miércoles, 11 de febrero de 2009

DEL LIBRO "Las Consecuencias" . Autor: Andrés Felipe Marín Cortés.



LAS CONSECUENCIAS




Despertamos en el vientre

de este monstruo inevitable,

titánico y caótico.


Poderoso hijo de Gea.


El Principio ocultó las reglas

del juego de las series.

La cifra es el camino,

el destino es el origen.


El fuego en los ojos de la esfinge

nos distrae con enigmas

mientras los efectos,

las conclusiones,

los desenlaces,

se aproximan invisibles.


Que los dioses nos concedan

vida suficiente,

para recordar ese pasado

que se encuentra por-venir.







PARRICIDIO






Furiosos caballos

galoparon sus voces.


¡Nunca más!

¡Nunca más!

¡Nunca más!


Vendaron sus ojos,

cerraron ventanas.

El Padre ordenaba:

"Distancia y olvido".


Quien cuenta las horas

hizo lo propio,

y a pesar de las vendas

seguían mirándose.


El plan concebido,

la daga certera,

el trono vacío.


Nuevo fue el encuentro

pero eterna es la herida.






EL ROSTRO DEL FANTASMA




En el corazón de la nada

existe el fantasma

y en el interior del fantasma

un secreto.


En el corazón del guerrero

habita la palabra

y la palabra misma

es su única arma.


Ni el hacha

ni la daga

ni la espada.


La alquimia de los significados

requiere del conocimiento

para transformar la nada en signo.


El guerrero enfrenta la nada

nombrando el fantasma.

Lo convierte en carne y sangre,

le arrebata su velo de niebla.


Aparecen ojos,

pómulos y nariz de espejo.

Se dibuja también una boca,

y desde el fondo de esa boca

aparece por fin el secreto:


Un grito espantoso revelando

el nombre del guerrero.






CEIBA



La puerta es sagrada,

inevitable es cruzarla.


El conteo inverso

de la inclinación de las agujas,

te transporta a la ficción

de aquellos que leían

el porvenir en los astros

y los números.


Emprenderás el viaje

llevando contigo el ajuar,

surtido con piedras,

collares y máscaras.


Retornarás a la madre

protectora y ecuánime.

Beberás inagotable savia

de sus pechos poderosos

y serás magma incandescente

en el calor de su abrigo.


En el inframundo

contemplarás el Espíritu.

No verás más

sus enmarañadas raíces,

ni sus largas ramas

desprenderse del tronco gris.


Serás parte

de ese cuerpo imponente

que araña el cielo con las manos

retorcidas y enormes.





PROBLEMAS DE TIEMPO




El fracaso del encuentro

encarna el terror de los amantes.


Por conjugar sus verbos

en tiempos desiguales,

se ha abierto entre sus pieles

un vacío infranqueable.


Desde el borde del abismo

creen verse, pero apenas

son el recuerdo melancólico

de una fugaz quimera

intrincada en el deseo.



Quizá nadie encuentra

lo que busca,

ni merece lo que tiene.



Sin las combinaciones adecuadas

no puede conjurarse amor posible.





INMORTALIDAD




Ningún hombre es inmortal.

Inmortales son las obras.


Inmortal el laberinto,

el ajedrez,

el calendario.


La vasija no es

extensión de su alfarero,

así como los hombres

no somos siervos

de los dioses.


Aquel que desea morir

desea inútilmente,

pues ese regalo

en el principio

ya le ha sido dado.


Reposa hombre ciego,

has muerto en cuerpo y alma.


A pesar de todo,

los dioses

parecen ser benévolos.



***




Andrés Felipe Marín C. (Medellín, 1980). Psicólogo y Magíster en Psicología. Docente e investigador en temas como la identidad, la juventud,
el cuerpo y la muerte. Autor del poemario breve "Las Consecuencias" (Somos un Diálogo Ediciones, 2007) Contacto:
andresfelipemarin@hotmail.com

domingo, 8 de febrero de 2009

TEXTOS DE LUIS FERNANDO CUARTAS








Acto de magia con la muñeca que besa.


La magia no está en la muñeca del Vudú, está en la fuerza con que
palpita su corazón tras la ropa del anochecer. Algo escarba en sus
pliegues, permite ver las ramas sagradas de sus arbóreas presencias.
Una cicatriz de años de inocencia se levanta tras la puerta donde se
esconde su silencio. Aparece una escritura desigual, algo enfermo que
escribe con los dedos temblorosos en los muros de un cuartel conyugal.
Luego aparece la presencia fría, la dolida esfera de un rostro que
gime por encontrar la luna entre sus piernas, luego huye, como si
supiera que todos los besos están listos para embotellar. Hay un
mercado negro, los embarcan para las barracas de un barco en el mar
quieto, los venden en porciones para los deseosos amigos de la zupia y
del miedo. Mientras tanto sabremos esperar un día victorioso, una hora
genuina, el único placentero segundo donde pueda redimir la desnudez
con la desnudez de quien exige ser vista en los tejados del alma.
Cuanta ostia amarga, cuanto vino salubre, cuanta agua envenenada, pero
todo pasa pronto...al fondo veo una puerta abierta y en ella veo un
cielo azul y una mano que me llama. Es la muñeca del vudú, la
deshilachada muñeca de mi sudorosa espera.
Ven, hay mucho por hacer y apenas se comienza.



Alcohol



La botella espera sobre una mesa, la mesa es una balsa, la botella un
mensaje cifrado. El resto es una isla, una isla pánico, una isla
ausencia, una isla de archipiélagos deformes, de acantilados que
invitan al abismo, las rocas como púas y el mar que las besa con
furia y con la pasión húmeda del que sabe del amor como de la sed de
las sirenas. La botella es de alcoholes perfumados con estrellas, es
un líquido que dulcifica y envenena, es la diáspora de mis amores por
la tierra, es la canción que se queda sobre la misma arena del ocaso.
Bebo en silencio estas palabras, me sumerjo en etílicas metáforas para
combatir la soledad sobre mi insular forma de palpitar corazones que
se alejan. Bebo, bebo más ahora que soy abstemio, bebo luciérnagas y
flores, bebo amaneceres y relámpagos, bebo de un amor que se fermenta
en cada segundo que se empoza sobre mi cuerpo humedecido en las
tristezas. Bebo de ti, bebo del mundo, soy atropellado por una botella
siempre llena, la minúscula botella donde han envasado nuestras vidas.



Rayos y centellas



Vísteme de rayos, acuérdate del sol en media noche, hay trajes para
aquietar el viento y para buscar el acogedor silencio. Toma centellas
como abrigo para el milagro de la oscuridad, habrá bufandas con la vía
Láctea, millones de botones nos vestirán estrellas, millones de
abrazos nos dejaran arropados de Universo. Una mujer cose sonámbula un
abrigo, ella viaja con una barca india por el río de la temprana
aurora, teje, viste, desnuda y viste de nuevo, cada prenda entre
sollozo y risa. Una mujer mar, una mujer cielo, toma rayos y centellas
para hacer antorchas sobre el firmamento, caricias sobre la piel,
vestidos sobre los cuerpos que salen desde el frío a recuperar el
borbotón de su sangre tibia. Rayos y centellas, los vestidos del cielo
para los humanos de la Tierra.



Esguince



Falta cometer el equívoco para saber que somos de la tierra. La luna nos arrojó hacia el suelo. El mismo Li Po conoció el agua fría en medio de su esguince buscando la luz nocturna en un arroyo. Párpados inundados de rocío, son pequeñas lágrimas que salen cuando uno se ha caído, mas el ser se levanta, anda rengo por un rato, el tobillo aumenta y el agua de los ojos ya se ha ido. La bicicleta esas gafas a caballo que leen calles y se estrellan contra el poema convertido en muro. Todo es veloz, un parpadeo, una calle, se trata de bajar de la máquina y luego se presenta el pie doblado, un cierto tambaleo que es la duda, un dolor que es certeza y un olvido que es lo único que cura. Todos tenemos nuestro esguince, la torcedura de la vida, el mal pie sobre el piso ya movido, el arte de un desamor que nos mueve hacia el lado débil por donde se gasta el cuerpo. Todos somos un esguince, tiembla el cuerpo después de amar inmensamente, tambalean las piernas después de subir miles de cuestas, se cae lo más sólido, se derrite lo perenne. Mas después de todo, seguiremos la ruta que nos otorga el gran deseo, la levedad y la sensación de estar vivos con la bicicleta del poema como una mascota urbana que nos ayuda a leer la suerte en cada esquina.



***


Luis Fernando Cuartas (Colombia, 1959). Escritor y ensayista. Fundador de Taller de Luna, grupo de escritores de la Universidad Nacional. Cofundador de la Revista Punto Seguido, de la ciudad de Medellín, Colombia. Coordina un espacio en la Radio Universitaria sobre poesía y música. Dirige la Fonoteca de la Universidad Nacional, sede de Medellín. Contacto: lfcuarta@gmail.com.