
El mensajero anochece en el cazador
El cazador amanece en el hijo
Sobrepuestos estamos en nosotros mismos,
Con este insomnio de la luz
Con este soplo del sol
Que nos hiciera tener cinco cuerpos
Cinco cuerpos se deben tener para entrar en los tajos del abismo
Cinco cuerpos que entran al mar
Ordenando la luz que tuvieron los ángeles durante el día
Este soplo del sol tuvo cinco cabezas al mirar por dentro esos tajos del abismo,
Que del fuego pasaron a la mujer
Y fue tanta la vigencia nívea de las lámparas violadas y los huesos
Que una estrella visitó la sangre, dejando todo intacto sobre el mundo
Mis cinco cuerpos, tenían conocimiento de lo sobrepuesto
Habían nacido, muerto, amado, dormido, sobre una precisión velada
Tal como el pájaro que no puede dormir
Porque le hacen escuchar su propio canto
Grabado por quienes el mismo canto de este pájaro no dejo dormir
No se dejaban engañaban cuando lavaban los espejos
Y al soplo del sol supieron como había sido todo
Así fue todo,
Al llegar a una esquina nos dimos cuenta
Que la noche quedo sobrepuesta
Un insomnio de luz empezó a desangrarnos  
Todo era reflejo de raíces,
El despojo de la sangre quería saltar a esas raíces
Pero no eran ellas, eran solo un reflejo de raíces
Tal era la amargura bajo la tierra.
Entonces llegaron los cinco cuerpos que el soplo del sol nos había hecho
Se prepararon para la vastedad
Hicieron lo que debían hacer
Rebanar la luna sobre las raíces,
Carbonizar lo felino de la noche.
Lo recién nacido tuvo su vértigo de madera
Ahora sobre el soplo del sol quedó el despojo de mi sangre
Se quedo como una imploración sobre las abejas
Yo lavo un espejo, aquí donde termina el mar
Mientras pasan por mi lado,
Luces que me recuerdan mi destierro
Vengo y voy a lo sobrepuesto, con el mismo insomnio de la luz
Recuerdo como cazador y mensajero amanecían y anochecían
Unas tías que nunca tomaron el tren bajo la noche pinchada 
Guardándose naftalina entremedio de las enaguas
No me dejo engañar por lo que parece intacto sobre el mundo
He de nacer y morir sobre una precisión velada 
El latido oculta los torbellinos
Los cincos cuerpos se desvanecerán
Como el soplo del sol sobre los tajos del abismo 
No alcanzaran a saltar a las raíces.






NOVENTAYDOSAVO ANUNCIO   
  
Y ambos sabemos que termina en duelo,
  entre un misterio prodigioso y santo

                                                 Pedro Prado



Ceniza o desierto,
O abandonarse a esa alquimia de cementerio entre tus piernas,
A esa festividad de la ondulación,
A ese claroscuro que se despide por nosotros,
O súbitamente sobrepasar claves de aceite dentro del hueso.
No nos pueden ver, pero pueden venir
Les tenemos el juego de la bruma
Podrán quedarse como ese aliento de sangre
Que el crepúsculo tiene en los rincones.
Ceniza o desierto
Masticar pólvora ante las veletas
En el pueblo donde todos tienen los dientes torcidos
Murmuran entre ellos
Te culpan de la desgracia, de las siembras arrasadas.
Ceniza o desierto
Cada gota es un despertar pendiente
Te inventan un vínculo con esa niña
Que se pega en el rostro la radiografía de un zodiaco
Paseando por la bahía en espera de su próxima víctima.
Te tienen el juego de la bruma,
El desierto recuerda las almas
Nos quedamos en los rincones que son visitados por ese aliento de sangre.
Dan vuelta las veletas, tienen distintas figuras
Todas según la festividad de la ondulación.
La ceniza se despide por los dioses
Damos un paseo por la bahía
La niña tiene pegada la radiografía de un zodiaco en el rostro
Murmura que todas las mujeres tienen una alquimia de cementerio entre las piernas,
Murmura que su boca es la tregua entre el mar y la tierra.
Espera a su próxima victima
Que súbitamente sobrepaso claves de aceite dentro del hueso.
Ceniza o desierto
Hay que masticar pólvora ante las veletas
Nos aconsejan en el pueblo donde todos tienen dientes torcidos
Un ojo extraño venia en todas las siembras,
Dan vueltas las veletas
Con figuras de distintos animales,
Con figuras de distintos dioses.
No nos pueden ver, pero sienten un aliento de sangre
Ahora no ven nada, todo está cubierto por el juego de la bruma
Las veletas con figuras de distintos animales señalan el desierto
Las veletas con figuras de distintos dioses señalan la ceniza
O a los rincones o adentro del hueso
O a esa alquimia de cementerio que hay entre tus piernas.






CIENTODIECINUEVEAVO ANUNCIO 
 
 A Jairo Guzmán


Las esferas se prosternan ante tu cabeza de nudo
Los monasterios se hunden en la tierra
El sol hiere estas llaves, ninguna puerta ha de ser abierta.
Pasas por ciudades donde las estatuas cansan la luz
Eres huésped de tu propio reflejo, reflejo que le da tiempo al agua
Una adopción de relámpagos pegados.
Las esferas se prosternan ante tu cabeza de nudo
Pasas por ciudades donde te miras en un espejo de circo
Con dos santas de neón en los brazos.
Las jaibas escupen sobre las santas de neón
Las rameras lloran sobre las santas de neón.
Duermes sobre las telas,
Sobre las telas están las luces cansadas
Las jaibas se revuelcan sobre el llanto de las rameras
Besan las santas de neón tu cabeza de nudo,
Le dan todo tipo de bienaventuranzas.
Los monasterios se hunden en la tierra
Mar que le da tiempo a los relámpagos
Te trajeron un pedazo del monasterio
Unas yerbas del último día de la tierra.
No le has dado tiempo a ningún huésped
La muerte no puede desenredar tu cabeza de nudo
Si, puede llevarse la avaricia del reflejo.
Vuelves a mirarte en ese espejo de circo
Con dos santas de neón en los brazos
Quisieras adoptarlas y vivir con ellas en un monasterio hundido
Las jaibas sueltan llantos de rameras
Será la última vez que pases por las ciudades
Se acabo el tiempo de decir la verdad
Les das esa yerba del último día de la tierra a las rameras
Siguen llorando y les dices que el mar le da tiempo a los relámpagos.
Tu cabeza de nudo va decretando
Aun ante las jaibas que no cesan de escupirte
Aun ante las luces cansadas.
Se rasgan las telas
Los monasterios se hunden en la tierra
No se ha abierto ninguna puerta
Sangras, te encandilas
El sol ha herido estas llaves
Tu cabeza de nudo decreta ahora sobre las yerbas del último día de la tierra
Decreta: “Para ti oh muerte, la avaricia del reflejo,
Para las santas de neón, mi cabeza de nudo,
Para la adopción de estas esferas prosternadas
Todo el tiempo que el reflejo le dio al agua”.





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Rodrigo Verdugo Pizarro.(Santiago de Chile, 1977).Poeta y Collagista. Coeditor y articulista de la Revista Derrame. Miembro del Grupo Surrealista Derrame. Sub director de la Revista Rayentru, Coeditor de la Revista Labios Menores y Coeditor de la Revista “Joan Brossa”.

Su obra ha sido publicada en revistas y antologías chilenas y extranjeras siendo traducida parcialmente al: Ingles, Francés, Italiano, Portugués, Polaco, Árabe, Uzbeko, Rumano y Búlgaro. En 2002 publica su primer libro “Nudos Velados” (prologo de Roberto Yáñez e ilustraciones de Aldo Alcota), Ed Derrame. En 2005 participa en la exposición colectiva “Derrame cono sur o el viaje de los argonautas” en la Fundación Eugenio Granell (Santiago de Compostela, España) y obtiene el primer lugar en el concurso “Alas de poesía” organizado por la Asociación “Amigos de la poesía” (Monterrey. México).

También Participa en las VI Jornadas Internacionales “Imágenes del cine”, Organizadas por el Instituto de Artes del Espectáculo de la Universidad de Buenos Aires, bajo la dirección de la catedrática Sylvia Valdés, en el Archivo general de la Nación, (Buenos Aires, Argentina). En 2008 participa junto a los poetas Rodrigo Hernández Piceros y Marcela Albornoz Dachelet en la edición del libro “IDEM” del poeta Armando Uribe, Coedición Ediciones Derrame-Editorial Universidad de Talca, y en la exposición internacional de surrealismo “0 reverso do Olhar”, en la Casa de la Cultura de Coimbra (Coimbra, Portugal).
En 2009 participa en la exposición internacional de surrealismo “Iluminacoes Descontinuas” en el Convento de San José, (Lagoa, Portugal) y es invitado a la XIX versión del Festival Internacional de poesía de Medellín(Medellín, Colombia). En 2010 participa en la muestra “Bicente Chile BCN” Muestra poética Chile- Barcelona, en el Centro Cívico Convent de San Agusti, (Barcelona, España). En 2011 participa en la exposición colectiva “El inverso del universo, homenaje a los cien años de Roberto Matta” organizada por la Fundación Itau.

En 2014 participa en la exposición internacional de surrealismo “Vune Koridy” en la Galeria Student de la Universidad de Ostrava (República Checa).

Actualmente dirige el taller literario “Joan Brossa” del Centre Catalá. Mantiene inéditos los libros: “Anuncio”, (próximo a publicarse en Francia por Ediciones “La voix des autres, Collection Danger Poesie y en Chile por Ediciones del Pez Espiral), y “Transmisión debajo de las piedras”.

domingo, 12 de febrero de 2017

PENDIENTE. Un poema de Mario Ángel Quintero


                                                        Título: Incursión. Por: Mario Ángel Quintero

 I.

Pendiente


Sobre la orilla de otra catástrofe,
El risco, desde donde se tiró la casa
Hoy es mudo, hoy supura silencio y erosión.
El borrón desmesurado sobre la tierra
Es casi un mordisco que se le ha sacado al hábito de crecer.
Cuando aún hablamos de madrugadas,
En otro sitio los cuerpos flotan en el agua,
Como si fueran mierda que se va por el cielo.
Reflejos del viento y platos rotos arrancan
El murmullo que brota y lo riegan.

Sólo cerrar los ojos un rato más, ahí sin pétalos ni raíces.
Balbucear es aspirar y dormir trae sueños.
Todo esto mezclado aquí a la fuerza.
Fragmentos cojean por el aire sucio.
La piel le huye a una pátina verde y cada cual
Le trabaja a su prótesis mientras que las estrellas
Se amontonan en la ribera de la noche.

Florece la maleza, una quebrada amarilla
Que baja por la grieta, su tenue arraigo, como su brillo,
Obvio e irremediable,ya que el tiempo aquí no ha aprendido
El truco de estar vacío, de avanzar sin más de que hablar,
Y siempre tiene que llenar su barriga,
Antes de salir a robarle a alguien su descanso.

Garzas confunden este sitio con el pantano
Que ya se ha vuelto, son estacas que marcan
La extensión de lo impermanente, sus miradas
Indagan las distancias, firmes como si fueran la memoria—

¿Por qué mueren los seres?
Por la misma razón que viven—
Porque el tiempo es un ocurrir.
A través de lo que pasa, siempre somos divididos.
La inundación  no es más que un afán
Del agua por habitar la intimidad
Que se esconde en las piezas,
Y las ganas, en la corriente,
De regar a la gente como hormigas,
Sus vidas llevadas más allá de todo familiar,
Lejos del collar roto de sus instantes vividos uno por uno.

Arriba, asomarse es invadido por caer,
Surge un quejido hacia el aire abierto,
El rugido de la madera al rajarse la inclina más.
Aplastada en el momento de desprenderse
Aplastada hasta sus lentes, ya sólo frascos de sombra,
Cubierta en sordera, clavada de narices,
Tapada toda, más abajo que distorsión y tembleque,
La consume el relámpago del nervio,
Un martillo, un trueno, la sensación chispea y se aleja.
La llama que se come el suspiro.

Así acaricia el agua, su borrón silba sobre el horizonte.
Esta extensión inclinada, sobada por un palustre de ocaso,
La luz por donde se chorreó vida, vista como por culo de botella.
Este momento se escarba a sí mismo,
Esclavo de la nostalgia,
Este día se desmorona solo.


II.



Enmendadura


La tierra gaguea, como una lengua que se flexiona y cae.
Empezar de nuevo, ahora, sin entender el verbo siquiera.
Improvisar sobre una nube, el sucio dejado por un lápiz perdido,
Como si al caer, nuestros raspones fueran legibles para algún ojo.

Pero el reloj parpadea.
Cualquier foto, cualquier instante aislado,
Captura la sensación de estar en la catástrofe.
Un teléfono que sonó y luego no habló nadie.
La huella que deja el deseo.
Un trazo negro y un trazo marrón.
Lo que se veía del perro
En la entrada de la casa al desplomarse.
Borrón de nuevo, borrón perpetuo.

Las letras ya no se ven, se han enterrado al enunciar.
Afasia florece desde el asombro de los cadáveres cosechados.
Rebosan vocablos en terrones, pegotes de palabras,
El barro que se escurre desde las muecas.
Vocabularios, veteados por humedades, se inclinan
Pero no crecen, ya sin con qué pegarse a decir,
Se marchitan en un repetir empalagoso.

No hay extensión en tanto caer.
El horizonte tiembla, el cielo se tropieza.
Las palabras, como las ruedas dentadas del instante,
Ya acabadas, se deslizan dando vueltas
Sobre ejes de cosas ya demasiado abajo,
Cosas que sienten el apretón de encías y ya no brotarán más.



III.


Asomarse


Porque es el sonido mismo el que soba membranas y sube a buscar salida,
Raja la viga más alta, pero no reverbera al recibir todo lo que le viene encima.
La mitad de todo— así son los divorcios, las partidas— flota entre firmamentos.
Si fuera rasurar sólo fachadas, pero al llevarse toda la entrada
Quedan sólo interiores, obscenamente expuestos sobre un filo, adentros
Abrazados contra el frío que sube desde algún hecho de tierra y baldosas,
Donde ver tapa y enunciar envuelve lo salido de lo humano en un gesto continuo.
La voz lanzada se desílaba, encuentra una cavidad en la monotonía de una vocal,
Su barco tenue, mientras navega los estrechos de archipiélagos, islas de pisos y techos,
Desde la fisura invisible en la casa dividida hasta el golpe de nada que se riega.
El engranaje cojea por una de las líneas de vista, extrañando la fractura escondida
En la mirada que pasa por unas gafas rayadas que se asoman desde la basura
En morros, como párrafos de palabras que murmuran sus rezos en tinta corrida.




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Mario Ángel Quintero nace en 1964 en San Francisco, California, donde vive sus primeros treinta años. Estudia literatura en la Universidad de California y es becado en creación literaria en la Universidad de Stanford. Publica poemas, prosas y ensayos en revistas literarias estadounidenses; también publica los libros en inglés: Globo (1996),The Fifth Season(1996), y On the Voice(2016). Desde 1995 reside en Medellín, Colombia, donde publica los libros de poesía Mapa de lo claro (1996), Muestra (1998), Tentenelaire (2006), El desvanecimiento del alma en camino al limbo (2009), Keselazboga (2014), Mapa de las palabras (2014) y los libros de dramaturgia Cómo morir en un solar ajeno (2009),La sabiduría de los limones (2013), y Calamidad Doméstica (2016).  Publica sus ensayos en las revistas colombianas Babel, Diverciudad,Interregno, A Teatro,y Revista de Extensión Cultural (Universidad Nacional Sede Medellín). Es integrante de los grupos musicales Underflavour y Sellthe Elephant. Es director y dramaturgo del grupo Párpado Teatro, con quien ha llevado más de quince obras a escena.