lunes, 6 de febrero de 2012
CANTO DEL POETA. Por Aarón Rueda
CANTO DEL POETA
I
¿Y qué fue de la poesía?
me preguntas desde lo más profundo de los sueños,
yo respondo
la poesía suele jugar en las grietas de la piedra,
en los halos de agua que visten siempre a la primavera
como irreverentes dinteles cargando la risa del sol .
La poesía se desliza igual a la nahuyaca en el tallo del maíz,
es el rugido de jaguar en la mirada ancestral del Rey Pak’al
y la lengua de luna al impregnar un beso en el techo celeste.
Yo respondo,
la poesía engalana la voz
siempre parecida a la rosa con el polen
que da vida a la colmena de doradas abejas.
La poesía se palpa en los labios
que juran bajo el canto de la calandria
en ese día donde un adiós germine en el amanecer.
II
La poesía se embriaga de muerte
sólo la sombra de aquel ser funesto recordado con nostalgia,
es en misterio que se cuela dentro del ojo de agua
donde quizá se mire el cuestionamiento de silenciosas lágrimas.
Es la muerte,
la monótona muerte que brinca desde la mañana
con su pluma de cuervo
y su papiro ancestral para escribir versos burlones
hasta la puesta del día
y suelta las manos caprichosamente
dejando una canción de estrofas sordas y opacas.
III
¿La poesía se come el dinero
brilla más que la pretensión del oro,
siempre se come a la opulencia
que vive desangrando al corazón de su canto?
Respondo
la poesía consume la hojarasca moribunda,
vive a menudo perdida en las fronteras del odio y el amor,
contiene la respiración dentro del alma
junto a la voz que acompaña su lenguaje.
IV
La poesía también se envenena de amor,
se pone ciega.
Sus versos se comen la cordura.
Se entrega se viste de amor,
de ámbar,
de luna llena flotando en el espacio más corto de la vida.
V
Ella también llora
busca en las doncellas enamoradas
el consuelo de las pócimas
y exorciza la masculinidad
en las noches frías de diciembre.
La poesía va encarnándose en los ojos del poeta,
que brillan como los faros besando la proa de los galeones
o pone los suspiros en el fondo de la orquídea.
VI
Sólo se deja ver esporádicamente en los pliegues de la aurora
como flecha invisible que sale de tus labios.
Me preguntas Insistentemente
y es el mismo camino que dibujó
siempre la poesía,
siempre tus ojos de ámbar,
siempre los versos de vida y muerte.
VII
La poesía no se esconde
no le importan las heridas del tiempo,
no le importa vivir el adiós de las marejadas.
Ella es una epopeya,
es un ave que vuela junto al rostro del sol
con los pasos acalambrado
cuando la inspiración se ausenta.
Aarón Rueda. (Las Choapas, Ver. 1986). Radica en Cárdenas, Tabasco. Inicio en el Taller de la escritora Leticia Rivera Virgilio en la Universidad Tecnológica de Tabasco y posteriormente en el Taller Juan Rulfo del poeta Níger Madrigal. Ha publicado México y el extranjero en revistas como: Parva, Albatros Viajero, Río Hondo, Poesía Salvaje, El Quinqué, Genalí, Palabras Grietas, Trilce, La Tagua, Prometeo, Signos y Tlacuilo. También ha participado en encuentros y festivales nacionales y del extranjero como el Encuentro Iberoamericano de Poesía “Carlos Pellicer Cámara”, el Festival Internacional de la Habana, Cuba y el 21 Festival Internacional de Poesía de Medellín, Colombia .Es miembro del la Sociedad de Escritores “Letras y Voces de Tabas” y del Movimiento Poético Mundial. Promotor de las Lengua Originarias y creador del Festival Iberoamericano de Poesía Salvador Díaz Mirón.
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