sábado, 28 de julio de 2007

POEMAS DE HENRI CORBIN


En la foto, de izquierda a derecha, los poetas Sergio Lima (Brasil), Raúl Henao (Colombia) y Henri Corbin (Guadalupe).


HENRY CORBIN
Por Carlos Bedoya.



Descomplicado, provisto de una locuacidad generosa expresada por vía de una curiosa mezcla de idiomas, y pasando un poco desapercibido en razón de la indiferencia, la ignorancia y la incomunicación reinantes en nuestra aldea global, lo encontramos a vuelo de pájaro en 2002, sentado ante una cerveza en la terraza de un hotel durante el Festival Internacional de Poesía en Medellín. Natural de Guadalupe (1935), creció y fue educado en Martinica, cuna de Aimé Césaire (1913), junto al cual y en compañía del haitiano Magloire Saint–Aude (1912 – 1971), conforman la triada de más importantes voces con aliento surrealista emanadas desde el tórrido ámbito caribeño sobreviviente al colonialismo francés. Al servicio de la imaginación y la libertad, ha perseverado en compaginar con sutil equilibrio un alto tono poético y un radical sentido crítico, en los cuales resuenan, sin eufemismos, los abusos y atrocidades características de cientos de años de servidumbre a las exóticas potencias imperiales. Con prefacio de Michel Leiris, Jean–Paul Sartre le dio a conocer a través de su revista Temps Modernes. Traducidos al español están disponibles:
La sombra del Farallón (1980), Paisaje sin notas (1981),Lejos como un Viaje (1987) El Sur Rebelde (1992).Los textos aquí traducidos forman parte de Eclairs en obole Endormis (Ed. La Ceiba, 1997)
***
LOS SIGUIENTES POEMAS SON VERSIONES, DEL FRANCES AL ESPAÑOL, REALIZADAS POR EL POETA DE MEDELLÍN CARLOS BEDOYA.

***
Piedras lechosas de lagos perdidos
islas bajo otra luna

***

Toma de la mano el viento
entra en la flor, en el fruto,
elabora tu paisaje con una fresca mirada
de embriaguez
que madure en ti la simiente del sol
que te sirva como arma contra todo cuanto
aprese
Donde el fulgor reinante decapite al fuego ciego
***


Devoradas por la sombra
estrellas
vuestros rostros luminosos
han perdido su secreto

Nada, ni el extremo avance de una lámpara
con su resplandor
salvará vuestro mal llamado
otoño
***

El cielo es triste
cuando no puedes ya recobrar el álgebra de los colores

De otro lado el espacio
el delirio del poema
este rastro de agua en los labios

Abrumado de horizonte, de llamas, del frío de las cimas
tu sol envejeciendo no es sino deseo en torno
al mar que se vacía

Armadura desprendida de una extrema plenitud de nieve
sangra el sol en la irónica aurora.
Quizás una pizca de sal dada cambio
aumentaría su belleza de ángel
tu lirismo enarcado

Para qué desposar estos meandros
cuando la memoria eclipsa sus toques dichosos
cuando el fuego de alto linaje no es más que un
último suspiro
donde tantos destellos propicios duermen


***

El mundo te agradece
haber liberado las llamas
la simiente belicosa
anticipando el lejano paraíso.
Bella es tu voz de sol de lluvia y de viento
siempre presta a alabar las manos que han obrado
los pies que han andado
los cuerpos que han sufrido.

El mundo te agradece
haber querido dar a la justicia
este color eterno.
su fuego perdurará sin fin
sobre tu rostro muerto.

***

Cuántas veces ha quemado ella
el silencio de los soñadores

Cuántas veces en fulgurante asedio
ha cruzado el vidrio aislante del prodigio
lanzando en alta mar
botellas de miseria
buscando el amor entre dos
alejando el doblez que mata
para que el alba fértil
cincele su corazón que se expande.

Completa dicha en ramas
que se quiebran como un huevo
un guijarro empañado por la luz
oliendo la tinta de los fuegos tristes
de nada sirve hacerte señas
no escuchas más que lo oscuro
no existes más que de súbito

***


En la cesta del estío
has entrelazado el rayo
pero la noche de manos abiertas
ignora las aguas de tu sueño.

***

PAUL ELUARD

Eluard, pasaba yo ese día
Junto al Val-de-Grace,
Cuando supe de tu muerte.

Poeta de la multitud
Navegas lejos ya
De nuestra ribera
Consumido por el propio crepúsculo
Con tu canto planetario
Y tu boca que apacigua la crispada ola.

De una tierra a otra
El mundo te agradece
Haber trabajado ese poco de arcilla humana
Convirtiendo en lámpara el odio
Poniendo en marcha la claridad estancada.

El mundo te agradece
Haber cantado el amor
La soledad de las cadenas
El revés del mar
La bóveda del último cielo
La flor nupcial
La inquieta libertad cercada por astros enemigos.
El ópalo escapando detrás de la colina
El mundo te agradece
Haber liberado las llamas
La simiente belicosa
Anticipando el lejano paraíso.
Bella es tu voz de sol de lluvia y de viento
Siempre presta a alabar las manos que han obrado
Los pies que han andado
Los cuerpos que han sufrido.

El mundo te agradece
Haber querido dar a la justicia
Este color eterno.
Su fuego perdurará sin fin
Sobre tu rostro muerto

***

MICHEL LEIRIS

En el 53 bis Quai des Grands-Augustins
No lejos de la calle Git-le Coeur
Que cantara en bajo el angel a Tobías,
Me recibió Michel Leiris.
Yo le llevé las primicias de mi arte
Donde la escritura despliega sus espinas
Su pólvora
El obstinado juego de su espuma
El eje de su sol inepto
Su vaivén marino
Y en donde la dulzura de las islas
Se eclipsa bajo una caligrafía de mitos enterrados.

Luego el hombre de los caminos reales
Me dispensó la claridad de sus consejos
La música de su amistad
Con su deferente modestia
Tal como saben hacerlo las estrellas

Olvidé entonces esta dificultad
Para respirar en Paris
Y por encima nuestro paso de un momento a otro
Un vuelo silencioso
Para permitir mejor el nacimiento de la luz.